Operación Capicúa Capítulo XIII

Por : kapizan
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AILIA

Investigando para mi libro había viajado a las islas griegas, a mitad del verano de 1984 y como a los tres días de haber llegado recibí la orden telepática de tomar un vuelo rumbo a Florencia en donde me entrevistaría con Ailia, que respondía al nombre de Sofía Benedetti y era el siguiente contacto en la lista de Kasak. El vuelo salió puntual, a las diez y treinta de la mañana; cuando se apagaron las luces de la cabina autorizando soltar los cinturones de seguridad, una jovencita que se encontraba dos puestos detrás del mío se puso de pie y se acercó a mi silla:
― Hola Lorena ― dijo con naturalidad como si nos conociéramos de toda la vida, se sentó a mi lado y en español perfecto con un ligerísimo acento italiano se identificó ―: soy Sofía y me encargaré, cuando lleguemos a Florencia de explicarte mis funciones como instructora, que seré de los niños capicúa en todos los aspectos relacionados con el arte ―. Ailia, era una joven quinceañera, esbelta, de tez blanca, con diminutas pecas sobre la nariz, pelo rubio cogido en cola de caballo y expresivos ojos verdes, sombreados por largas pestañas y muy bien delineadas cejas; vestía un pantalón café oscuro de lino, una blusa blanca de algodón y portaba una pequeña cartera del mismo color del pantalón.

Durante el viaje, Ailia sacó una libreta y comenzó a dibujar un escudo, que según me dijo era el símbolo de la Operación Capicúa. Mientras hacía los trazos me fue explicando el significado de sus componentes:
― Esta es una cruz gamada dextrógira ― me aclaró ―. Se diferencia del símbolo nazi que es levógiro en su sentido rúnico ― repisó con el lápiz la cruz mientras me decía ―: Como seguramente sabes una runa es una inscripción hallada en una roca y con un sentido simbólico entre los antiguos celtas. Cuando la cruz gira hacia la derecha significa evolución y cuando gira hacia la izquierda significa destrucción. Los nazis la recibieron con este último sentido y girando hacia la izquierda. Los resultados, la humanidad los conoce. Cósmicamente la fuerza de esta runa como símbolo es muy potente; por ello en la era que se aproxima el símbolo girará hacia la derecha, en el sentido evolutivo y de crecimiento que requiere la humanidad.

A continuación encerró la cruz en el interior hexagonal del símbolo comúnmente conocido como “Estrella de David” sobre cuyo significado cósmico me dijo:
― Esta estrella representa la unión de dos triángulos; uno superior que corresponde a la Tríada Sagrada que desciende hacia la humanidad y uno inferior que representa a la humanidad en su ascenso hacia la Tríada Divina. Ambas se juntan en el centro para formar la estrella sagrada.

En ese momento anunciaron el próximo aterrizaje en el aeropuerto de Roma en donde el vuelo haría una escala corta para continuar hacia Florencia. De su cartera, Ailia extrajo y me entregó un pasaje aéreo, diez billetes de cien dólares, unas gafas oscuras de marco grande y me indicó:
― El maestro Rakar me ha ordenado que desembarques en Roma y vueles hasta París en Air France. Según me informó hay una concentración de riguelianos en Florencia que te busca para secuestrarte o eliminarte. Ponte las gafas y una pañoleta para disimular tu aspecto.
― ¿Por qué me persiguen específicamente a mí? ― pregunté entre intrigada y asustada.
― Tú eres la más importante de las 191 mujeres elegidas. Tu origen, como el nuestro es extraterrestre. Por ahora no estoy autorizada para darte mayor información ―. Acto seguido deslizó en mi mano un medallón de platino con el escudo de la operación capicúa en alto relieve.

Completamente anonadada por la revelación, no tuve mas remedio que bajar del avión, indicarle a la azafata que descendía en ese puerto, y dirigirme al mostrador de Air France.

Operación Capicúa Capítulo XII

Por : kapizan
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TESSET

Recuerdo que llegue por primera vez a la Argentina, en una agradable mañana de marzo. Una semana antes había recibido la invitación telepática para viajar a Bariloche. Al día siguiente de mi llegada, salí a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Al caer la tarde, curioseaba en una tolda de baratijas y me sobresalté cuando un adolescente de tez blanca, nariz aguileña, pelo castaño oscuro ensortijado y ojos cafés, se me presentó, en español, con marcado acento argentino, como Tesset ― segundo en la lista de Kasak ―, y me invitó a dar una caminata hasta un restaurante cercano en donde podríamos hablar sin peligro de ser interceptados por los riguelianos.
Tesset me explicó que su función era enseñarme los detalles de la Operación Capicúa y que el tendría a su cargo el entrenamiento de los 191 niños ― concebidos y nacidos en 1991 ― sobre los niveles evolutivos; en ese sentido dijo:
―La formación de estos niños iniciará en el año 2002 a la edad de 11 años y se prolongará hasta el año 2022 para que, al cumplir los 33 años de edad, asuman los gobiernos de sus respectivos países y comiencen una transición gradual hacia la integración mundial, borrando las fronteras divisorias y depurando las instituciones para la nueva etapa, año 2035, en que el Planeta Tierra se constituirá en reino unificado y miembro de la Fraternidad Cósmica Universal.

