Al Final de Mis Guerras. Memorias de un Nazi – Capítulo XI

Por : kapizan
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Tabio. Jueves 28 de febrero

El teléfono despertó a Renata, que no había pasado muy buena noche a causa de la frustración de haber encontrado el baúl, contrariando todas las expectativas, completamente vacío. Era Toya, que quería información sobre quiénes eran y cómo localizar algunas de las personas a las cuales debería entregar otras herencias de Andy, pues había decidido tratar de repartir las que pudiese antes de la milonga prevista para el día siguiente, al comienzo de la cual entregarían los paquetes destinados a los tangueros.
Antes de que su amiga le diera los nombres, Renata en tono apesadumbrado le contó los detalles y la decepción que les había producido encontrar el doble fondo vacío con el tablero de ajedrez pirograbado. Toya opinó que el viejo se había propuesto “medirnos la capacidad de aguante”, pero a ella le parecía que el baúl no estaba tan vacío, pues el tablero de ajedrez podría ser una nueva pista. Su conclusión era que tendrían que armarse de paciencia y seguir buscando, pues no dejaba de ser alentador que finalmente hubiesen podido abrir el baúl con las ganzúas y el cabezote en forma de ocho que el viejo le había dejado a Gabriel. Por último, las dos acordaron reunirse a media mañana en casa de Renata.
A las nueve, ambas se sirvieron un café negro, Toya encendió un cigarrillo y Renata un tanto más animada fue directamente al grano:
— Ahora sí, dime los nombres de los que no conoces.
— Tengo a Cesar Augusto (Chacho) Correa. ¿Lo conoces?
— Claro que conozco a Chacho, es todo un personaje – respondió Renata–: tiene veintiocho o veintinueve años y a pesar de la diferencia de edad con Zacarías llegó a ser uno de sus mejores amigos…
Le contó que su hermano lo había conocido cuando el muchacho tenía veintiún años y que desde el primer momento había quedado sorprendido por su inteligencia, su madurez y sus conocimientos sobre temas esotéricos; era soltero, muy simpático, poseía muchas habilidades especialmente en todo lo que tenía que ver con computadoras. Además era excelente jinete, sabía pilotear aviones, volaba helicópteros, poseía un conocimiento muy sólido sobre las tradiciones Celtas y dominaba las Runas Vikingas que le había enseñado a interpretar a Zacarías a cambio de que éste le enseñara a interpretar el I Ching. Chacho había sido la última persona que vio con vida a Zacarías.
Cuando Renata concluyó, Toya le preguntó si sabía como localizar a Mara Serrano para entregarle un sobre de manila que Andy le había dejado. Renata marcó un número en el teléfono inalámbrico, habló por espacio de tres minutos, colgó y se volvió sonriente hacia Toya para decirle que Mara había llegado el día anterior de Cali para pasar sus vacaciones en Tabio y que en ese momento estaba en la casa de Chacho, que había llegado el domingo de España y pasarían a la Chichigua a recoger sus herencias. Continuaron revisando la lista que Toya había preparado, que incluía a Jorge de Roux, Felipe Gutiérrez y Helia Zuluaga.
Renata proporcionó la información que tenía sobre Jorge de Roux, un profesor de ascendencia francesa de cincuenta y cinco o cincuenta y ocho años edad, que había sido muy amigo de Zacarías y llevaba cerca de treinta años dedicado a la docencia; era un pedagogo muy erudito que dictaba clases en varias universidades. Sobre Felipe Gutiérrez, le contó que había creado una fundación educativa para capacitar jóvenes como técnicos en informática. Felipe era un hombre de baja estatura y muy cordial, tenía cuarenta y cinco años y estaba casado con Judith, una mujer quince años más joven que él y especialista en informática; tenían dos hijos, Jacobo y Marcos.
El ruido de un vehículo que estacionó a pocos metros de “La Chichigua” interrumpió a Renata, que se asomó por la ventana para ver quién había llegado. Eran Chacho y Mara. En esta oportunidad fue Toya quien se hizo cargo de relatar a los recién llegados todo lo sucedido, desde la muerte de Andy hasta la decepcionante apertura del baúl. A Chacho le pareció que el tablero de ajedrez era una pista adicional, y tal vez muy importante, para resolver el misterio; también que en las herencias que faltaban por repartir era muy posible que encontrasen nuevas pistas. Opinó que deberían estar muy atentos a los sueños, pues el sueño con la abuela de Renata había dado la clave para encontrar las ganzúas con las que finalmente abrieron el baúl. Pero en realidad, lo que más le tenía intrigado era el asunto de los Mercedes Benz. Parecía como si sus misteriosos ocupantes supieran todo sobre ellos o estuvieran guiados, ¿por Andy?, para aparecer en el momento preciso. No creía que fuesen hostiles, más bien todo lo contrario creía que pretendían ayudarles, guardando cierta distancia, como si estuvieran esperando alguna señal para tomar un contacto más directo con ellos y hacerles algún tipo de planteamiento.
— Lo que me han contado – señaló Mara – es fascinante y precisamente por eso cada vez estoy más curiosa por ver qué nos dejó el viejo a Chacho y a mí.
— A ti te dejó este sobre – dijo Toya mientras lo entregaba a la joven. A continuación, tomó un paquete cuadrado y lo tendió a Chacho.
Mientras Chacho desenvolvía cuidadosamente su paquete, Mara abrió rápidamente el sobre, extrajo una carta y un dibujo hecho con lápiz sobre cartulina dúrex. La composición, que los impresionó a todos por su realismo, mostraba en primer plano a Zacarías en traje de montar con botas altas y cubierto por un sombrero negro de ala ancha, a lomo de Misty, la yegua de Andy, aperada con brida y atalaje de adiestramiento, que aparecía ejecutando un volante con el anterior derecho extendido hacía el frente, la grupa recogida con elegancia y la cabeza completamente en la vertical, gracias al contacto que mantenía su jinete a través de las cuatro riendas, firmemente sostenidas por sus manos enguantadas. Al fondo se apreciaban la cabaña del viejo, el bosque circundante y el majestuoso perfil de la peña de Juaica. Después de que revisaron el dibujo, Mara leyó en voz alta el mensaje que le había dejado el viejo:

