Punto de Quiebre – Capítulo IV

Por : kapizan
En : Capítulo IV - Nando, Novelas, Primera Parte "Hasta Siempre", Punto de Quiebre

2

IV
NANDO

INCAE, sábado 10 de junio de 1978

Después de que su cuñado hubo partido para el Atlantis, Nando cómodamente ataviado con unas bermudas y una camiseta de algodón, se instaló frente al pequeño escritorio en su habitación de la casita que le habían asignado en INCAE, extrajo de un maletín una libreta de hojas amarillas con rayado verde y dedicó la siguiente hora a terminar el borrador de un informe sobre la situación política en Nicaragua durante el primer semestre de ese año, desde el asesinato del periodista Chamorro hasta los últimos días, en los cuales se rumoraba que la presión de Washington sobre el gobierno de Somoza en torno al tema del respeto a los derechos humanos, empezaba a tener efecto y a preocupar al dictador sobre el futuro de sus relaciones con los Estados Unidos y con algunos gobiernos que antaño habían sido sus aliados y desde la muerte del periodista, se mostraban cada vez más hostiles hacia su gobierno y simpatizaban con los Sandinistas, como era el caso de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Rodrigo Carazo en Costa Rica y Omar Torrijos en Panamá; sin contar con el devastador golpe de los insurgentes contra el cuartel de Rivas y su efecto desmoralizador para las tropas del régimen.
Terminado el borrador, se encaminó a su oficina para mecanografiarlo, satisfecho de la concisión que había logrado y convencido de que su propio análisis sobre los hechos y sus conclusiones serían de utilidad para su amigo el Mayor Alexander Jefferson quien para esa época se desempañaba como analista de asuntos latinoamericanos, en una oficina del pentágono. A decir verdad, el tener que enviar reportes periódicos sobre la situación en Nicaragua no le producía mayor satisfacción; sin embargo, no había tenido más remedio que aceptar colaborarle a su antiguo compañero de armas a quien lo unía no sólo una larga amistad sino un profundo sentimiento de gratitud, pues de no haber sido por el valor y el coraje de Alex, Nando hubiese caído como prisionero de los Vietcong o hubiese muerto desangrado arrastrándose en la espesa jungla.
En mayo del año anterior, cuando Nando apenas llevaba una semana como miembro de la facultad de INCAE, se había llevado una grata sorpresa al encontrarse con Alex un sábado en la tarde en el bar Las Leyendas de Managua. Allí al calor de unos tragos habían rememorado los tiempos de la guerra en Vietnam y Nando supo que el encuentro con su amigo no había sido casual, pues éste no sólo estaba enterado de su vinculación al prestigioso instituto, sino que una de las razones de su viaje oficial a Managua era precisamente la de buscar su apoyo para conseguir y procesar información con destino al pentágono. Desde entonces y para su propia sorpresa, los reportes que había estado enviando regularmente a su amigo, le habían merecido toda clase de elogios por parte de su destinatario que había llegado a asegurarle: “Te has convertido en la mejor fuente informativa sobre lo que está pasando en Managua y muchas de tus acertadas conclusiones han llegado a la Casa Blanca, transcritas textualmente…”. Terminado el reporte lo metió en un sobre de manila que el lunes a primera hora recogería un estafeta de la Embajada Americana para ser remitido en valija diplomática. Cuando terminó su labor, encendió un cigarrillo, calculó que a esa hora debería estar terminando el show de media noche en el Atlantis, marcó el número del night club y pidió que le comunicaran con Lorena. Después de una breve charla con la chela convinieron que ella le recogería antes del medio día para almorzar juntos en alguno de los restaurantes de la carretera sur y dedicar el resto de la tarde a disfrutar un baño en la piscina de INCAE. Contento con la perspectiva de un buen descanso dominical en compañía de la hermosa Lorena regresó a la casa y se acostó.

