La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo X

Por : kapizan
En : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, X. Mensaje de la princesa Dialid

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

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MENSAJE FINAL DE LA PRINCESA DIALID

Montañas de los Andes, 2018

Para satisfacer la natural curiosidad de quienes siguieron de cerca estas aventuras que tuvieron lugar en los siglos XV y XVI quiero contarles cuál fue el destino de los protagonistas. Para mí es importante que lo sepan, pues Binaroti fue mi abuelo paterno y Petrochi mi abuelo materno. Veamos pues lo que sucedió:

Después de la derrota definitiva de los gnomos morados, Binaroti y su grupo de expedicionarios permaneció en las tierras del cacique Kátaro en cercanías del portal que conducía al palenque del rey Benkos de Biohó, apoyándolo en su causa en favor de la libertad de los negros. Durante doce años Benkos logró consolidar un ejército de cimarrones, tan poderoso y bien armado que el gobernador español de Cartagena prefirió ofrecerle la amnistía y firmar un tratado de paz reconociendo la autonomía del palenque. Lamentablemente, en 1621, el jefe de los cimarrones fue traicionado y ejecutado en la horca… Lo que nunca supieron los humanos es que el día de su ejecución Benkos llevaba oculta bajo el grillete la pulsera mágica de los mafuchinos con el sello trebolar… Hoy en día, en San Basilio de Palenque, los turistas pueden visitar el monumento a la libertad en el que se aprecia una estatua de cuerpo entero del rey Benkos, que levanta en la mano unas cadenas rotas.

Tras la firma del tratado, el grupo de Binaroti se dispersó y sus integrantes tomaron diferentes rumbos:

La princesa Marli y Halil se casaron y volvieron al África en donde vivieron hasta hace menos de cien años, cuando trascendieron al séptimo cielo dejando varios herederos.

El príncipe Karlo prefirió quedarse en territorio de los pigmeos tayrona, en donde contrajo matrimonio con una hija del cacique Kátaro. Su descendencia contribuyó a una nueva forma de mestizaje entre los pigmeos, en la que se mezclaron la sangre africana y la sangre tayrona, y se fue diluyendo la sangre morada.

Tomás y su hijo Antonio emprendieron marcha hacia el interior del país a bordo de una embarcación que los llevó, aguas arriba del río de La Magdalena, hasta el puerto de Honda. Después continuaron a lomo de mula, por el camino real, hasta inmediaciones de la ciudad de Santa Fe de Bogotá. Allí, construyeron una cabaña en cercanías de la peña de Huaica, al pie de una fuente de aguas termales y frente al portal de la quinta dimensión en donde habitaban los pigmeos muiscas.

Tomás murió a la avanzada edad de noventa años, rodeado del amor de su familia compuesta por Antonio, su esposa Yulda, una hermosa indígena chibcha, y dos preciosos nietos: Josefina y Carlos. Convertido en amoroso abuelo, Tomás alcanzó a enseñarles a sus nietos el himno para ingresar al mundo mágico de los pigmeos muiscas y estuvo presente en la ceremonia de recepción que les hizo el cacique Nemequéne cuando cumplieron siete años. El último descendiente de Tomás y su hijo Antonio, se llamaba Rubén, falleció este año, pero su nieto se llama Robi y está por celebrar sus primeros siete años e ingresar al mundo mágico de la quinta dimensión.

Los nombres de Binaroti, Petrochi y los relatos de sus aventuras fueron conocidos por los pueblos pigmeos de la quinta dimensión a lo largo y ancho del continente, desde la tierra de los aztecas y los toltecas en el norte hasta las escarpadas montañas de los incas en las cordilleras del sur. Ambos primos recibieron invitaciones de los caciques y por varios años recorrieron esos territorios contando sus historias y recibiendo el reconocimiento de los pigmeos de diferentes etnias, por haber eliminado la amenaza de los gnomos morados.

Finalmente, cuando Binaroti y Petrochi frisaban los trescientos cincuenta años, sentaron cabeza y contrajeron matrimonio: Petrochi con la princesa Ostrá, de origen azteca, y Binaroti con la princesa Irinia, de origen muisca. La prole de estas parejas fue numerosa, y después de varios años ambos primos fundaron el reino de Ma-Fú, con Binaroti como monarca y Petrochi como canciller. Los descendientes mestizos de Binaroti y Petrochi, por ser súbditos del reino de Ma-Fú, recibimos en la quinta dimensión el gentilicio de mafuchinos.

Actualmente en América no se habla de gnomos ni de pigmeos, pues desde que nacieron mis antepasados mestizos, durante el reinado de Binaroti, los humanos nos llaman mafuchinos y así se nos conoce en todo el mundo de la tercera dimensión.

Amorosamente,

Princesa Dialid
Heredera del reino Ma-Fú

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