“Querida Mara:
Cada año, el día de tu cumpleaños, me pediste que interpretara para ti las Runas Vikingas con recomendaciones para el año siguiente; por esta razón, como no estaré presente en mayo para celebrar tu llegada al cuarto de siglo, decidí sacar cinco runas, una por cada lustro de tu vida, y darte mi interpretación:

THURISAZ – PUERTA:
Te encuentras en la frontera entre el cielo y lo mundano. ¡Atrévete! Despréndete de lo mundano y encontrarás el cielo. Cruza la puerta y conocerás la felicidad. La clave está en tu corazón y es muy simple: AMA.

ANGUZ – SEÑALES:
Percibe las señales de tu proximidad con el infinito. ¡Trasciende! Acepta las señales que Dios despliega a cada instante en tu camino; compréndelas, vívelas, aprende de ellas y descubrirás la verdad que te hará libre.

KANO – APERTURA:
Todo se abre frente a ti. Una luz guía tu camino. ¡La oscuridad quedará atrás! Abre tu corazón al Amor y gozarás la paz, la belleza y la armonía que mereces por ser tal como eres.
WUNJO – ALEGRÍA:
La alegría y la luz gobernarán tu mundo. ¡Regocíjate! Percibe la perfección de tu ser y de la creación. Acepta que eres uno con Dios, uno con tus semejantes y uno con el universo, pues todos somos la misma energía.

JERA – COSECHA:
Recibirás abundante cosecha si decides atender el mensaje de las runas precedentes. ¡Espérala! Pero espérela, con la dulce paciencia que proporciona la certidumbre de haber descubierto el auténtico sendero: EL AMOR.

