EPÍLOGO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, EPÍLOGO, Novelas

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Leticia, Amazonas diciembre 1° de 2015

Escribo estas palabras desde la casa de los abuelos de Ikiam en el umbral de la majestuosa selva amazónica y a pocos metros de la orilla del imponente río Amazonas que marca el límite entre Brasil, Colombia y El Perú. Han transcurrido exactamente seis meses desde la apacible muerte anunciada de mi padre, que se fue de este mundo mientras dormía, al amanecer del lunes primero de junio de este año. Yo, que lo acompañé en doce sesiones diarias entre el 14 y el 25 de mayo hasta que me dictó el último párrafo del escrito que incluyo más adelante, puedo asegurar que mi papá se fue de este mundo sin sentir los rigores del final de la vida y sin miedo hacia la muerte.

Ikiam, nuestro hijo y yo viajamos a Leticia dos meses después de la muerte de mi papá; allí retomé la preparación de mi tesis, mientras mi esposo hacía un estudio Antropológico contratado por la universidad de los Andes; desde que Nicolás salió a vacaciones, mi mamá viajó al Amazonas y está considerando la posibilidad de quedarse a vivir en Leticia, pues mis suegros regresan en enero de Berlín y tienen planeado radicarse a orillas de la selva y el río que los vieron nacer y fueron testigos de su amor juvenil.

Las honras fúnebres de mi papá estuvieron muy concurridas: la nave central de la Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción se llenó con cerca de trescientas personas entre familiares, amigos y vecinos. Indudablemente, la nota más conmovedora la dieron los veteranos de Corea que compartieron trinchera con mi papá: en el atrio del templo una docena de veteranos octogenarios con traje oscuro, gorro verde oliva de paño y todas sus condecoraciones, a órdenes de Fernando Guzmán, formaron dos filas e hicieron el saludo militar ante el féretro, mientras uno de ellos, músico de profesión, entonaba el toque de silencio con una trompeta. Ese momento fue emocionante y me hizo comprender a cabalidad lo profundo que cala en el sentimiento de los combatientes en una misma guerra la frase que ellos repiten entre sí constantemente: ¡Soldados un tiempo… hermanos toda la vida!

Hasta el último momento esperé a que aparecieran en la Iglesia las hijas mayores de mi papá a las que me cuesta considerar como hermanas; incluso me senté en la iglesia al lado de Mafe que podría identificarlas, pero nunca aparecieron. No tengo ningún resentimiento contra ellas; más bien las compadezco y las considero víctimas de las manipulaciones de su madre y su abuela. Mi padre sabía que no vendrían y no se creó ninguna falsa expectativa; sin embargo, pienso que Dios en su sapiencia infinita puso a su lado a Laura María y a Victoria, las dos hijas de Froilana, sus tiernas y amorosas ahijadas que no se apartaron un momento de su lecho en los días de su agonía.

Siguiendo los deseos de mi papá, sus cenizas fueron esparcidas en la Peña de Juaica al día siguiente de la misa de cuerpo presente; esa tarde reuní a la familia y a los amigos más cercanos y les leí el documento que él me dictó en sus últimos días, el cual transcribo a continuación y presentaré como El Testamento Espiritual de mi Padre:
El periplo de mi existencia me ha permitido entender que todos los seres humanos somos energía, somos vida, somos efecto de una causa y esa causa es la fuerza omnipotente, omnipresente y omnisciente de Dios, que es el amor, que es el Universo. Podemos imaginar el Universo como el verso único que constituye una hermosa sinfonía magistralmente orquestada por Dios. En consecuencia, debemos mantenernos conectados con su armonía, permitiendo que el Amor irradie en nosotros toda su energía; que la visualicemos y la percibamos en todas las formas animales, vegetales y minerales que nos rodean. Para lograrlo, es necesario que nos desprendamos de todas las ataduras, que como un lastre nos impiden elevar el espíritu. Estas ataduras o apegos suelen ser de carácter egoísta o posesivo. Apegos por las personas, por los objetos, y entre ellos en particular, por el dinero; por las exigencias del mundo actual, que condicionan nuestros pensamientos y los gobiernan impidiendo nuestra libertad de acción. Apego es amor mal entendido. Ap-ego es egoísmo.

Si queremos alcanzar plenitud en nuestras vidas y una felicidad armónica y sostenida, permitamos que nuestros pensamientos positivos, es decir nuestros pensamientos amorosos, fluyan libremente como fluye el aire. En la medida en que logremos desprendernos de esas ataduras, nuestra conexión con Dios y con el universo será más próxima, más íntima, más intensa, y la abundancia nos colmará, precisamente porque ya no estaremos aferrados al angustioso proceso de buscarla. Jesús, el Cristo, anunció: “Encontrad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

En la etapa final de mi existencia, llegué a comprender que el reino de Dios y su justicia se encuentran en lo más profundo de nuestra alma; es equivalente a encontrar y preservar la paz interior. Una vez alcanzada la paz del espíritu, podremos percibir con absoluta nitidez que el cielo y el infierno, como lo reconoció hace algunos años el Papa Juan Pablo II, son estados del alma; por consiguiente, el cielo está a nuestro alcance, aquí, no existe otro lugar; y ahora, no existe otro tiempo. También entendí que la clave para abrir las puertas del cielo es el perdón. Mientras anidemos en nuestro corazón odios, rencores e incluso pequeños resentimientos, nos alejaremos cada vez más de la bienaventuranza y el júbilo que proporciona el vivir liberados de las nefastas cadenas que nuestro ego ha construido, con aparentes justificaciones, para que en vez de amar a nuestros semejantes busquemos la forma de perjudicarlos.

Logré interiorizar que el único pecado que existe es la falta de amor. Cuando comprendemos esta gran verdad, aprendemos a perdonarnos y a perdonar, con lo cual nos liberamos de culpas, originalmente creadas por patrones y creencias de origen cultural, dogmático, eclesiástico, o derivado de un mal entendimiento de nuestras experiencias. Olvidamos entonces el principio de oro: “No hagas a nadie lo que no te gustaría que hiciesen contigo”. A partir de esta comprensión se allana el camino, se facilita la transformación de nuestros pensamientos negativos dictados por el ego, y aprendemos a escuchar la dulce y amorosa voz de nuestro Yo Supremo, que es Dios obrando en nuestro interior y guiando nuestros pasos con seguridad, por el sendero que nos llevará a fundirnos con su esencia infinita.

Aprendí que el desarrollo espiritual es una fascinante aventura, que los seres humanos con frecuencia confundimos con la celebración de rituales, con la práctica de invocaciones, jaculatorias y mantras, que no pasan de ser expresiones casi mecánicas y momentáneas, que pierden su efecto al ser suplantadas en nuestra mente por pensamientos poco amorosos y de juicio hacía nuestros semejantes. Como aventura maravillosa, el desarrollo espiritual no tiene nada que ver con símbolos y códigos o con manifestaciones externas, tiene que ver con la aceptación y el disfrute del presente, que es un hermoso obsequio que la vida nos da para que lo disfrutemos a plenitud, dejando atrás el pasado que suele generarnos culpas y remordimientos, sin pre-ocuparnos por el futuro que no existe y no sabremos cómo vendrá, pues no tiene sentido que la incertidumbre del porvenir se convierta para nosotros en causa de ansiedad provocada por el miedo, que nos impide el gozo de las cosas hermosas y simples que rodean el ahora. Vivir el aquí y el ahora fue la mejor forma que encontré para lograr una comprensión de la eternidad, para llegar a entender que si mantenemos nuestra conciencia en el ahora veremos la muerte como una transición de nuestro espíritu que siempre es y será, está y estará, viviendo en la dimensión que le corresponda a su proceso evolutivo individual.

Por último, quiero referirme a lo que un Curso de Milagros llama “Características del Maestro”, partiendo del enunciado de que todos podemos ser maestros de Dios, pues vinimos a este mundo a enseñar lo que tenemos que aprender. Esto que he comprendido quiero transmitirlo; por ello, les encomiendo que cultiven cada una de esas características, auténticas virtudes, tomándolas como un norte hacia el cual orientar sus vidas, tratando siempre de avanzar en su perfeccionamiento consciente, hasta llegar a convertirlas en parte integral de su forma de ser, de pensar y de actuar. Tengan entonces cada día más CONFIANZA, y atrévanse a volar con las alas del águila, en vez de las débiles alas del gorrión. Mantengan en todo momento la HONESTIDAD, procurando que haya siempre congruencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen, con lo cual jamás estarán en conflicto con ustedes mismos en ningún nivel y les será cada vez más difícil, estar en conflicto con algo o con alguien. Aprendan que juzgar es deshonesto y cultiven, frente a todos sus semejantes, la TOLERANCIA que les permitirá aceptarse en las diferencias y alcanzar la armonía en la convivencia. Actúen inspirados en la MANSEDUMBRE, evitando a toda costa la violencia y la agresión mental, verbal o física hacia sus semejantes. Sepan que el ser mansos de corazón es el mejor camino para alcanzar el JÚBILO, que surge cuando el miedo, instrumento del ego, comienza a diluirse. Aprendan a ser sencillos, a no tratar de imponer a otros sus ideas y sus conceptos, con lo cual tampoco tendrán que defender los suyos y disfrutarán el goce de la INDEFENSIÓN. La GENEROSIDAD es algo que deben aprender a experimentar dando siempre lo mejor de ustedes mismos, sin sentido de pérdida y sin esperar nada a cambio. Recuerden que una virtud crucial, reconocida como la madre de todas las virtudes, es la PACIENCIA, y comprendan que “la paciencia infinita es la única que produce resultados inmediatos”. Mantengan siempre la FE interior, como un motor permanentemente encendido que impulse su pensamiento y su acción. Finalmente, obren siempre con MENTALIDAD ABIERTA, que en última instancia es la que habrá de conducirlos a descubrir la magia y la fuerza del perdón.

Amorosamente,
Belarmino Molina,

XXIV. LA ÚLTIMA CANICA

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXIV. LA ÚLTIMA CANICA

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Las primeras navidades del pequeño Belarmino fueron las últimas del abuelo, pero también fueron intensas, alegres, y memorables como todos los eventos sucedidos desde que el tramo final de la existencia del viejo Belarmino comenzó a medirse con canicas. En realidad, el juego había cumplido su propósito y estaba preparando a toda la familia para afrontar con naturalidad y sabia aceptación lo inevitable. Cómo consecuencia, la vida fluía con un ritmo que todos disfrutaban viviendo la cotidianidad del día a día y sacando el mayor provecho de cada suceso por simple que fuera. Nicólas, sin perder su esencia infantil, había adquirido una madurez que ampliaba la perspectiva de todo lo que veían sus ojos y experimentaban sus sentidos.

Los Molina y los Lopera celebraron la noche de Año Nuevo en el apartamento que Pepe y Froilana habían alquilado por un año en el N° 3-22 de la calle siete (el mismo que había ocupado Zacarías Zuluaga hasta el día de su muerte y pertenecía a don Julio Camacho). Aparte de querer acompañar a Belarmino en sus últimos días, Froilana y su marido deseaban que sus hijas perfeccionaran el español y tomaran clases de pintura al óleo en el Instituto de Cultura de Tabio. Desde su llegada, en julio del año anterior, Froilana y su familia habían acompañado a Belarmino, todas las noches a las ocho, durante el ritual de las canicas que sagradamente se hacía en Minka; después de que Nicolás hacía la invocación y depositaba la canica en el frasco, el grupo departía hasta las diez de la noche al calor de la chimenea en la casa de Violeta.

Pese a que Belarmino comía con buen apetito y sin restricciones las tres comidas, la pérdida de peso continuaba; para contrarrestarla y fortalecer tanto el organismo como las defensas, Mauricio había ordenado una dieta rica en proteínas, dosificada en cinco comidas diarias distribuidas a lo largo del día, entre las siete y media de la mañana y las siete y media de la noche, combinando la primera y la última con un vaso de Ensure-Advance, un suplemento alimenticio multivitamínico de probada efectividad. Ese ritmo periódico tan definido, sirvió para que la familia ajustase sus rutinas y se planearan las actividades buscando además entretenimiento, diversidad y acción para mantener activo al abuelo.

Así pues, en un día típico se completaba la siguiente rutina: después del desayuno, despachaban a Nicolás para el Colegio y Antonia se instalaba en el estudio a escribir su tesis; Ikiam salía para Chía en donde ese año comenzó a dictar una cátedra en la Universidad de la Sabana; los abuelos y el bebé salían al parque a tomar el sol, Tania empujaba la silla de ruedas de su esposo y Nélida el cochecito del pequeño Belarmino ― Onofre los acompañó hasta después de Semana Santa, cuando regresó a Berlín para atender compromisos de su equipo―; poco antes de las diez, regresaban a la casa y Tanía preparaba un candil con cuatro huevos y leche caliente, recomendada por Mauricio como bebida energizante, acompañada de un pan integral de siete granos; a las diez y media pasaba Jorge Mendoza y recogía a Belarmino para llevarlo al Acuario Místico a jugar una partida de ajedrez y tertuliar hasta el medio día; a las doce y media, toda la familia, Froilana, Pepe y sus dos hijas se reunían para almorzar en El Roma, un pintoresco restaurante de comida casera, equidistante de la casa de los Molina y el apartamento de Froilana, administrado por Pipe y Andy, una simpática pareja gay; después de almuerzo, Belarmino dormía una breve siesta y leía hasta las cuatro; a esa hora, llegaba Nicolás del colegio, se colocaba los patines y empujaba la silla de ruedas de su abuelo un par de cuadras hasta El Mesón Bávaro ― agradable restaurante de comidas rápidas especializado en jamones artesanales que había inaugurado a fines del año anterior, Hever Gil, joven santandereano que resultó nieto de Marino Vera el compañero de Belarmino en Corea ―; allí, cada uno se comía un espléndido sándwich de pan árabe con tres carnes ― pernil de cerdo, galantina de pavo y lonjas de cordero ― que el viejo llamaba mi dosis triple de proteína; después del formidable refrigerio, abuelo y nieto regresaban a la casa, veían juntos la televisión en History Channel , el favorito del viejo , y a las siete se dirigían todos a Minka, en donde Belarmino se comía las últimas proteínas de su dieta: tres exquisitas empanadas de carne acompañadas por un café con leche, mientras los demás consumían algo ligero y esperaban la llegada de Froilana con su familia para el ritual de la canica.

