Al Final de Mis Guerras. Memorias de un Nazi – Capítulo XIV

Posted on : 07-02-2011 | By : kapizan | In : Al Final de Mis Guerras. Memorias de un Nazi, Capítulo XIV - Tabio. Sábado 2 de marzo, Novelas

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Tabio. Sábado 2 de marzo

Lo primero que hizo Pepe, al despertar a media mañana, fue llamar a su madre en Bogotá para contarle emocionado que los problemas económicos de su padre, quien se encontraba en Barcelona intentando vender una propiedad de la familia para salir de deudas, se habían resuelto milagrosamente gracias al generoso arrepentimiento de Andy. Acordaron encontrarse en Bogotá en el Centro Comercial Hacienda Santa Bárbara, con el fin de convertir esa misma tarde la herencia del viejo en Euros, para hacerle una transferencia a su padre. Quedaron citados a las tres de la tarde en una casa de cambio cuya propietaria era amiga de Pepe.
Por su parte Toya, después de alistarse y comer algo ligero, se fue conduciendo el pequeño “escarabajo” blanco a recoger a Renata para que la acompañara a casa de la Tolteca, según habían convenido telefónicamente, a fin de entregarle su paquete que tenía la apariencia de contener uno o dos libros. La Tolteca y Toya vivían en la misma vereda y cuando se cruzaban se saludaban como dos buenas vecinas, pero no habían sido presentadas; el hecho de que ambas hubiesen estudiado arte facilitó el inició de lo que llegaría a ser en poco tiempo una buena amistad.
A las dos de la tarde las tres mujeres saboreaban un té, mientras Renata y Toya ponían a Helia al tanto de todo lo ocurrido, de la expectativa que había creado el supuesto tesoro del viejo y del afán de todos por encontrar pistas. Tal como lo había supuesto Toya, el sobre contenía dos libros y una carta de Andy para Helia, que ésta leyó en voz alta:

Querida Tolteca:
Cariñosamente te llamo por el sobrenombre que te puso Zacarías, pues creo como él que tus ancestros más remotos, e incluso tú misma, vivieron en el continente perdido de la Lemuria y por esto tu conciencia te ha guiado a profundizar en el estudio de las viejas civilizaciones que poblaron el continente americano en la Era Precolombina. Como siempre te has interesado por la simbología esotérica, y porque sé que le darás un uso apropiado, te dejo un libro que contiene los principales símbolos, con el significado que se le ha dado en las más esotéricas comunidades religiosas y en las sociedades secretas de Oriente y Occidente. Este libro perteneció a mi tía Lulita, quien quiso iniciarme en los temas ocultos durante mi ya lejana adolescencia.
El otro libro es más reciente pero estoy convencido de que tiene mucho que aportar para fortalecer tu crecimiento espiritual y por tu conducto el de todos mis amigos de Tabio.
Con amor,

Andy.

