Punto de Quiebre – Capítulo XVIII

Por : kapizan
En : Capítulo XVIII - La Red, Novelas, Punto de Quiebre, Segunda Parte "Una guerra sucia"

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LA RED

Centro América, junio de 1986

Con el paso de los años y a medida que el problema centroamericano se agudizaba, la tarea encomendada a Nando por su amigo el mayor Alexander Jefferson había sufrido una transformación significativa: de redactar acertados reportes analíticos sobre la situación política en los últimos años de la dictadura somocista, el profesor Jaramillo había pasado a reclutar, organizar y dirigir una red de inteligencia con ramificaciones en Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Su contacto continuaba siendo Jefferson, recién retirado del ejército con el rango de teniente coronel, pero contratado como asesor de inteligencia por el poderoso Oliver North, hombre de confianza del presidente Reagan y encargado de las operaciones clandestinas de apoyo a la contrarrevolución nicaragüense.
Dado que su fachada como académico de INCAE era real, a Nando le implicaba un enorme esfuerzo llevar esa doble vida y se las apañaba contando con la colaboración de Lorena quien decepcionada, como muchos de los antiguos sandinistas, por el rumbo que estaba tomando la revolución en manos de los nueve comandantes, apoyaba con entusiasmo a Nando y manejaba, con mucha habilidad, a un pequeño grupo de informantes que habían logrado reclutar entre funcionarios de nivel medio en el Ministerio del Interior, el Ejército y el Banco Central.
El prestigio del profesor incaísta que enviaba sus reportes bajo el nombre clave de “Tayacán”, había crecido entre los oficiales de inteligencia del pentágono, de la CIA y, en particular ante los ojos de Oliver North, por su idoneidad como fuente y por la veracidad de sus informes. En la terminología usual en los servicios secretos, cada dato de Tayacán solía clasificarse como A1 (en una escala ascendente de la A hasta la F siendo A lo óptimo en términos de idoneidad de la fuente; y 1 en términos de veracidad del informe, en una escala de 1 a 6, equivalente a “todos sus informes han sido comprobados como verídicos”).

Por las características del conflicto centroamericano, Nando había organizado su red con una base de operaciones en Managua y otra en San Salvador. Hábilmente, había cultivado la amistad de Sergio Mendoza, el médico sandinista que había operado de urgencia a Maribel en su residencia cercana a INCAE. Con el tiempo, Nando se enteró de que Sergio era amigo personal de Aníbal Argüello, a quien había acompañado en su evacuación a Miami después del infarto sufrido por éste en 1978. Gracias a su amistad con el cardiólogo sandinista, que lo suponía políticamente afín al gobierno revolucionario, había logrado desenvolverse en los altos círculos del FSLN cuyos miembros lo consideraban un aliado, y conocer de primera mano información muy valiosa para sus reportes de inteligencia a Washington.
El elemento más útil de la red en Nicaragua era Elías Pichardo, un antiguo combatiente sandinista que había sido integrante del grupo de Vigorón y compañero de Lorena, en los últimos años de la lucha antisomocista. Después del triunfo, Pichardo había ingresado al Ejército Sandinista y en 1983, año en que fue reclutado por la rubia, ocupaba un cargo importante en el departamento de operaciones militares con el rango de coronel. La principal motivación de Pichardo era el dinero. Su intención era acumular el suficiente para largarse de Nicaragua y establecerse con algún negocio independiente en Panamá o Costa Rica. La circunstancia de que Lorena y él hubiesen compartido el lecho en varias oportunidades durante su época de combatientes, había facilitado las cosas desde el principio; la atracción física entre ambos subsistía e incluso, gracias a la libertad mutua que se permitían Lorena y Nando en su relación, los encuentros de ella con Pichardo iban, casi siempre, acompañados de una experiencia erótica. Así pues, las necesidades de información de la red en Nicaragua eran suplidas en parte por la mezcla de amorío y dinero en el caso de Pichardo; y en parte por la ingenua colaboración del doctor Mendoza.
La CIA había mantenido desde 1982, en San Salvador, a una informante muy eficaz. Se trataba de Cecilia Bárcenas, joven nicaragüense viuda de un coronel del ejército salvadoreño que había muerto asesinado por la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).Tras la muerte de su esposo, Cecilia adquirió una casa en San Salvador, en la que se instaló con Simón su único hijo de 6 años, y montó una agencia de cambios de moneda.
Cuando Nando recibió, a principios de 1983, instrucciones de consolidar una red en Centroamérica, su amigo Alexander lo puso en contacto con Cecilia para que fuese la encargada de manejar, a través de la agencia de cambios, los recursos financieros que Washington remitía para cubrir los gastos de operación. La motivación de la joven era quizá la más poderosa: el odio. Detestaba a los guerrilleros salvadoreños verdugos de su esposo con la misma intensidad con que odiaba a los sandinistas que habían obligado a su familia paterna a emigrar a los Estados Unidos, después de que sus bienes fueron confiscados por el gobierno comunista de su país natal.

