La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo VI

Por : kapizan
En : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, VI. La misión

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

VI
LA MISIÓN

Bosques de Sevilla, 1599

A comienzos de la primavera del último año del siglo, Malú el palomo mensajero llegó a casa de Tomás y su hijo Antonio ― tanto Malú como Tomás y su hijo eran descendientes directos de Arita, la paloma y de Juan el labriego y su hijo Felipe; los tres vivían en la misma casa con palomar en las afueras de Sevilla y cerca al portal de la quinta dimensión ―, con una invitación de su majestad Ergonio III para asistir al día siguiente a primera hora a una reunión en el palacio real.

Como siempre, Binaroti acudió al portal, les dio a beber el elixir y los condujo al salón en donde esperaba el rey Ergonio en compañía del rey Kinte, monarca de los pigmeos africanos, acompañado por un pigmeo negro que presentaron como el príncipe Karlo, sobrino del rey africano. El joven príncipe era un pigmeo negro de ciento setenta años, fuerte musculatura y finas facciones, que saludó a Binaroti con muestras de auténtica admiración. En torno a la mesa que presidía el rey Ergonio, también estaban presentes el mago Abdulá, Petrochi y Ciro, el búho que actuaba como consejero del rey Kinte y reposaba en su hombro derecho. Después de las presentaciones, el rey Ergonio fue directamente al grano:

― Mis queridos Tomás y Antonio, hace algún tiempo me comentasteis que os gustaría conocer el Nuevo Mundo en donde Binaroti y Petrochi vivieron grandes aventuras en la isla de los pigmeos tainos. Incluso me dijisteis que os gustaría embarcaros, Tomás como marinero y Antonio como grumete, en una nave de las muchas que están cruzando el mar hacia esas tierras. ¿Estoy en lo correcto? ―Preguntó el monarca mirando alternativamente a los ojos de sus interlocutores.

―Así es majestad ― dijo Tomás contestando por ambos ― en verdad son tantas las historias que hemos oído de esas tierras, que queremos conocerlas y si nos gustan quedarnos a vivir allí. De hecho, lo único que esperamos es que Antonio cumpla los doce años requeridos para que lo acepten como grumete.

― En verdad no tendríais que esperar los dos años que faltan, si aceptáis el plan que pensamos proponeros. El rey Kinte os explicará de qué se trata…

― Perdón majestad ― interrumpió Tomás, se puso de pié y en tono respetuoso agregó:

― Antes de que hable su majestad el rey Kinte, quiero que sepáis que mi hijo y yo estamos a vuestra entera disposición y si es vuestra voluntad que viajemos al fin del mundo iremos gustosos.

― Sabía que podía contar con vosotros ―replicó el rey Ergonio antes de ceder la palabra al rey Kinte, que comenzó diciendo:

― Hace tres años el rey Benkos de Biohó, uno de los más valerosos guerreros africanos, fue capturado por traficantes portugueses, en las inmediaciones de su aldea en África Occidental y fue vendido en Cartagena de Indias como esclavo. Este año me llegaron noticias de que había logrado fugarse y esconderse en una serranía a pocas leguas de Cartagena en donde ha construido un palenque con ayuda de otros negros escapados a los que llaman cimarrones. Allí está organizando un ejército que lucha por la libertad de los esclavos en contra de las tropas del gobernador de Cartagena y ha formado una red para ayudar a otros esclavos a huir y unirse a su causa. Esa, a grandes rasgos, es la situación ―El rey Kinte hizo una pausa y prosiguió:

― Ahora bien, se trata de enviar un grupo mixto de humanos y pigmeos, para que cumpla dos misiones: la primera es tomar contacto con el rey de los cimarrones y entregarle una prenda cuya forma de uso explicará el mago Abdulá. Esta prenda puede ayudarle mucho al rey rebelde, en su labor de propiciar la fuga de esclavos para que se vuelvan cimarrones y huyan hacia su palenque. En realidad esa tarea es sencilla. La segunda misión os la explicará el príncipe Karlo quién viajará con vosotros ― El rey Kinte tomó asiento y le dio la palabra al príncipe Karlo que carraspeó para aclarar la voz y comenzó en tono pausado su intervención:

― Crecí con la leyenda del gran Binaroti y su primo Petrochi, aquí presentes, escuchando los relatos de su viaje al Nuevo Mundo y de la forma en que lograron aniquilar a los morados desterrados que atacaron a los tainos en la Española. A los dos debo decirles que me siento honrado al conocerlos y al tener la oportunidad de formar el mismo equipo para cumplir la misión que tenemos entre manos. Antes de proseguir, quiero que todos sepan algo con lo que no contábamos hace menos de un mes: Vangar está vivo y tanto o más activo que hace cien años ―El príncipe Karlo hizo una pausa para medir el impacto de su anuncio y ante la expresión de sorpresa de Binaroti y su primo, continuó:

― Todos recordarán que las tres doncellas tainas secuestradas por Vangar y sus gnomos a fines del siglo pasado, nunca aparecieron. Pues bien, el mes pasado, Halil el correo del rey Kinte que llegó de Cartagena me contó que los pigmeos del grupo Tayrona que habitan esas costas fueron atacados por gnomos morados y secuestraron seis pigmeas. Es bueno que sepáis que una de ellas era mi hermana la princesa Marli que había viajado un año antes al Nuevo Mundo, en busca de aventuras y atraída por las historias que le contó Halil. Mi hermana era huésped de Kátaro, el cacique de los tayrona que habitan en la sierra nevada de Santa Marta

―El príncipe tomó un respiro y se preguntó:

― ¿Qué pasó? No lo sé. Pero entre los pigmeos del Nuevo Mundo, según me contó Halil, existe la suposición de que después de la derrota que Binaroti y Petrochi les infligieron, Vangar y dos de sus secuaces sobrevivientes, junto con las tainas secuestradas esperaron otro navío que atracase en La Española y los sacase de allí hacia otro lugar en donde no se supiera de su existencia y pudieran tomar a los pigmeos por sorpresa. Los tainos suponen que en 1501 se embarcaron de polizones en una de las carabelas de la expedición de Don Rodrigo de Bastidas, que los llevó a Tierra Firme en inmediaciones de una sierra nevada cercana al ahora famoso puerto de Santa Marta.