Con una mezcla de curiosidad, ansiedad y solemnidad, la Tolteca tomó en sus manos el libro que había pertenecido a la tía Lulita y las tres mujeres lo observaron por un buen rato, sin atreverse a abrirlo… El ejemplar, empastado en cuero fino, era de un color café oscuro, desteñido por cien años de uso, y podría tener unas trescientas páginas. No tenía ningún título, pero en la portada aparecía un símbolo, grabado en hojilla de oro, que ocasionó una expresión de sorpresa de Renata, pues el símbolo de la portada era exactamente el mismo, que la Tolteca había grabado en una tabla por encargo de Zacarías.
Helia aclaró que en el retablo había agregado, por instrucción de Zacarías, dos hexagramas del I Ching, el Ta Kwang o Gran poder y el Kung Fú, o Fe interior. Al escuchar lo anterior Toya, ligeramente excitada, les hizo caer en cuenta sobre lo que Chacho le había dicho a Mara por teléfono respecto a los ideogramas de la barrita de tinta del juego que el viejo le había dejado a Martina, y estaba segura de que uno de ellos era el Ta Kwang, lo que le daba el carácter de pista. Lo que le parecía extraño era el símbolo del libro, pues ella había visto el retablo de Zacarías y nunca se había atrevido a preguntarle porqué había hecho grabar una cruz nazi en medio de una estrella de David. Por lo que sabía de historia, le parecía que esos dos símbolos eran incompatibles.
Ante la inquietud de Toya, la Tolteca manifestó que ella había tenido la misma impresión cuando los había visto por primera vez, pero Zacarías le había explicado que la cruz nazi en realidad era un símbolo esotérico llamado cruz gamada, y que tenía un doble significado, dependiendo de cómo se utilizase: por el anverso o por el reverso. La cruz, tal como la habían usado los nazis, con sus aspas vistas de frente, si tuviesen movimiento giraría en sentido levógiro, es decir, hacía la izquierda, que significaba destrucción o involución; pero vista por su lado opuesto, también con movimiento, giraría en sentido dextrógiro, es decir hacía la derecha, que significaba desarrollo o evolución. La cruz gamada que aparecía en el libro y que ella había grabado en el retablo era dextrógira, y según Zacarías representaba la evolución. Respecto a la estrella de David, él le había explicado que se trataba de dos triángulos equiláteros enfrentados por uno de sus ángulos, y que un triángulo representaba a la triada divina que descendía y el otro a la humanidad que ascendía.
Mientras la Tolteca hablaba, Renata curiosa como siempre había estado ojeando el otro libro que le había dejado el viejo a Helia. Era un ejemplar de Reinos Perdidos y Claves Secretas, de Juan Parellada de Cardellac editado en 1979 por Plaza & Janes, S.A… De pronto, con voz excitada dijo:
— ¡Miren esto! En el índice de este libro están subrayadas dos páginas capicúa, la 111 y la 191… El libro tiene una dedicatoria para Andy firmada por Ulrika E. en Lisboa en febrero de 1981: “Para mi gran amigo Andy: en la seguridad de que las revelaciones de esta obra le serán muy útiles en su proceso de despertar a la conciencia trascendente. Un estrecho abrazo, un beso y mis felicitaciones por su cumpleaños. Con amor imperecedero, Ulrika E.”.
La Tolteca cogió el libro con la dedicatoria y comenzó a revisarlo. Rápidamente captó que sus hojas, un tanto amarillentas, tenían impresa la huella de Andy, con subrayados y notas marginales, escritas en tinta verde de su puño y letra. La primera de estas anotaciones la encontró después del prólogo en la página 17, que solamente contenía el título del capítulo I: El Gobierno Oculto del Mundo. Debajo, con letra perfectamente legible, el viejo había escrito: “La CÁBALA es el CABALLO, emblema de la Atlántida. Es la ciencia reunida por los últimos sabios del continente perdido para perpetuar la tradición”. Cuando la Tolteca leyó en voz alta la anotación anterior, a las tres mujeres les pareció que podría haber otra coincidencia con la pista que Mara había descubierto en el dibujo ecuestre que había pintado Andy.