Así, apaciblemente y en completa armonía se fueron desgranando los días y acumulando las canicas en el frasco que ocupaba un lugar especial como parte de la original decoración de Minka: destacado sobre un pedestal de madera, al lado de una jaula dorada con dos pájaros de papel maché, en cuya base había un recipiente con una ranura y un sugestivo letrero en letras verdes ALCANCÍA DE LOS PAJARITOS.

Cuando faltaban diez canicas por depositar en el frasco, las chicas de Minka, Andy, Pipe y Nicolás urdieron un plan para dar una sorpresa al viejo y a su compadre Aldemar el día en que ambos cumplirían los ochenta años.

***

Tabio, “El Roma”, miércoles 13 de mayo de 2015

Aldemar llegó de Quito el martes 12 de mayo y al igual que a Belarmino le hicieron creer que la celebración sería en la casa de Violeta, después de depositar en el frasco la última canica y se trataría de compartir, con los que diariamente habían acompañado el ritual, un ajiaco santafereño, plato favorito del médico ecuatoriano, y una torta de chocolate con nueces que a Belarmino le encantaba. En la mañana del miércoles se respetaron las rutinas, los complotados actuaron con absoluta normalidad y al medio día, se dirigieron al restaurante El Roma…

Nicolás, que pidió permiso en el colegio, estaba agazapado detrás de un automóvil, frente al Centro Comercial Paraíso, desde donde podía ver al grupo cuando se encaminaran por la carrera cuarta hacia la calle sexta, sobre cuyo costado norte, en mitad de la cuadra, quedaba la entrada del antiguo convento de clausura del siglo XVII, que había comprado pocos años atrás, el padre de Pipe y lo había transformado en el restaurante que originalmente se llamó Casa Vieja y posteriormente, cuando la joven pareja gay lo adquirió, lo rebautizó El Roma, que es amor al revés como solía decir Andy. Cuando los viejos pasaron frente a Minka, Tania y Nélida los distrajeron para que no se percataran de que ese día no había abierto sus puertas… El niño avisó por el celular la proximidad del grupo y todos los invitados ― prácticamente los mismos que habían asistido a la boda y a la milonga en Carambola, incluyendo a Edison y Tatiana, la pareja de campeones de tango y la orquesta con bandoneón, sólo faltó Onofre que tenía un campeonato de baloncesto en Praga ―, tomaron posiciones en las mesas e hicieron silencio…

Cuando los dos viejos entraron por el zaguán, la orquesta entonó Cumpleaños Feliz, todos se pusieron de pié para ovacionarlos y cantaron dos veces la canción: primero para Aldemar y después para Belarmino; acto seguido, los condujeron frente a una mesa con dos enormes tortas de chocolate en cuyo tope flameaban sendas parejas de velas en forma de un ocho y un cero que los homenajeados apagaron de un fuerte soplo.

El menú que querían los dos viejos se mantuvo y los meseros de El Roma sirvieron a las mesas un delicioso ajiaco santafereño acompañado por cerveza, jugo o gaseosa; como postre se sirvió la torta y una taza de café negro. Cuando los platos fueron retirados, Andy pidió a los invitados que se colocaran en un círculo alrededor del patio central cubierto con una marquesina y los empleados del restaurante sacaron las mesas y las guardaron en el refectorio del antiguo convento que desde la última remodelación para cambiarle el nombre, se había convertido en un vivero con plantas ornamentales que ofrecían a la venta exhibidas en estantes adosados a las paredes. Entonces, Juliana Herrera, la hija de Ana Martell, se paró con un micrófono en la mano y presentó a Tatiana y a Edison, los campeones mundiales, que bailarían dos tangos y una milonga en homenaje a los cumpleañeros. Terminada la presentación, los meseros ofrecieron vino y la orquesta interpretó el tango Adiós Muchachos… con los primeros acordes, Tatiana sacó a bailar a Belarmino y Juliana al compadre Aldemar, la escena de los dos viejos bailando con las dos beldades fue captada en su totalidad por la cámara de Juan Camilo Reyes. Cuando terminó de bailar, Belarmino ingirió con disimulo una pastilla de morfina que pasó con un sorbo de vino, aclaró la voz, tomó el micrófono y sin que uno solo de los músculos de la cara denotaran el dolor que corroía sus huesos, con voz clara dijo:

― Brindo por todos ustedes que me dieron esta maravillosa sorpresa y en especial por nuestras dos bellísimas parejas. Después dirigiéndose al camarógrafo le dijo: ― Juan Camilo, como tú sabes “El Último Tango en París” es un clásico del cine y “El Último Tango en Halifax” es una serie de televisión que está de moda… Hizo una pequeña pausa y agregó en tono jocoso ―: Te propongo que bautices el documental que estás editando como “El último Tango de Belarmino” ―. La espontánea carcajada con la que remató sus palabras, fue una clara demostración del talante de este hombre que les estaba dando a todos una lección de vida desde el umbral de su propia muerte.

La nota festiva que puso Belarmino con su comentario, dio pauta a “Troilo” ― como le decían al cantante-bandoneonista ― para que le pidiera al director que le tocaran la simpática milonga “Cuando un Viejo se Enamora”… Con el primer compás Aldemar se apresuró a sacar a la campeona; pero la sorpresa la dio Nicolás que se puso un sombrero gardeliano, se ajustó las tirantas de caucho sobre la camisa blanca y, como el más consumado de los tangueros, sacó a bailar a su tía Antonia. El chicuelo impresionó a todos con su impecable manejo del baile del dos por cuatro; con su actitud de pícaro caficho y con las tres o cuatro figuras que le marcó a su pareja.

El vino siguió rodando y la milonga se fue animando hasta el punto de que, alrededor de las seis de la tarde, nadie notó el momento en que ingresaron al restaurante dos niños de la misma edad de Nicolás: Pablo Mendoza ― su mejor amigo, que estudiaba en el colegio Benito Pérez Galdós de Tenjo; los dos chicos jugaban como delanteros en el equipo de fútbol de Tabio y se estaban preparando para un torneo infantil que se efectuaría en julio entre los once municipios de Sabana Centro al norte de Bogotá ― y Aileen Buitrago ― una preciosa y desparpajada peliroja que se proclamaba como la novia de Nicolás, sin que este lo supiera, y se sentaba a su lado en el salón de cuarto grado del Gimnasio Moderno Santa Bárbara. Tan segura estaba de sus sentimientos que días atrás le había dicho a su hermana recién casada: cuando tenga tu edad me caso con Nicolás Molina. ¡Te lo juro por el alma de mi abuelita! Pablo portaba el frasco con las trescientas sesenta y cuatro canicas depositadas a lo largo del año y Aileen el cesto de mimbre con tapa que contenía las doce maras y la última canica.

Con la sexta campanada de la iglesia, Nicolás tomó el micrófono, sacó una hoja de cuaderno y con toda naturalidad leyó la carta que había escrito para su abuelito y Lidia, que estudiaba periodismo, le había ayudado a corregir:

Querido Papatuco:

Hace un año cuando nos contaste que tenías cáncer y que el médico creía que te morirías antes de navidad, yo no quería creer que eso fuera cierto pues hasta ese día estaba convencido de que tú eras inmortal. Pero tú mismo nos dijiste esa noche, que la muerte no existe y que lo que existe es la creencia en la muerte. Al principio no entendí lo que querías decir pero viendo la forma en que tú te comunicas con el espíritu de mi papito, con el de mi mamita, con los de tus papás y con los de tus tías solteronas, cuando cierras los ojos y les pides que te orienten para entender los mensajes del I Ching empecé a entender lo que querías decirme. También me gustó mucho lo que me contaste que les hablabas antes de dormir y les pedías favores o que te ayudaran a resolver algún problema y esa noche te soñabas con la solución o al día siguiente sucedía algo que te mostraba cómo ellos desde el cielo te estaban ayudando. Ahora entiendo que todos, como tú dices, venimos a cumplir una misión en esta vida y que tú ya cumpliste la tuya y por eso Dios te mandó un cáncer incurable no como un castigo sino como un aviso para que te prepararas y nos prepararas a todos para dejarte ir; ahora entiendo que eso es amor y lo contrario es egoísmo. Gracias Papatuco por regalarme tus pipas, tus sapecas y tus libros del I Ching. Froilana me prometió enseñarme a consultarlos. Por último quiero decirte que cuando te vayas al cielo quedaré con tres abuelitos: tu compadre Aldemar y tus compañeros Fernando y Marino. Que dios te bendiga.

Tu nieto que te ama,

Nicolás

Cuando el niño terminó la lectura, los asistentes con los ojos húmedos, aplaudieron emocionados por la profunda simplicidad del mensaje que demostraba claramente el nivel de madurez alcanzado por el chico, que como remate de su presentación destapó la canasta, sacó la última canica, se santiguó, rezó un Padrenuestro, Ave María y Gloria que todos corearon, dio gracias a Dios por permitirle a su abuelo un año completo de lucidez y depositó la canica en el frasco…

La emoción fue tan grande que Belarmino perdió momentáneamente el sentido y Aldemar alcanzó a sujetarlo antes de que cayera al suelo… Mauricio voló a tomarle el pulso y en ese momento el viejo recuperó el sentido, bebió un sorbo de agua y en el mismo tono descomplicado y festivo de antes dijo:

― Tranquilos, no se preocupen que todavía no me voy; me falta gastarme las doce maras y la ñapa que mi Dios quiera darme.

FIN

XXIII. PARTO, BODA Y MILONGA

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXIII. PARTO, BODA Y MILONGA

2

Tabio, N° 4-50 de la Calle de la Cajita de Música, octubre de 2014

El veterano ginecólogo alemán que había atendido los primeros siete meses del embarazo de Antonia fue recomendado por Aldemar, con quién había compartido aula durante su especialización en Estados Unidos; el germano, alardeaba de ser muy preciso al estimar el día del parto y el sexo de las criaturas que había traído al mundo desde los años sesenta, antes de que existiera la tecnología moderna y el sexo se pudiera determinar en pantalla; por ello, cuando autorizó el viaje de su paciente a Colombia le dijo: me atrevo a asegurarte que si no surgen imprevistos, el niño nacerá entre la noche del viernes 24 y el medio día del sábado25 de octubre. Con un mes de anticipación la pareja estaba preparada y, bien sea que el médico atinó con su pronóstico o que Antonia era muy sugestionable, lo cierto es que con la séptima campanada de la tarde en el reloj de la iglesia, la primeriza inició el trabajo de parto… Los jóvenes padres eran vegetarianos, amantes de la naturaleza y partidarios de que su hijo naciera de parto natural, asistido por el doctor Mauricio Delvasto en quién toda la familia tenía plena confianza desde el nacimiento de Nicolás. Ambos consideraron que un parto casero le daría a Belarmino la felicidad de escuchar el primer llanto de su segundo nieto. El día anterior llegaron Onofre y Nélida desde Berlín; y Aldemar desde Quito, pues quería estar presente en el nacimiento del primogénito de su ahijada. Por cortesía profesional, Aldemar pidió permiso al doctor Delvasto para acompañarlo en el parto y éste sonriente y respetuoso de la veteranía contestó: será un gusto y un honor contar con su presencia doctor Belalcazar… y si se requiere, con su apoyo profesional…

Alrededor de las tres de la madrugada del sábado sonó con nitidez el primer llanto de la criatura y su eco retumbó en la casa produciendo una inmensa alegría en los cuatro abuelos y en Nicolás que no pegó un ojo en toda la noche, llenando de felicidad a los orgullosos padres; y dando una gran satisfacción a los dos médicos que ayudaron en un parto sin complicaciones. El pequeño Belarmino Molina Lopera fue un robusto niño en perfecto estado de salud que midió cincuenta y ocho centímetros y pesó tres mil cien gramos. Su parecido con el difunto Víctor cuando era bebé, no pasó desapercibido a los ojos del viejo Aldemar que comentó en tono críptico:

― Es muy posible que este niño sea la encarnación de mi ahijado ― después consultó una libreta de bolsillo, hizo en voz baja unos cálculos extraños y repitió más convencido: ― Si señor, es muy posible; pues las almas buenas y puras como Víctor duran muy poco tiempo en el Bardo.

Aldemar aceptó de muy buen agrado el nombramiento como padrino, al igual que Nélida como madrina; y el bautizo de la criatura se efectuó una semana después, en ceremonia privada oficiada por el padre Ramón Lopera, un tío paterno de Ikiam que vino desde Cali a conocer a su sobrino.

