Policarpo. Capítulo – Seis y Epílogo

Por : kapizan
En : Capítulo – SEIS y Epílogo, Novelas, Policarpo Historia de Un Deudor Amoroso

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El reencuentro entre Policarpo y Colitas no fue en el pueblo, al cual éste último había llegado a finales de 1995, sino en la cafetería de la clínica en donde habían operado a Egidio. Como todos los encuentros entre amigos que llevan muchos años sin verse, los primeros treinta minutos de conversación sirvieron para hacerse un recuento atropellado de lo que habían sido sus vidas en los últimos 25 años. En lo que respecta a Colitas, éste había permanecido en el ejército gringo cinco años, se había retirado en Europa y había estudiado ingeniería de sistemas en una universidad de la antigua Alemania Occidental; se había convertido en un verdadero virtuoso de las computadoras y había desarrollado una metodología para transmitir sus conocimientos en forma didáctica y muy eficiente; de eso había vivido los últimos quince años y tenía planes de montar una academia en el pueblo sabanero; diez años antes se había casado con Rubiela, una profesora de español que había conocido en Alemania y con la cual formaba una pareja un tanto dispareja, pues ella era veinte años más joven y veinte centímetros más alta que él… La disparidad que años atrás caracterizaba a los dos amigos, la había perpetuado Colitas con su joven consorte, que era flaca y discretamente bonita; en ese momento, Rubiela estaba embarazada y feliz pues el obstetra les acababa de confirmar, en la misma clínica, que por fin después de cuatro hijos varones, la criatura que venía en camino era una niña.

Cuando Polo le contó a Colitas que la semana anterior le habían entregado la escritura del lote que se había ganado en la rifa, a la esposa de su antiguo camarada se le iluminó el rostro e intervino por primera vez en la conversación de los dos amigos para decir: “Créeme Salcedo (Rubiela siempre le dijo a su diminuto marido Salcedo, a secas, sin ninguna entonación y con un leve dejo de autoridad que daba a entender claramente que en ese matrimonio Salcedo era la cabeza, pero ella era la nuca y en consecuencia todo se hacía según sus designios), que nada en la vida es casual… Apenas ayer te quejabas de que no tenías amigos en Colombia y de que te iba a quedar muy difícil conseguir un fiador con finca raíz que hiciera pareja con tu tío, para gestionar el préstamo que necesitamos y poder montar la academia; yo creo que tu amigo Policarpo, que por lo que veo te aprecia mucho y te conoce muy bien, no tendría ningún inconveniente en hacerte ese favor” – dijo Rubiela rubricando sus palabras con una comprometedora sonrisa y formulando una pregunta aún más comprometedora -: “¿verdad que no tienes inconveniente en servir de fiador para tu amigo Salcedo?”… “Por supuesto que no, si al fin de cuentas a Gustavo le debo mi vida desde la guerra de Vietnam y ésta es la oportunidad para devolverle el favor”, se apresuró a responder sinceramente Polo, mientras pensaba para sus adentros que con el lote había adquirido un nuevo estatus como respetable “fiador con finca raíz”, que le permitiría ayudar a sus amigos, como le había ayudado, quince días antes, a su comadre Emilce a quien le había respaldado un préstamo en la Cooperativa Flor del Campo por ocho millones de pesos para surtir la farmacia. Así pues, en menos de un mes Policarpo sembró, con la mejor intención y sin darse cuenta, la semilla de sus desgracias futuras.

Durante los meses que precedieron la muerte de Egidio, la situación financiera de los dos hermanos parecía razonablemente estabilizada debido al hecho de que, como indicamos, el gerente de la cooperativa les había sugerido que suspendiesen los pagos de las cuotas, que hasta esa fecha habían significado una sangría en la precaria economía de nuestros personajes. Era una calma tensa, como la que precede las tormentas. Muerto Egidio, hicieron la reclamación al seguro del que estaban convencidos cubriría el total de la deuda, a pesar de que todavía no habían recibido respuesta del reclamo que habían hecho cuando su padre enfermó. La demora en responderles la primera solicitud, se debió a que la cooperativa entró en graves problemas financieros y se inició su adquisición por parte de un banco con capital extranjero, con lo cual del concepto de economía solidaria se pasó a la fría, cruel y despiadada concepción de banca privada.
En una operación sin precedentes, el banco no aportó dinero para la compra sino que se capitalizó con la mitad de los aportes del más de medio millón de afiliados a la cooperativa, que de la noche a la mañana vieron reducido significativamente el capital que habían aportado como base para sus préstamos; así, por ejemplo Egidio, Polo y Bartolo que con grandes esfuerzos habían reunido doce millones de pesos para que les prestaran los treinta y seis millones que requería la ampliación de la casa paterna, vieron sus aportes reducidos a seis millones; lo que se alegó en esa oportunidad era que los afiliados deberían asumir solidariamente las pérdidas de la cooperativa. La tormenta se desencadenó el día en que Polo y Bartolo recibieron la carta del nuevo banco, y arreció el día en que Polo, ataviado con el “traje del sobregiro” (léase saco y corbata), que se puso por sugerencia de Bartolo que no pudo acompañarlo, se entrevistó con el gerente.