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San Salvador, viernes 7 de noviembre de 1986

Simón, el hijo de Cecilia Bárcenas, que ese mes cumpliría 10 años, llegó a su casa después del colegio, muy contento pues desde ese día se iniciaban las vacaciones escolares de final de año, sus calificaciones habían sido excelentes y sería promovido al primer curso de secundaria. Estaba seguro de que con esos resultados, su mamá lo premiaría enviándolo a visitar a sus abuelos en Orlando. La mente infantil anticipaba el gozo de una nueva visita con el abuelo a Disney World e imaginaba la cara de satisfacción de su madre cuando viese la libreta con sus magníficas calificaciones; cuando se disponía a golpear el aldabón de la gruesa portada, se percató de que ésta, contrariando las medidas habituales de seguridad vigentes desde el asesinato de su padre, se encontraba entreabierta.
El silencio en que estaba sumida la vivienda y un desagradable olor acre que descendía del segundo piso, donde su mamá tenía la oficina, hicieron pensar al chico que algo extraño sucedía. Llamándola a gritos subió precipitadamente la escalera para encontrarse con una escena macabra: tendidas en la alfombra, en medio de un enorme charco de sangre, con las manos atadas a la espalda, y con el cuerpo acribillado por ráfagas de subametralladora cuya señal cruzaba los rostros y los torsos, yacían su mamá, Josefina, su asistente en el negocio de divisas y Domitila, la empleada doméstica.
El ajusticiamiento de las tres mujeres había sido efectuado por un comando urbano del FMLN alertado por su aliado, el servicio de inteligencia sandinista, sobre las actividades de espionaje de la viuda del coronel del ejército salvadoreño. Estas eran las primeras “acciones de combate” que resultaban del acucioso seguimiento físico y electrónico que los hombres del comandante Martínez habían estado realizando durante varios meses al profesor Jaramillo y a su hermosa compañera. “Los compas salvadoreños no se andan con babosadas”, fue el comentario que Martínez hizo cuando, ese mismo día, se enteró de la acción ejecutada por el comando guerrillero con base en sus informes. Después, dirigiéndose a Benavides, el subalterno que tenía a su cargo el caso del académico y la rubia, le dijo:

― Compañero, necesito que eliminés a Jaramillo y a la Chela. Esa pareja debe ser neutralizada cuanto antes; pero tiene que ser un trabajo muy bien hecho. Debe parecer un accidente pues no quiero complicaciones diplomáticas. Si hasta el momento lo has estado siguiendo a casi todas partes, es hora de que comencés a respirarle en la nuca.

― Despreocúpese comandante ― dijo Benavides con aires de suficiencia ―, que yo ya tengo el esbozo de un plan para acabar con esa pareja. Los tengo perfectamente calibrados en sus rutinas y lo más seguro para garantizar el éxito y que parezca accidental, es darles el golpe un Domingo. Desde que los estamos siguiendo, siempre hacen lo mismo todos los domingos: salen de la casa a las once de la mañana; bajan por la carretera sur en un jeep descarpado, de esos que se utilizan en las competencias de cross country, hasta el restaurante Los Ranchos; ahí almuerzan y como a las dos de la tarde regresan por la carretera sur hasta el kilómetro 9 y por allí se desvían, unas dos horas a campo traviesa, hasta salir al otro lado en la carretera a León, desde donde se van para el club Náutico Jiloa; se bañan en la laguna y permanecen en el club hasta el anochecer; después regresan a su casa. Por otro lado, logramos averiguar que hace dos años compraron y adaptaron el Jeep y que desde esa época se afiliaron a un club muy burgués de aficionados al cross country. Sabemos también que se están preparando para una competencia en Panamá.

― Veo que estás más preparado de lo que yo suponía, compañero ―. Comentó complacido el comandante Martínez al tiempo que palmeaba la espalda de su subalterno y le ordenaba ―: explicáme en pocas palabras cual es tu plan.