― O sea, majestad ― dijo Binaroti dirigiéndose al príncipe Karlo, con el ceño fruncido y un gesto de preocupación ―, que nos enfrentamos a un nuevo enemigo: los descendientes de Vangar y su grupo de secuestradores. Unos mestizos cuyas características desconocemos…

Karlo movió la cabeza afirmativamente:

― Así es, Binaroti ―respondió el príncipe y añadió en tono amable:

― Ah, y podéis llamarme Karlo, al fin de cuentas seremos compañeros de aventuras.

El Rey Ergonio intervino entonces para decir:

― Contamos con la astucia y las habilidades de Binaroti y Petrochi y con el hecho de que Tomás y Antonio serán dotados con sendas pulseras que les permitirán a los humanos que las usen, aumentar o disminuir a voluntad su tamaño con el fin de que puedan hacerse mimetizables en la tercera dimensión, pues adquirirán la estatura de un gnomo. Una pulsera similar será la prenda que debéis entregar de nuestra parte al rey Benkos de Biohó.

― ¿Cómo es eso? Preguntó Antonio.

― Muy sencillo ― dijo el Mago Abdulá que se puso de pie para entregar a cada uno una pulsera de plata con un sello superpuesto de metal verde en forma de trébol de cuatro hojas, labrado en la parte superior de la prenda y explicó:

― Para recuperar vuestro tamaño natural y haceros visibles para los humanos en la tercera dimensión, debéis colocar vuestro dedo índice sobre el sello trebolar, moviéndolo en círculos hacia la derecha y pronunciar el primer verso de nuestro himno: Macacafú, fuchi fú, fuchi fú… Para retornar al tamaño de un gnomo en la tercera dimensión, debéis hacer lo mismo pero hacia la izquierda y pronunciar el segundo verso del himno: Túa, cuacuatúa, cuacuatúa túa tuá… En otras palabras, podréis actuar en la tercera dimensión con el tamaño y la facilidad de mimetismo de los gnomos o haceros visibles y actuar como humanos. Eso representa una gran ventaja.

Cuando el mago terminó su explicación, el rey Ergonio tomó nuevamente la palabra para decir:

― Con el rey Kinte hemos creído conveniente que además de Binaroti, Petrochi, Karlo, Tomás y Antonio, se unan a la expedición Halil, para que sirva como guía en las tierras que bien conoce, y Malú el palomo para que sea un rápido mensajero y observador.

Al día siguiente de la reunión en palacio, los expedicionarios zarparon en la Nao Santa Librada, una enorme carraca que transportaba carga y pasajeros a bordo de la cual llegarían en poco menos de un mes a Cartagena de Indias. Al embarcar, Binaroti, y los demás miembros de su grupo llevaban al cinto sendos mosquetes y una cartuchera con suficientes cápsulas de Petrobin. Los mosquetes habían sido perfeccionados y ahora usaban un cargador de seis cápsulas que podían disparase en forma continua sin necesidad de la lenta recarga de antes.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo V

Por : kapizan
En : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, V. La iniciación de Antonio

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

V
LA INICIACIÓN DE ANTONIO

Bosques de Sevilla, 1596

Durante un siglo en la quinta dimensión, pasan menos cosas que en la tercera. Por ejemplo, Binaroti había cumplido sus primeros trescientos años y en los dominios del rey Ergonio no se habían producido mayores cambios. Por el contrario, en el mundo de la tercera dimensión, el palomar de Arita era ahora ocupado por Malú su tataranieto y en la casa de al lado vivía Tomás el biznieto de Juan junto con su hijo Antonio que pronto cumpliría siete años y estaría listo para ser presentado ante el rey Ergonio en su palacio de la quinta dimensión.

Para esa época el rey de España era Felipe II que había sucedido a Carlos I de España, V de Austria, en el gobierno de un imperio en cuyos dominios nunca se ocultaba el sol. El Nuevo Mundo había sido conquistado a sangre y fuego, los indígenas fueron sojuzgados y se inició un proceso de colonización con la fundación de ciudades en las islas descubiertas tanto en el Caribe, como en territorio continental.

En Colombia, ese proceso comenzó en la costa norte, con la fundación de Santa Marta en 1525 y de Cartagena en 1533. En la época de este relato, ambos puertos eran muy importantes para el tráfico de mercaderías desde el nuevo mundo hacia Europa y viceversa. Eran además, la puerta de entrada al tráfico de negros traídos de África como esclavos, negocio que se había vuelto muy lucrativo.

Cuando comenzó el secuestro de negros para traficarlos como esclavos en el Nuevo Mundo algunos pigmeos africanos decidieron, voluntariamente, viajar como polizones en los barcos de los esclavistas para apoyar a los humanos de color en lo que fuera posible. Con el tiempo, Kinte, el rey de los pigmeos africanos organizó un sistema de comunicación con el Viejo Mundo mediante pigmeos que viajaban como correos entre los dos lados del océano, llevando y trayendo noticias.

Ya para entonces comenzaban los ataques piratas a los navíos españoles, para robar el oro, la plata y las joyas que los colonizadores enviaban al viejo mundo.

***

El día de su séptimo cumpleaños, Antonio madrugó y se encaminó con su padre hacia el interior del bosque a esperar el momento en que, con las primeras luces del alba, se abriría el portal dimensional que le daría entrada por primera vez al mundo mágico de los gnomos verdes, del que tanto le habían hablado su abuelo y su padre. Una mezcla de ansiedad, curiosidad y alegría invadió el espíritu del niño cuando su papá entonó la primera estrofa del himno de los gnomos y ambos cantaron:

Macacafú, fuchi fú fuchi fú…
Fuchilurí macá.
Túa, cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá…

Tal como le habían contado que sucedería, el bosque se iluminó con un bello resplandor y apareció Binaroti con su guitarra encabezando un grupo de gnomos que portaban flautas e instrumentos de cuerda y de viento con los que acompañaron el resto del himno, cantando en coro con sus melodiosas voces:

Ostrá chirulí macá, Ostrá chirulí macá,
Túa cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.

Terminado el himno, Binaroti les ofreció en copa de oro el delicioso elixir que reduciría su tamaño al de los gnomos. Antonio sintió una leve sacudida en el cuerpo en el momento en que su estatura se redujo a treinta y tres centímetros. Una extraña sensación le produjo ver a su padre a la misma altura de todos.