Con 37 años recién cumplidos, Nando se consideraba un hombre feliz, en la plenitud de su existencia y con un futuro académico promisorio pues esa semana había concluido su tesis doctoral, cuyo borrador final estaban mecanografiando y estaría lista para sustentación a comienzos de julio. Una vez obtenido el título, sería automáticamente promovido al rango de profesor asociado y tendría garantizado un contrato con INCAE como director del Programa de Banca y Finanzas. Con un cociente intelectual bastante por encima del promedio, se había destacado siempre, tanto en su vida estudiantil como en su breve carrera militar, y recientemente como profesor de postgrado, según lo ratificaba la última evaluación de sus estudiantes en INCAE.
Sin ser tan apuesto ni tan alto como Braulio, su piel trigueña, su pelo castaño ligeramente ondulado, sus facciones, sombreadas por una barba cerrada y perfectamente rasurada, denotaban una gran fuerza interior, mucha seguridad en si mismo, y le conferían un atractivo que unido a su personalidad alegre, descomplicada y entusiasta, le hacían irresistible para la mayoría de las mujeres. Una permanente expresión risueña en sus ojos cafés y una espontánea franqueza, que en ocasiones bordeaba un cinismo tolerable y simpático, despertaba la admiración de ellas y la callada envidia de sus colegas. Sin lugar a dudas, el aspecto en la vida de Nando que mayor envidia suscitaba entre los hombres, era su incuestionable éxito con las mujeres y la forma magistral en que manejaba su vida amorosa, a la cual ingresaban muchas y muy variadas mujeres sin que se supiera de ninguna que hubiese salido definitivamente de su círculo amoroso, excepto cuando contraían matrimonio… para regresar a él, casi siempre después de un agitado divorcio. En ese aspecto Nando, a diferencia de sus demás congéneres, jamás se jactaba de sus conquistas amorosas y era tan discreto que nadie podía saber con cuales de ellas hacía el amor y con cuales no. Para Nando el enamoramiento siempre exigía un intercambio sexual, en tanto que el amor no necesariamente implicaba sexo, y él era un hombre que creía haber aprendido a amar y había encontrado lo que denominaba “una vacuna contra el virus del enamoramiento” que, según él, rayaba en la estupidez.

A partir de los veinte años, la vida de Nando y en particular su actitud frente al amor habían sufrido un cambio sustancial que sería determinante en su edad adulta: la aparición en su mundo de Marietta Gruber, una espléndida y sofisticada mujer de origen francoalemán que para entonces, 1961, contaba con 41 años pero aparentaba 28 o 30 pues mantenía su piel tersa y su silueta esbelta, con un rostro de hermoso perfil e inmensos ojos azules de franca mirada. Marietta y Nando se conocieron en New York durante el cóctel inaugural de una exposición de escultura de la madre de Braulio.
Nando, cuya experiencia amatoria se reducía a unas cuantas relaciones de adolescente, quedó deslumbrado con la belleza de Marietta que esa misma noche se convirtió en su maestra de almohada y en forjadora de su curiosa filosofía sobre el amor. Por supuesto, el cambio en la mentalidad del joven requirió todo un proceso, pues éste deslumbrado por la hermosura y la habilidad amatoria de Marietta, no tardó en enamorarse perdidamente de ella hasta el punto de proponerle matrimonio. Con mucho tacto, para no herir la susceptibilidad del joven, Marietta había aprovechado la oportunidad para explicarle lo que ella consideraba una diferencia sustancial entre amar y estar enamorado y su argumento más sólido estuvo centrado en la fugacidad del enamoramiento en contraste con la permanencia del amor verdadero.
A lo anterior, Marietta agregó una serie de aseveraciones, que el joven fue incorporando a su forma de pensar y de expresarse: “el enamoramiento se fundamenta en la posesión, en tanto que el amor se basa en la libertad”; “la fidelidad es un concepto cultural, en tanto que la lealtad es un principio”; “la máxima expresión del amor es la amistad y ésta debería ser la única denominación para una pareja que se ama… lo demás, son simples etiquetas”; y otras de cuño parecido. El tiempo le demostraría a Nando que Marietta había estado en lo cierto cuando le dijo: “Si nos casáramos o nos convirtiéramos en amantes permanentes y exclusivos, esa relación estaría condenada a terminar algún día; lo que yo te propongo es que continuemos amándonos sin expectativas y mantengamos esta amistad hasta que la voluntad nos separe”. Indudablemente, 17 años después, Marietta ocupaba el primer lugar entre el grupo de mujeres que entendía y aceptaba el amor en la concepción de Nando.

