Policarpo. Capítulo – Uno

Por : kapizan
En : Capítulo - UNO, Novelas, Policarpo Historia de Un Deudor Amoroso

0

San Policarpo, Obispo y Mártir, se alegró en el paraíso celestial al saber que el martes 23 de febrero de 1943, a las ocho de la noche y en luna menguante, en Santa Fé de Bogotá, nació un hermoso niño de pelo castaño, ojos negros, mentón partido y diminuta pero claramente delineada nariz aguileña, como correspondía al linaje de los hidalgos caballeros que, en 1595, habían traído al Nuevo Reino de Granada el muy noble y linajudo apellido Ladrón de Guevara. Pues bien, amigo lector, lo que queda de ese niño, la totalidad de su nombre: Policarpo Ladrón de Guevara y Urrutia, y su cuerpo de sesentón, se agitan, por ahora, en el mar tormentoso de las deudas, con la circunstancia agravante de que el orgullo de su apellido ha quedado por el suelo, cada vez que lo pronuncian con sarcasmo los funcionarios bancarios o los abogados especializados en cobranzas. Emerenciana Misas de Ladrón de Guevara, su adorada abuela paterna, que en paz descansa, no hubiese soportado tan cruel como sutil insulto al abolengo de su venerado esposo y al ilustre apellido de sus doce hijos – ocho varones que incluían tres curas, dos militares, un abogado, un ingeniero y un contador autodidacto y comerciante, padre de Policarpo; y cuatro mujeres, dos monjas y dos solteronas -, sus ocho nietos y sus doce bisnietos. ¡Alabado sea el Señor por librarla de tan humillante oprobio!.

Emerenciana Misas Posada (Chana o Chanita Misas como la conocían todos en la alta sociedad de Yarumal) era la más bella, la más inteligente, la más piadosa y la más rica de todas las jóvenes de su época en edad de merecer. Ante la frustración de doce pretendientes que ambicionaban poseer no sólo la belleza sino la fortuna de Chanita, el beneficiario vino siendo un joven flaco, de mirada perdida y perfil aguileño, que había llegado a la cordillera antioqueña en busca de aventuras, procedente de la Costa Atlántica. Su extraño acento, su desparpajo y su simpatía lo diferenciaban por completo de los galanes paisas y desde el primer momento cautivó el corazón de Chana y obtuvo el beneplácito de sus padres, muy interesados en que su fortuna se acrecentase y su linaje se ennobleciese con el ilustre apellido del joven costeño: Ladrón de Guevara. Don Saturnino Misas se frotaba las manos mientras comentaba con sus amigos: “Los Ladrón de Guevara son hidalgos de la más pura estirpe española, la Costa Atlántica debe en gran parte su desarrollo a los antepasados de este muchacho que quiere emparentar con nosotros, y Chanita no ha sido indiferente a los simpáticos requiebros del joven Belarmino; pronto tendremos boda y pienso echar la casa por la ventana… ¡Ah! y lo mejor que tiene es que es godo hasta los tuétanos y ahora que los liberales se están alborotando necesitamos fortalecer estas alianzas”.

Para entonces, soplaban vientos de guerra que echarían al olvido el ingenuo verso de Don Rafael Núñez, otro costeño flaco y de mirada perdida: “Cesó la horrible noche”, pues la horrible noche duraría mil días y, sin que pudiese amanecer del todo, los enfrentamientos entre godos y cachiporros durarían hasta nuestros días… Pero bien amigo lector, ésta no es una obra de historia patria, sino la historia de nuestro amigo Policarpo, en la cual lo importante es cómo esa fortuna acrecentada de los Misas y los Ladrón de Guevara, se esfumó con la misma rapidez con que se diluyen las ilusiones de nuestro actual deudor amoroso.
Leer más »

Gathacol.net