***

Por la época en que los Lopera viajaron a Alemania y Antonia consiguió un apartamento en Bogotá para estar más cerca a su trabajo en la universidad, Carambola cerró sus puertas en Tabio y se trasladó a un local más grande en la vecina localidad de Cajicá, frente a la estación del ferrocarril. Allí, en una inmensa casona colonial Anita Martell, con la colaboración de su hija Juliana, volvió a crear, con mejoras sustanciales, el ambiente de un típico conventillo porteño que había tenido el local original en Tabio. Los fines de semana, Antonia los pasaba con sus padres en la nueva casa y casi todos los sábados iban los tres a la milonga de Carambola ― Belarmino terminó enseñándole los pasos básicos a Tania, que poco a poco se fue entusiasmando con el tango ―; casi siempre los acompañaban Sandra Helena y su hermano Rubén o Renata Zuluaga y su hija Marisol. Desde que Antonia regresó a Tabio en agosto, decidió retomar las milongas de los sábados en Carambola y el viejo las disfrutaba como un niño. Incluso le pidió a Lalo Rodríguez, ― un ebanista con quién jugaba ajedrez en El Acuario Místico ―, que le torneara un bastón a la medida: para bailar tango con Tania pues yo no tengo la fuerza física ni la destreza de Onofre para hacer show de tango en silla de ruedas… de todas maneras los tanguitos que me bailo cada sábado me recargan de energía para toda la semana. En efecto, Belarmino lucía entusiasta y animoso todo el tiempo; los únicos signos visibles de la enfermedad eran el color un tanto ceniciento de la piel y la pérdida de unos cuantos kilos de peso. El dolor lo soportaba estoicamente sin perder la sonrisa y sólo acudía a la morfina cuando se hacía insoportable.

Ikiam concluyó su tesis y regresó a Colombia a finales de septiembre para asistir al parto y empezar los preparativos de la boda; durante la primera milonga a la que el muchacho asistió, Anita Martell sugirió que organizaran una boda temática inspirada en el tango gardeliano de los años dorados; ofreció el local de Carambola para la recepción y la orquesta con bandoneón y cantante como su regalo de bodas. El más entusiasta con la idea fue Belarmino quién desde el primer momento comenzó a soñar con el evento y a planear hasta el último detalle. El viejo era un romántico que se emocionaba cantando el conocido bolero: yo soy de esos amantes a la antigua, que todavía suelen mandar flores… y quería que la boda de su hija fuera inolvidable y muy diferente a la “emboscada” que por razones pragmáticas le había tendido a su amada Tania tres décadas atrás. Esa misma noche, en una servilleta de papel, hizo una lista de lo que le pareció necesario para que el evento fuera único, original y memorable. Al lunes siguiente, lo primero que hizo fue contactar a Martha Hernández Salgar ― hija mayor del coronel Nicéforo Hernández compañero del difunto Zacarías ―, una creativa y muy bien documentada diseñadora, especializada en vestuario escénico, para que lo asesorara sobre los atuendos que deberían llevar los integrantes del cortejo nupcial. Acordaron entonces que Ikiam, Belarmino y Onofre vestirían frac con chistera, al igual que los pajes: Nicolás encargado de llevar las argollas y Pablo ― su mejor amigo, hijo de Jorge Mendoza ― de portar las arras; que los padrinos ― el maestro León Trujillo y el Ingeniero Alex Bautista, casado con “Lázara” desde 2009 ―, lucirían sacoleva con pantalón a rayas e irían descubiertos; en tanto que la novia, las cuatro damas de honor ― Sandra Helena, la amanuense de Belarmino; Lorena la hija de Genaro Reyes; Marisol la hija de Renata; y Juliana, la hija de Ana Martell ― ; por su lado, las madrinas ― Mafe Vallejo y Tania “Lázara” Mendoza ― vestirían trajes largos de la época diseñados por Martha y elaborados por Nélida en seda de color crema para las damas y en tonos oscuros para las madrinas. Una vez definido el vestuario, Belarmino comenzó la búsqueda de un auto de la época para el desplazamiento de la novia hasta la iglesia y de la pareja de recién casados hasta Carambola; se sentó con los novios a elaborar la lista de invitados y contrató un calígrafo para que escribiera con tinta china, a mano alzada, en pergamino y con letra de estilo, las invitaciones; se reunió con Carolina para decidir sobre la elaboración y la decoración de la torta, que terminaron encargando a Pierre Troudu, un afamado pastelero francés residente en Cajicá; se puso en contacto con Juan Camilo ― el hijo menor de Genaro Reyes que era director de cine y televisión ― para que grabara tanto la ceremonia como la milonga en Carambola y llevara un fotógrafo profesional con cámara análoga para que registrara los cuadros más destacados de la boda en color sepia; y finalmente obtuvo autorización del párroco, para realizar la ceremonia en la centenaria ermita de Santa Bárbara y para que ésta fuera oficiada por el tío de Ikiam que había bautizado al niño. El proceso de preparación fue un gran paliativo para Belarmino que estaba tan absorto en los detalles del matrimonio que el consumo de morfina se redujo sensiblemente.

El sábado 13 de diciembre, alrededor del medio día, la pintoresca ermita situada en una pequeña colina al final de la carrera cuarta, estaba colmada con los cerca de cuarenta invitados a la boda, entre quienes se contaban Froilana, Pepe y sus dos hijas adolescentes que desde septiembre disfrutaban un año sabático en Colombia para acompañar a Belarmino en sus últimos días; Aldemar que no quería perderse la boda de su ahijada; Fernando Guzmán y Marino Vera, quienes frecuentemente visitaban a su antiguo camarada de Corea, fueron solos pues habían enviudado recientemente; Violeta, Carolina, y Lidia con sus respectivas parejas; Anita Martell y su hija Juliana; Genaro Reyes, su esposa Begonia y sus hijos; Amalia Murcia y sus tres hijos; José Luis Matallana, Lucy y sus dos hijos: Jóse y Catalina; Jorge Mendoza y su esposa Margarita; y el doctor Mauricio Delvasto; aparte de unos veinte antiguos compañeros de los novios en el Liceo de la Salle, en el Rafael Núñez o en la universidad. En la pequeña plazoleta frente a la capilla, el cortejo de honor aguardaba la llegada de la novia…

Faltando cinco minutos para las doce, el lujoso sedán convertible Packard modelo 1931, de color crema con guardabarros y estribos de color vino tinto, conducido por José Luis ― el joven ahijado de Belarmino y estafeta de la casona ―, se detuvo frente al atrio de la capilla… En ágil movimiento el joven chofer, cubierto por un kepis y luciendo uniforme de paño gris con doble abotonadura en diagonal, saltó del vehículo y se apresuró a abrir la puerta para que el padre de la novia descendiera, apoyado en su bastón, y tendiera la mano a su hija que hizo lo propio. Antonia tomó con delicadeza el brazo izquierdo que éste le ofreciera y juntos, precedidos por Nicolás que portaba la almohadilla con las argollas y Pablo que llevaba las arras, iniciaron el corto trayecto hasta el altar, mientras sonaban las tradicionales notas de la marcha nupcial y rodaban lágrimas de felicidad por el delgado rostro de Belarmino que exhibía su mejor sonrisa enmarcada por su espeso mostacho blanco. Detrás de los padrinos y las damas de honor, entró Tania portando una reliquia que había pertenecido ochenta años antes a su esposo: un moisés de mimbre italiano con almohadillas forradas en terciopelo azul claro, en cuyo interior descansaba, con los ojazos abiertos y una sonrisa angelical, el pequeño Belarmino, sin entender que toda esa parafernalia era para celebrar la boda de sus padres.

El chef de Carambola se lució con el bufete cuya calidad y esmerada presentación fueron muy elogiadas; iguales comentarios se hicieron de la torta de tres pisos preparada por el pastelero francés y de la Champagne Veuve Clicquot que estuvo exquisita. Anita Martell como anfitriona echó la casa por la ventana: aparte de la orquesta con bandoneón que prendió la milonga, presentó a Edison Chávez y a Tatiana López, una pareja de bailarines colombianos que dos años antes habían ganado el campeonato mundial de tango de salón en Buenos Aires. Los novios iniciaron el baile al compás de un vals criollo y Belarmino fue ovacionado cuando bailó unos pasos con su hija, apoyado en el bastón pero con mucho ritmo y elegancia. A medianoche, Onofre repitió el show que hizo en Tabio cinco años antes e impresionó a todos bailando una milonga, guiado por la campeona, desde su silla de ruedas. Las tomas que logró Juan Camilo fueron maravillosas; hasta el punto de que decidió editarlas para montar un corto metraje, con destino a un concurso.

De regreso a Tabio Aldemar ― que viajaba a Quito a la mañana siguiente ― felicitó a Belarmino por el éxito del evento y le preguntó:

― ¿Cómo te sientes compadre?

― Feliz, pleno y muy confiado en que celebraremos juntos la llegada al octavo piso; aquí te espero, sin falta, en mayo ―. Hizo una pausa soltó una breve carcajada y agregó: ― créeme compadre, eso de tener una muerte anunciada tiene muchas ventajas y pienso disfrutarlas hasta el final. Todavía me quedan ciento cincuenta canicas y eso compadre, de verdad, bien aprovechado es mucho tiempo ―. Hizo otra pausa y agregó convencido ―: Creo que Nicolás ya comprendió de qué se trataba el ejercicio de las canicas, está aprendiendo a disfrutar el tiempo y la vida al máximo. Con mi muerte quiero que aprenda a amar sin apegos y entienda lo que tú y yo siempre hemos dicho: la muerte no existe, lo que existe es la creencia en la muerte.

XXII. EL ACUARIO MÍSTICO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXII. EL ACUARIO MÍSTICO

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Tabio, El Acuario Místico, 2013

Después de la partida de los Lopera a Alemania a comienzos de 2010, Antonia fue contratada como editora de la revista de la Facultad de Ciencia Sociales de la Universidad de Los Andes y decidió alquilar un apartamento en Bogotá más cerca a su nuevo trabajo; por su parte, los dos viejos sintieron que la casona del parque era demasiado espacio para ellos con el niño, que ese año entró al jardín infantil y aprovecharon la propuesta de un chef español que ofreció arrendarla para montar un restaurante; optaron entonces por alquilar una casa más pequeña situada en el número 4-50 de la Calle de la Cajita de Música en el costado norte del parque al lado de la notaría, que pertenecía a doña María Helena Herrera la madre de Amalia Murcia la artesana amiga de Tania. Desde allí, todas las mañanas a las nueve Belarmino cruzaba el parque rumbo al Acuario Místico, la cafetería de José Luis ― en 2010 éste había trasladado su negocio al número 3-53 de la carrera cuarta en el garaje de la casa de sus padres fallecidos; El Acuario Místico llegó a ser la única cafetería del pueblo que ofrecía un espacio para fumadores con un enorme parasol al lado del antejardín ―, en donde jugaba largas partidas de ajedrez con Jorge Mendoza, con Genaro Reyes o con cualquiera que estuviese dispuesto; participaba además en improvisadas tertulias sobre temas políticos, literarios, históricos o metafísicos con el grupo de consuetudinarios y leía las noticias del diario El Tiempo. Un día, por sugerencia de Matallana leyó un comentario sobre la obra de un periodista español, su lectura le inspiró el siguiente artículo que ese mismo día publicó en su blog literario bajo el título: Reflexiones de un Añejo Escribidor Prebotónico:

El día que cumplí quince años, mi papá me invitó a tomar una cerveza Germania a pico de botella, mientras me enseñaba que “las cervezas son como las tetas: una es poquita y tres son muchas” y me iniciaba en el ritual masculino de doblar el periódico en seis partes, “sin descuadernarlo como hace su mamá”, para facilitar su lectura, en lugares tan insólitos como el estribo de un tranvía en marcha, maroma que él hacía a diario hasta que en abril de 1948, el cruento bogotazo sepultó para siembre ese legendario medio de transporte masivo, símbolo de la ciudad que me vio crecer y precursor del actual Transmilenio. Medio siglo después, por cuenta de la era digital que al parecer sepultará al periódico impreso, he reducido mi compra del papel con olor y textura inconfundibles a la edición dominical de El Tiempo. Mi ejemplar, lo reserva sagradamente mi buen amigo José Luis Matallana, propietario del Acuario Místico acogedor tertuliadero que frecuento en Tabio y comparto con un fascinante grupo de pensionados prebotónicos, cuatro o cinco cuarentones, un par de treintañeros botónicos, y algunos brillantes veinteañeros de ambos sexos, primeros representantes de lo que el español Román Cendoya ha llamado táctiles en su fascinante libro “rEvolución. Del homo sapiens al homo digitalis”, de cuya existencia me habló por primera vez José Luis, mientras me servía un delicioso café negro, y me pasaba el ejemplar “colectivo” de El Tiempo ― cualquier contertulio puede leerlo sin tener que comprarlo; sin embargo, casi siempre agota su inventario de seis ejemplares diarios ― abierto en la página 19 de la sección “Debes Leer”.

Cendoya es un empresario y periodista español que técnicamente podría ser mi hijo mayor; esto lo aclaro para que cada quién se sitúe en la correspondiente categoría: prebotónicos, botónicos y táctiles, que el español define en su libro y explica al cronista Jorge Paredes Laos de El Comercio de Lima, cuando este le pregunta al respecto: “Los prebotónicos (la palabra viene de botón) vendrían a ser nuestros padres. Es aquella generación que cuando irrumpió la tecnología, era ya mayor. Ellos, con mucho esfuerzo, han conseguido manejar el correo electrónico para escribir a sus nietos, pero no tienen ni idea del cambio que está ocurriendo. Luego venimos los botónicos. Somos aquellos que éramos jóvenes o niños cuando llegó la tecnología y fuimos los pioneros de la digitalización de la sociedad. Sin embargo, somos mentalmente analógicos y la tecnología ha corrido muy rápido y vamos arrastrándonos detrás de ella. Y luego están nuestros hijos y nietos, menores de veinte años, que son táctiles. Ellos interactúan con la red y, a diferencia de nosotros, en sus relaciones comerciales, sociales, etc., prefieren las máquinas al trato directo con las personas. La tesis del libro es que nosotros, como seres analógicos, no nos adaptamos a este nuevo mundo y somos los últimos homo sapiens sobre la Tierra”.