Tesset me explicó que Rakar, el maestro director de su grupo, no era ganimediano, como ellos, sino pleyadino, y que como su civilización vivía en Las Pléyades bajo un sexto grado de organización social, poseía la sabiduría suficiente para orientarlos como asesor de quienes conducirán este planeta hacia ese cambio, que estaría precedido por una serie de catástrofes naturales, epidemias y guerras, que se extenderían hasta el año 2012. En esa fecha, los 191 jóvenes capicúa cumplirán 21 años y se iniciará para ellos la etapa en que comenzarán a escalar prominentes posiciones en sus respectivos países, hasta llegar a ocupar, a partir del año 2022, la primera magistratura en sus naciones; en esa etapa estarán asesorados permanentemente por los instructores ganimedianos.
Al preguntarle cuales eran las características propias de cada grado de organización social, adoptó un aire académico y me explicó:
― En la comunidad de primer grado un grupo de individuos hace un esfuerzo común por alcanzar una meta definida; en la actualidad esto se da en la tierra en juntas de acción comunal o cooperativas en las cuales la integración es escasa y el beneficio, recibido individualmente, no se comparte. En las comunidades de segundo grado, además de tener una meta común en el campo socioeconómico, las personas se unen para trabajar solidariamente en una misma organización social; como es el caso de las cooperativas de trabajo asociado en las que se requiere un cierto nivel de educación comunitaria y un manejo adecuado de las relaciones humanas. En la comunidad de tercer grado, además de los elementos del segundo grado, las personas comparten el alojamiento permanente dentro del mismo sistema de su organización; tal es el caso de las comunidades religiosas y de algunas familias que han logrado organizar una actividad común dentro de su espacio familiar ― Tesset hizo una pausa, tomó un sorbo de una bebida fría parecida a la avena que nos acababan de servir y prosiguió mientras yo garrapateaba apuntes sobre su explicación, pues las baterías de mi grabadora habían muerto:
― En la comunidad de cuarto grado opera un sistema de economía común, en el cual sus integrantes no manejan los medios económicos en forma individual para atender sus necesidades personales, sino que éstos se suplen por medio de un fondo común a disposición de las necesidades generales. Esta comunidad, para su buen funcionamiento, requiere de un manejo muy estricto de acuerdo con las leyes de la armonía; especialmente en las normas de integración, participación y beneficios, que dicen: “No debe beneficiarse quien no está integrado; sólo pueden integrarse los que sirven; sirve, quien hace todo lo que le corresponde aún antes de que se lo pidan”. En este grado de evolución comunitaria también se requiere un adecuado nivel de conciencia, en el uso racional y razonable de la economía y de los elementos y medios que están al servicio de las necesidades comunes. La comunidad de quinto grado integra todos los elementos del cuarto grado y, además, elimina el sistema de propiedad individual de los medios materiales de trabajo. En este sentido libera al ser humano de la esclavitud de las formas de propiedad y le inculca una gran responsabilidad hacia el respeto por el bien común. En la comunidad de sexto grado desaparece totalmente y en todo sentido el concepto de posesión, y florece en todo su esplendor la hermandad; principio éste que iguala totalmente a los miembros de la comunidad aún en la relación de parentesco, pues padres e hijos se convierten en hermanos.

Operación Capicúa Capítulo XI

Por : kapizan
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IDANADI

Mientras revisaba frente al espejo los últimos detalles de mi atuendo, no pude menos que sonreír complacida ante mi propia imagen, que se había detenido en el tiempo con la apariencia física que tenía a los 33 años cuando conocí a Kasak. Recordé que después de mi experiencia en la India durante el resto del año ningún hecho extraordinario había sucedido, ni había sido contactada, como lo anunciara Kasak. Un año después, el 20 de junio de 1982, antes de mi cumpleaños número 34, que había decidido celebrar en Ciudad de México, con unas breves vacaciones, fui abordada, a la salida de un cine, por una niña de trece años, tez morena clara, rasgos indígenas, ojos cafés, cara bonita, pelo negro lacio cogido con dos trenzas y atuendo simple: jeans, camiseta y tenis.

La jovencita, que respondía al nombre terrestre de Laura Lopera y al cósmico de Idanadi, era la encargada de desarrollar mis facultades telepáticas pues, según me indicó, ella sería la responsable de adiestrar en esa función a los 191 niños capicúa que habrían de ser sus alumnos después del año 2002; me dijo además que estaba en condiciones de aclararme cualquier duda sobre la información proporcionada por Kasak el año anterior. Al respecto le dije que había leído en el diccionario el significado de la palabra capicúa y se refería a cifras que se leen igual tanto de derecha a izquierda como de izquierda a derecha, tal como sucede en el juego del dominó.