Por principio Nando nunca comentaba sus conceptos sobre el amor ni su resistencia al matrimonio, tal como se concibe en occidente, pues lo consideraba como algo inherente a su filosofía de vida que sólo compartía con las mujeres que amaba; sin embargo, días antes de la boda de su hermana con Braulio, fueron invitados a una cena en el apartamento de Marietta, quien le había ofrecido a Elizabeth un puesto como vendedora en la galería de arte que había establecido recientemente en Boston. En esa oportunidad, Braulio le preguntó a su amigo si pensaba convertirse en solterón empedernido, a lo cual Nando intercambiando una mirada traviesa con Marietta había respondido con sincera convicción: “Creo que nadie es de nadie; que la fidelidad es un concepto cultural, en tanto que la lealtad es un principio… De Marietta aprendí que a las mujeres hay que tratarlas con galantería, ser tierno con ellas y no decirles mentiras; por eso yo me declaro incapaz de mentirle a una mujer prometiéndole una fidelidad que no le puedo cumplir; tampoco se la exijo, pero eso si, le ofrezco y le mantengo mi lealtad hasta la muerte… Yo he desarrollado un concepto propio del amor y lo llamo “La Burbuja”. A mi burbuja entran y salen todas las mujeres que me quieran amar y que me quieran dar lo que les nazca en el momento. Nunca las olvido y todas saben que pueden contar conmigo siempre. Esto me ha funcionado más que el concepto tradicional de pareja fija que no comparto y no quiero ni siquiera intentar… a menos que algún día encuentre una mujer que esté dispuesta a aceptarme tal como soy, que no me pida renunciar a las mujeres que amo y por supuesto, que los dos estemos completamente seguros de que nuestra relación esté basada en el amor perdurable y no en el enamoramiento que a mi juicio es peligroso y fugaz… Por supuesto, esa es mi posición muy personal y el hecho de que por ahora considere que el matrimonio no es una opción para mí, no quiere decir que no esté de acuerdo con la decisión que ustedes tomaron y de todo corazón les desee que sean muy felices y me den pronto muchos sobrinos”. A continuación, se puso de pie y brindó por la pareja. Con la copa en alto, Nando y Marietta se miraron con una sonrisa de complicidad y entendimiento que pasó desapercibida para los novios.

***

Cada tres meses y con el propósito de ofrecer variedad y entretenimiento de calidad a la clientela del Atlantis, Simón presentaba durante un fin de semana un espectáculo diferente con un cantante, una orquesta o un grupo musical de moda y reconocimiento internacional. En mayo de ese año había presentado a Dámaso Pérez Prado y su orquesta de mambo; para agosto, había firmado contrato con la internacionalmente reconocida orquesta colombiana del maestro Lucho Bermúdez; y estaba en negociaciones con la famosa cantante cubana Celia Cruz para presentarla en octubre. Cuando había show internacional, el elenco permanente del Atlantis disfrutaba lo que todos llamaban “vacaciones dosificadas”. Así pues, durante el fin de semana en que se presentó Pérez Prado, Nando había invitado a Lorena a disfrutar el fin de semana en una casa que le prestó un colega nicaragϋense en las playas de Poneloya, cercanas a la Ciudad de León.