Personalmente me identifico como un exponente prebotónico y he necesitado como todo ciego, valerme de una paciente y eficaz amanuense para que me guíe por el aterrador y vertiginoso mundo de la WEB, cual lazarillo botónico (con edad por debajo del tercer piso pero ligeramente por encima del segundo) pero con avanzado entrenamiento autodidacta y gran capacidad docente. Se llama Sandra Helena, es una de las mejores amigas de mi hija, y sin su apoyo estoy perdido para ejecutar las funciones o manejar ciertas aplicaciones que mi nieto Nicolás despacharía en cuestión de segundos mientras se come una chocolatina y logra mantener el puntaje en un juego digital, como digno representante de la generación del multitasking; todo esto sin perder el hilo en el Chat con una diablilla de siete años que le coqueteó en el jardín infantil. Así pues, a partir de mi propia experiencia con la tecnología y lo que ahora llaman las TIC ― creo que se debe a su significado: Tecnologías de la Información y de la Comunicación, que hasta Ministerio tiene en Colombia ―, he logrado comprender que a mí y a un buen número de mis compañeritos de colegio que ahora bordean los ochenta calendarios, la tecnología nos produce un TIC nervioso cuando intentamos torpemente, con dedos como morcillas, manipular un teléfono inteligente o Smart Phone que llaman ahora en esa jerigonza en spanglish, que mi papá y su amigo Argos ― el famoso gazapero de los años setenta y ochenta de quien Gabo algún día dijo:” sólo a Dios y a Argos les permito correcciones sobre lo que escribo “― jamás toleraron.

Antes de viajar a Berlín para adelantar estudios doctorales, mi hija Antonia, me obsequió un Smart Phone para que pudiéramos hablar por Viber. Para adaptarme al aparato y poder digitar de corrido un texto fue necesaria la ayuda de mi nieto Nicolás de ocho años que me vendió una “prótesis” ― especie de mini bolígrafo con punta de caucho ― que sirve para evitar que por el grosor de los dedos se opriman varias teclas a la vez.

En las navidades pasadas Antonia, mi hija, me regaló un Kindle: tableta de lectura de textos digitales inventada por Amazon, que con el tamaño de una agenda de bolsillo permite el almacenamiento de una inmensa biblioteca y facilita la lectura cómoda a cualquier persona tan poco vinculada a la tecnología como mi prebotónica esposa, que no atina a prender un computador, pero desde que nuestra hija le regaló a ella otro Kindle se lee dos Best Seller a la semana con la luz apagada para no despertarme. Antes del Kindle yo publicaba mis cuentos infantiles en este blog literario (Bemol 35. Gathacol.Net), pero con el nuevo juguete decidí, ofrecer mi obra para Kindle en Amazon. Actualmente, estamos ultimando los detalles para presentar a mis lectores infantiles mayores de siete años cuatro colecciones de cuentos ilustrados, que podrán adquirirse en formato digital o con el sistema de impresión bajo pedido. Entonces, mis queridos amigos lectores, la próxima semana, haré el lanzamiento digital de las obras desde mi página web.

Para que no crean que porque el indio es pobre la maleta es de hojas ― como decía mi papá ― ahora este añejo prebotónico, modelo 35, antiguo y clásico puede anunciar sin sonrojarse que ya ingresó a paso lento pero seguro, al mundo digital con blog literario, página en Facebook, Twitter y Página Web. Mi recomendación para los más análogos de mi generación, es que no se dejen atropellar por la tecnología, consigan un lazarillo e ingresen con paso de vencedores, al aterrador y vertiginoso mundo de la WEB, que en realidad asusta pero no muerde.

El artículo recibió más de cuarenta comentarios positivos en el Blog y fue publicado en la Revista de la Asociación Colombiana de Veteranos de Corea (ASCOVE), que continuaba presidiendo Fernando Guzmán.

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Después del fatídico accidente en el que murieron Víctor y Leticia, la amistad entre Ikiam y Antonia se fortaleció hasta el punto de que se volvieron inseparables; a la consolidación de esa relación contribuyó el hecho de que ambos hubiesen hecho su maestría en antropología social, a diferencia de sus hermanos que preferían las matemáticas y la educación preescolar. Los antropólogos se graduaron en septiembre de 2008 y a comienzos del año siguiente, ambos fueron contratados por la gobernación del Amazonas para trabajar en un proyecto financiado por la Inter American Foundation con la tarea de adelantar estudios tribales de las etnias que poblaban la zona fronteriza y selvática del trapecio amazónico. De allí, viajó el muchacho a Europa cuando su padre aceptó el trabajo como entrenador deportivo en Berlín; los dos años siguientes, mientras Antonia permanecía en Bogotá vinculada a la revista de Los Andes, Ikiam se desempeñó como investigador en un proyecto de la Hanns Seidel Stiftung en Múnich, circunstancia que lo alejo físicamente de sus padres residentes en Berlín pero lo acercó cibernéticamente ― vía Skype ― a su cuñada, que sin darse cuenta pasó de ser la mejor amiga y confidente a convertirse en la novia virtual del fiel y persistente compañero de la niñez, la adolescencia y los primeros años de juventud.

Cuando Antonia vino a Colombia con la sorpresa de su embarazo, ya había completado los cursos requeridos en su programa doctoral y era Phd. Candidate; sólo le faltaba terminar su proyecto de tesis en literatura Centro Americana del siglo XIX. Por su parte Ikiam, permaneció en Berlín hasta septiembre cumpliendo algunos requisitos antes de sustentar su tesis sobre el impacto de la explotación cauchera en las etnias amazónicas.

XXI. LOS CUENTOS DE BELARMINO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXI. LOS CUENTOS DE BELARMINO

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Tabio, Casona del Parque, 2008

Desde el nacimiento de Nicolás, en mayo de 2006, Belarmino había empezado a escribir cuentos cortos en los cuales los protagonistas eran Pirulí y Piruló dos perritos hermanos de la raza French Poodle que había creado, treinta años antes, como personajes fantásticos de ficción con cuyas aventuras divertía a Laura María y a Victoria, sus dos hijas mayores. Al comienzo garrapateaba los cuentos a mano en una libreta rayada y se los entregaba a Sandra Helena González, una bonita, eficiente y simpática joven tabiuna contemporánea de Antonia; la chica los digitaba en su computador, los imprimía y se los entregaba a “Lázara” que se había ofrecido como correctora de estilo y estaba sorprendida con la creatividad en las tramas y la sabiduría en las moralejas. La idea de hilvanar los veinte cuentos cortos en una novela infantil y participar en un concurso internacional organizado por una importante editorial española, fue de “Lázara”. La novela no ganó el primer premio pero quedó como finalista; fue entonces cuando Belarmino conoció a Violeta Mosquera y le pidió que diseñara la carátula; al poco tiempo, Las Aventuras de Pirulí y Piruló con carátula e ilustraciones a todo color diseñadas por Violeta, se convirtió en un éxito de la literatura infantil. Ante el resultado obtenido, Belarmino contrató a Sandra Helena como amanuense de medio tiempo y todas las mañanas discutía con ella las ideas para nuevos cuentos y le dictaba los textos con lo cual se ahorraba el tiempo que antes empleaba en escribirlos a mano y después transcribirlos. Respecto a su actividad literaria que lo llevó a escribir varias colecciones de cuentos infantiles como terapia, el viejo le diría a Violeta: escribir fue para mí la mejor terapia para sobrellevar la muerte de Víctor y Leticia; con el mismo propósito Onofre se sumergió en sus responsabilidades como Presidente de la Federación Colombiana de Deportes Para Personas Con Discapacidad Física (FEDESIR); y las dos abuelas, comenzaron a turnarse en el cuidado del inquieto e hiperactivo Nicolás que combinaron con el moldeado de arcilla en el taller de Renata.

Belarmino fue siempre un fumador empedernido pero después de la muerte de Víctor, aumentó la frecuencia de consumo en forma impresionante: cinco cigarrillos por hora. Además, desde que Zacarías lo inició, a comienzos de los años ochenta en Centro América, como miembro de la llamada Orden de los Caballeros de la Pipa y de la Faltriquera, alternaba el cigarrillo con la pipa. Sobre su iniciación Belarmino contaba que estando en Managua a mediados de 1982, antes de viajar al Ecuador, Tamara la esposa de mi amigo Zacarías Zuluaga, le regaló a su marido dos pipas: una recta para la acción y una curva para la reflexión; entonces él, me invitó a su casa y esa noche hizo un ritual para nombrarme Caballero de la Orden en la cual lo había iniciado años atrás su jefe el general Gabriel Puyana García. En esa ocasión, me entregó un cofre con las dos pipas y todos sus implementos y me dijo algo así como: yo, Zacarías Abel Zuluaga, capitán del ejército colombiano y Caballero de la Orden de la Pipa y de la Faltriquera, en nombre de Dios y de San Jorge de Capadocia, patrono de todas las caballerías del mundo, heredo mi pipa de reflexión y mi pipa de acción, con todos sus implementos, a mi gran amigo y héroe de Corea, Belarmino Molina, a quien revelaré las tradiciones de nuestra orden, teniendo como testigos a los aquí presentes.

El primer cigarrillo de su vida lo fumó Belarmino a los diez y siete años a bordo del barco en que viajó, junto con Fernando Guzmán y Marino Vera, desde las costas colombianas hasta las playas de Inchón en Corea del Sur; el último, se lo quitó de las manos Sandra Helena a los setenta y tres años, el 15 de junio de 2008, antes de que perdiera el sentido y fuera trasladado de urgencia a una clínica en el vecino municipio de Chía con 39 grados de fiebre y una neumonía tan severa que se salvó por un milagroso detalle: fue internado en una clínica en Chía y no en Bogotá, a donde no hubiera llegado vivo. En esa oportunidad la neumóloga que lo atendió en urgencias le dijo a Antonia: quince minutos más sin atención médica y su papá no se hubiera salvado. Jamás hubieran alcanzado a llevarlo a Bogotá.

Cinco semanas de hospitalización y tres meses de respiración asistida con una pipeta de oxígeno sirvieron para que Belarmino dejara el cigarrillo en forma definitiva; pero como caballero iniciado en La Orden de la Pipa y de la Faltriquera, conservó las dos pipas que continuaron sirviendo como símbolos de la reflexión que debe anteceder a toda acción. Solamente encendía la curva cuando estaba reflexivo, pero las empuñaba con firmeza en la mano derecha o jugueteaba con ellas en una forma que Sandra Helena aprendió a descifrar: cuando Belarmino se quedaba callado y se ponía de pié con la pipa curva en la mano, prendida o apagada, quería decir que estaba rumiando la trama de un cuento o armando mentalmente un párrafo; entonces se paseaba de un lado a otro de la sala y nadie podía interrumpirlo… de pronto se detenía, guardaba esa pipa, sacaba la otra, la mordía con fuerza, se apoltronaba en su sillón, respiraba profundo, se sacaba la pipa de la boca y comenzaba a dictar como si estuviera leyendo en el aire mientras movía la pipa empuñada por la cazoleta , como si fuera una batuta. Después de su recuperación y durante todo el año siguiente, Belarmino, jugueteando con sus pipas, creó un mundo fantástico de duendes, unicornios, gnomos y ondinas que le dictó a Sandra Helena como una saga que relata el origen de los enanitos del bosque: diminutos seres mestizos que surgieron de la mezcla entre los gnomos europeos que vinieron como polizones en las carabelas de Colón y los pigmeos que habitaban en la quinta dimensión en paralelo con los territorios del nuevo mundo descubierto por los españoles.

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Tabio, Casona del Parque, 2010

En febrero de 2010 hubo un cambio sustancial en la relación de trabajo de Belarmino con Sandra Helena: la chica inició sus estudios de pre-grado en la Facultad de Educación de la Universidad Minuto de Dios en Bogotá y redujo a cuatro horas a la semana el tiempo dedicado a su trabajo como amanuense; acordaron entonces, que ella le enseñaría a Belarmino lo básico para que aprendiese a utilizar el computador y a digitar sus propios cuentos. Así pues, en pocos meses, lo dejo entrenado para que fuese autosuficiente en el manejo de las nuevas tecnologías; es más, le ayudó a abrir su primera cuenta de correo electrónico:  bemol35 at gmail.com ; le abrió una cuenta en Twitter desde la cual comenzó a publicar un trino inspirado en la consulta diaria del oráculo y eventualmente reflexiones filosóficas de su propio cuño o tomadas de pensadores famosos; por último, le presentó a Jorge Parada un joven empresario especialista en informática y propietario de Gathacol.net, un dominio de Internet en donde le permitió abrir un Blog Literario que se llamó: Los Cuentos De Belarmino. En su nuevo Blog, el viejo escritor dio rienda suelta a su vocación tardía y comenzó a publicar semanalmente un cuento infantil, digitado por él. Finalmente, los libros de cuentos ilustrados por Violeta comenzaron a ofrecerse en formato digital en la librería virtual Amazon, a través de su propia página Web.