― Bienvenidos al reino de su majestad Ergonio III― Dijo Binaroti en tono solemne, después de terciarse la guitarra a la espalda y quitarse el gorro puntiagudo al tiempo que hacía una elegante venia y movía el gorro de izquierda a derecha en un gesto teatral de saludo. Hecho esto, se colocó nuevamente el gorro y en tono invitador les dijo:

― Seguidme, la ceremonia está por comenzar.

Antonio y su padre, emprendieron la marcha por el sendero que conducía al estanque frente al palacio, seguidos por los gnomos que entonaron alegres canciones para animar el recorrido de media legua que separaba el portal dimensional de la morada real. Al llegar, fueron guiados a una tribuna cubierta por toldillos y Binaroti los acomodó a lado y lado ―Antonio a la derecha― de los tronos reales que en ese momento estaban desocupados.

Sin más espera unos heraldos hicieron sonar las trompetas y el chambelán de la corte anunció la entrada de los monarcas:

― ¡Sus majestades el rey Ergonio III y la reina Betunia, monarcas del reino kardiano!

Los reyes salieron por detrás de la cascada y avanzaron con elegancia a lo largo de la orilla del estanque. Al llegar a la tribuna, saludaron con un beso en la mejilla a los dos invitados y tomaron asiento en sus respectivos tronos, con lo cual se dio comienzo a una espectacular demostración de perros bailarines, ardillas saltimbanquis y monos malabaristas que desfilaron frente a la tribuna luciendo sus destrezas en honor a los monarcas y sus invitados. Vino después un precioso desfile de caballos, novillos, burros y lobos organizados en columnas de siete hileras de ancho y doce filas de profundidad, que marchaban al son de una banda de músicos integrada por gnomos que interpretaban himnos marciales de la época de la guerra con los morados.

Terminado el desfile el rey le impuso a Antonio un collar que lo acreditaba como ciudadano kardiano con todos los derechos y privilegios de los gnomos. Por su parte, Antonio se comprometía a acudir en apoyo del reino cuando fuesen requeridos sus servicios para cumplir misiones en la tercera dimensión. Acto seguido se sirvió un gran banquete después del cual Antonio y su padre fueron invitados por Binaroti y Petrochi a recorrer el reino a caballo para visitar todas sus comarcas, tarea que les tomó un semana, equivalente a un día de la tercera dimensión.

Mientras Antonio y su padre asistían a los festejos de la iniciación del niño en el mundo de los gnomos españoles, a cientos de kilómetros de allí, en el reino de los pigmeos africanos que gobernaba su majestad el rey Kinte, Ciro el búho cruzó el portal desde la tercera hasta la quinta dimensión, para contarle al monarca que en horas de la madrugada, cuando se disponía a reposar, vio con sus propios ojos cómo unos traficantes portugueses secuestraron al rey Benkos de Biohó para venderlo en el Nuevo Reino de Granada como esclavo.

Esa noticia, como veremos más adelante, evolucionaría en los tres años siguientes hasta crear una situación que transformó para siempre la vida de Antonio, de su padre y de sus amigos Binaroti y Petrochi.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo IV

Por : kapizan
En : IV. ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

IV
¡ALERTA! ¡PELIGRO! ¡MORADOS A LA VISTA!

En la noche del 22 de septiembre de 1493, Vangar y sus gnomos nadaron desde el muelle y se colaron, divididos en grupos de a tres, en seis de las quince carabelas que estaban ancladas frente al puerto de Cádiz y que junto con dos carracas esperaban la orden de zarpar, tres días después, hacia el Nuevo Mundo. Un séptimo trío de gnomos morados, se trepó a la carraca Marigalante y se ocultó en el castillo de popa.

En la madrugada del 25 de septiembre, poco antes de que la flota zarpara, Binaroti y su primo Petrochi, volando a horcajadas en el cuello de Pilón ― un águila macho que los había traído desde los bosques de Sevilla―, aterrizaron en el castillo de Proa. No se imaginaban que en esa misma carraca, pero en el castillo de popa, se habían ocultado los tres gnomos morados. El enemigo estaba cerca y ellos lo ignoraban. Sin saberlo, se encontraban a poco menos de cincuenta metros de distancia. El medallón detector se calentaba a partir de los cinco metros de proximidad del enemigo, por lo que Binaroti y Petrochi, acomodados como polizones en la proa de la nave, no se percataron de la presencia de los gnomos morados sino al final de la travesía, como veremos más adelante.

En su recorrido, después de cuarenta días de navegación, la flota divisó nuevas tierras y se descubrieron lo que hoy son las Antillas, Cuba y Puerto Rico. Durante el viaje, Binaroti y Petrochi mataban el tiempo jugando a las cartas, leyendo relatos de sus antepasados en un par de libros que la reina les había regalado antes de partir, o tocando sus instrumentos favoritos: Binaroti, la guitarra y su primo la flauta traversa. Finalmente divisaron las costas de la Isabela y anclaron a cien varas de la playa. Según narraron posteriormente los viajeros, parece ser que los gnomos morados se dirigieron hacia la proa de la carraca para ver la costa. Fue en ese instante, cuando Binaroti al sentir el calor en el medallón y captar su cambio de color, le gritó a su primo:

― ¡Alerta Petrochi! ¡Peligro! ¡Morados a bordo! ¡Trae tu mosquete! ¡Pronto! ¡Apúrate!

Cuando los gnomos morados vieron a Binaroti y a Petrochi, con sendos mosquetes cargados de Petrobin, retrocedieron aterrados, Binaroti disparó y logró petrificar a su oponente. Petrochi erró el tiro y mientras recargaba su arma el morado saltó por la borda de estribor y empezó a nadar las pocas brazas que separaban la carraca Marigalante de la carabela Quintera. Por fortuna, Petrochi logró recargar su arma, apuntar y disparar en el preciso instante en que el tercer enemigo se disponía a saltar por la borda de babor para nadar hacia la carabela Gallarda y trepar por el cable del ancla como lo alcanzó a hacer su compañero. El chorrito de Petrobin dio de lleno en el cuerpo del gnomo que cayó al mar transformado en piedra de colores con figura de gnomo. Desde entonces, hace más de quinientos años, reposa en el fondo de la bahía que se convirtió en su tumba.