El “Doctor” Benigno Guacaneme, gerente de la sucursal del banco en el pueblo, que llevaba una semana operando en las antiguas instalaciones de la cooperativa, era un orangután de pelo hirsuto, traje marrón, horrenda corbata de colorines, mirada aviesa, mal aliento y sonrisa maligna que contradecía su nombre. Obviamente, no era doctor y el puesto que ocupaba se lo había ganado como eficientísimo cobrador en un escuadrón de “chepitos”, esa perversa organización que se había convertido, en los años 80, en el terror de los pobres deudores morosos, a quienes seguían, ataviados de negro con gabán, maletín de cuero y bombín, para ejercer sobre ellos una presión sicológica irresistible al ponerlos en evidencia, como deudores, ante sus vecinos y conocidos, y que para alivio de muchos había sido declarada ilegal por su carácter atentatorio contra la dignidad humana.

El orangután, fingiendo estar atareadísimo, ni siquiera levantó la vista cuando Polo entró a su oficina, a la cual le hizo pasar una fea secretaria que conocía como antigua empleada de la cooperativa, quien por primera vez pronunció su apellido con ese tonito despectivo que atormentaría a Polo en los años subsiguientes cuando le dijo: “Siga señor Ladrón de Guevara, el gerente lo espera”… Por lo menos dos minutos esperó nuestro amigo, hasta que el simiesco personaje levantó la mirada del arrume de papeles y con un gesto le indicó sentarse para comenzar sin ningún preámbulo: “Lamento comunicarle que su obligación con el banco, que como sabrá adquirió la cooperativa de la cual usted forma parte, incluida su cartera, de la cual usted es cliente moroso, se encuentra con un inexplicable atraso de diez meses, que en otras circunstancias hubiese sido más que suficiente para iniciar una acción jurídica”…

De nada valió que Polo explicara que había dejado de pagar por sugerencia del antiguo gerente de la cooperativa, pues estaba convencido de que el seguro cubriría la deuda; lo cierto era que en ese momento no estaba en condiciones de ponerse al día, pero como persona honorable que era, solicitaba un plazo de tres meses para liquidar una deuda cuyo monto, incluyendo intereses moratorios y honorarios legales, llegaba a los diez y seis millones de pesos… En ese plazo, Polo estaba convencido de que podría vender el lote que se había ganado y con el producto de la venta pagarle al banco.

Tras ojear la escritura del lote y pedir que le sacasen una fotocopia, Guacaneme adoptó un aire falso de magnanimidad, ordenó a la secretaria que archivase la escritura en el expediente de Polo y le dijo: “Acepto su propuesta y le concedo tres meses a partir de hoy, pero le anticipo que si en ese periodo no cubre su obligación, tendríamos que iniciar un proceso legal o renegociar la deuda, para lo cual deberá conseguir un nuevo fiador con finca raíz, pues su hermano y usted, no son sujetos de crédito para el banco, que no puede cometer el error que cometió la cooperativa al prestarle plata a sujetos pensionados en un país en el que las pensiones son inembargables… Esto se lo digo, porque el valor del lote que usted pretende vender es inferior al monto de la deuda… En caso de que renegociemos la deuda el banco aceptaría una hipoteca sobre la propiedad que tenía su difunto padre y en ese caso, su señora madre podría servir como fiadora, es más, sobre esa casa el banco podría prestarle unos quince o veinte millones más”. Los ojos del banquero brillaron con la codicia ante la perspectiva de un préstamo con una buena garantía…
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