― Nosotros incluimos en esa categoría lo que ustedes llaman palíndromos ― me aclaró Idanadi con una sonrisa, y complementó ―: por ejemplo, ANITA LAVA LA TINA; mi nombre y el de mis compañeros; las iniciales de tu nombre Ana Milena Arango (AMA) y lo que es más importante el nombres de Dios, según la Biblia: YOSOY, son capicúas. El capicúa es símbolo de perfección y de equilibrio. ― La jovencita hizo una pausa como para comprobar si le estaba siguiendo, sonrió nuevamente y agregó:

― Ahora bien, en lo referente a las fechas, en el calendario terrícola, los años capicúa se han venido repitiendo cada 110 años desde el año 1001, en razón de los cuatro dígitos, excepto al final de milenio, pues entre el año 999 y el 1001 sólo hubo dos años de diferencia y entre 1991 y 2002 habrá 11 años de diferencia; pero el anterior a 1991 fue 1881, el anterior a este 1771 y así sucesivamente.

Después de sus explicaciones sobre los capicúas, Idanadi me sorprendió con el inusitado y maravilloso regalo de cumpleaños, que me dió: un pequeño cofre de oro con once pastillas que debería ingerir diariamente por igual número de días.

― Con estas pastillas ― me explicó la muchacha ―, lograrás mantener, indefinidamente tu cuerpo con la salud, la vitalidad y la apariencia de los 33 años; pues ésta es la edad de la madurez física y biológica del ser humano; que además, la puede preservar por centurias si se mantiene en armonía con sus semejantes y con la naturaleza, como sucede en Ganímedes, en Las Pléyades y sucederá a mediados del próximo siglo en la tierra…”.

Durante los años posteriores ― en distintas épocas, en forma aleatoria e impredecible ―, recibía un mensaje telepático que me anunciaba el próximo destino, escogido entre diversos lugares del planeta donde sería contactada por el siguiente ganimediano. Gradualmente fui aprendiendo a querer, admirar y respetar a estos muchachos a quienes comencé a considerar como mis verdaderos maestros. La culminación de ese largo periplo, al parecer, tendría lugar esa tarde en Bogotá, según lo anunciado telepáticamente por la bien timbrada y armónica voz.

Operación Capicúa Capítulo X

Por : kapizan
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Interior de la nave submarina Rigueliana. Enero de 1991

En la sala de guerra de la nave rigueliana, el comandante Dimag con su alopécico cráneo brillando de sudor, con cejas postizas, luce su uniforme negro de cuello alto, con galones en los puños, charreteras doradas y seis hileras de condecoraciones, se pasea como un energúmeno frente a dos hileras de sus subalternos, doce hombres y seis mujeres ― también uniformados de negro; unos con peluca, otros con bigotes o barba, y todos con cejas postizas o dibujadas con delineador ―, al tiempo que grita enfurecido:
― ¡Atajo de imbéciles, ineptos, estúpidos! ―. Respira profundo, baja la voz hasta convertirla en un susurro amenazante y agrega ―: hace diez años, no solo dos de ustedes se dejaron desintegrar por un mocoso en Nueva Delhi; sino que no han podido eliminar a la Montes, ni en Dresde, ni en Lisboa, ni en ninguna de las otras ocasiones en que nuestro espía en la Confederación nos ha dado las coordenadas exactas de los encuentros entre la periodista y los ganimedianos de Rakar. De repente se detuvo, desenfundó su arma y con una pasmosa tranquilidad disparó contra dos miembros de su grupo: Un hombre y una mujer, que se desplomaron con el cráneo atravesado por sendos proyectiles.
― Estos tarados fallaron en Cali, no los desintegraron los ganimedianos, los fulmino yo, para que ustedes, los que quedan, aprendan la lección y no me fallen el próximo mes en Bogotá. Será la última oportunidad.

Operación Capicúa Capítulo IX

Por : kapizan
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Mirador y restaurante en las afueras de Cali, mañana del 2 de febrero de 1991

Relato de Lorena Montes:

A las once de la mañana del 11 de enero de 1991 ― casi diez años después de mi encuentro con Kasak, que había significado un cambio dramático en mi mentalidad y en mi vida ―, capté en mi interior, como ya me había sucedido en oportunidades diferentes, una voz masculina y armoniosa que amablemente me ordenaba viajar ese mismo día de Cali hasta Bogotá y acudir, antes de las cinco de la tarde, al lobby del Hotel Tequendama, en donde recibiría nuevas instrucciones que me prepararían para mi primer encuentro con el comandante Rakar, Jefe de la Operación Capicúa en la Tierra. Por recomendación expresa de Kasak y motivos de seguridad vivía en Cali después de mi impactante experiencia en la India; estaba dedicada a investigar sobre una serie de tópicos relacionados con los temas de mi interés paranormal y metafísico, alejada por completo de mi actividad periodística y escribiendo sobre mi experiencia como periodista con miras a publicar un libro.