***

Isla La Española, 1493

Después del enfrentamiento con los gnomos enemigos a bordo de la carraca Marigalante, Binaroti y su primo consideraron que lo más importante era advertir al cacique de los pigmeos sobre el peligro inminente que representaba para su raza la presencia de gnomos morados en la isla. Así pues, decidieron bajar a tierra, en la misma chalupa en que desembarcó el almirante Colón, y dirigirse a toda prisa hacia la colina en la que, según les había explicado Guayo, se encontraba el portal para ingresar a la quinta dimensión, por entre dos enormes palmeras cargadas de cocos.

Al llegar frente a las palmeras Binaroti y Petrochi se llevaron una gran sorpresa: volando con elegancia sobre sus cabezas, Arita la paloma dio dos vueltas para llamar la atención de los gnomos, se detuvo en el antebrazo de Binaroti y dirigiéndose a los sorprendidos primos, con su bien modulada voz y en perfecto castellano les dijo:

― ¡Bienvenidos a la Española!

― ¿Qué hacéis aquí?― preguntaron al unísono los dos gnomos.

― El rey Ergonio me mandó para que os sirva de intérprete con el Cacique Guarú. Guayo le contó a su majestad que vuestro taino no era muy bueno, que él había hecho un gran esfuerzo para enseñaros pero que podríais tener dificultades para hablar con el cacique. Entonces, sugirió que yo viniese y me pusiera en contacto con Maya, una guacamaya prima suya que se comunica con los tainos de la quinta dimensión como él lo hacía antes de que lo llevaran a España. Eso mejoraría la comunicación entre las dos culturas. El rey aprobó la idea y heme aquí.

― ¿Y vinisteis volando desde España?

― ¡No! ¿Cómo se os ocurre? En realidad vine en el palo mayor de la Gallarda, la otra carraca de la flota. Pero me entretenía volando entre las carabelas. Por eso me di cuenta de que había varios gnomos morados viajando de polizones, como vosotros. Alcancé a contar dieciocho. También vi vuestra valerosa acción. Ahora tenemos dos enemigos menos.

***

La bienvenida que les dieron los pigmeos a los emisarios del rey Ergonio fue muy cálida. Para esa tarde, el cacique les ofreció un agasajo, en el que participaron todos los nobles de la tribu ataviados con sus mejores galas. Hubo una presentación de danzas al son de tambores y otros instrumentos desconocidos para los gnomos, en especial uno llamado marimba, que producía notas melodiosas al golpear con un bolillo una hilera de tablitas de madera alineadas sobre una base de la cual pendían tubos huecos, también de madera. Para no quedarse atrás, Binaroti, que siempre llevaba terciado su guitarra a la espalda, aprovechó para interpretar bellas canciones de gnomos acompañado por Petrochi.

Cuando terminaban la última canción, el medallón detector de Binaroti, comenzó a calentarse y a tornarse rojo. Al volver la cabeza, alcanzó a ver a un gnomo enemigo agazapado tras un arbusto, presto a saltar sobre una doncella que escuchaba la guitarra completamente embelesada.

Sin dudarlo un instante, nuestro héroe soltó la guitarra, desenfundó el arcabuz y disparó un chorrito del líquido verde, que petrificó al atacante. Un segundo intruso que intentó huir fue alcanzado por Petrochi. Un minuto más tarde yacía petrificado a la vista de los pigmeos.

― ¡Bravo mis valientes!― Gritó entusiasmada Arita la paloma en castellano y agregó: ―Ya llevamos cuatro enemigos menos.

― ¡Viva Binaroti! ¡Viva Petrochi!― Añadió Maya la guacamaya en taino, logrando que el cacique y todos los presentes vitorearan a los gnomos gritando en su lengua:

― ¡Aracatay punay Binaroti! ¡Aracatay punay Petrochi!

Esa misma noche, aprovechando que los pigmeos y sus huéspedes estaban de jolgorio, los morados volvieron a infiltrarse y lograron raptar a Yali, una joven doncella de cuarenta y cuatro años, que había salido de madrugada a recoger agua dulce requerida para cocinar, a la orilla de la quebrada que abastecía a la tribu.

El rapto causó pánico entre los pigmeos que por orden de Guarú iniciaron patrullajes de vigilancia armados con flechas envenenadas y lanzas, a lo largo y ancho de su territorio. A los tres días, en tiempo de la quinta dimensión, los guerreros de la tribu que iban acompañados por Binaroti, llegaron a una pequeña laguna en donde cinco doncellas lavaban ropa. En ese momento el medallón comenzó a calentarse y nuestro héroe pudo advertir sobre el peligro:

― ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!

Los pigmeos reaccionaron: lanzaron sus flechas y seis morados cayeron abatidos. Binaroti alcanzó a ver a un gnomo enemigo que huía con una doncella al hombro seguido por dos de sus compañeros. Entonces, apuntó el arcabuz, disparó y petrificó al más rezagado, pero no alcanzó a repetir el disparo. Cuando recargó el arcabuz, alcanzó a ver cómo uno de ellos, con su preciosa carga cruzó el portal hacia el astral de la cuarta dimensión a donde no podía perseguirlo. Afortunadamente el otro esbirro no alcanzó a seguir a su compañero pues cayó atravesado por una lanza que arrojó Giral, el primogénito del cacique que dirigía al grupo de patrulleros de la tribu.

Para la siguiente incursión, Vangar dispuso que atacaran en parejas en las que un gnomo caería sobre la presa y el otro cubriría su espalda con flechas envenenadas. Para entonces, ya había descubierto que en la isla la quinta dimensión tenía un portal de acceso marcado por palmeras en cada uno de los cuatro puntos cardinales y que los lugares más apropiados para atacar eran: el río que cruzaba el portal oriental y la laguna cercana al portal sur, donde habían caído seis de sus gnomos. Esos lugares eran los más frecuentados por las doncellas y facilitaban el regreso con la presa a la cuarta dimensión a donde Binaroti no podría seguirlo. Así pues, el campo de batalla tendría que ser en la tercera dimensión, como sucedió en la carraca o en la quinta dimensión a la que, gracias al bebedizo, podía acceder durante tres horas.

Pensando con la misma lógica Binaroti y Giral, decidieron dividirse en dos grupos de veinte guerreros cada uno, para proteger esos dos puntos vulnerables. En la laguna se apostaría Binaroti al frente de un grupo, armado con un mosquete; y en el río del sector oriental, se situaría Giral con el otro grupo, acompañado por Petrochi con su mosquete.