Amorosamente,

Andy”.
Cuando Mara conmovida terminó de leer su mensaje, el primero que habló fue Chacho para decirles que a él le había dejado su ejemplar personal del I Ching, en una versión en español de Judica Cordiglia, y un péndulo que le había enseñado a usar; pero el texto rúnico de Mara le llevaba a pensar que tenía un mensaje subyacente con algún posible significado en la pesquisa. Expuso tres razones para sustentar su hipótesis: primero, porque ya habían podido comprobar que algunos, no todos, de los objetos heredados habían sido pistas válidas como el baúl de Renata, las ganzúas y el instrumental de Gabriel; segundo, porque lo que acababa de recibir era un péndulo con testigo para buscar oro; y tercero, por el significado que creía haber encontrado en el mensaje que acababa de recibir Mara.
Entonces, estimulado por el creciente interés que denotaba la expresión de las tres mujeres, se atrevió a dar la siguiente interpretación: “En algún sitio hay una PUERTA y debemos estar atentos a las SEÑALES que provendrán de alguna parte… ¿otros objetos heredados?, ¿un sueño? o ¿ayuda de los personajes de los Mercedes Benz? Pienso además que la runa APERTURA podría significar que debemos abrir y traspasar esa puerta para sentir la ALEGRÍA de encontrar por fin la COSECHA; que en este caso sería, como ustedes ya lo han llegado a pensar, un tesoro”.
— Muy interesante – se apresuró a decir Renata – pero ¿en dónde encaja el baúl con el tablero de ajedrez?
En lugar de responderle, Chacho comenzó a medir las dimensiones del cofre que había recibido, valiéndose de un metro metálico que sacó de uno de sus bolsillos. Cuando terminó, soltó una breve carcajada y les dijo bastante eufórico:
— Aquí tenemos otro capicúa: este cofre es perfectamente cuadrado y tiene 11 centímetros por cada lado y 4.4 centímetros de altura; pensando en la pregunta de Renata, encuentro alguna relación entre el tablero de ajedrez, la última runa “COSECHA” y el ideograma del I Ching que aparece tallado en la tapa del cofre con el péndulo. Permítanme les explico – agregó mientras les mostraba el libro del I Ching que había recibido-: acabo de abrir el libro en la página en que Andy dejó la cinta separadora y corresponde al hexagrama 50, que transliterado se lee TING y ha sido denominado “El caldero” en algunas versiones o “La caldera” en otras; en la versión de Cordiglia, el autor explica el significado simbólico de “La caldera” refiriéndose a ella como “símbolo de felicidad y prosperidad, concepto que se une a la cornucopia mediterránea…”. Como pueden ver – continuó Chacho después de cerrar el libro- , las palabras felicidad y prosperidad, son perfectamente congruentes con las palabras alegría y cosecha, que aparecen en el mensaje rúnico que el viejo le dejó a Mara. Por lo tanto, hay una posible relación entre los mensajes y los objetos que recibimos ella y yo. El problema ahora es descubrir dónde debo usar el péndulo para que nos ayude a encontrar “el tesoro” que andamos buscando. Respecto al tablero de ajedrez, recuerdo las palabras de Andy, que en una oportunidad me dijo, poco más o menos, lo siguiente: “Las matemáticas cósmicas son perfectas y la humanidad ha heredado, a través de tradiciones milenarias, una serie de mensajes rúnicos y jeroglíficos, que no todos están en capacidad de identificar e interpretar… Todo en el universo está interconectado y tiene un significado y un propósito definidos; por ejemplo, un tablero de ajedrez tiene 64 cuadrados, 32 blancos y 32 negros, es decir 32 posiciones Yang y 32 posiciones Yin. Lo cual, a mi juicio, muestra una clara relación entre estos dos legados de la tradición ancestral de origen Oriental…”. A donde quiero llegar – completó Chacho- es a la conclusión de que probablemente el tablero de ajedrez pirograbado en el baúl y el hexagrama tallado en el cofre del péndulo son pistas ideadas por el viejo para guiarnos en la solución de este misterio. De todas maneras, esta búsqueda me parece fascinante y me siento motivado por el desafío de llegar hasta el final… Andy, Zacarías y yo dedicamos mucho tiempo a resolver enigmas para los cuales el viejo, como en un juego, nos daba las pistas; él sostenía que en muchas sociedades secretas la solución de enigmas formaba parte de los procesos iniciáticos. Me parece que en alguna forma Andy ha querido ponernos a todos en la tarea de resolver este acertijo.
Cuando Chacho terminó su explicación, Toya propuso que almorzaran en Carambola para continuar la repartición en la tarde. Chacho pidió que antes de almorzar pasaran por la academia de Felipe y Jorge para entregarles sus paquetes, pues estaba ansioso por ver si les proporcionaban nuevas pistas. Comentó que esa noche viajaba a Barranquilla, de donde regresaría el domingo; por ello le gustaría llevar consigo la mayor cantidad posible de pistas para pensar y reflexionar durante el viaje.
Las tres mujeres estuvieron de acuerdo. Toya y Renata se fueron en la camioneta de esta última y Mara se fue con Chacho en el campero de éste. En el camino, Renata comenzó a contarle a Toya lo que sabía respecto a Helia Zuluaga “… Zacarías la llamaba La Princesa Tolteca, debido a su aspecto físico; es una morena broncínea, de pelo lacio y negro, mediana estatura, rasgos aindiados, que sabe mucho sobre las culturas ancestrales de México, Centro y Suramérica; especialmente, en lo que se refiere a la fusión de los Mayas y los Toltecas. Fue muy amiga de mi hermano, en una ocasión le hizo por encargo un retablo tallado con unos símbolos esotéricos y unos hexagramas; que yo heredé cuando él murió”.