La interacción escritor-amanuense en la época en que Belarmino pipa en mano se paseaba de un lado a otro rumiando las tramas para después apoltronarse y comenzar a dictarle a Sandra Helena sus primeros cuentos, tenía lugar en la sala de la casona del parque mientras crepitaba la leña en la chimenea y el ambiente se tornaba inspirador con las notas de un tango instrumental de Astor Piazzola o el ritmo melodioso de la música interpretada en saxofón por el gran Bob Fleming. Sobre esa costumbre le dijo una vez a Violeta: He descubierto que en la creación literaria mi energía Yang encuentra el equilibrio con la energía Yin que irradia mi amanuense, mientras fluyen las ideas al ritmo cadencioso de la música que me motiva.

Onofre y Belarmino eran ambos aficionados al tango: al primero, la música de Gardel le traía recuerdos de su lejana infancia en El Amazonas en casa de su abuelo paisa que contaba historias de la Guerra con El Perú, mientras bebía aguardiente y ponía los discos de tango del Morocho en una vieja vitrola comprada en Manaos después del conflicto bélico y que con los años se había convertido en reliquia de la familia Lopera; el segundo, se aficionó a la música porteña en INCAE influido por un colega argentino, el profesor Guillermo Edelberg, quién no sólo poseía una impresionante colección de tangos y milongas en acetatos de la época gardeliana, sino que era además un erudito en ese tema y solía rematar sus sesudos artículos sobre temas gerenciales con una cita pertinente tomada del inmenso acervo de tangos del siglo pasado. Por ello se volvió costumbre que los viernes los dos amigos se tomaran la noche libre, hicieran parche con Genaro Reyes y Jorge Mendoza y se fueran a disfrutar la milonga y el show de tango en Carambola, el pintoresco café-tango bar que Anita Martell había establecido en 1999 en la Calle de la Cajita de Música a cien metros de la casona del parque. Mientras los dos consuegros disfrutaban la milonga Nélida y Tania, poco aficionadas a la música porteña, organizaban una velada de cartas con “Lázara” y Amalia Murcia una artesana contemporánea de Tania que fabricaba carteras y mochilas tejidas con bolsas de plástico desechables cortadas en tiras y se había vuelto muy amiga de las dos familias.

A esas milongas era frecuente que asistieran Antonia e Ikiam que también se habían contagiado con la fiebre del tango y Sandra Helena quién hacía pareja con su hermano Rubén y le había enseñado a Belarmino los ocho pasos básicos del tango. Por su lado, El viejo practicaba con su hija, con su amanuense o con las jóvenes tangueras que frecuentaban el lugar; a su vez, Onofre disfrutaba escuchando la música y observando el show; pero una noche, animado por los vinos salió al centro de la pista en su silla de ruedas tomado de la mano de Tatiana, la bailarina que ese día hacia el show, y se bailó una milonga maniobrando la silla para seguir el ritmo y haciendo unas piruetas que arrancaron una entusiasta ovación de los asistentes… Cuando Onofre regresó a la mesa, sonó su celular: era una llamada desde Alemania que cambió la vida de las dos familias: Se trataba de Günter Müller, un millonario Alemán que desde una silla de ruedas manejaba un emporio industrial con sede en Berlín y subsidiarias en siete países de la Unión Europea que tenía como política dar trabajo a personas discapacitadas. El magnate había conocido a Onofre en los años noventa en Madrid durante un campeonato de baloncesto y había quedado impresionado con sus habilidades deportivas; por ello, le propuso y este aceptó un cargo permanente como entrenador de un equipo de baloncesto en silla de ruedas integrado con empleados de sus empresas que participaba en olimpíadas especiales con la divisa de su marca comercial.

XX. ENTRE EL YANG DE LA ALEGRÍA Y EL YIN DEL DOLOR

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XX. ENTRE EL YANG DE LA ALEGRÍA Y EL YIN DEL DOLOR

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Tabio, N° 4-50 de la Calle de la Cajita de Música, agosto de 2015

Dios quiso que mi papá no tuviese que revivir el dolor que le causaron los hechos sucedidos un año después de nuestra llegada a Tabio y se lo llevó al cielo en la mañana del pasado 1° de junio, una semana después de que la última mara fue depositada en el frasco. Las reflexiones prometidas el día que le diagnosticaron el cáncer las resumió en un texto que me dictó entre el 14 y el 25 de mayo, con voz cascada pero firme y clara, después de completar los días que le arrebató a la muerte, tras superar con creces el pronóstico original del oncólogo y dándonos a todos una lección de vida sobre cómo enfrentar el final con dignidad y valor de auténtico guerrero. Antes de sumirse en el letargo de la agonía mi papá me pidió que leyera, después de su entierro, el documento ante toda la familia y los amigos más cercanos, como su testamento espiritual. En esa etapa final, como a lo largo de todo el proceso, Nicolás dirigió como un adulto maduro, con seriedad y fe, el ritual de las canicas hasta que depositó en el frasco la última de las canicas con el propósito para el cuál su abuelo las había comprado un año antes. Por ello, terminaré la tarea de escribir este relato, construido con ayuda de mi mamá, manteniendo el estilo de tercera persona que el viejo le hizo prometer a ella que se utilizaría para hacer un recuento de los episodios más importantes de su existencia. Me cuesta referirme a mi papá en la forma distante de la tercera persona; igual me cuesta referirme a mi misma en ese tiempo verbal; sin embargo, lo haré pues me siento guiada por el espíritu de mi padre, convencida de que él vive, como solía decir: en ese lugar que no es un lugar, en ese tiempo que no es un tiempo…; por mi parte, quiero creer que el alma buena de quién en vida fue Belarmino María Molina Galvis la encontraré en el mundo infinito de las almas, porque esta tierra les quedó pequeña para el ancho galope de sus cargas. Allá estarán, jinetes tras el viento, pechando nubarrones y luceros, haciendo trepidar el mismo cielo, cargando eternamente hacia la nada, allá estará cerca de Dios, muy cerca, los de la lanza y los de la guitarra, como dice el poema de caballerías que le enseñó su amigo Zacarías Zuluaga. Después de su experiencia en Corea, mi papá se convirtió en un pacifista convencido que recientemente publicó en su cuenta de Twitter la siguiente reflexión: ¡Amo la paz, mi paz interior, y la preservo, pero no puedo perder el espíritu guerrero que me permitió conquistarla! Mi padre fue ante todo un guerrero del espíritu.

***

Tabio, Casona del Pueblo, 2006

Siete años después del luctuoso año 99 que culminó con la trágica muerte de Fercho, el primer amor juvenil de Antonia y la decisión de viajar a Boston, la familia vivió lo que Belarmino, con tono de trascendencia, hubiera llamado: las cíclicas sacudidas de la existencia terrenal en su permanente alternar entre el Yin y el Yang; entre la vida y la muerte; entre el dolor y la alegría; entre la salud y la enfermedad; entre la risa y el llanto. En efecto, durante ese año el movimiento pendular del destino hizo que en menos de once meses la familia pasara por una vorágine de acontecimientos difíciles de imaginar en esa esplendorosa mañana del último sábado de enero.

El tañido de las diez campanadas que marcaron la hora en la torre de la Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, en la esquina opuesta a la de la Casona del Parque, fue la señal para que el capitán Onofre Lopera, luciendo el uniforme de gala de la infantería colombiana con todas sus condecoraciones, se pusiera la gorra y le hiciera una señal a Ikiam, ataviado con la sacoleva de padrino, para que abriera la puerta e iniciara el recorrido de cien metros hasta el atrio de la iglesia, en donde habían improvisado una rampa de madera para que el muchacho pudiese empujar la silla de ruedas de su padre a cuyo lado, tomada de su mano izquierda, avanzaba Leticia con el porte de una reina enfundada en el traje de novia que años atrás había usado Nélida en su boda con el héroe de sus sueños que esa mañana entregaría su hija al único hombre que la había amado en su corta existencia: Víctor Molina. Todos en la familia sabían que Leticia tenía tres meses de embarazo y le había soltado dos prenses al vestido para disimular el leve ensanchamiento de su cintura. Detrás de la novia y su padre, avanzaban Nélida y las cuatro damas de honor: Antonia su cuñada; Lorena Reyes, su mejor amiga del colegio, hija de Genaro Reyes el arquitecto que había hecho la última restauración de la casona en 1990; Tamara, la hija única del difunto Zacarías; y Marisol, la hija menor de Renata Zuluaga. Las damas de honor se veían muy lindas y elegantes con el traje celeste, ceñido por una faja de tafetán azul oscuro, colores escogidos por la novia para la decoración; tanto de los ramos de azucenas que adornaban la iglesia como del salón principal de La Tomineja, el hotel campestre a las afueras de Tabio en donde se llevaría a cabo la recepción y los novios pasarían la noche de bodas antes de viajar, a primera hora del domingo, a la isla de Aruba, donde disfrutarían su luna de miel… Mientras el cortejo cruzaba el parque seguido por un grupo de curiosos, en el interior de la iglesia Víctor, de espaldas al altar, no podía ocultar ni su emoción ni su ansiedad mientras esperaba a la novia y apretaba la mano de Tania que vestía un elegante sari azul turquesa; ella era la encargada, según la costumbre, de entregar al novio… En las bancas de la nave central de la iglesia se acomodaban cerca de cien invitados incluyendo casi todos los amigos del parche verde del Rafael Núñez y compañeros del Liceo de La Salle…

***

El sábado 20 de mayo Víctor y Leticia, que completaba ocho meses de un embarazo normal, amanecieron solos en la casona del parque; el resto de las dos familias había alquilado una cabaña en el Club Militar de Melgar para pasar el puente. La joven pareja se había quedado para asistir en la noche a un concierto de Rock en donde tocaba el mejor amigo de Víctor. Alrededor de las cinco de la mañana, Leticia tropezó en un desnivel del baño, cayó de medio lado y se golpeó fuertemente en el vientre. Su marido la ayudó a levantarse y como pudo la llevó hasta la cama, la acomodó boca arriba y llamó al doctor Delvasto quién al escuchar lo sucedido opinó:

― Al caer de lado, es posible que el golpe haya repercutido en el útero grávido y desencadene la secuencia de dolores que configuran el inicio del trabajo de parto. ― A continuación preguntó:

― ¿Hay alguna emanación vaginal?

― Sí, mucho líquido claro. ― Respondió Víctor con notorio nerviosismo.

― Debes mantenerla acostada boca arriba con las piernas elevadas. Voy para allá, en quince minutos estoy en tu casa…

Al llegar, Mauricio le tomó la tensión, comprobó que los signos vitales de la paciente eran estables y al observar un máximo de dilatación cervical, comprendió la urgencia de una inmediata atención casera… Una hora después, sin ninguna complicación, guiada por la experta mano de Mauricio, Leticia dio a luz a Nicolás, primer nieto de las dos parejas de abuelos que obviamente suspendieron el paseo para regresar a conocer a su nieto. Un mes después el niño fue bautizado y sus tíos Ikiam y Antonia fueron nombrados como padrinos.

***

Leidy Sánchez era una jovencita que trabajaba en el taller de Renata y un buen día de julio, por recomendación de ésta, llegó a casa de Belarmino para consultar el I Ching. En esa ocasión la pregunta al Oráculo quedo planteada como: ¿Qué tiempos me esperan en la relación con mi novio? Tras lanzar las sapecas se conformó el hexagrama 54 KWEI MEI que en el texto de Cordiglia quiere decir: CASAR A LA HIJA MENOR y se interpreta como TIEMPO DE ADAPTARSE. La chica se entusiasmo con la respuesta y creyó que su novio le propondría matrimonio; ante esto, Belarmino le aclaró que ese dictamen no podía tomarse literalmente pues era una metáfora basada en costumbres ancestrales de la China para indicar que debemos adaptarnos a las circunstancias sin mayores pretensiones, y leyó del texto de Cordiglia:… Cuando un hombre, aún teniendo una esposa oficial, llevaba a su casa otra mujer, elegida entre las hijas menores de una familia, la joven era acogida con afecto y respeto, pero debía someterse a unas reglas de convivencia muy rígidas, que no la relegaban a un rincón pero tampoco la colocaban a la misma altura de la primera esposa. El que Leidy hubiese tomado al pie de la letra la alegoría del texto tuvo fatales consecuencias: la joven se creó falsas ilusiones y cuando supo que su novio, el hombre de sus sueños, era casado y tenía dos hijos, no soportó el engaño y una noche en una banca del parque ingirió un frasco de raticida mezclado con gaseosa y aguardiente. En sus últimos momentos, asustada y arrepentida, llamó a Belarmino por celular y le pidió ayuda. Cuando éste llegó la encontró inconsciente, la llevó al Hospital del pueblo en donde intentaron salvarla pero era demasiado tarde y la joven falleció. Ese día, Belarmino juró no volver a leer el oráculo para otros y comprendió cabalmente lo que decía Froilana cuando aseguraba: las consultas del oráculo deben ser una comunión individual de cada quién con su Yo Superior y los espíritus de sus antepasados. A partir de entonces se limitó a enseñar a otros la teoría del libro de las mutaciones y a consultarlo exclusivamente para sí mismo.

Comenzaba diciembre de ese agitado año, cuando Víctor y Leticia que venían de Bogotá a bordo de la motocicleta en que solían ir a la universidad, fueron arrollados por una volqueta a la altura de la entrada a la vereda Río Frío entre Cajicá y Tabio. Los muchachos murieron en el acto… Esas navidades fueron quizá las más tristes que pasaron las familias Lopera y Molina en toda su vida; sin embargo, se consolaban en la convicción de que los chicos no sufrieron, y mantenían la ilusión de la vida personificada en la angelical figura de Nicolás cuya risa alegraba el corazón de los cuatro abuelos y les hacía más llevadera la pérdida.