A la semana de estar ensayando la nueva estrategia, Vangar organizó una incursión simultánea en los dos frentes. Al amanecer, en el sector occidental, el medallón detector le permitió a Binaroti neutralizar a un morado en el momento en que se aproximaba a una lavandera; sin embargo, el gnomo que cubría a su compañero disparó una flecha envenenada que atravesó el brazo derecho de nuestro héroe. Los pigmeos reaccionaron: un guerrero tomó el arcabuz y petrificó al gnomo que había lanzado la flecha contra Binaroti. Al final de la batalla, había tres pigmeos muertos y dos heridos. En cuanto al enemigo: en el campo de batalla quedaban un morado petrificado y dos atravesados por flechas de los pigmeos.

Después del combate, Binaroti fue evacuado y atendido por Catamarí, el chamán de los pigmeos taínos, quien preparó un potaje con el cual eliminó los efectos del veneno. El herido permaneció un mes de convalecencia bajo los cuidados del chamán, hasta su recuperación total.

***

Binaroti y su primo Petrochi permanecieron en la quinta dimensión, como huéspedes del cacique pigmeo Guarú, los casi tres años del tiempo, de la tercera dimensión, que estuvo Colón navegando entre las islas del Mar Caribe en búsqueda de nuevas tierras y tesoros. En ese lapso, nuestros amiguitos perfeccionaron el taino, conocieron extrañas especies de animales como el colibrí, la iguana, el armadillo, el oso hormiguero y otros muchos que no se habían visto antes en España; pero lo más importante, lograron detectar y neutralizar a otros dos gnomos morados. Por desgracia, creyeron que habían eliminado la amenaza, pues en todo ese tiempo no volvieron a tener incursiones enemigas. Además, según las cuentas de Arita no eran más de dieciocho los que habían venido en las carabelas. Lamentablemente, la paloma no había contabilizado a Vangar y a dos de sus secuaces que viajaron ocultos en la misma carraca en cuyo palo mayor llegó a la isla la paloma.

Ante, la aniquilación de casi todos sus gnomos, Vangar, astuto como era, cambió de estrategia: decidió quedarse quieto en la cuarta dimensión y no hacer más incursiones al mundo de los pigmeos, mientras Binaroti estuviera en la isla con el mosquete y el letal líquido verde. Así pues, una noche reunió a Octox y Nonex, los dos últimos gnomos de su pandilla, les contó su nueva estrategia y finalizó con estas palabras:

― Tarde o temprano, esos malditos verdes regresarán a España y llegará nuestro tiempo para ejecutar el plan― Vangar hizo una pausa, miro a los ojos a sus esbirros, y agregó con una torva sonrisa: ― Me derrotaron, pero no estoy vencido.

Un buen día, Arita anunció que la flota se estaba preparando para regresar a España. Binaroti y su primo decidieron volver a su mundo, se despidieron del cacique Guarú y su tribu de pigmeos que salieron hasta la playa a despedirlos.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo III

Por : kapizan
En : III. Los polizones se preparan, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

III
LOS POLIZONES SE PREPARAN

La llegada de Colón con dos tercios de los hombres y los navíos que habían zarpado en agosto del año anterior causó gran revuelo en las tres dimensiones: inicialmente sorprendió a las autoridades de Sevilla y a sus habitantes en la tercera; después impresionó a la paloma Arita y a los reyes Ergonio y Betunia, en la quinta; y por último, llamó la atención de Oroc, el cuervo espía de los gnomos morados de la cuarta dimensión, enviado por Vangar el jefe de la tribu de los gnomos de las cuevas de Sevilla para obtener información sobre los expedicionarios.

Todos se preguntaban: ¿Por qué llegaron menos barcos, menos marineros y seis exóticos personajes cubiertos con taparrabo? En realidad, cuarenta de los ciento veinte hombres de las tripulaciones originales, habían quedado en la isla que el almirante bautizó “la Española” ―Hoy Haití y República Dominicana ―, cuidando un fuerte construido con los restos de la carraca Santa María que había naufragado estrellada contra los arrecifes.

Siguiendo a la paloma y ocultándose en las sombras con el oído atento y el ojo despierto, Oroc, el malvado cuervo que servía como espía de Vangar obtuvo toda la información que requería para proporcionársela esa misma noche al jefe de los gnomos morados que habitaba en lo más profundo de las cuevas en la cuarta dimensión, desde que fueron desterrados del mundo mágico.

El cuervo esperó la llegada de la media noche, que es la hora en que se puede acceder al tenebroso mundo del plano astral, cruzó el portal dimensional, avanzó por entre filas interminables de almas en pena y bestias aterradoras hasta la cueva del jefe de los gnomos morados, que esperaba impaciente el reporte de su espía. Cuando el cuervo llegó, Vangar, cuyas facciones se habían deformado con los años de destierro en el mundo de las sombras y exhibía un rictus de maldad en la boca torcida, se acomodó en una roca y con voz áspera le dijo:
―Habla pajarraco. Cuéntame todo lo que viste y escuchaste desde el día que regresaron los marinos de Colón. Sin omitir detalle.

El relato del cuervo fue, en esencia, el mismo que la paloma rindió a la pareja real de gnomos verdes. Tanto para Vangar y los morados como para el rey Ergonio y los verdes, la información más valiosa fue la proporcionada por el papagayo sobre la existencia de una nueva raza de pigmeos con rasgos similares a los de los seis indígenas que llegaron con Colón.

De otra parte, el rey Ergonio pensó en aprovechar el siguiente viaje del almirante Colón al nuevo mundo para enviar una pareja de emisarios de buena voluntad ocultos a bordo de una de las naves; en tanto que Vangar decidió usar similar procedimiento para viajar él mismo al frente de veinte gnomos morados ― los últimos que quedaban atrapados en la cuarta dimensión en las cuevas de Sevilla―, provistos de una buena ración del bebedizo, que les permitiría ingresar durante tres horas a la quinta dimensión. Ese tiempo era más que suficiente para secuestrar por lo menos a tres pigmeas. El plan de Vangar contemplaba infiltrarse en territorio del cacique pigmeo que habitaba en la isla La Española y secuestrar tantas pigmeas como fuera posible, para crear una nueva raza mixta con los que en menos de cien años podría dominar, en la quinta dimensión, los territorios descubiertos por Colón.