A pesar de que este encuentro me había sido anunciado cinco años antes en Alemania, la notificación telepática me produjo una sensación de logro similar, pero muy aumentada, a la que había experimentado el día de mi graduación como periodista. Comprendía que el despertar a la conciencia trascendente, anunciado por mis instructores, estaba próximo. Con una calma y una serenidad que a mi misma me sorprendieron, alisté el equipaje y me dirigí al aeropuerto para tomar el próximo vuelo hacia Bogotá, al tiempo que mi mente evocaba los encuentros con los jóvenes, hombres y mujeres de la Operación, que para entonces deberían tener 22 años.

Operación Capicúa Capítulo VIII

Por : kapizan
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Relato de Lorena Montes:

“El lunes al atardecer, equipada con la grabadora, una cámara fotográfica y una lista interminable de preguntas que me habían surgido durante el fin de semana, me encontraba en el mismo banco en el cual Kasak me había hecho las sorprendentes revelaciones que he transcrito en este relato. Sin poder controlar totalmente el nerviosismo y la ansiedad, esperé por espacio de una hora la llegada del muchacho… comenzaba a impacientarme, cuando una mano se posó sobre mi hombro y la voz de Kasak ― hablando en inglés a mis espaldas ― me susurró:

― Nos persiguen. Estás en peligro. Permanece quieta, no te voltees y recibe esta nota ― dijo mientras deslizaba un sobre en mis manos y me ordenaba con un tono tan calmado y perentorio que me aterrorizó ―:

― Levántate y camina hacia la avenida. Te seguiré a poca distancia para protegerte. Frente al parque encontrarás una camioneta azul estacionada. El chofer es de rasgos occidentales con gorra y mostacho, es colombiano como tú, se llama Alfredo ― a partir de ese momento dejé de escuchar la voz en vivo de Kasak, pues éste continuó transmitiendo su mensaje, que me sonaba como una extraña resonancia en el cerebro ―: él te llevará directamente al aeropuerto y te entregará un pasaje con destino a París. Tu cuenta de hotel ya fue cancelada y tu equipaje está en la camioneta ―.

Cuando dejé de escuchar a Kasak, me volví en el preciso instante en que un hombre y una mujer de rasgos orientales se abalanzaban sobre el niño. Éste sacó un pequeño aparato similar al control de un televisor, proyectó un rayo verde en dirección a sus atacantes, que quedaron paralizados en extrañas posiciones y se desintegraron en segundos. Kasak se volvió, corrió para alcanzarme y ambos subimos a la blazer azul, cuya puerta había abierto Alfredo. Una vez a bordo, Kasak me advirtió:

― He recibido instrucciones de mi maestro en el sentido de que toda la información que te he proporcionado, debe mantenerse oculta. Dentro de diez años, en 1991, recibirás nuevas instrucciones para la fase siguiente de la Operación Capicúa. En el sobre encontrarás la lista de mis compañeros en la Operación Capicúa que estarán encargados de prepararte para la fase siguiente, su ubicación geográfica, su nombre mundano y el área en la cual apoyarán a la humanidad en este período crítico y peligroso de transición, está incluida en el sobre que acabo de entregarte. Memorízala y destrúyela.

― ¿Mataste a esa pareja?― Pregunté aterrada.

― ¡Je, je, je, je! ― se rió Kasak y me aclaró ―: Los ganimedianos no matamos a nadie; simplemente los teletransporté a la nave prisión de la Confederación. Allí estarán a buen recaudo e iniciarán un proceso de rehabilitación. ¡Je, je, je, je!

Mas tarde al despedirme de ellos, lejos estaba yo de imaginar que el mostacho de Alfredo era postizo; que él era el maestro y que su nombre completo Alfredo Muñoz Acosta, era por sus iniciales, capicúa, como el mío: AMA.

Operación Capicúa Capítulo VII

Por : kapizan
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Nueva Delhi, julio de 1981

El día de su primer encuentro con la periodista, el comandante Rakar ― disfrazado y conduciendo una camioneta Blazer ―, recogió a Kasak en su casa en la mañana para llevarlo a la escuela y prevenirlo sobre un peligro inminente:
― Los servicios de inteligencia de la confederación han detectado la presencia de riguelianos con aspecto de hombres y mujeres orientales calvos que pueden usar pelucas o barbas postizas. Esta tarde estaré frente al parque para recoger a Lorena y llevarla al aeropuerto pues se encuentra en serio peligro. Hace unos días, uno de ellos asesinó a Rina, una joven ophiriana nacida en París que respondía al nombre de Monique Leblanc. A partir de ahora estamos en alerta máxima seguiremos en comunicación telepática permanente, y con el proyector de rayos verdes activado.
A las cuatro de la tarde del lunes 20 de julio, Kasak sale de la escuela con intención de dirigirse al parque, a su segundo encuentro con Lorena. A pocos pasos de la puerta, se detiene y recorre la vista en un ángulo de 180°, escudriñando las inmediaciones del establecimiento, para verificar si el área está libre de peligro. Observa que a media cuadra, en dirección a la avenida que desemboca en el parque, se encuentra la camioneta con el motor apagado y Rakar a bordo.
Al ver despejada el área, empieza a caminar hacia su destino, sobrepasa la camioneta de Rakar y a sus espaldas se abre una puerta de la que emerge una pareja de aparentes turistas chinos: él con pantalón y guayabera de lino, cubre su calva con una gorra deportiva y luce barba de candado; ella con shorts y camiseta, porta una cachucha y lleva la peluca recogida en cola de caballo.