Cinco minutos le tomó a Benavides exponer la simplicidad de su plan, que le gustó a Martínez y dio su aprobación. Sólo restaba que el profesor y su mujer repitieran su rutina el próximo domingo y su descanso temporal pasaría a ser eterno, por causa de un inesperado “accidente” de tránsito orquestado por las fuerzas de la revolución sandinista que se habían atrevido a atacar.

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Miami, viernes 7 de noviembre de 1986

― El ruido que está haciendo la prensa gringa respecto al desvío de fondos para la contra, provenientes de la venta de armas a Irán, tiene en serios problemas a Oliver North ― comentó Aníbal en tono de preocupación. Después, volviéndose hacia Misael, le preguntó ―: ¿vos que sabés de eso?
― El coronel Stanton cree que este escándalo estalló en el peor momento y puede repercutir en una suspensión de la ayuda económica a la contra ―. Respondió el colombiano.
― Si eso sucede ― terció Nando ―, se empiezan a equilibrar las cargas pues a los sandinistas ya les hicieron saber que la ayuda militar soviética a la revolución está próxima a ser suspendida. Las cosas están cambiando en la Unión Soviética con Gorbachov en el poder. Dicho de otra manera ― complementó el profesor ―, sin apoyo de las potencias, a los dos bandos no les queda otra opción que resolver el conflicto en el marco de Esquipulas y el Plan Arias, con apoyo del Grupo de Contadora 2 .

En ese momento, entró Ninfa a la biblioteca empujando un carrito con café y licores, seguida de Maribel, María José y Roberto; pocos minutos más tarde se les unió Marietta. Con los recién llegados continuó la tertulia, sin perder su carácter de análisis político, hasta más allá de la media noche. Para el final, flotaba en el ambiente un consenso: La única salida a la guerra civil nicaragüense, dadas las circunstancias actuales, era la vía negociada. Incluso Marietta, en medio de su anticomunismo recalcitrante, aceptaba que por las armas sería imposible derrocar a los sandinistas.

A raíz del retorno de Maribel a la casa paterna después de la crisis en Tegucigalpa, Misael había tomado como costumbre viajar a Miami cada dos meses a pasar el fin de semana en casa de su novia. Antes de cada viaje, coordinaba un encuentro allí con su primo Nando a quién le gustaba escuchar las apreciaciones sobre la situación del conflicto, tanto de su pariente como de Aníbal, para enriquecer los reportes de análisis político que periódicamente enviaba a Washington.
El amor de Misael había sido, en opinión de Aníbal, la principal motivación de Maribel para superar la crisis. A la vista de todos resultaba evidente que, dos años y medio después del episodio, la muchacha había logrado una sorprendente sanación mental. Ante los hechos, el empresario no dudaba en reconocer y agradecer al colombiano su aporte al proceso de recuperación de su hija. Por eso, cuando éste le manifestó su intención de casarse con Maribel, se alegró muchísimo y le ofreció un cargo ejecutivo como director de seguridad en la cada vez más próspera cadena de almacenes Argüello en la Florida.
Esa noche especularon respecto a lo que sucedería, en caso de que el apoyo de la CIA a la contra se suspendiera por cuenta del escándalo en que se encontraba involucrado Oliver North. Los efectos del affaire Irangate, bautizado así por los periodistas en clara alusión al famoso caso Watergate que una década antes había costado la presidencia a Richard Nixon, eran imprevisibles. Resultaba entonces lógico pensar, que las actividades de Misael como asesor militar de la contra y de Nando como director de la red de inteligencia podrían estar próximas a ser suspendidas por falta de recursos. Terminada la tertulia, Nando, que regresaba al medio día del sábado a Managua, le pidió a Misael que le acompañara un rato más para evaluar la situación particular de ellos dos ante un eventual recorte económico para las actividades de la contra.
Muy pronto los dos primos llegaron al convencimiento de que, tras varios años de actividades riesgosas, ya era hora de retirarse y buscar, no solo el fortalecimiento en sus relaciones de pareja teniendo hijos y creando familia, sino el equilibrio emocional, dedicándose a labores normales como la docencia y la consultoría, en el caso del primero; o el empleo como ejecutivo, en el caso del segundo.
Nando comentó el giro radical que había dado Braulio a su vida en el último año y le contó a su primo los detalles de una oferta de su ex – cuñado para que se fuera a trabajar con él en Ecuador. Para Nando la propuesta era muy atractiva y estaba considerando seriamente la decisión de aceptarla, a partir del año siguiente, independientemente de lo que sucediera con la red.
En septiembre de 1985, el padre de Braulio había fallecido y de la noche a la mañana éste y su hermana Ofelia, habían quedado millonarios y propietarios del Banco de Sucre, una de las instituciones financieras más sólida y prestigiosa del Ecuador. Ofelia que prefirió seguir su vida en Boston al lado de su madre, le dio un poder a su hermano para que administrase sus acciones en el banco cuya presidencia, en Quito, asumió Braulio después de renunciar a su trabajo en INCAE. El ecuatoriano estaba convencido de poder hacer un excelente equipo con Nando que aportaría su experiencia y conocimiento en el área de finanzas, en tanto que él lo haría en el ámbito del mercadeo; concretamente, le estaba pidiendo que asumiese la vicepresidencia del banco y se convirtiese en su segundo de a bordo. Nando había quedado en viajar a Quito, en febrero del 87 para darle una respuesta y asistir a la inauguración de “Cambalache”, un club nocturno especializado en tango y milonga, que volvían a estar de moda en América Latina. En este proyecto se había asociado con Juanito, que montaría un negocio similar en Venezuela; y con una pareja de uruguayos que lo establecerían en Colombia.