***

Binaroti era un valiente e ingenioso gnomo verde que se había distinguido luchando contra los rebeldes morados cuando apenas tenía cien años de edad. Con doscientos años cumplidos, se había convertido en un gran químico trabajando como asistente del mago Abdulá. Tiempo atrás, con ayuda de su primo Petrochi, gracias a un error de éste, había logrado desarrollar un líquido verde, al que llamaron Petrobin; por dos razones: petrificaba, literalmente hablando, al adversario y formaba un anagrama con las primeras sílabas de los nombres de sus inventores. Al ser rociado sobre cualquier gnomo morado que lograse infiltrarse en la quinta dimensión, el Petrobin lo neutralizaba, convirtiéndolo en piedra para siempre. Además, Binaroti había diseñado un aparato aspersor, en forma de mosquete que al ser disparado, lanzaba un chorrito de Petrobin suficiente para neutralizar a un gnomo adversario. Los primos eran hijos de padre italiano y madre española y a esa temprana edad gozaban del reconocimiento y aprecio de todos los súbditos del reino kardiano.

Como lo difícil era detectar a un gnomo morado disfrazado de verde, el mago Abdulá le había proporcionado un medallón con una piedra azul que se tornaba roja como un rubí y caliente como una brasa, ante la presencia de un gnomo infiltrado. Con posterioridad al episodio del secuestro de tres gnómidas ―ocurrido a comienzos del año 1400 del calendario humano―, sólo una vez los morados volvieron a infiltrarse, fueron detectados por el medallón de Binaroti y convertidos en piedra. En esa ocasión el rey permitió que uno de los atacantes fuera expulsado vivo de la quinta dimensión para que regresase a contar lo sucedido. A raíz de esto, cesaron las incursiones y la paz regresó al reino.

Cuando se supo que la siguiente expedición zarparía del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, el rey Ergonio llamó a su presencia a Binaroti ― un gnomo, le contó lo que le había dicho meses antes Arita, la paloma, y cuando terminó le dijo:

―Mi querido Binaroti, la próxima semana zarpará del puerto de Cádiz, el almirante Colón con diecisiete naves y mil doscientos hombres, con rumbo a las costas que descubrió el año pasado. Según contó Guayo el papagayo, al rey humano de esas tierras de la tercera dimensión le dicen cacique, se llama Guarú y vive en una isla muy grande. La conocerás porque allí fue capturado Guayo y es la misma que Colón bautizó como La Española. En ella, los españoles construyeron un fuerte con los restos de la nave que se hundió. El cacique de los pigmeos se llama Guarú. Ante él quiero que te presentes como mi embajador de buena voluntad, lo prevengas contra los morados y lo apoyes con lo que sabemos para neutralizar las incursiones enemigas ―El rey hizo una pausa, se mesó las barbas como era su costumbre y preguntó:

― ¿Está Claro? ―Ante la respuesta afirmativa de Binaroti, su majestad agregó:

―Entonces, mi querido Binaroti, escoged un compañero de viaje, preparaos para que un águila os lleve en vuelo directo hasta el puerto de Cádiz y no olvidéis llevar el medallón detector y una buena cantidad de aquel maravilloso líquido verde ― ¿Quién será vuestro compañero? ―preguntó el monarca poniéndose de pie.

―Petrochi, mi primo ―contestó con determinación Binaroti y agregó, en tono de respetuosa pregunta:

―Majestad ¿Cómo os parece mi elección?

― Perfecta ―replicó el monarca con una amplia sonrisa.

***

Los días previos al viaje los emplearon Binaroti y Petrochi en alistar una buena provisión de Petrobin y en aprender el lenguaje de los indígenas para poder comunicarse con el cacique Guarú. Te preguntarás cómo hicieron nuestros amigos para aprender esa lengua hasta entonces desconocida en Sevilla.

Al respecto te recordaré, que las aves tienen un lenguaje único que les permite comunicarse entre sí con miembros de otras especies. En esa forma, Arita pudo entenderse con Guayo cuando lo conoció en Barcelona después de la llegada de Colón de su primer viaje. Como quedó dicho, las aves hablan además el lenguaje de los humanos y los gnomos que es el mismo. Por ello, antes del viaje, Binaroti y Petrochi pasaron largas jornadas con el papagayo intentando aprender las palabras más importantes de la lengua de los indígenas tainos pobladores de La Española.

La Leyenda de los Mafuchinos – Capítulo II

Por : kapizan
En : II. El regreso del Almirante, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN


II
EL REGRESO DEL ALMIRANTE

Bosques de Sevilla, España, 1493

Arita, la paloma mensajera, planeó con elegancia y en círculos amplios sobre los techos del puerto y los mástiles de las embarcaciones ancladas cerca al muelle de Sevilla. Faltaban diez minutos para que el tenue resplandor de lo que los navegantes llaman el “crepúsculo náutico matutino”, abriese por un breve espacio de media hora, el portal dimensional que le daría acceso al mundo mágico de la quinta dimensión. Entraría entonces a la tierra habitada desde siempre por los pacíficos y alegres gnomos verdes, como los llamaban las hadas y los unicornios para distinguirlos de sus antiguos enemigos, los malvados gnomos morados. Tanto los unos como los otros tenían la piel blanca y las facciones de los europeos, pero lo que marcaba la diferencia física entre ambos, era el color de sus gorros puntiagudos.

Después de cruzar el portal, la paloma rendiría su informe verbal a su majestad Ergonio III. Una semana antes, el monarca de los gnomos verdes la había enviado como observadora al puerto de Palos de Moguer a donde acababan de llegar, en enero de 1493, dos de las tres naves ―La Pinta y La Niña― que habían zarpado cinco meses antes. Volvían con dos tercios de la tripulación original y una exótica carga de humanos semidesnudos, aves y frutos, nunca antes vistos en el viejo continente. Días después de la llegada al puerto de Palos, Arita se desplazó en vuelo rasante hasta la corte española en Barcelona, donde los reyes católicos recibirían a Cristóbal Colón, que retornaba de su primer viaje de exploración en busca de una nueva ruta hacia las Indias.
Al regreso de Barcelona, sobre los techos de Sevilla, la paloma aprovechó el plácido vuelo para ordenar sus ideas y calmar la excitación que le había producido la charla con Guayo el papagayo, exótica ave parlanchina de vivos y hermosos colores que ella no sabía que existía.