* * *

Mientras esperaban la llegada del resto de invitados, Toya, León, Ricardo y Renata, por sugerencia de esta última que había participado en sesiones sinécticas dirigidas por su hermano, adecuaron la sala agregando dos poltronas y varios cojines para que los doce participantes estuviesen cómodos, encendieron la chimenea, seleccionaron varios discos con música clásica y tango instrumental, prepararon un cóctel suave y alistaron un papelógrafo, que seguramente utilizaría Genaro como coordinador…
Cuando todo estaba listo llegó Simón Camelo, uno de los tangueros, para pedir el favor de que León le duplicara en el computador el CD con los tangos de Gardel que les había dejado el viejo, pues pensaba llevarlo como regalo a unos colegas de la Universidad Nacional, que habían organizado un grupo de baile. León prometió tenérselos para el domingo por la tarde y Simón se marchó agradecido.
La expectativa y la intriga generadas hasta el momento por el enigma en que se había convertido la herencia del viejo influyeron para que a las cinco en punto el grupo estuviera reunido y cómodamente instalado en las poltronas y los cojines alrededor de la chimenea. Genaro asumió su papel como coordinador y comenzó explicando la definición de sinéctica, su origen etimológico y la forma en que su creador, el psicólogo norteamericano William J.J. Gordon, había planteado el uso de analogías y metáforas, así como la manipulación de la definición del problema, mediante técnicas para hacer “lo extraño conocido y lo conocido extraño”.
Indicó que en todo proceso creativo se cumplen cuatro etapas de las cuales dos son conscientes, preparación y verificación, y dos son inconscientes, incubación e iluminación, y estas últimas las realiza el cerebro que no descansa, pues permanentemente, aún durante el sueño, se mantiene activo. Contó la anécdota histórica del invento de la máquina de coser y cómo en un sueño su creador, Isaac Singer, había resuelto el problema surgido con las agujas y el lado por el cual se enhebraban… Con el ánimo de entrar en materia, aprovechó el ejemplo de Singer para recordar cómo el sueño de Renata con las agujas le había ayudado a encontrar la clave para abrir el baúl…
— A mí me parece –dijo Gabriel – que ustedes se están volviendo exageradamente obsesivos y han creado una fábula respecto a un supuesto tesoro. Sinceramente, no creo que el viejo haya decidido dejarnos una herencia en oro, dinero o joyas. Creo que podemos darnos por muy bien servidos con los objetos valiosos que le dejó a cada uno. Respecto al misterio que ustedes han formado con los capicúas y con todas esas pendejadas, para mí no es más que un juego organizado por su mente para divertirse desde la tumba, si es que uno se puede divertir después de muerto… Con mucho gusto le colaboré a Renata para que abriera el baúl y hasta ahí creí que de pronto podía haber un tesoro. Pero ahora veo que no es más que eso, un juego simpático y entretenido. Nada más… Claro que me gusta, me recuerda el “Damero Maldito”, el famoso crucigrama que sacaba El Espectador los domingos, y por eso estoy aquí y seguiré colaborando con ustedes en lo que pueda, pero que quede claro, no creo en tesoros escondidos.
— Respeto tu opinión Gabriel – intervino Uldarico –, pero se me ocurre en este momento, talvez porque tengo fresco el recuento que me hicieron anoche, que puede haber alguna relación entre el ajedrez pintado en el fondo del baúl y el estuche con las fichas de ajedrez que Andy le dejó a León.
En ese momento intervino Genaro intentando encausar la reunión hacia la metodología sinéctica que acababa de explicar:
— Por qué no tratamos de utilizar lo que Gordon llama “Analogía Personal”. Supongamos, respetando la opinión de Gabriel, que sí hay un tesoro y preguntémonos: si yo fuera un tesoro, ¿cómo me sentiría?, ¿dónde me escondería?, ¿qué sería?… Hagamos una ronda, y tú Begonia, por favor anota las respuestas en el papelógrafo.
— Yo sería morrocotas de oro – dijo Antonia.
— Yo también sería oro pero en lingotes – apuntó Ricardo.
— Yo no sería oro, yo sería alhajas – terció Margarita Paz.
— Yo sería obras de arte – dijo Toya…
Cuando Zocco se disponía a dar su opinión, sucedió algo que cambió dramáticamente el rumbo de la reunión: sonó el celular de León… era Pepe Ortega, quien después de haber hecho su transacción recordó el mensaje que había descubierto al amanecer, al cual no había prestado la suficiente atención ocupado, como estuvo, en resolver el problema económico de su padre, y decidió que era hora de transmitirle la información a sus amigos. La extraña consigna Find The Diamonds, vino a resolver, según creyeron todos los asistentes, la inquietud respecto a las características del tesoro y a despejar las dudas sobre su existencia, expresadas por Gabriel. Cuando el alboroto que causó la nueva pieza de información se hubo aplacado, el mismo Gabriel se puso de píe, pidió silencio y dijo:
— Si yo fuera diamantes, me escondería en un juego de ajedrez; y lo digo, tratando de aplicar la definición que dio Genaro de unir “elementos distintos, dispersos, aparentemente inconexos, etc.” y apuesto diez a uno, que si no están en el juego de ajedrez, entonces están en los 64 tubitos de óleo que le dejó el viejo a Antonia…
— Brillante conclusión – intervino Toya… y le pidió a León -, trae el estuche de ajedrez y salgamos de una vez por todas de dudas. Acuérdate que la caja tenía medidas capicúa… Y tú Antonia ve por los tubitos…
Con exasperante parsimonia León abrió el estuche, sacó una por una las sesenta y cuatro piezas, unió las tapas de la caja que conformaban un tablero y como cualquier jugador avezado colocó las piezas en su lugar correspondiente, como para jugar una partida. Entonces se dirigió a Gabriel:
— ¿Por dónde empezarías?
— Por las negras y por el rey – contestó y sin esperar más cogió en sus manos la figura para examinarla –. Después de una minuciosa inspección, pidió una lupa, que rápidamente buscó y le alcanzó Toya.
El ambiente estaba tenso, el silencio sólo era interrumpido por el crepitar de la leña y todos los ojos estaban fijos en las manos de Gabriel, quien con la habilidad del cirujano, introdujo una pequeña lámina metálica, que había extraído del interior de uno de los múltiples bolsillos de su overol, por entre la base y la figura del rey. Presionó ligeramente hacia abajo la base y un leve chasquido, que todos escucharon con la respiración contenida, fue como una señal para que la hábil mano del médico hiciera girar hacia la izquierda el cuerpo del rey, que estaba unido a su base por una rosca. Al destaparlo, apareció una cubierta interior de plomo con la leyenda “AMA – 111”. Con la misma autoridad con que el cirujano reclama un instrumento en la sala de cirugía, se volvió hacia la desconcertada Toya y exigió con la mano derecha extendida: “¡Taladro…!”.
Diez minutos después de la cuidadosa “intervención quirúrgica”, Gabriel exhibió un enorme diamante que había logrado extraer del “intestino grueso” de su majestad, el rey. Dos horas más tarde, las 63 piezas restantes habían sido “operadas”, pero el resultado frustró un tanto la expectativa que creó el que todas las fichas estuviesen marcadas: las negras con “AMA 111” y las blancas con “ALA 777”. En las únicas piezas que había un diamante era en los dos reyes. Después de que terminó la búsqueda, hicieron una pausa para comer un refrigerio y todos quisieron ver, tocar y admirar las valiosas piedras. Anita, bastante conocedora de joyas, apuntó:
— Me atrevería a asegurar que estos dos diamantes, por su pureza, su talla y sus quilates, son diamantes naife, es decir de calidad superior; su valor podría perfectamente ser de 400 o 500 mil dólares cada uno…
La emoción del grupo con el descubrimiento fue indescriptible, y la reunión continuó por un buen rato. Antes de concluirla, hubo un consenso en el sentido de guardar los diamantes en un lugar seguro, al menos hasta que Chacho terminara su labor, si es que podía, y tuviesen la información suficiente para tomar decisiones. Mientras tanto, quedarían guardados en San Sebastián del Bosque en un escondite seguro que sólo conocerían León y Toya. Poco antes de las diez de la noche, Anita se levantó para despedirse y León aprovechó para hacer, antes de que ella partiera, la siguiente advertencia:
— No lo había mencionado, pero mientras Gabriel buscaba los diamantes me llamó Luz Amada y me pidió que fuéramos cautelosos en la forma en que estamos manejando esta situación…
Todos estuvieron de acuerdo en la necesidad de ser prudentes, convencidos de que los diamantes eran apenas una parte y no la totalidad de la herencia. Era necesario continuar las pesquisas después de la llegada de Chacho y su péndulo con testigo para buscar oro.
Esa noche León y Toya leyeron por segunda vez los cuadernos de Andy en busca de nuevas pistas, pero no encontraron nada importante. Después de la lectura, Toya cayó profundamente dormida pero su esposo, totalmente desvelado, decidió entretenerse grabando los discos que le había dejado su amigo… Algo extraño e indefinible llamó la atención del pintor cuando tuvo en sus manos la copia del disco de Simón. Lo comparó con las copias que ellos habían recibido y tras una cuidadosa observación descubrió la diferencia, pues en las copias heredadas se notaba una tonalidad distinta en los matices del negro respecto a la copia de Simón…