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Managua, domingo 9 de noviembre de 1986

Durante el desayuno, Nando le comentó a Lorena los temores expresados por sus amigos en Miami, sobre la posibilidad de que el gobierno americano se viese forzado a suspender la ayuda económica a la contra y los fondos para el mantenimiento de la red, como una consecuencia directa del affaire Irangate; compartió con ella la charla que había sostenido con su primo y la intención que ambos tenían de abandonar las actividades que implicaban riesgo, como el manejo de la red en su caso, y la asesoría militar a la contra en el de Misael; Lorena apoyó decididamente la idea de aceptar la propuesta de Braulio y radicarse en el Ecuador, pues la entusiasmaba mucho la posibilidad de trabajar con Adriana en su nuevo proyecto, sobre el cual le había escrito recientemente dándole detalles.

Alrededor de las once de la mañana Nando recibió una llamada que terminaría por acelerar el proceso de retirada que había discutido con su primo en Miami. Era Basilio, el principal agente reclutado por Cecilia Bárcenas, quién con voz alterada por la emoción y el miedo, le informó sobre la forma brutal en que ella y sus dos empleadas habían sido asesinadas por una célula urbana del FMLN, según habían logrado deducir las autoridades, por el modus operandi y el calibre de las balas. Él y otros dos miembros de la red habían logrado huir hacia Belice.
Ante este hecho, una sola cosa quedaba clara: la red había sido descubierta y todos sus integrantes estaban en serio peligro de ser capturados o eliminados.
Esa misma noche, tras cargar lo indispensable en el Audi y en el Jeep, Nando y Lorena huyeron del país cruzando la frontera con Costa Rica. Nunca supieron lo cerca que habían estado de sufrir un atentado, que no se dio simplemente porque la llamada de Basilio les había hecho cambiar la rutina de almorzar en los Ranchos, como lo habían hecho todos los domingos durante los dos últimos años. Antes de partir llamaron a Efrén quien llevaba un año viviendo en un apartamento alquilado que pensaba amoblar antes de casarse con Xiomara ― los padres de la joven habían accedido al matrimonio de la pareja cuando el embarazo de ella se hizo inocultable ―, y le obsequiaron los muebles y otros enseres, que resultaba imposible llevar en su improvisado escape. Nunca supieron que la red había sido descubierta por cuenta de la ayuda que Efrén, en medio de su ciego fanatismo, le proporcionó al comandante Martínez. A la misma hora en que el profesor y la Chela cruzaban la frontera sur, Pichardo, advertido por Lorena, hacía lo propio en la frontera con Honduras.

2 Nota del Autor: En mayo de 1986, los presidentes centroamericanos reunidos en Esquipulas (Guatemala) por iniciativa del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, firmaron un acuerdo en el cual “ Coinciden en que la mejor instancia política con que Centroamérica cuenta hasta ahora para alcanzar la paz y la democracia y reducir las tensiones que se han generado en los países, es el proceso de Contadora creado gracias al esfuerzo de algunos países latinoamericanos reconocidos por la comunidad internacional”.

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