***

Su majestad el rey Ergonio y su esposa la reina Betunia, habitaban un sobrio pero elegante palacio labrado en el interior de una formación rocosa. El portalón del palacio estaba oculto por una cristalina cascada y el palacio estaba rodeado por una cerca de acebos que se cargaban de flores blancas en primavera y había sido sembrada entre frondosos abedules, abetos y otros árboles nativos de las tierras españolas. El agua de la cascada se apozaba en un pequeño lago en donde retozaban bellísimos peces de múltiples colores que sacaban la cabeza del agua cuando la pareja real se paseaba por la orilla y entonaban para ellos alegres canciones.

Todas las mañanas, después de un frugal desayuno, la pareja real salía de sus aposentos, se acomodaba en sendos tronos de madera tallada con el escudo del reino kardiano, recibía de frente la energía del sol naciente, escuchaba un concierto matutino ofrecido por los peces y una miríada de pajarillos. Una vez terminado el concierto, sus majestades atendían las audiencias programadas para cada día. Esa fría mañana, Arita se aproximó a los monarcas después del concierto y el rey le tendió la empuñadura del cetro para que se posase allí e iniciara su reporte.

― ¡Bienvenida! ―dijo el rey Ergonio con una acogedora sonrisa, mientras acariciaba con la mano derecha la blanca cabeza de la paloma, y agregó: ―Contadme mi leal y valerosa Arita qué lograsteis saber sobre el viaje del almirante Colón.

Con voz suave pero clara y muy bien modulada, la paloma dio su reporte:

― Os digo, su Majestad, que lo que más me llamó la atención fueron las exóticas personas, aves y frutos que vinieron de vuelta con los expedicionarios: se trataba de seis mozos.

― ¿Qué aspecto tenían? ―Quiso saber el monarca.

― Eran de piel cobriza, pelo largo y lacio, ojos oscuros y sólo se cubrían con un trozo de tela; iban descalzos, lucían collares en el cuello y tocados de plumas de colores en la cabeza.

― Y ¿Cómo eran las aves? ― preguntó la reina

― Las tres aves ― contestó Arita ― tenían grandes picos curvos, plumaje de vistosos colores rojo, amarillo, verde y azul, nunca las había visto, pero escuché que los marinos las llamaron papagayos― la paloma hizo una pausa y agregó: ― precisamente, esa tarde logré hablar con uno de los papagayos, que dijo llamarse Guayo y me contó cosas muy interesantes sobre la tierra a la que llegó Colón… Pero lo más interesante que él me contó cuando le hablé de vuestro reino, es que me dijo haber servido como enlace entre unos pigmeos de piel cobriza, habitantes de la quinta dimensión y los humanos que vivían en chozas de paja a la orilla del mar que rodea una isla muy grande…

La paloma habló más de una hora contando con lujo de detalles tanto lo que vio, como lo que le contó su nuevo amigo Guayo. Cuando terminó, el rey ordenó a un lacayo que le sirviese una porción doble de gazpachos dorados que Arita comió con delicada elegancia, acompañando cada tres picotazos con un trago generoso de jugo de uvas moradas. Terminado su banquete, la paloma hizo una venia a sus majestades, les agradeció sus atenciones y emprendió vuelo de regreso a la tercera dimensión.

Arita residía en un palomar en casa de Juan, un labriego viudo de treinta años que vivía en los bosques cercanos al puerto de Sevilla, con su hijo Felipe de nueve años. Padre e hijo mantenían contacto con los gnomos verdes y los visitaban con frecuencia. Cuando querían ingresar al mundo de sus amiguitos, se dirigían al bosque y cantaban el himno de los gnomos que años atrás le había enseñado el abuelo Salustiano a su hijo Juan cuando cumplió siete años. Juan, que siempre fue bueno, mantuvo este privilegio a través de los años y cuando su hijo Felipe cumplió los siete años le enseñó a su vez el himno y la forma de acceder a la quinta dimensión. Para entonces, el abuelo Salustiano había muerto y su espíritu moraba, en el plano etérico de la cuarta dimensión, en un frondoso abedul que él mismo había sembrado. Con las últimas notas del himno, el bosque se iluminaba con un enorme resplandor y frente al abedul con el espíritu del viejo Salustiano, aparecía Binaroti el gnomo, que les ofrecía, en copa de oro, un elixir delicioso. Al beberlo, el tamaño de ambos visitantes se reducía a los treinta y tres centímetros de estatura de los gnomos.

En la quinta dimensión, una semana equivale a un día o a una noche de la tercera dimensión. Esta diferencia la aprovechaban al máximo el labriego y su hijo que visitaban los dominios del rey Ergonio al menos una noche cada mes. En cada viaje, Felipe y su padre pasaban alegres y fascinantes aventuras de una semana en el maravilloso mundo mágico. Para entonces, Binaroti tenía doscientos años y por su aspecto, aparentaba casi la misma edad de Juan que acababa de cumplir veinticinco años.

***

Esa noche en su recamara, a espaldas de la reina que peinaba su lustroso cabello rubio frente a un espejo de cristal de roca, el rey retomó el tema del reporte de la paloma. La miró a los ojos a través de la bruñida superficie y comentó:

― Querida, me pareció muy completo e interesante el reporte de Arita con base en lo que le contó Guayo el papagayo― dijo el rey Ergonio tomando entre sus manos la mano derecha de la reina Betunia ― ¿Qué opinas de la información que nos dio sobre los pigmeos de piel cobriza, similares a los seis humanos que trajeron los marinos de Colón?

― Creo que al ser descubierto un nuevo mundo con una raza diferente de pigmeos, se corre el riesgo de que vuelva a repetirse la historia y los gnomos morados que logramos expulsar a la cuarta dimensión busquen la forma de cruzar el mar e infiltrarse en el nuevo territorio para hacer mucho daño a los humanos; y ni qué decir, si logran engañar a los pigmeos, como sucedió en el África―. La reina hizo una pausa, se volvió hacia su esposo y con tono de preocupación concluyó:

― Sería fatal, si consiguen colarse nuevamente en la quinta dimensión. Me estremezco al recordar cuando secuestraron a dos de nuestras más bellas gnómidas.