XIX. LA CASONA DEL PARQUE

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XIX. LA CASONA DEL PARQUE

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Tabio, Centro, 2005

Desde su visita a Tabio en 1999, los Molina habían quedado fascinados con este pintoresco municipio cargado de mitos y leyendas en torno a la Peña de Juaica; por ello, al regreso de Boston empezaron a buscar una casa para comprar en el apacible pueblo sabanero; entonces, Renata Zuluaga, la hermana menor del difunto Zacarías, los puso en contacto con doña Cecilia Cortés viuda de Sanchez quién había decidido vender la propiedad que había pertenecido a su difunto esposo y que en los últimos cuatro años había sido alquilada por Alejandra Borrero la conocida actriz de la televisión colombiana. Se trataba de una casona colonial, considerada patrimonio cultural del municipio, situada en la esquina norte del costado occidental del parque principal, como única vivienda privada contigua a las oficinas de la alcaldía que ocupaban el resto de la cuadra en un armónico conjunto formado por una sola edificación de estilo español clásico.
Inicialmente consideraron que era demasiado espacio para una sola familia de cuatro miembros; pero Víctor, interesado en vivir tan cerca como fuera posible a su amada Leticia, se atrevió a preguntar como quién no quiere la cosa: ¿y si la compráramos en compañía con los Lopera? Esa sola pregunta abrió una nueva perspectiva pues la idea fue acogida con entusiasmo por Onofre y su esposa que ya estaban pensando en cerrar la panadería, vender el apartamento del Conjunto Rafael Núñez y buscar un buen lugar para disfrutar la tercera edad… Quince días después firmaron el contrato y el primer sábado de febrero hicieron el trasteo. Para distribuir los ocho cuartos de veinte metros cuadrados cada uno, hicieron un sorteo: perdieron los Molina que ocuparon los cuatro cuartos del ala sur de la casona, sin ventana al exterior; en tanto que los Lopera ganaron los cuatro restantes en el ala norte, con sendas ventanas cubiertas por postigos de madera, que daban a la calle. La construcción tenía por lo menos trescientos años de antigüedad y había sido restaurada a mediados del siglo pasado pero conservaba el tejado de barro, los gruesos muros de adobe y se le había adicionado una marquesina de vidrio para cubrir el patio interior de sesenta metros cuadrados; el comedor, situado en el costado oriental tenía empotrado un mueble ceibó tallado en madera preciosa y una celosía de madera y vidrio; la sala de treinta y seis metros cuadrados tenía chimenea y dos ventanas con postigos de madera con vista al parque. En la parte posterior estaba la cocina con fogones de leña y una estufa de gas, una alacena que colindaba con el inmenso solar de cuatrocientos metros cuadrados que tenía en el muro del costado norte, un portalón de madera con refuerzos de hierro forjado, que daba a la calle. Los nuevos propietarios decidieron dividir el solar en tres partes: un tercio como huerto contiguo a la cocina; un segundo tercio como jardín sembrado de astromelias, azucenas, cartuchos, claveles y rosas; y un tercero como garaje con un cobertizo en teja de barro, en el mismo sitio en que antaño existían la cochera y cuatro pesebreras construidas por don Vicente de Miranda el encomendero que construyó la casona en el siglo XVII.

Uno de los dos ayudantes del camión de acarreos, se resbaló, cayó sobre el pavimento y fue necesario llevarlo al hospital del pueblo con un brazo fracturado; apareció entonces José Luis González, un muchacho de unos catorce años que se ofreció a colaborar en el desembarque y acomodamiento de los muebles e impresionó a Belarmino por su inteligencia, su vivacidad y su eficiencia; desde entonces el muchacho se convirtió en el mandadero de la casa con el pomposo título de estafeta que le endilgó Belarmino, quién un año después sería nombrado por la madre del chico como su padrino de confirmación.

A media mañana del primer domingo en la casona del parque, Belarmino salió a recorrer Los Toldos del Zipa ― una feria artesanal que tenía lugar cada semana y de la cual les había hablado Renata que solía exponer sus artesanías moldeadas en arcilla ―; al lado de Onofre cómodamente instalado en su silla de ruedas deportiva especial para jugar baloncesto, pues pensaba practicar en la cancha municipal, situada a espaldas de la Alcaldía; cuando uno de los artesanos, que exhibía en su toldo unas magníficas caperuzas para lámparas de sala elaboradas en fique teñido de vivos colores, los saludó por su nombre. Se trataba de Jorge Mendoza, un bogotano de unos cuarenta años a quién ambos habían conocido quince años atrás como capitán del equipo de fútbol del Parche Rojo en el Conjunto Rafael Núñez. El artesano compartía su toldo con una bellísima mulata que vendía velas y velones decorativos que distribuía en almacenes especializados de Centro Chía y Bogotá bajo la marca Brujía; la presentó como Tania Mendoza, una samaria que había llegado a Bogotá a estudiar Comunicación Social en la Universidad Javeriana y compartió un apartamento con la ya famosa Claudia Gurisatti periodista del canal RCN; pero, según reconoció: … abandoné mis estudios por razones familiares, regresé a la costa, me radiqué en Valledupar en donde tuve una pizzería…al tiempo tuve un amor, quedé embarazada y nunca volví a la Universidad…pero me gusta escribir y algún día publicaré mi primer libro de cuentos infantiles… por ahora le jalo a las velas y con eso nos sostenemos Juan Pablo, mi hijo de seis años, y yo. Al momento de estrecharle la mano a la joven, Belarmino le dijo, con cierta picardía:

― Mi esposa se llama Tania como tú. Pero si me lo permites, para no confundirme, te llamaré “Lázara” pues tan pronto como te vi, tuve la impresión de que eras la personificación de la mulata que describe Gabo en Buen Viaje Señor Presidente, el primero de sus doce cuentos peregrinos ¿me autorizas? ― Sin esperar respuesta, el viejo, con un tono esperanzado en la voz le preguntó si había conocido a su hija mayor, Laura María Molina, que podía tener su misma edad y también había estudiado la misma carrera en La Javeriana. Con la carcajada espontánea de la joven se sintió autorizado para llamarla desde entonces “Lázara”; pero la respuesta negativa respecto a su hija ensombreció el rostro de Belarmino… Al final de la hilera se encontró con Renata que exhibía sus obras de la colección de esculturas Imágenes con Historia. Belarmino le compró un precioso retablo en madera sobre el cual había adherido la silueta de La peña de Juaica moldeada en arcilla con el rostro de un anciano barbado que parecía esculpido en la roca, junto con un pergamino en el cual había escrito a mano alzada la siguiente versión firmada por su hermano Zacarías con el título “El Mohán de Juaica”:

Hace miles de años, tantos que la cuenta se perdió en la memoria de los pueblos, cuando el polo norte quedaba al sur y el polo sur quedaba al norte y la tierra giró sobre su eje para acomodar los polos en la posición que hoy tienen y se hundió para siempre el continente Lémur que se convirtió en el fondo del océano pacífico y emergió de entre las aguas desplazadas por el cataclismo el continente que habitamos, quiso Dios que un puñado de jóvenes y doncellas sobrevivieran para poblar las nuevas tierras con la simiente de la civilización que hoy conocemos. Siete parejas de estos jóvenes hermosos, inteligentes y puros se asentaron a la orilla de un río ancho y apacible que corría a los píes de una imponente cordillera. Por su juventud desconocían los secretos de la ciencia de su avanzada civilización que se habían hundido bajo el peso de las aguas; invocaron entonces la ayuda del cielo y Dios, en su bondad, envió un gigantesco y poderoso ser de barbas largas y gran sabiduría para que los guiase en el proceso de redescubrir el mundo. Lo llamaron el Mohán, que quiere decir “Monte Sabio” pues los montes son seres vivos y mágicos .Cuenta la leyenda que el Mohán habitaba en la serranía de SUE, que quiere decir Sol, pues el sol era su padre, y que sintiéndose solo tomó por esposa a la hija de la luna que vivía en la serranía de CHIA, que significa Luna, hermana mayor de estrellas y luceros. Cuentan también que el Mohán tenía su morada en la peña de Juaica, que su esposa, a quien llamaron la Mohana, se albergaba en el cerro del Majui, y que los dos refugios eran los picos más elevados de las dos serranías y que en lo alto del Majui reposaban los cóndores y en lo alto de Juaica vigilaban las águilas. Relatan los ancianos que la feliz unión entre el Mohán y su bella esposa se selló, con un dulce abrazo y un tierno beso, sobre el tálamo nupcial que el Mohán había preparado alisando los montes y las rocas con sus poderosas manos para formar el paradisíaco valle que hoy se extiende entre Tabio y Tenjo; y aseguran que en la parte más escarpada de la peña, en las noches de viernes santo, cuando éste coincide con el plenilunio, se hace visible como esculpido en la roca el rostro milenario del Mohán, y que quien llegue hasta allí inspirado en el amor y con sentimientos nobles descubrirá la entrada a una cueva que contiene el secreto de la eterna juventud que heredarán los hombres cuando comprendan que el amor es el único camino que conduce a la verdad y a la vida.

Renata ― recién divorciada tras la muerte súbita de la mayor de sus hijas ―, tenía su Toldo contiguo al que ocupaba Ana María Gartner que se especializaba en prendas como ponchos y bufandas elaboradas en un telar que operaba con la colaboración de Emiliano, su hijo adolescente, en su taller en las afueras del pueblo. Más tarde, esa misma mañana, Tania y Nélida compraron unos bellísimos chales en el toldo de Ana María y Emiliano, de quienes se volvieron clientas asiduas. Las lámparas de la sala, el comedor y las alcobas fueron adornadas con caperuzas elaboradas por Jorge, quién se convirtió en un adversario formidable para jugar ajedrez en Koskues, la cafetería de José Luis Matallana y su esposa Lucy Gaitán que en esa época funcionaba en la calle 6 a media cuadra del Centro Comercial Paraíso; y era uno de los lugares donde podían saborear las exquisitas empanadas que preparaba Lucy, aparte de que era uno de los pocos establecimientos en el pueblo en los que aún se permitía fumar. “Lázara” no sólo se convirtió en la proveedora de velas de colores para los rituales de consulta del I Ching, sino en una de las mejores amigas de Tania, de Antonia y del mismo Belarmino a quién le sirvió como correctora de estilo cuando comenzó a escribir sus cuentos infantiles.

XVIII. REENCUENTRO CON FROILANA

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XVIII. REENCUENTRO CON FROILANA

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Boston, Massachusetts, invierno de 2000

A media mañana del sábado 15de febrero, Belarmino y su familia aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Logan cuya torre de control desafiaba la ventisca previa a una tormenta de nieve que llegaría a tener proporciones nunca vistas en los últimos veinte años. Afuera del edificio los esperaba Froilana Wong, quién tras un breve pero afectuoso saludo, les ayudó a guardar el equipaje en el remolque de la camioneta Blazer en la cual se acomodaron justo en el momento en que comenzó a nevar… Media hora después Froilana, tras conducir hábilmente el vehículo en medio de la nevada, se detuvo frente a la que sería la vivienda de los Molina, durante su estancia en Boston. Por causa de la tormenta a Belarmino le tomó un tiempo identificar el lugar al cual habían llegado, pero cuando lo hizo, su mente retrocedió veinte años hasta el día de su primer encuentro con su maestra del I Ching: el número 28 de Louis Burg Square en el suburbio de Beacon Hill. Ante la cara de sorpresa de su amigo, Froilana le explicó que el decano Johnson y su esposa habían muerto a mediados de los años noventa y ella le había comprado la casa completamente amoblada, al único heredero de la pareja. Era una casa de estilo victoriano con dos pisos y altillo, seis habitaciones, amplia sala con chimenea y un enorme estudio en cuyas paredes había cerca de tres mil libros que habían pertenecido al decano. Durante los dos últimos años, Froilana se la había alquilado al cónsul de Francia en Boston, pero por aquello de las Causalidades Cósmicas que tú entiendes mejor que yo, el diplomático fue trasladado al Canadá y me entregó la casa dos días antes de que tú me llamaras pidiéndome que te ayudara a conseguir donde vivir en Boston… El precio del alquiler se ajusta a la cifra que tienes presupuestada…; además, seremos vecinos pues yo vivo en un apartamento alquilado a cuatro cuadras de aquí.

A lo largo de los años, Belarmino y Froilana habían mantenido una correspondencia frecuente y estaban al tanto de la forma en que transcurrían sus respectivas vidas. Sobre su maestra china, Belarmino sabía que en junio cumpliría cuarenta y cinco años, estaba recién casada con José (Pepe) Bolaños Rivera un violinista español que formaba parte como solista de la Orquesta Filarmónica de Boston. Tras la muerte de sus padres a comienzos de 1989 en un accidente aéreo, Froilana había vendido la cadena de supermercados Wong en Taiwán para regresar a Boston con la intención de obtener el título doctoral en Harvard Bussines School pues tenía clara su vocación docente. Su tesis doctoral sobre la influencia del Oráculo Chino en las decisiones de alto nivel, fue distinguida con el Summa Cum Laude y publicada por una editorial especializada en temas gerenciales. Poco después de su graduación, Froilana le había enviado a su antiguo discípulo el recorte de un artículo del Boston Globe escrito por el famoso profesor Teodoro Levitt, en el que aseguraba: En su reciente libro El I Ching y los Procesos Decisorios, la doctora Froilana Wong ha demostrado, mediante un completo análisis de treinta casos reales, que en el mundo de las grandes corporaciones de hoy el I Ching o Libro de las Mutaciones es tan útil en las salas de juntas como antaño lo fue en la Cámara del Consejo de la China Continental […] Junto con el artículo, le mandó un ejemplar de la primera edición del libro de Guy Damian- Knight que contiene una versión del I Ching adaptado a los negocios y a la toma de decisiones. Una consulta de esa versión había resultado determinante en la decisión de Fernando Guzmán y Zacarías Zuluaga de liquidar el CEE; en esa oportunidad, salió el hexagrama 33. THUN que, en el texto de Guy Damian, quiere decir: RETIRADA ESTRATËGICA. Los dos socios así lo hicieron y evitaron lo que hubiera sido una quiebra estrepitosa.