― Te siguen Kasak ― le advierte telepáticamente Rakar que ve a la pareja reflejada en el espejo retrovisor; y le ordena ―: regresa con calma sobre tus pasos, sobrepásalos y echa a correr hacia el mercado. Escabúllete entre la gente, entrégale el sobre a Lorena. Yo estaré en el parque para protegerla.

Operación Capicúa Capítulo VI

Por : kapizan
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Nueva Delhi, viernes 17 julio de 1981

Relato de Lorena Montes:

“Conocí a Kasak en el verano de 1981 en Nueva Delhi, al término de una conferencia organizada por el Indian Institute of Parasichology. Tres cosas me sorprendieron sobremanera cuando él me abordó: La primera, que me llamara por mi nombre, Ana Milena, pues con excepción de mis padres, mis familiares más cercanos y muy pocos amigos, todos me conocen por mi seudónimo periodístico: Lorena Montes. La segunda, que me hablara en perfecto español sin acento, a pesar de que su indumentaria, sus facciones, el color de su piel y su cabeza rapada, evidenciaban un origen claramente Hindú. La tercera, que Kasak era un niño de 12 años.
Al oír mi nombre, pronunciado con tanta claridad en mi idioma natal ― soy colombiana ―, en labios de un niño indio, me desconcerté y sólo atiné a preguntarle, cómo era posible que supiera mi nombre. Sin darme cuenta, formulé la pregunta en ingles sobrecogida por un repentino nerviosismo.

― Conozco tu nombre y sé muchas cosas de ti ―. Contestó el niño en español impecable, agregando con una amplía sonrisa que no logró tranquilizarme.
― Sé por ejemplo, que naciste en Medellín Colombia, el 21 de junio de 1948, a las dos de la mañana… justo el día en que comenzó, astrológicamente hablando, la Era de Acuario; que tu nombre completo es Ana Milena Arango; que eres periodista independiente, corresponsal de varias revistas americanas y europeas; que escribes sobre temas científicos y que últimamente, estás muy interesada en todos los temas relacionados con la percepción extrasensorial…

El sol comenzaba a ponerse y en ese momento su luz oblicua iluminaba un majestuoso templo Hindú, visible como a unos 600 metros de donde estábamos, a espaldas del niño, que en ese momento adquirió un perfil de contornos dorados, que me pareció místico y me infundió respeto.
Después de una breve pausa, el muchacho me miró directamente con sus ojos oscuros, penetrantes y limpios, levantó la mano derecha para dar énfasis a sus palabras y añadió:

―… Pero para mí, lo más importante es que tú eres “capicúa” y por tanto estas vinculada, en alguna forma, al cumplimiento de mi misión ―. Esto último, lo dijo en un tono más pausado y sin perder la sonrisa, que en ese momento me pareció enigmática.
― Explícame por favor ¿Tú quién eres? ¿Qué es eso del capicúa? ¿Quién te envía? ¿Por qué me abordaste? ― fue lo único que se me ocurrió preguntar atropelladamente, mientras encendía mi grabadora y un cigarrillo para calmar los nervios, francamente alterados por la serenidad y la seguridad que irradiaba este niño, que de pronto me pareció como un interlocutor no sólo adulto, sino también poderoso.
― Aguarda un momento ―. Dijo, mientras salía corriendo detrás de un carrito de helados que pasaba en ese momento por la avenida. ¡Primer gesto infantil que mostraba su comportamiento!… en pocos minutos regresó saboreando un cono y exclamó:
― ¡Dátiles con yogurt, mi favorito!―. Se sentó en una banca, colocada a la orilla del parque que servía como escenario a nuestra conversación y se concentró en consumir lentamente su helado, con delectación, como cualquier niño de cualquier lugar del mundo. Cuando hubo terminado, se levantó, se limpió los labios con un pañuelo rojo, me tomó de la mano y me dijo:
― Vamos, te explicaré ―. Retuvo mi mano entre las suyas, me miró directamente a los ojos, permaneció mirándome en silencio por un buen rato, soltó mi mano y empezó a caminar lentamente por la alameda, bordeada de frondosos árboles, a los cuales acudían decenas de pajarillos, como buscando sus nidos para pasar la noche que se aproximaba…

Le seguí en silencio por un buen rato. El paisaje era hermoso, apacible y la luz crepuscular le confería un ambiente tranquilizador pero al mismo tiempo surrealista; especialmente para mis ojos y para mi mente que no lograba captar lo que me estaba sucediendo, pero que gradualmente se iba calmando, mientras experimentaba la sensación de que me encontraba próxima a vivir una experiencia inolvidable.