― Tienes razón querida ― replicó el rey Ergonio. Meditó unos segundos mesándose las barbas y agregó: ― Creo que debemos aprovechar el próximo viaje que seguramente hará Colón a estas tierras, para enviar un emisario nuestro como embajador de buena voluntad ante el rey de los pigmeos, con el fin de advertirle sobre el riesgo de que los morados traten de infiltrarse en su mundo y de enseñarles los conjuros y los trucos que hemos aprendido para neutralizarlos.

La Leyenda de los Mafuchinos – Capítulo I

Por : kapizan
En : I - Mensaje de la princesa Dialid, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

I
MENSAJE DE LA PRINCESA DIALID

Montañas de los Andes, año 2018.

Antes de que empieces a conocer las aventuras de Binaroti y Petrochi, los gnomos que llegaron con Cristóbal Colón, es bueno que sepas que en este planeta hay varias dimensiones paralelas que se mueven en el mismo espacio pero en diferentes tiempos y con distintas velocidades. Una de ellas la habitamos nosotros, los humanos, y la compartimos con seres de los reinos animal, vegetal y mineral. Se le conoce como tercera dimensión. Otra, es la llamada quinta dimensión, o mundo mágico, en donde viven los gnomos, los pigmeos, las sirenas, las hadas, los magos, los unicornios y otros bellísimos seres, todos plenos de amor y de sabiduría. Entre ellos viven animales nobles como los caballos, los perros, los gatos, las águilas, las palomas y los búhos que pueden pasar de un mundo al otro para cumplir misiones específicas. Al cruzar el portal para ingresar a la quinta dimensión, los animales que provienen de la tercera adquieren inmediatamente un tamaño proporcional al de los gnomos; no así los humanos, que deben beber un elíxir especial que les ofrecen los gnomos antes de ingresar, para que puedan disminuir su tamaño. Al regresar unos y otros a la tercera dimensión, recuperan su tamaño original.

En la quinta dimensión todos los animales y las plantas hablan el lenguaje de los animales y las plantas, pero además dominan el idioma de los gnomos que es igual al de los habitantes humanos del mismo territorio. Así por ejemplo: los gnomos españoles hablan castellano, los italianos hablan italiano, los franceses hablan francés y los ingleses hablan inglés.

Quiero contarte además que la tercera dimensión está protegida por los cuatro elementales de la naturaleza, conocidos como: Salamandras en el elemento fuego; Ondinas en el agua; Silfos en el aire; y Gnomos en la tierra. Estos últimos tienen forma humana pero son muy pequeños pues apenas miden treinta y tres centímetros de estatura ― tan bajos que pueden pasar sin agacharse por debajo de un taburete―. Los gnomos poseen características culturales, morfológicas y fisiológicas similares a las de las personas que viven en los territorios de Europa o Asia. En África y en los pueblos indígenas originarios de América recibían el nombre de pigmeos. A raíz de la llegada de los españoles al nuevo continente, como veremos en este relato, los pigmeos indígenas se mezclaron con gnomos provenientes de Europa y con pigmeos africanos, con lo cual dieron origen a los mafuchinos: una nueva raza mestiza de seres diminutos.

Los humanos de la tercera dimensión no pueden ver ni escuchar a los gnomos. Solo pueden hacerlo y hablar con ellos los niños que tienen amigos “imaginarios”, al igual que los ancianos de corazón puro. Ellos están conectados con esta hermosa dimensión pues la bondad de su corazón y la pureza de su espíritu les dan ojos y oídos para ver y escuchar lo que ocurre en ese mundo extraordinario. También, suelen ser invitados por los gnomos a vivir experiencias fantásticas como disminuir su tamaño al de sus pequeños amigos, volar sobre el cuello de un águila, navegar sobre el lomo de un pez, galopar sobre un perro, o saltar a horcajadas en el espinazo de un gato, como si de un caballo se tratase.

Entre estos mundos paralelos se encuentra la cuarta dimensión que tiene dos planos: uno luminoso y bellísimo conocido como plano etérico y otro oscuro y maligno conocido como plano astral. En el plano luminoso están los espíritus de los seres que en vida fueron bondadosos y que suelen tener como morada frondosos árboles, mientras esperan el momento de volver a encarnar en la tierra. Por su lado, en el plano astral están atrapados los espíritus malignos de quienes fueron perversos en su vida e hicieron mucho daño. Estos seres deambulan eternamente sin rumbo y solo se comunican con animales rastreros como las serpientes, los animales ponzoñosos y las aves carroñeras como los buitres y los zopilotes o de gran maldad como los cuervos.

También es bueno que sepas que la vida en la quinta dimensión no siempre ha sido armoniosa y pacífica. Hace setecientos años, a la altura del año 1200 de la Era Cristiana, los gnomos de Europa se dividieron en dos grupos y hubo una terrible guerra que finalmente ganaron los Gnomos kardianos, o verdes, que lograron desterrar a los perversos Gnomos burkinos, o morados, y expulsarlos hacia la cuarta dimensión. Allá viven en cuevas en el plano astral al lado de los espíritus malignos. Después de la expulsión, a los morados les era imposible ingresar a la quinta dimensión. Sin embargo, Vangar, el jefe de los morados expulsados que era un químico notable, logró preparar un bebedizo que les permitió infiltrarse disfrazados de verdes y permanecer unas horas en la quinta dimensión, con el ánimo de secuestrar gnómidas y llevarlas a la cuarta dimensión como esclavas.

El cuerpo físico de estos pequeños envejece mucho más lento que el de los humanos y pueden vivir entre quinientos y seiscientos años. La edad adulta la alcanzan a los cincuenta años cuando están aptos para reproducirse. Al final de su vida, los gnomos y los pigmeos abandonan su cuerpo físico y trascienden al séptimo cielo en donde permanecen sus espíritus por toda la eternidad. Cuando un Gnomo muere por accidente o por cualquier otro motivo, su espíritu va al plano etérico de la cuarta dimensión, en donde espera el momento para volver a encarnar, teniendo como morada un frondoso árbol o un arbusto lleno de flores de hermosos colores.

Para terminar, quiero revelarte el coro del himno mafuchino que debes cantar para poder ingresar al mundo mágico de la quinta dimensión:

Macacafú, fuchi fú fuchi fú…
Fuchilurí macá.
Túa, cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.
Ostra chirulí macá, Ostra chirulí macá,
Túa cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.

Espero que disfrutes esta visita al mundo mágico de los gnomos, los pigmeos y los mafuchinos.

Amorosamente,
Princesa Dialid

Gathacol.net