Lorena Benítez, dos años mayor que Adriana, era bailarina y eventualmente cantante, en parte por afición y en parte por necesidad, a diferencia de su amiga cuyo propósito de vida estaba centrado en la expresión artística. Lo anterior no impedía que sus actuaciones en el escenario estuviesen marcadas por la pasión, la alegría y el entusiasmo casi infantil que ponía en toda actividad que emprendía. Poseía una clásica belleza rubia, proveniente de un ancestro escandinavo por línea materna, en la que destacaban el dorado de sus cabellos que lucía muy cortos y acentuaban el brillo azul oscuro de sus ojos enormes que daban la impresión de ingenuo asombro ante las cosas simples y hermosas de la vida.
La joven que había perdido a sus padres en el terremoto del año 72 se vio obligada a posponer sus planes de estudiar sociología y buscar empleo para ganarse el sustento. Inicialmente, consiguió un puesto como secretaria en una oficina de abogados, y poco después se vinculó al Ballet Folclórico de Nicaragua, que fue su puerta de entrada al elenco permanente del Atlantis.
Desde febrero de 1976, gracias a una beca que ganó por concurso de méritos, había podido iniciar su carrera de Sociología en la UNAN. A los pocos días de su ingreso a la universidad, se había vinculado a un comité estudiantil antisomocista que había organizado Raúl Méndez, un profesor sandinista de la facultad de sociología, que usaba la academia como fachada para promover la subversión y encubrir sus actividades como miembro del grupo tercerista que recibía órdenes de Edén Pastora y era conocido con el nombre clave de Vigorón.
Apasionada y un tanto ingenua en el amor, Lorena era de ese tipo de mujeres que fácilmente se enamora. Como suele suceder en estos casos, la joven se creaba grandes expectativas y daba desde el principio mucho más de lo que recibía en una candorosa entrega. Por ello, a su edad exhibía una cadena de varios amores intensos, relativamente breves y, en todos los casos, con final decepcionante.
Lorena y Nando se habían conocido dos meses antes, un viernes temprano en la noche jugando en el casino del Atlantis; ese día ella no bailaba por causa de un esguince en el tobillo. Después de un rato en el cual Lorena había tenido buena suerte en el Black Jack y Nando había perdido algunos dólares, éste que se sentaba a su lado la había invitado a una copa en la barra. Lo primero que descubrió Lorena en Nando, y lo hacía parecer como un hombre diferente a todos los que había conocido antes como clientes habituales del Atlantis, fue la forma admirativa pero limpia en que la miraba a los ojos y el comportamiento caballeroso con el cual desde el primer momento la hizo sentir como una dama dando a entender que sus intenciones no eran las de llevarla a la cama sino más bien la de conocerla y establecer con ella una amistad.
Pronto descubrieron que tenían muchos intereses comunes y que entre ambos había empatía y se sentían cómodos el uno con el otro. Poco antes de media noche, él había sugerido que fuesen a la Plaza Garibaldi de Managua, un lugar que en su época era sitio concurrido por jóvenes que escuchaban grupos de mariachis, música de cuerda y marimba, mientras consumían cerveza o licores nacionales acompañados por deliciosos platillos típicos en torno a rústicas mesas de madera, al aire libre, en un ambiente alegre y festivo que se prolongaba hasta el amanecer. Esa noche marcó la pauta de futuros encuentros y entretenidas charlas en las cuales parecía que el principal objetivo era conocerse cada vez más entre sí. De sus primeras salidas, Lorena recordaba que en todo momento Nando se había portado con la más absoluta corrección y nunca había intentado propasarse, como era lo corriente entre todos los hombres que por razón de su trabajo había conocido en los últimos años; pero también era evidente que ella le gustaba a Nando y reconocía que cada vez más se sentía poderosamente atraída por la personalidad, el ingenio, la simpatía y la inocultable virilidad del colombiano.
Al mes de conocerse todo parecía indicar que la relación entre Nando y Lorena no pasaría del plano de una excelente amistad entre dos personas compatibles, que gozaban de la mutua compañía y compartían momentos agradables en diferentes restaurantes y sitios turísticos de Managua y sus alrededores. Lorena se sentía muy a gusto en el papel de cicerone y con su alegría y su espontáneo sentido del humor contribuía a que todos sus encuentros fuesen memorables… Pero la joven, en lo más íntimo de su corazón, anhelaba que Nando se decidiese a dar un primer paso que les permitiera pasar de la amistad al romance. Una tarde en que compartían una copa de helado en la piscina del Hotel Intercontinental, en vista de que el colombiano no había tomado ninguna iniciativa en la dirección deseada, lo hizo Lorena que le lanzó una pregunta a quemarropa: “¿Qué piensas del amor?”.