Después de un tiempo, caminando en silencio, llegamos al centro del parque identificable por una glorieta marcada a su vez por un jardín de bellísimas flores de color rojo, en medio de unos arbustos hábilmente podados por un artístico jardinero que les había dado formas geométricas de rombos, triángulos y esferas. En mitad de la plazuela, como a cuarenta centímetros del suelo, una preciosa pileta de mármol contenía una fuente de agua, iluminada por focos interiores, que le daban un fantasmagórico contorno, en medio de esa noche que comenzaba para mí, en tan extrañas circunstancias.
Con un gesto natural de su mano derecha, el misterioso niño me invitó a sentarme en una de las bancas de madera, simétricamente colocadas en el borde exterior de la plazoleta y permaneció de píe frente a mí. Sus facciones, dulcificadas por una hermosa sonrisa, resplandecieron con un brillo picaresco de sus ojos, cuando comenzó a explicarme:

― Mi nombre mundano es Jawaharbal Bahadur, pero mi nombre cósmico es Kasak y así deberás llamarme. Soy telépata, por eso leo en tu mente la pregunta, ¿Qué significa eso de nombre cósmico?

La sonrisa del niño, se transformó en una breve y ruidosa carcajada cuando vio la cara de asombro, que seguramente puse, al advertir que por mi mente acababa de pasar exactamente esa pregunta; por eso, su comentario me asustó un poco y me hizo experimentar la sensación de que la privacidad de mi mente podía ser invadida por la mente poderosa de este mozalbete.

― No tienes de qué preocuparte por mi condición de telépata ― dijo Kasak, colocándome su mano sobre el hombro derecho, como para calmarme y agregó ―: Quienes hemos desarrollado este don, y tú algún día no muy lejano, lo desarrollarás; somos respetuosos en la comunicación telepática, pues no penetramos una mente sin pedir autorización a su dueño, en la misma forma en que tú no entras a un cuarto ajeno sin golpear antes la puerta. Si lo hice, fue para darte una demostración y no con el ánimo de asustarte. De todas maneras – agregó en tono cortés – discúlpame.
― De acuerdo ― dije cada vez más intrigada ―. Te disculpo, pero me debes muchas explicaciones. ¿No te parece?
― Por supuesto ― dijo Kasak sentándose a mi lado ―, comenzaremos por tu última pregunta, la que no te dejé formular.

Diciendo esto, se acomodó en el asiento, unió las manos frente al pecho formando un triángulo con lo dedos pulgares e índices unidos por la yemas. Levantó la mirada al cielo despejado de verano, embellecido por una miríada de titilantes estrellas que daban una pálida claridad a la noche y producían, en conjunto con los olores silvestres, un ambiente de paz y de sosiego. Kasak, permaneció en silencio por unos segundos y luego de aspirar el fresco aire nocturno, comenzó diciendo:

― Todos los seres humanos, tenemos un nombre único, cósmico, universal, el cual nos es revelado cuando alcanzamos un nivel adecuado de evolución. Oportunamente conocerás el tuyo… ¿Quién soy? ― Prosiguió Kasak ― Lo podrás averiguar tú misma, visitando mi casa, conociendo a mi madre y dialogando con ella o acompañándome a la escuela y hablando con mis profesores. Descubrirás, que en mi medio, me desenvuelvo como un niño normal. Pero eso, es sólo apariencia. En realidad, yo soy uno de los muchos seres, que han encarnado en la era de acuario, para conducir a la humanidad hacia una era dorada, en la cual reinen el amor, la paz, la belleza, la armonía y la opulencia. Entendida esta última, como la satisfacción plena de todas las necesidades, para todos los seres humanos…

Kasak hizo una pausa, como para observar el efecto que sus palabras habían producido en mí. Me miró fijamente a los ojos y prosiguió:

― Puedo revelarte que formo parte de un grupo integrado por diez niños y un maestro que nos dirige. Todos los niños tenemos exactamente la misma edad, pues nacimos el primero de enero de 1969. Estamos destinados a cumplir diferentes funciones en el proceso de preparar al mundo, a partir del año 2022, para una transición gradual que apunte a la conformación de un gobierno mundial unificado, de carácter espiritual y Teocrático, que surgirá después de la fusión ecuménica de todas las iglesias mayores de Oriente y Occidente.
Se nos conoce como los líderes, actualmente en formación, de la Operación Capicúa. Provenimos de una civilización más avanzada, que habita en el planeta Ganímedes de nuestro sistema solar, y decidimos voluntariamente abandonar nuestros cuerpos físicos, de edad muy avanzada, para encarnar en este planeta sin perder nuestro conocimiento y participar en esta misión, con el propósito de avanzar en nuestro proceso evolutivo individual. Aparte de nosotros, nacerán en la tierra, después de 1991, ciento noventa y un niños de ambos sexos, uno por cada país, que serán preparados a comienzos del próximo milenio, con el fin de ayudar a la humanidad a construir una nueva civilización…

