Operación Capicúa Capítulo XX

Por : kapizan
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Hotel Tequendama de Bogotá, 2 de febrero de 1991

Relato de Lorena Montes:
Alrededor de las cuatro y media de esa tarde, me bajé de un taxi frente a la entrada principal del Hotel Tequendama; al traspasar el umbral de la puerta nuevamente resonó en mi mente la misma voz, que me había dado el mensaje telepático en la mañana. En tono alegre me decía:
― Bienvenida a Bogotá, como verás yo he cambiado mucho en el aspecto físico pero tú sigues siendo tan hermosa como el día en que te conocí. Je, Je, Je ―. No pude evitar una carcajada mientras buscaba con la vista a mi interlocutor telepático. No tardé en identificar a Kasak, que en ese momento se levantaba de una poltrona, seguido por la bella mujer de 22 años en que se había convertido Idanadi.

Kasak iba elegantemente vestido con un traje gris claro de tres piezas, camisa blanca de algodón y corbata de seda azul oscura; su rostro moreno lucía una bien cortada barba y estaba tocado por un turbante también azul oscuro, que le daban la apariencia de un elegante diplomático indio. Después de los correspondientes abrazos, Kasak nos invitó a seguirle hasta la suite que compartía, desde el día anterior, con Idanadi, en el último piso del hotel.

Una vez allí, Idanadi ordenó por teléfono un servicio de té y galletas, indicándome, esta vez en lenguaje verbal, que después de tomar el té deberíamos ponernos ropas cómodas: a las seis de la tarde emprenderíamos camino hacia el vecino municipio de Tabio, en donde mi alojamiento estaría en una cabaña a los pies de la conocida Peña de Juaica, y que allí sería preparada para mi encuentro con Rakar, esa misma noche.

A las seis de la tarde un botones golpeó a la puerta, que Kasak se apresuró a abrir:
― Señor Bahadur, el campero que ordenó está disponible en el área de parqueo del hotel ―. Quince minutos después Idanadi tomaría el volante con Kasak en el asiento del copiloto y yo en la parte posterior del vehículo, giraría hacia el norte para tomar la Avenida Caracas rumbo a la Autopista Norte y al encuentro más importante de mi existencia.

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