A comienzos de febrero, los chicos recibieron la carta de aceptación en Harvard College indicándoles que el inicio de clases sería el lunes 4 de septiembre; pese a que ambos dominaban el inglés y habían obtenido un buen puntaje en el TOEFL; Belarmino les recomendó que tomaran un curso avanzado de inglés, iniciativa a la cual se unió Tania. Por su parte Belarmino aceptó una invitación de Froilana para acompañarla, tres veces a la semana, como su asistente en un curso de I Ching que empezaría a dictar a partir de abril en el Cambridge Center forAdult Education. La víspera de comenzar las clases del Oráculo, Froilana radiante de felicidad le contó a su amigo que estaba embarazada…cuando Belarmino la abrazó para felicitarla, le dijo al oído en tono picaresco: Ustedes me trajeron la suerte Belarmino: llegaron en medio de la nieve el 15 de febrero y esa noche, al calor de la chimenea, Pepe y yo iniciamos el ritual de las siete noches para engendrar un hijo sano. Ya decidimos que Tania y tú sean los padrinos.

El 12 de noviembre Fernando Guzmán llamó a Belarmino para contarle que su socio Zacarías Zuluaga había muerto el día anterior en Tabio por causa de un infarto fulminante. Esa misma noche en Boston, durante una nevada ― la primera del invierno prematuro de 2001―, similar a la de la noche en que fue concebida, nació la primogénita de Froilana y Pepe: una preciosa criatura que heredó los ojos azules de su padre y el pelo negro y lacio de su madre. En noviembre de 2003, después de sortear un embarazo de alto riesgo, Froilana dio a luz a la segunda hija de la pareja que en este caso heredó el pelo rojizo y crespo de Pepe y los ojos negros y rasgados de Froilana; fueron dos bebitas perfectas en las que se podía vislumbrar que serían dos niñas de exótica belleza. Pepe era un devoto Católico, mientras Froilana tenía una formación espiritual más ecuménica por cuenta del taoísmo de su padre chino y el catolicismo de su mamá española; al respecto solía decir: Soy católica creyente aunque llena de muchas dudas; en todo caso no soy tan practicante como quisiera Pepe. En ambos casos, el padrino fue Belarmino; en tanto que la madrina de la niña mayor fue Tania y de la menor fue Rosalba, la hermana mayor de Pepe que vino desde Madrid. La ceremonia, en las dos ocasiones, fue oficiada por Monseñor Bolaños, un primo hermano de Pepe que era el párroco de St. Joseph´s Catholic Church. Como una deferencia con Belarmino, Froilana escogió para las niñas los nombres de las hijas de su compadre: Laura María y Victoria.

***

Boston, Massachusetts, verano de 2004

La ceremonia de graduación en el campus de Harvard College estaba prevista para el miércoles 26 de mayo: Víctor cuyo énfasis de estudio estuvo centrado en la física y las matemáticas puras, recibiría su título de Bachelor of Science; al tiempo que su hermana Antonia más inclinada hacia las humanidades se graduaría como Bachelor of Arts. Para entonces, la familia ya había decidido que en enero del 2005, regresarían a Colombia pues Víctor y Antonia querían hacer una maestría en la Universidad de los Andes en Matemáticas y Antropología Social, respectivamente. Dos días antes de la ceremonia, llegaron Onofre Lopera, Nélida y los chicos con intención de pasar una semana en Boston y otra en New York donde Onofre tenía parientes. La víspera, llegó Aldemar para asistir a la graduación de estos dos guambritas que traje al mundo y son mis únicos ahijados. El regalo de graduación no pudo ser más apropiado: cada chico recibió un cheque de dos mil dólares y un computador portátil que serían muy útiles en el viaje que, como un premio por sus excelentes resultados académicos, les dieron sus padres: tres mil dólares a cada uno y los pasajes a las principales capitales de Europa. En esa excursión por el viejo mundo los muchachos harían parche con los jóvenes Lopera: Ikiam que seguía amando en silencio a la esquiva Antonia, quién desde la muerte de Fercho no había tenido otro amor y se negaba a darle a Ikiam el estatus de novio que el muchacho le imploraba en apasionadas cartas; y Leticia que continuaba como novia eterna de Víctor con quién había tenido su iniciación sexual en el Conjunto Rafael Núñez por la época en que Belarmino les habló a los muchachos de una sexualidad sacramental basada en el manual de Chaw Li sobre sexo tántrico.

Por su parte, Belarmino y Tania, viajarían en julio a Corea ― este era el segundo viaje que él hacía pues en el verano de 2001 había formado parte de un grupo de veteranos del Batallón Colombia heridos en acción, que fueron invitados a Seúl por el reverendo coreano Sun Myung Moon, fundador de la llamada Iglesia de la Unificación, para conmemorar el cincuentenario de la llegada de las primeras tropas colombianas al puerto de Inchon en 1951 ― en esta oportunidad el viaje sería patrocinado por la Embajada de Corea en Colombia y su amigo Fernando Guzmán, que presidía la Asociación Colombiana de Veteranos ASCOVE, lo había incluido en la lista de veinticuatro soldados que viajarían una semana a Corea atendiendo la invitación del agradecido gobierno de la ahora industrializada y pujante Corea del Sur: El pueblo y el gobierno realmente valoraban el sacrificio que los colombianos habían hecho por su patria. En el grupo de treinta veteranos que incluía seis oficiales, iría Marino Vera un combatiente santandereano paisano de ambos y con quién mantenían una estrecha relación. La invitación incluía un acompañante por persona; entonces los antiguos camaradas acordaron viajar con sus respectivas esposas y quedaron de encontrarse en Bogotá dos días antes del viaje… Los tres veteranos y sus cónyuges disfrutaron inmensamente todas las actividades previstas por el gobierno para homenajearlos: honores en el aeropuerto de Inchón, coctel de bienvenida en el Ministerio de Relaciones Exteriores, cena en la casa del general Jorge Mora Rangel embajador de Colombia en Seúl, visita a los museos y monumentos, colocación de ofrendas florales en las tumbas de los caídos, y ceremonia de condecoración en el Palacio Presidencial. En el viaje de regreso volaron de Seúl a Los Ángeles y de allí a Nueva York, en donde los seis pasaron tres días haciendo turismo antes de viajar a Boston en donde pasaron otros tres días en casa de Belarmino. A fines de octubre, los muchachos fueron notificados por correo de su aceptación en Los Andes; regresaron de Europa a mediados de diciembre y la familia pasó la última navidad en Boston en compañía de Pepe y Froilana, antes de regresar a Colombia.

XVII. 1999: UN AÑO LUCTUOSO

Por : kapizan
En : Novelas, XVII. 1999: UN AÑO LUCTUOSO

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Bogotá, Conjunto Residencial Rafael Núñez 1999

Para recibir el último año del milenio, Belarmino y Onofre decidieron celebrar juntos la tradicional festividad de fin de año en el Pent House de los Molina; Víctor y Leticia que eran novios aplaudieron el plan y Antonia, que amaba en silencio a Fercho con la intensidad del primer amor juvenil, se puso feliz cuando supo que lo habían invitado pues la madre del muchacho tenía turno esa noche. La joven sabía que le gustaba a Fercho y pensaba que esa sería una ocasión perfecta para que se cuadraran como novios. Un mes antes, Ikiam le había declarado su amor pero ella le contestó que prefería que siguieran siendo amigos, pues a quién realmente quería como novio era al joven líder del Parche Verde.

Tania y Nélida eran ambas excelentes cocineras que disfrutaban preparando platos típicos de la cocina nicaragüense y amazónica respectivamente; en la noche de navidad que las dos familias celebraron en el apartamento de los Lopera, Nélida se lució con un exquisito Inchicapi ― sopa preparada a base de gallina, yuca, maní, maíz, cilantro, comino y sal. Que suele servirse acompañada de arroz y plátanos ― y para la noche de Año Nuevo, Tania preparó un delicioso Vaho nicaragüense ―plato de dos carnes: cecina y gordo de pecho, cocidas al vapor sobre hojas de plátano debajo de las cuales se tienden capas de yuca, plátano y papa ―. Los postres en las dos oportunidades estuvieron a cargo de Nélida.

La intuición de Antonia era acertada: después de la cena que se sirvió a las diez de la noche, Fercho invitó a la chica al balcón…Una vez a solas, el joven le confesó su amor y le dijo que no lo había hecho antes pues creía que Antonia a quien amaba era a Ikiam pero éste, que era uno de sus mejores amigos, le había contado la respuesta que ella le dio cuando le pidió que se cuadraran y por eso se había decidido a proponerle que lo aceptara como novio pues soñaba con ser su pareja en el baile que estaba organizando Belarmino para sus quince años….Cuando sonaron los pitos y las sirenas anunciando el año nuevo, los jóvenes regresaron a la sala cogidos de la mano y la radiante expresión de sus rostros anunció, sin necesidad de explicaciones, la confirmación del romance juvenil que tanto Belarmino como Tania presentían; a ambos les agradaba el chico y disfrutaron viendo la felicidad de su hija.

Desde 1981, cuando conoció el I Ching, Belarmino adoptó la costumbre de consultarlo en la noche de Año Nuevo, formulando siempre la misma pregunta: ¿Qué tiempos me esperan en el año que comienza? Los consejos del oráculo le servían de guía y procuraba seguirlos tan fielmente como fuera posible a lo largo del año. Después del intercambio de abrazos y buenos deseos, se dirigió al consultorio, lanzó las sapecas y salió el hexagrama 47. KHWAN que quiere decir ANGUSTIA con una mutación al hexagrama 61. KUNG FU que quiere decir FE INTERIOR. Supo entonces, que ese sería un año difícil en el que su temple sería puesto a prueba; habría problemas y sufrimientos inesperados que de superarse le ayudarían a fortalecer su fe interior; esa fue su interpretación del texto de Cordiglia. Lo que no sabía era que el “tiempo de angustias” que pronosticaba el oráculo comenzaría al amanecer de ese primer día del último año del Milenio… Cuando se disponía a acostarse sonó el teléfono: era doña Bárbara que con voz alterada por el miedo, le dijo:

― Mijo, a su papá le dio un infarto… Está muy grave…Lo están operando en el Hospital Militar… Véngase pronto.

Cuando Belarmino y Tania llegaron al Hospital, el coronel acababa de fallecer. Un segundo infarto le sobrevino en la mesa de operaciones, pero su organismo no lo resistió. Durante la velación en las salas contiguas a la Catedral Castrense en el Cantón Norte, el coronel Hurtado Velandia, amigo del difunto, le contó a Belarmino que el primer infarto le había dado a su papá durante el baile de San Silvestre en el Club Militar, en donde otros dos compañeros del mismo curso y sus esposas, compartían mesa para despedir el año. Hurtado le aplicó los primeros auxilios y lo llevó en su vehículo a Urgencias del Hospital Militar…Cuando se disponían a trasladar el féretro desde la sala de velación hasta la Catedral, Belarmino vio a su primo Humberto y a su esposa Melissa, a quienes no veía desde hacía algo más de veinte años cuando fue descubierta la infidelidad de aquel con Lucía. La pareja que venía desde Medellín para asistir al entierro del coronel, llegó en el preciso instante en que a lado y lado del ataúd se iban colocando como cargadores el coronel Hurtado y otros tres compañeros del difunto; Belarmino ocupó su lugar al frente y al lado derecho del ataúd para encabezar el desfile, y le hizo un gesto a su primo para que se aproximara. Lo esperó con los brazos abiertos, lo abrazó con fuerza y le murmuró al oído:

― Gracias primo por venir. Ponte al otro lado pues nadie mejor que tú para acompañarme a llevar a mi papá en su último recorrido ―. Ese detalle borró de un plumazo los resentimientos y los miedos, y fue un punto de partida en la nueva relación entre los primos que surgió de ese reencuentro y se fortaleció en los años venideros. Como un acuerdo tácito, el incidente entre Lucía y Humberto quedó en el pasado y nunca más volvió a mencionarse.

El impacto por la muerte repentina del coronel agudizó los síntomas del Alzheimer que desde tiempo atrás afectaban a doña Bárbara y comenzaron a hacerse evidentes cuando Belarmino y su esposa decidieron llevarla a vivir con ellos en el conjunto: ¿Tú quién eres? Les preguntaba constantemente a sus nietos y a Tania; en las noches gritaba aterrorizada en medio de sus alucinaciones; se ponía agresiva con todo el mundo o tenía episodios de hilaridad incontenible; confundía a Belarmino con su difunto esposo; y hablaba incongruencias. Una noche, en medio de una pertinaz llovizna y aprovechando un descuido, la señora se escapó del apartamento en piyama, salió a la rotonda e intentó cruzar la portería, pero, los vigilantes al ver la facha en que andaba se lo impidieron y avisaron a Belarmino que la encontró empapada y aterida del frío … Una hora después ingresaban a Urgencias del Hospital Militar con la señora ardiendo en fiebre: había contraído una neumonía severa que en dos días se la llevó de este mundo para unirse con su esposo. Doña Bárbara falleció en la mañana del viernes 7 de mayo, día en que Antonia cumplía los 15 años y estaban listos los preparativos para la celebración, que fue suspendida. Además del dolor por la pérdida de su abuelita, la pobre Antonia tuvo que sufrir la frustración de ver suspendida su anhelada fiesta.

