Punto de Quiebre – Capítulo XV

Por : kapizan
En : Capítulo XV - La Penca, Novelas, Punto de Quiebre, Segunda Parte "Una guerra sucia"

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LA PENCA

Campamento de ARDE, Frontera Sur de Nicaragua, abril de 1984

Los bultos arrojados desde un avión contratado por la CIA cayeron en la zona de señalización, marcada con una fogata en forma de X, en donde Vigorón y una docena de combatientes los esperaban con ansiedad. Al comprobar el contenido de los paquetes, la frustración de los hombres se hizo evidente: los trescientos pares de botas eran talla 12, enorme para los pies de los campesinos nicaragüenses; el pedido de que les enviasen arroz y frijoles lo habían atendido, salvo que los dos granos venían mezclados en los costales; y el colmo, en vez de apósitos para trancar la hemorragia de los heridos, les habían arrojado un bulto de toallas higiénicas femeninas.
― ¿Qué clase de apoyo es éste? ― murmuró Vigorón en tono de disgusto y agregó ― parece que quisieran burlarse de nosotros. Gringos de mierda.
Después de instruir a sus hombres sobre como separar los granos con un cedazo y almacenar el resto del material, se dirigió al puesto de mando de Pastora para informarle la anomalía.
En la casita de madera construida sobre pilotes e iluminada por lámparas Coleman, se encontraban Pastora, Chinto Bermúdez, y otros dos comandantes subalternos, analizando un mapa de situación y discutiendo los detalles de una operación. Para el Comandante Cero se hacía cada vez más urgente la necesidad de efectuar alguna acción militar de envergadura y fuerte impacto, que le ayudase a contrarrestar las presiones de la CIA y a superar sus agrios enfrentamientos con Robelo, el jefe político de ARDE, que en ese momento se encontraba en Londres haciendo gestiones para que el parlamento británico presionase a Ortega a fin de que diese plenas garantías a la candidatura de Arturo Cruz, en las elecciones presidenciales previstas para el fin de ese año. Edén Pastora estaba convencido de que ese no era el camino, pues en su opinión los sandinistas tenían asegurado el triunfo. Dos decretos recientes reforzaban esa presunción: los nicaragüenses no podrían votar en el exterior ― donde se encontraba el grueso de la oposición al régimen ―, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de las democracias; y la edad para ejercer el derecho al voto se estableció en los dieciséis años; con lo cual la enorme masa de jóvenes recién indoctrinados, representaría un caudal inmenso de votos. En opinión del guerrero el único camino era el triunfo militar, encabezado por él y sin ninguna alianza con “los somocistas” de la FDN.
― Te estábamos esperando Vigorón ― le dijo Pastora a su leal subalterno ― estamos montando una operación envolvente sobre dos objetivos que ojala podamos capturar simultáneamente: el puesto fronterizo de Peñas Blancas y el puesto militar sandinista de San Juan del Norte. Necesito un éxito contundente. Quiero tenerle esa sorpresa a Robelo cuando regrese. Vos te encargarás del ataque a Peñas Blancas y Chinto del ataque a San Juan del Norte. La idea es evitar desplazamientos por el río para favorecer la sorpresa y hacer un rodeo por tierra hasta alcanzar los dos objetivos. ¿Está claro?
Los dos objetivos, débilmente defendidos por las tropas sandinistas, fueron presa fácil para las columnas de ARDE, hábilmente comandadas por los dos veteranos. El 14 de abril, reportaron el triunfo; solo habían sufrido ocho bajas entre muertos y heridos; la mitad de los prisioneros expresaron su intención de unirse a la fuerza de Pastora. Eufórico por los resultados, el Comandante Cero proclamó “La República Libre de San Juan del Norte”. El éxito fue efímero. Una semana después el Ejército Popular Sandinista, contraatacó con una fuerza cuatro veces mayor a la empleada por ARDE, y logró desalojarlos de ambas posiciones tras un cruento combate en el que los hombres de Cero, lucharon con valentía hasta agotar sus municiones. Una retirada desordenada hacia el campamento, con gran número de bajas y trasladando a sus heridos, fue la única opción que le quedó a los combatientes de Pastora. Dos días después y al mando de Vigorón, la maltrecha fuerza expedicionaria llegó a las instalaciones en las riveras del río San Juan. Entre los heridos se encontraba Chinto que falleció mientras intentaban evacuarlo hacia un hospital en Costa Rica. Subestimar la capacidad de reacción de su enemigo y sobrevalorar el potencial real de sus propias tropas, fueron los dos graves errores que cometió Edén Pastora en ésta, quizá, la operación de más envergadura emprendida por ARDE en la frontera sur de Nicaragua.
La muerte de Chinto fue un duro golpe para Vigorón, su viejo compañero de armas. Mientras cavaban la fosa, el antaño profesor universitario empezaba a tomar conciencia de lo estéril que estaba resultando ésta lucha. Por primera vez comenzó a cuestionarse la capacidad de Edén Pastora para conducir a sus tropas hacia el éxito. La motivación que en los primeros años de la revolución había sido el motor de sus actuaciones en contra de la dictadura de Somoza, se estaba disolviendo por falta de claridad en los objetivos estratégicos, por las disputas que ponían de presente la mezquindad de los líderes y por la terquedad arrogante de su propio jefe.

***

La Penca, Frontera Sur de Nicaragua, jueves 30 de mayo de 1984

Al caer la noche, una veintena de periodistas que habían salido en la mañana desde el hotel Irazú en San José de Costa Rica, llegaron por tierra a La Penca, lugar al cual habían sido convocados por Edén Pastora, quien daría una rueda de prensa. El Comandante Cero tenía pensado recurrir a la publicidad que le daría esta entrevista, para denunciar las presiones de la CIA en sus pretensiones de lograr la fusión de ARDE con la FDN. Al mismo tiempo aprovecharía la rueda de prensa para distraer la atención de la opinión pública internacional, sobre el estrepitoso fracaso de las operaciones en San Juan del Norte y Peñas Blancas. Edén recibió al grupo de periodistas muy cordialmente, en una casita de madera situada a orillas del río San Juan y les anunció que la conferencia sería al día siguiente pues ya era muy tarde y no era conveniente cruzar el río a esa hora. De todas maneras los periodistas, impacientes, lo rodearon, encendieron sus equipos y comenzaron con algunas preguntas “preliminares” que el Comandante se mostró dispuesto a responder:
― ¿Alfonso Robelo va a aliarse realmente con los contras del norte? ― preguntó el corresponsal del Tico Times.
― Robelo es libre para hacer lo que el quiera. Puede aliarse con los somocistas o permanecer en el proyecto político que defendió con nosotros. Ustedes…
En ese momento, un estrépito ensordecedor llenó la sala improvisada, se apagaron las luces y segundos después en medio de la confusión que produjo el estallido de una bomba, sólo se escuchaban, en varios idiomas, voces pidiendo ayuda. Edén Pastora perdió el sentido pero lo recuperó minutos después y logró sobrevivir con algunas heridas de consideración. En medio del caos, nadie se percató de un supuesto fotógrafo freelance, de nacionalidad danesa, quien hizo explotar, a control remoto, la bomba que llevaba escondida en su maletín de cámaras. El presunto danés era Iscariote que fingió estar herido y logró ser evacuado hacia San José. Nunca ingresó a un hospital y esa misma noche abandonó el país cruzando la frontera con Panamá.

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