Los dos vehículos se detuvieron frente a la academia de informática. Tuvieron la buena fortuna de encontrar a los dos profesores. Medía hora después, Felipe y Jorge estaban completamente enterados de todo y habían recibido sus respectivos paquetes: Jorge una panoplia de madera con dos dagas entrecruzadas debajo de un escudo heráldico dorado, sobre campo de gules con dos leones rampantes, el de la izquierda frente a una Cruz de Malta y el de la derecha frente a una cruz de Lorena. “Otros dos símbolos para tomar en cuenta” se dijo Chacho para sus adentros. Felipe quedó fascinado con su herencia, el ancestro de la informática moderna: un auténtico ábaco, con una inscripción en chino mandarín y en inglés, que tenía grabada en su base una leyenda que denotaba su antigüedad y su origen: “Hecho en Hong Kong. Primer año del dragón. Siglo XIX”. Tradujo en voz alta Felipe, ufanándose de su nueva adquisición. “Tengo que averiguar a qué año corresponde en el calendario gregoriano ese primer año del dragón del siglo XIX… Puede ser otra pista”, pensó Chacho.
Al llegar a Carambola se encontraron con Martina que había recibido el cofre con la barrita de tinta. Chacho, sospechando que podría ser otra pista importante, le pidió a la joven que la trajera para analizarla. Diez minutos después regresó Martina con el pequeño cofre. Era un estuche cuadrado de madera de 11 centímetros de lado, que Chacho verificó con el metro, forrado con un brocado de seda roja que tenía bordadas en toda su extensión pequeñas flores de ocho pétalos primorosamente elaboradas con hilos de oro y plata. En el interior, perfectamente acomodadas en cunas de madera liviana, cubiertas con seda amarilla, venían las piezas de un juego para la escritura china que incluía: un pincel con mango de marfil separado en dos segmentos que se ensamblaban para darle una extensión total de 16 centímetros, desde la punta hasta la cabeza, en la cual había una pequeña cinta roja; una pieza de pedernal negro, en cuyo centro se había tallado un recipiente circular para recoger los restos de tinta escurridos del pincel; una escudilla de porcelana blanca, con el símbolo del Tao dibujado en el fondo y una diminuta cucharilla de cobre para humedecer con agua destilada la barra de tinta y facilitar su dilución en la punta del pincel.
Fue la barra el objeto que atrajo inmediatamente la atención de Chacho, pues sobre su lomo tenía dibujados con trazos dorados cuatro ideogramas del I Ching que se apresuró a dibujar sobre una servilleta de papel con el propósito de verificar posteriormente su significado.
— Estos cuatro ideogramas son del I Ching – dijo Chacho para satisfacer la curiosidad de sus amigos -. Por ahora sólo identifico uno, pues Zacarías lo había mandado tallar en un cuadro de madera que le hizo la Tolteca. Es el hexagrama 34, Ta Kwang, que en algunas versiones del I Ching sus autores han traducido como “Gran poder” o “El poder de lo grande”, y en la versión de Cordiglia aparece como “Gran fuerza”, pero también, según este autor, puede significar “Muy fuerte, Muy robusto, Muy grande, Muy bello, Gran energía…”.
— Espérate un momento Chacho – interrumpió Toya – que se me acaba de ocurrir algo. ¿Se acuerdan ustedes del cofre chino que le regaló Zacarías a la hija de Margarita Paz?, pues en ese cofre venía un juego de caligrafía china y yo recuerdo que la barrita de tinta era muy parecida a ésta, tal vez un poco más grande, pero también tenía unos ideogramas chinos pintados en letras doradas. Valdría la pena compararlos con éstos, para ver qué conclusión puedes sacar tú o de pronto León, que también entiende bastante el I Ching. ¿Te parece?
— ¡Magnífica idea! – respondió Chacho entusiasmado, y mirando su reloj agregó: -pero no creo que alcance a comprobar eso hoy, pues tengo que estar en el aeropuerto a las seis de la tarde.
Cuando salieron del restaurante, Renata sugirió que fueran primero a la casa de la Tolteca. Al llegar a la casa de Helia, las recibió una joven que se presentó como Estela y les dijo que ella había viajado a Ibagué, pero regresaría el sábado en la mañana. Faltaba un cuarto para las cinco de la tarde y Chacho se despidió, pues tenía el tiempo justo para llegar al aeropuerto
Esa noche, Toya le comentó a León sus avances en la repartición de las herencias de Andy. Sólo faltaban, aparte de los tangueros, a quienes se las entregarían al día siguiente en Carambola, Antonia Cruz, la amiga de Anita que vendría a la milonga desde Bogotá, Pepe Ortega, que también asistiría con su grupo musical, y Helia Zuluaga que regresaría de viaje el sábado. Si tenían suerte, todas las herencias de Andy quedarían repartidas antes de la reunión sinéctica. A continuación, Toya le contó lo sucedido en casa de Renata, especialmente las deducciones de Chacho.
Por su parte Mara no podía conciliar el sueño. Una hora antes, completamente relajada después de una ducha caliente, se había puesto a observar con más detenimiento el dibujo ecuestre con la imagen de Zacarías y había descubierto dos cosas: la primera, que debajo de la rúbrica del viejo pudo leer con ayuda de una lupa la palabra SPUR, pista, según el significado encontrado por Ricardo, y la segunda, que en el casco del miembro anterior derecho de Misty, aparecía dibujada una de las runas vikingas que Chacho había identificado como JERA: Cosecha.

Espera la próxima semana el capítulo XII
Tabio. Viernes 1 de marzo

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