***

A finales del año anterior, Onofre había promovido un campeonato juvenil de fútbol en el que participaron equipos de seis barrios vecinos. El equipo conformado por los mejores jugadores de los dos parches del Rafael Núñez se coronó campeón y el goleador estrella del torneo fue Fercho con ocho anotaciones, incluido el espectacular gol de cabeza que anotó en el último minuto del segundo tiempo y con el cual definió el marcador de tres a dos que les dio la victoria en el partido final contra el equipo del Barrio La Esmeralda. La destacada actuación del joven futbolista no pasó desapercibida para un invitado especial de Onofre: el profesor Mauricio Rendón, técnico de la selección colombiana de fútbol de la categoría juvenil (sub-20) quien, impresionado con el talento de Fercho, lo invitó a formar parte del equipo de Colombia que participaría en agosto de ese año en el Torneo Internacional de Futbol sub-20 de la Alcudia en Valencia España, como una preparación para la Copa Mundial de esa categoría que se disputaría en la Argentinaa comienzos del año 2001,cuando el chico cumpliría los 19 años y estaría en su etapa más productiva para distinguirse en el torneo mundial.

Faltando una semana para el viaje de Fercho a España, un grupo de chicos del parche Verde, entre los que se encontraban los Molina y los Lopera, fueron invitados a una fiesta de quince años de una compañera del Liceo de la Salle, que tendría lugar en un salón de recepciones situado en el barrio Galerías a unas veinte cuadras del Rafael Núñez. Antonia y Fercho iban dichosos pues era el primer baile al que asistían juntos después de la frustrada celebración causada por la muerte de la abuela. El recorrido en ambas direcciones lo hicieron a pie en alegre patota. Como tenían permiso hasta la una de la mañana, pasada la media noche los chicos emprendieron la marcha de regreso… Antes de llegar a la Avenida Ciudad de Quito, Fercho le dijo a Antonia: necesito ir al baño sigue con tu hermano, ya los alcanzo; a continuación, se apartó del grupo con intención de orinar contra la pared de un lote contiguo a un asadero de pollos; entonces la joven les dijo a sus amigos: esperemos a Fercho que fue al baño. No habían transcurrido dos minutos cuando oyeron unos gritos seguidos de un disparo… Se volvieron y alcanzaron a ver como Fercho caía atravesado por la bala de un vigilante atrabiliario e intolerante. La muerte de Fercho causó un efecto demoledor en los muchachos, especialmente en la desolada Antonia que hubo de ser sometida a un tratamiento sicológico para superar el trauma. Por su parte, Belarmino y Tania consultaron el Oráculo buscando orientación: salió el hexagrama 12 PHI que quiere decir CIERRE y lo interpretaron como la necesidad de cerrar un ciclo e iniciar una nueva vida. Decidieron entonces vender el Pent House y viajar a Boston, en donde Belarmino tenía muy buenos contactos y era una ciudad estudiantil, ideal para que sus hijos perfeccionaran el inglés e ingresaran a la Universidad. En noviembre de ese año, los muchachos obtuvieron su título de bachiller y ambos aplicaron al College de Harvard University para el año académico 2000-2001.

XVI. EL CONSULTORIO DE BELARMINO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XVI. EL CONSULTORIO DE BELARMINO

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Bogotá, Conjunto Residencial Rafael Núñez 1998

Gracias al apoyo permanente del capitán Lopera como administrador del Conjunto, que les prestaba a los muchachos el salón comunal para hacer sus rumbas y les daba crédito en su cafetería, y a la disposición de Belarmino para atender los requerimientos de los jóvenes que acudían sin previo aviso al apartamento para hacerle consultas, el Grupo Ancla se había convertido en una organización informal de dos agrupaciones que competían entre sí en las justas deportivas: el Parche de Los Rojos, con cuarenta miembros y el Parche de los Verdes, con treinta y ocho― en el argot de los chicos el parche había sustituido a la barra de antaño―; cada parche, estaba integrado por los muchachos que residían en los edificios que llevaban en sus fachadas un zócalo pintado del respectivo color. Para entonces el propósito de mantener ocupado el tiempo ocioso de los muchachos se había cumplido; además, Lopera que tenía experiencia en operaciones de inteligencia, había logrado establecer, con los vigilantes y con algunos muchachos, una eficiente red de información que le permitió neutralizar la entrada al conjunto de los jíbaros, que habían logrado inundar con sus drogas ilícitas al vecino Conjunto Residencial Paulo VI.

A lo largo de los siete años de existencia del Grupo Ancla, Belarmino y Onofre habían comprobado que los chicos eran más activos cuando estaban en la secundaria y su interés por las actividades programadas disminuía cuando ingresaban a la universidad. Años después comprobaron que muchas de las amistades surgidas en esa época entre los muchachos se prolongaban en el tiempo, aún después de que casi todos se habían marchado del Rafael Núñez para hacer su vida como adultos. Así por ejemplo, a mediados de 1998, cuatro de los jóvenes fundadores del grupo ya eran profesionales y continuaban viéndose con frecuencia. Tomando en cuenta esa rotación natural, las edades de los muchachos que integraban el Grupo Ancla fluctuaban entre los catorce y los dieciocho años; en opinión de Onofre: los años en que el riesgo de caer en las drogas es mucho mayor.

Durante el tiempo que Belarmino vivió en el Rafael Núñez, atendió centenares de consultas del I Ching y comprobó que en la mayoría de los casos ante la respuesta del Oráculo, los jóvenes le abrían su corazón y le confesaban cosas ― como sucedió con el caso antes narrado de Luz Angélica― que no se hubieran atrevido a contarle a su padres; esto le permitía hablarles como un amigo y le daba la satisfacción de comprobar que en muchos casos atendían sus consejos y seguían sus recomendaciones.

Un ejemplo de lo anterior es el caso de una chica que consultó el I Ching para saber: ¿Qué tiempos me esperan en la relación con mi novio? Y al lanzar las sapecas salió el hexagrama 33 THUN que quiere decir RETIRARSE; con una mutación al hexagrama 59 HWAN que significa CONFUSIÓN. La sola mención de los nombres de los hexagramas confundió a la chica que rompió en llanto y le confesó a Belarmino que la noche anterior se había entregado a su novio y había quedado decepcionada, pues a pesar de que lo amaba, sentía que él había sido burdo, torpe, insensible y la había lastimado físicamente. Era natural que estuviese confundida. Belarmino ya había captado que a diferencia de la época en que él fue adolescente, ahora, a finales del milenio el comportamiento sexual de los jóvenes era más desinhibido y la actividad sexual comenzaba a muy temprana edad; también había comprendido que los muchachos llegaban a la cama a improvisar dejándose llevar por el instinto, a diferencia de los tiempos en que eran iniciados en prostíbulos o por mujeres expertas como la enfermera japonesa que lo había entrenado a él cuando se recuperaba en Tokio de su herida de guerra. La joven decidió romper la relación con su novio y Belarmino consideró que era necesario reunir al grupo y darles una charla sobre sexualidad basada en el manual de Chaw Li sobre sexo tántrico que le había regalado Froilana en Boston. A la charla asistieron cerca de ochenta muchachos; las explicaciones de Belarmino, que llevó a sus hijos adolescentes, fueron muy didácticas, estuvieron ilustradas con diapositivas de las posiciones recomendadas por el maestro chino y descripciones detalladas sobre las delicadas técnicas de desfloración que utilizaban los maestros en los Templos del Amor Tántrico.

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Uno de los conceptos esotéricos que más intrigaba y fascinaba a Belarmino, era el relativo a la reencarnación del ser humano a través de un proceso evolutivo en un ciclo espiral de vidas múltiples. Su primer contacto con el tema lo tuvo en Boston en el otoño de 1981, cuando asistió, en compañía de Froilana, a una conferencia dictada por el Doctor Brian Weiss un siquiatra norteamericano experto en el tema. En esa ocasión Weiss presentó sus primeros hallazgos, sobre evidencias de vidas pasadas obtenidas en su consultorio siquiátrico durante sesiones de regresión hipnótica con pacientes de ambos sexos y diferentes edades. Según Weiss, el conocimiento de las vidas anteriores podía usarse con fines terapéuticos para ayudar a los pacientes a superar traumas ocasionados en vidas anteriores; ese procedimiento, debería ser conducido por un experto siquiatra o sicólogo si se trataba de resolver un problema clínico. Froilana conocía algo del tema y había realizado experimentos de regresión con algunos amigos interesados en conocer aspectos de sus vidas pasadas. Ese día le reveló a Belarmino: yo he hecho regresiones a partir de una relajación profunda en vez de la hipnosis y me ha dado buenos resultados; claro que yo no lo hago con fines terapéuticos; lo hago para ayudar a la gente a satisfacer su curiosidad natural sobre qué hicieron o quiénes fueron en vidas pasadas. Ese comentario le quedó sonando al joven profesor y cuando regresó a Centro América investigó sobre técnicas de relajación profunda. Se encontró entonces con los métodos de relajación propuestos por la Sofrología ―Del griego: Sóf que significa quietud, serenidad o armonía, Phron: cerebro o mente y logos o logía: ciencia, conocimiento o estudio ―, nueva rama de la medicina creada por el psiquiatra colombiano Alfonso Caycedo en los años sesenta. En poder de la teoría sofrológica, Belarmino comenzó a utilizar las técnicas de relajación profunda para ensayar sesiones de regresión con amigos que estuviesen dispuestos a hurgar en sus vidas anteriores; era en cierto sentido un entretenimiento morboso que les proporcionaba una forma nueva de divertirse y no perseguía ningún propósito terapéutico que lo justificara.

Fercho Rojas era un jovencito de diez y siete años, hijo de madre soltera y padre desconocido; ella, trabajaba en las noches como enfermera cuidando pacientes particulares; el joven, prácticamente se había convertido en un miembro más de la familia Molina desde que cumplió los catorce años e ingresó al Grupo Ancla; y se apegó a Belarmino a quién veía como el padre que nunca conoció. Pronto se convirtió en el mejor amigo de Víctor y de Ikiam que lo veían como a un hermano mayor a quien imitaban, querían y respetaban; y, en el amor platónico de Antonia que desde los doce años lo admiraba pues no sólo era muy apuesto, sino que era el capitán del equipo de fútbol del Parche Verde, al cual ella había ingresado ese año, el día en que cumplió los catorce años; el chico era además un excelente ajedrecista y le había ganado en más de una ocasión tanto a Onofre como a Belarmino. Fercho era inteligente, simpático, extrovertido, inquieto y con capacidad natural para el liderazgo. El primer viernes de noviembre de 1998 a mitad de la tarde, Belarmino se encontraba reunido con los dos coordinadores del Grupo Ancla: Rolando, un chico de diez y siete años, del Parche de los Rojos y Ana Milena, de dieciocho, del Parche de los Verdes; cuando llegó Fercho que traía en la mano la versión en español del libro de Brian Weiss Muchas Vidas Muchos Sabios y le preguntó a Belarmino si creía en la reencarnación. Éste no sólo respondió afirmativamente sino que contó que años atrás había asistido a una conferencia del siquiatra norteamericano y refirió algunas de sus experiencias anteriores con sesiones regresivas mediante ejercicios de relajación profunda. Los muchachos se entusiasmaron con el tema y Ana Milena le preguntó a Belarmino que si podía hacerle una regresión…

Media hora después, acostada sobre la alfombra del consultorio del I Ching con la cabeza apoyada en un cojín, Ana Milena fue entrando en un estado de relajación profunda a medida que Belarmino con voz monocorde le indicaba: ….Visualiza tu cuero cabelludo como un tapiz en el que cada cabello es una hebra que se distiende y se relaja… Siente una sensación de laxitud que comienza a aflojar la tensión de tus músculos…. Cuando Belarmino sintió que la joven estaba completamente relajada la hizo retroceder mentalmente hasta el vientre materno y continuó sugiriendo: Trata de ir más atrás, mucho más atrás, mucho más atrás, muchísimo más atrás…detente, dime: ¿dónde estás? La joven balbuceó algunas palabras ininteligibles, comenzó a retorcerse en convulsiones y a dar alaridos de pánico. Sin saber cómo actuar, Belarmino tuvo que improvisar dándole órdenes de regresar hasta el presente; al cabo de un buen rato lo logró, pero quedó impactado por la reacción de la chica que dijo haber sentido que la estaban quemando viva.

Esa misma tarde, Belarmino decidió que nunca más intentaría hacer regresiones. Muchos años después recordando el episodio le diría a Violeta Mosquera: Cuando Ana Milena y Rolando se marcharon, Fercho hizo un comentario muy sensato; recuerdo que me dijo algo como: ―A mí me parece que Dios en su sabiduría nos borra el disco duro después de cada encarnación para evitarnos sufrimientos; yo no soportaría saber, por ejemplo, que en una vida pasada maté a quién es mi papá en esta encarnación y por eso sufro tanto al no saber quién es. Creo que en casos como el mío es preferible la ignorancia que la culpa.― En ese momento yo ignoraba que el “hijo adoptivo” que acababa de darme una lección de sensatez, era uno de los preferidos de Dios, razón por la cual muy pronto abandonaría este mundo, en circunstancias totalmente inesperadas, para acudir a su presencia.

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