Operación Capicúa Capítulo XXI

Por : kapizan
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Autopista Norte, Bogotá, atardecer del 2 de febrero de 1991

Relato de Lorena Montes

El vehículo tomó la avenida Caracas hacia el norte, hasta el comienzo de la autopista en el monumento a los héroes de la independencia. Más adelante a la altura de la calle 85, pude ver a través del espejo retrovisor del lado derecho, el mostacho inconfundible de Alfredo que nos seguía al volante de una camioneta Blazer. Su presencia contribuyó a calmar el temor natural que me producía la advertencia hecha por Kasak de que los riguelianos podrían tendernos una emboscada.

Al llegar al peaje de la autopista norte, miré por el espejo retrovisor y pude ver el momento en que el tronco de un árbol caía entre el parachoques de la camioneta que conducía Alfredo y la parte posterior de nuestro campero que en ese momento paraba al lado de la taquilla de cuyo interior salió un ráfaga de la subametralladora Uzi que empuñaba un rigueliano. Alcancé a distinguir los pies de la cobradora que yacía, en el suelo, en medio de un charco de sangre. Idanadi fue alcanzada por las balas, perdió el control del vehículo y su cabeza cayó reclinada en el hombro de Kasak. Éste tomo el timón con la mano izquierda, frenó el vehículo con el pié del mismo lado y tuvo tiempo para lanzar el rayo verde y neutralizar a otro rigueliano que se aproximó disparando por el lado derecho.

Alfredo, descendió de la camioneta y saltó por encima del tronco, corrió hasta la cabina del campero tomó en sus brazos a Idanadi, activó el rayo violeta que los cubrió y ambos se esfumaron ante mis ojos.

En segundos, Kasak ocupó el asiento del conductor y lanzó el vehículo a toda velocidad en dirección al Puente del Común; en ese momento nos percatamos de que dos motocicletas, cada una con dos riguelianos a bordo venían siguiéndonos y estaban a punto de sobrepasarnos; entonces, Kasak frenó en seco, el campero se desplazó hacia la izquierda y golpeó de lado a una de las motocicletas que se precipitó, con sus dos ocupantes, al mal oliente Río Bogotá, justo antes de cruzar el puente. En una fracción de segundo Kasak alcanzó a dirigir el rayo verde para neutralizarlos antes de que sus cuerpos tocaran el agua. Ante la maniobra la otra motocicleta nos sobrepasó, alcanzó a cruzar el puente y entonces fue ahora el campero el que los siguió hasta alcanzarlos a la altura de Cajicá. Kasak maniobrando el volante para esquivar las balas del parrillero, dos de las cuales hicieron impacto en el parabrisas, pudo apuntarle a los dos hombres y disparar sendos rayos verdes. Finalmente el camino hacia Tabio estaba despejado.

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