Sin darse cuenta, Lorena había dado pie para que Nando se explayara en una larga explicación, sobre su propia vida amorosa, totalmente diferente a lo que ella hasta entonces había creído era una relación tradicional de pareja. Con una honestidad y una franqueza que no había conocido Lorena en ningún hombre, Nando le había hablado de Marietta Gruber a quien se refería como “mi maestra” y de la forma en que esa mujer le había ayudado a entender el amor tal como lo veía en ese momento y lo había practicado en los últimos años. Hizo énfasis en el hecho de que nunca había terminado una relación amorosa, sino que había dejado que estas mutasen a lo largo del tiempo en el entendido de que todas para él tenían como punto de partida la amistad. La lista de nombres era muy larga, pero en ella destacaban, aparte de Marietta, dos mujeres que vivían en Boston y le habían dado dos hijas, para entonces de siete y ocho años, a las cuales Nando adoraba…
El monólogo de Nando no fue interrumpido en ningún momento por la cada vez más sorprendida Lorena cuyas expectativas de romance, al menos como lo había imaginado, se iban diluyendo gradualmente… a pesar de sus esfuerzos por ocultar su frustración, Nando que la había captado, terminó diciéndole: “Quiero dejarte muy claro, que el tiempo que hemos pasado juntos desde que nos conocimos ha sido para mí excepcional; no puedo negar que tú me fascinas y que me siento muy feliz de poder contar con tu amistad, pero he creído mi obligación contarte lo que ha sido mi vida y dejarte clara mi posición respecto a las relaciones amorosas; también quiero que sepas que según mi forma de ser, puedo asegurarte que te amo y por ello, lo último que quiero es herirte o engañarte. Ya sabes qué es para mí una burbuja de amor; y en esencia desde que te conocí he procurado darle vida a esta burbuja. Lo único que me resta es pedirte que decidas si estás dispuesta a seguir construyendo conmigo esta relación, dejando que sean el tiempo y las circunstancias las que determinen como deberá evolucionar”.
Cuando Nando terminó su explicación, Lorena comprendió que no había nada que preguntar, pues todo había sido dicho en forma clara y éste había presentado sus opiniones y relatado lo esencial de sus múltiples relaciones con absoluta naturalidad y como algo que para él era perfectamente normal; no obstante, reconocía la honestidad de Nando, encontraba la validez de algunos de sus argumentos y entendía que tal como él lo había expresado ya existía entre ambos lo que él llamaba una burbuja de amor y que por lo tanto era a ella a quien correspondía definir si continuaba o no con esa extraña relación. En realidad si no había preguntas por formular, había en cambio mucho sobre lo cual reflexionar. Nando que conocía el impacto que sus palabras solían producir en las mujeres, especialmente cuando captaba que éstas empezaban a enamorarse de él, respetó el silencio de la joven, conciente de que ella necesitaba tiempo para poner en orden sus ideas… Después de un buen rato, Lorena le había dicho: “Te agradezco que hayas sido franco conmigo; lo que hemos vivido hasta el momento ha sido para mí maravilloso, pero lo que tú planteas es completamente nuevo para mí y me cuesta asimilarlo… creo que necesito tiempo para pensarlo; por favor ¿podrías llevarme a mi casa?”.
Una vez a bordo del flamante Audi de Nando, Lorena había aceptado un cigarrillo que le ofreció, y reclinada en el asiento, había cerrado los ojos para adentrarse en sus confusos pensamientos. Media hora después, frente a su casa, Lorena se había girado hacia Nando a quien sorprendió con un impulsivo y apasionado beso en los labios y se había sorprendido a sí misma con la audacia de sus propias palabras: “No sé si puedo entender completamente la forma en que tú ves el amor; tampoco sé si estoy enamorada de tí o te amo; lo cierto es que no quisiera que algo tan lindo como lo que hemos vivido se termine simplemente porque no lo puedo entender completamente. Dame tiempo…”.
Al día siguiente, Lorena había recibido un hermoso ramo de rosas con una tarjeta en la cual había impreso un fragmento de un poema de Dick Suplen:

Ámame sin temor
Confía en mí sin cuestionarme
Ámame sin preguntarme
Deséame sin inhibiciones
Y ámame sin restricciones,
Pues un amor así de grande
Nunca morirá.

Debajo del impreso, de puño y letra Nando había agregado:

Si me amas como dice el amigo Dick
Yo juro amarte hasta que la muerte nos separe
Sin preguntarte nunca que haces
Ni porque lo haces, ni con quien lo haces
Respetando siempre tu ser y tu libertad de mujer
Evita por favor enamorarte de mí
Pues ese sería el único veneno
Capaz de matar la pureza y la intensidad de mi amor.

La tarjeta y su expresivo contenido habían ayudado a Lorena a comprender, finalmente, que estaba dispuesta a intentar esta nueva forma de vivir el amor en compañía de Nando; por ello había aceptado la invitación de éste a pasar un fin de semana en la playas de Poneloya, cuyo recuerdo quedaría para siempre en la memoria de la joven como el grato recuerdo que las mujeres suelen guardar de su viaje de bodas.

Esa noche después del show, Lorena se cambió rápidamente y regresó a la barra con la intención de reanudar su charla con Braulio, pero éste acababa de marcharse “medio encachimbado”, según le indicó el negro, que se apresuró a servirle una copa de vino; en ese momento sonó el teléfono con la inesperada llamada de Nando, que definitivamente le alegró el resto de la noche a la joven bailarina. Después de consumir el vino, sumida en sus pensamientos, decidió que lo mejor era regresar a su casa para amanecer fresca al día siguiente. Minutos después, al volante de un Mercedes Benz modelo 42 de color blanco y en perfecto estado, que había pertenecido a su padre, recorría los pocos kilómetros que la separaban de la pequeña casa de alquiler que desde hacia dos años compartía con su madre y su hermano enfermo, a orillas de la carretera sur, lejos de la falla geológica del centro de la ciudad y cerca a la embajada del Brasil. “Definitivamente – se dijo para si misma – Nando es un hombre adorable pero completamente atípico, impredecible y fascinante”.

***

INCAE, domingo 11 de junio de 1978

En la mañana, la euforia de Nando contrastaba con la expresión de aburrimiento y frustración de Braulio por su fracasada incursión de la noche anterior; por ello, después de escuchar sus quejas y recomendarle que tuviera paciencia, le recordó una frase que había aprendido de Marietta y repetía constantemente. “Los buenos amantes son pacientes”. Después, para subirle un poco el ánimo, le entregó las llaves del Audi, le hizo un croquis con indicaciones para llegar a Jiloá y le recomendó que disfrutara al máximo su visita al hermoso lugar. Cuando su cuñado hubo partido, Nando dedicó el resto de la mañana a revisar los originales de su tesis que su secretaria había mecanografiado durante la semana. Alrededor del medio día llegó Lorena radiante y sensual vestida con un short y una blusa con un sugestivo escote, portando una botella de vino tinto y una canastilla, de la cual extrajo y colocó sobre la mesa del comedor un apetitoso suflé de carne, dos barras de pan francés recién horneado y una ensalada verde, ante la mirada divertida de Nando. Después, con su picardía natural y con acariciador tono de voz le susurró: “Esto es para después, por ahora destapa la botella de vino”…

El sol comenzaba a declinar y los dos bañistas se disponían a regresar relajados y tranquilos a la casita de Nando cuando éste fue avisado por uno de los vigilantes de una llamada telefónica que podría contestar en cualquiera de los teléfonos del edificio principal. La llamada era de Braulio cuyo tono de voz denotaba una alegría y un entusiasmo muy distintos al estado de ánimo que había mostrado en la mañana. En esencia, le anunciaba que llegaría tarde en la noche o, si las cosas seguían marchando como el creía, temprano en la mañana; pues “Definitivamente se me compuso el día; cómo te parece que Adriana Harrison es la profesora de guitarra de las hijas de Aníbal y desde el comienzo hubo química entre los dos; ahora vamos a navegar en un bote de vela y ella nos invitó a cenar en su cabaña que queda al lado de la casa de Aníbal, quien tuvo que viajar de urgencia pues…”.
Aparte de las peripecias de Braulio con la vedette, en las cuales le deseó la mejor de las suertes, a Nando le interesó sobre manera un dato que, sin darse cuenta, le proporcionó su cuñado y que registró mentalmente para incorporarlo al reporte que recogerían al día siguiente para ser remitido a Washington.
Después de que Lorena se marchó, según le dijo, a estudiar para un examen que presentaría al día siguiente, Nando regresó a su oficina abrió el sobre y agregó a su informe lo siguiente:
“P.S: Dos empresarios nicaragüenses, Aníbal Argüello y Vicente Arce viajaron a Costa Rica en la noche de hoy domingo 11 de junio, para reunirse con miembros del sector empresarial, con políticos opuestos al régimen y con líderes de la facción tercerista del FSLN en San José. Al parecer, su intención es diseñar una estrategia para contrarrestar los efectos de una actividad de cabildeo que realizará en Washington el General Ulises Baltodano, jefe de seguridad del gobierno y enviado especial del presidente Somoza, entre los sectores más conservadores del senado…”

Gathacol.net