1 – MANO A MANO. Gardel/Razzano/ Flores
2 – ALMA EN PENA. Aieta/García Jiménez
3 – CAMINITO. J. Filiberto/G. Coria
4 – LA CUMPARSITA. Matos/Maroni/Contursi
5 – TOMO Y OBLIGO. Gardel/Romero
6 – POR TUS OJOS NEGROS. Gardel/Le Pera
7 – A MEDIA LUZ. Gardel/ Razzano
8 – MALEVAJE. Filiberto/Discépolo
9 – BANDONEON ARRABALERO. Contursi/Deambroggio
10 – DESDEN. Gardel/Batistella
11 – LA ÚLTIMA COPA. Gardel/ Le Pera
12 – MI BUENOS AIRES QUERIDO. Gardel/Le Pera

Al amanecer León finalmente pudo, gracias a su agudeza visual y a su experiencia en el manejo de los matices, particularmente del color negro con el cual había trabajado muchos años en su obra, descifrar un críptico mensaje, que había dejado el viejo sutilmente grabado en la lista con las letras de los tangos del disco de Gardel que recibieron como herencia los tangueros. Una vez detectado el contenido y con la mente llena de interrogantes, lo escribió en una hoja de papel y lo leyó por lo menos diez veces, sin lograr entender por completo su significado, hasta que vencido por el cansancio se quedó dormido… En el papel se podía leer claramente el enigmático mensaje:

AMA – ALA – OCTO – PAZ – MANSIÓN

Espera la próxima semana el capítulo XV
Tabio. Domingo 3 de marzo

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