― ¡Un momento! ― Exclamé, interrumpiendo a Kasak, pues debo confesar que su extraña revelación me dejó perpleja ― ¿Quieres decir que eres un extraterrestre?
― ¡Je, je, je, je! ― se rió el muchacho y contestó ―: Sí y no, je, je, je. Es difícil de explicar, pero lo intentaré.
― Cuanto antes mejor ― dije, un tanto molesta por sentirme tan confundida -.
― Verás – dijo Kasak, al tiempo que se sentaba a mi lado y echaba la cabeza hacia atrás para mirar las estrellas ―. Ganímedes es el satélite más grande de Júpiter y está habitado por nuestra civilización, desde que hace miles de años nuestros antepasados lograron evacuar Maldek, nuestro planeta original, que se desintegró en una violenta explosión nuclear en la cual perecieron millones de personas. En Ganímedes, conocido en la galaxia como el reino de Mu, ha logrado convivir armónicamente y por milenios, una sociedad que vive en el cuarto nivel de la evolución, que corresponde a la fraternidad.

― Entonces ― intervine para clarificarme ― ¿Esto quiere decir que los niños de la que tú llamas “Operación Capicúa”, han venido a trasplantar el sistema de vida de Ganímedes en la tierra?
― Yo no diría trasplantar ― respondió Kasak ―, sino adaptar lo esencial de nuestro sistema a un mundo pluricultural y multiétnico, como el de este planeta.
Kasak se detuvo frente a la avenida, me miró con una sonrisa que me pareció misteriosa y dijo, como si hubiese leído mi pensamiento:
― Sé que tienes infinidad de preguntas respecto a la revelación que te he hecho; sin embargo, por hoy es suficiente… ya es tarde y no quiero que mi madre se preocupe. Faltan tres días para que termine tu conferencia, toma este tiempo para decantar la información que te he proporcionado y el lunes cuando el sol se ponga, te espero en la fuente luminosa. Sin mediar palabra, se empinó un poco para darme un beso en la frente, dio media vuelta y se marchó dejándome con un torbellino de inquietudes en la mente.

Operación Capicúa Capítulo V

Por : kapizan
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Nave del Maestro Rondek, verano de 1981

Una mañana a mediados de julio, Rakar es teletransportado desde su cabaña en la ladera oriental de la peña de Juaica hasta el centro del salón de operaciones en el interior de la nave de comando del Consejo Supremo de la Confederación Intergaláctica. Allí le reciben el gran maestro Rondek y sus colegas Gunter y Zastov, alineados de pié frente a una mesa de conferencias equipada con una pantalla plana de forma rectangular. Una vez que la figura del comandante Rakar se ha materializado, los tres jerarcas se aproximan a él y le dan una cálida bienvenida con sendos abrazos. Con un gesto, el maestro Rondek les indica a los presentes que tomen asiento en torno a la mesa y sin más preámbulos, oprime un botón que activa la pantalla y todos pueden apreciar con nitidez la escena del crimen con un primer plano del cadáver de Monique atravesado por el obelisco de mármol.

― El cadáver que aparece en la pantalla ― comienza diciendo Rondek ― pertenece a Rina, una joven ophiriana, del grupo de las elegidas para la Operación Capicúa, que respondía al nombre de Monique Leblanc. Hemos identificado al autor como Kirog, uno de los secuaces de Dimag el jefe de los riguelianos infiltrados en la tierra ―. Dicho esto, se vuelve hacia el jefe de operaciones y le pide que ponga al tanto a Rakar sobre la información obtenida por el servicio de inteligencia de la Confederación. Zastov inicia su explicación en los siguientes términos:

― A comienzos de los años 40 del calendario terrícola, cuando en el planeta azul se descubrió la energía atómica y comenzó a aplicarse con fines bélicos, los riguelianos vieron su oportunidad de emprender acciones en la Tierra y enviaron una nave espacial con un grupo de militares y científicos de la élite que habían logrado adquirir la apariencia humana. Desde entonces, la nave estableció un laboratorio submarino en el Océano Atlántico a la altura del Polo Norte y ha logrado infiltrar con sus agentes ― de ambos sexos ―, a varios gobiernos corruptos, interesados en adquirir tecnología a cambio de permitirles la realización de experimentos genéticos con humanos y animales ―. Zastov hace una pausa y le pide a Gunter que explique lo referente a la nueva fisonomía de sus enemigos, mientras comienzan a aparecer en pantalla algunas imágenes de los infiltrados.

― Físicamente ― explica Gunter ―, los riguelianos tomaron la apariencia de ciudadanos de la China Continental, pues los experimentos científicos fueron realizados durante la revolución popular de ese país, cuando algunos científicos de la China comunista les facilitaron su ejecución a cambio de información para mejorar la capacidad atómica del ejército. Por alguna falla en el procedimiento, los riguelianos que mutaron su aspecto originalmente ofídico a humano quedaron con algunas características defectuosas: carecen de ombligo, son totalmente lampiños y calvos; por esto último, en sus operativos, tanto hombres como mujeres, deben usar peluca; otro punto, aparte de que no son telépatas, que favorece su identificación y los coloca en desventaja frente a los hombres y mujeres de la Operación Capicúa ―.

Concluida la explicación, el maestro Rondek puntualiza:
― Comandante Rakar, se aproxima el primer encuentro con Anayana y los riguelianos comenzaran su persecución para eliminarla antes de la siguiente fase en 1991. Debe extremar las medidas de seguridad y preparar a sus discípulos ganimedianos para sortear con éxito cualquier interferencia ―. Rondek hace una pausa se pone de pié coloca la mano derecha sobre el hombro de Rakar y agrega:
― Que la energía de los antepasados lo ilumine y lo proteja. Puede regresar a la tierra ―.
― Se hará como ordene maestro ― contesta Rakar en tono firme; inclina tres veces la cabeza en señal de respeto a los tres jerarcas y hace un saludo protocolario cruzando el brazo derecho sobre el pecho; acto seguido, su imagen se difumina para ser teletransportado de vuelta a la cabaña.

Operación Capicúa Capítulo IV

Por : kapizan
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Mansión Leblanc en las afueras de  París, verano de 1981.

A sus  treinta y tres años Monique Leblanc ― una de las 191 mujeres nacidas en la tierra, de padres franceses; como parte de la Operación Capicúa, mantiene su conciencia trascendente adormecida ―, es una mujer de cuerpo escultural, cabello negro ligeramente ondulado, ojos azules, rostro de facciones finas, nariz recta y boca mediana que luce una dentadura perfecta. Tras la muerte de sus padres, cinco años antes, heredó una considerable fortuna, una mansión campestre en las afueras de Paris, en donde vive sola, y un automóvil Mercedes Benz descapotable, de color rojo y modelo 75.

Con esa edad, se encuentra en una etapa muy productiva como actriz de teatro pues interpreta el papel protagónico de una obra que lleva dos años de funciones diarias en el Teatro Experimental de Montmartre. Dos días antes, conoció a Jack Tsi, atractivo y muy amable productor de cine taiwanés, quien la abordó después de la presentación de la obra y le preguntó si le interesaría el papel protagónico en una película de época en que representaría a la amante francesa de un emperador chino. La respuesta positiva fue inmediata, pues incursionar en el séptimo arte era el sueño de la joven actriz. Acordaron entonces reunirse para cenar después de la última función de la semana el siguiente sábado.

Esa noche después de cenar en un elegante restaurante parisino y tomar una botella de vino en un bar que presentaba un show con canciones de Edith Piaf interpretadas en vivo por una joven cantante, Jack la lleva hasta la mansión campestre; al llegar, ella le invita a seguir para tomar una última copa. Por el sendero entre el auto y la puerta, Monique avanza ligeramente ebria, apoyada en el brazo del oriental. Al cruzar el umbral, Jack aprecia el interior de una gran sala con poltronas clásicas de cuero de napa capitoneada, alrededor de una enorme mesa de madera con cubierta de cristal, sobre la cual se destacan unas pequeñas esculturas talladas en mármol; en el extremo del salón observa dos escaleras laterales con pasamano de bronce que ascienden hasta un pasillo con balcón que da vista a la sala.

― Debo tener más vino en el bar ― murmura Monique en francés, al tiempo que toma la cara de Jack entre sus manos y le da un beso fugaz en los labios
― Suficiente vino por hoy, Monique ¿no te parece? ― dice Jack en francés con marcado acento chino, al tiempo que pasa el brazo derecho por su cintura y en tono seductor agrega ―: Mejor vamos a tu habitación.
― De acuerdo Jack, suficiente vino por hoy, vamos a mi habitación ― dicho esto, Monique pega su cuerpo al de Jack, rodea su cuello con los brazos y lo besa apasionadamente en los labios. Mientras responde el beso, el oriental la alza en sus brazos e inicia el ascenso por la escalera del lado derecho. Monique le sonríe nuevamente y empieza a quedarse dormida sobre el pecho de Jack, mientras este sube lentamente las escaleras… Al llegar al centro del balcón, camina hacia la baranda y lanza a Monique al vacío. La joven cae estrepitosamente sobre la mesa y muere en el acto, atravesada por un obelisco de mármol que adornaba el mueble. El asesino baja las escaleras con parsimonia mientras se acomoda la peluca de pelo negro, endereza la corbata y abandona la escena sin mirar atrás.

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