El fantasma y el puñado de lentejas

Posted on : 20-05-2013 | By : kapizan | In : Cuentos, Desde la Tradición Oral

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Cuentan los ancianos que en un pequeño poblado de la china septentrional vivía un joven que no podía dormir casi nunca puesto que un fantasma espectral se le aparecía casi todas las noches durante el sueño y le revelaba hasta los secretos más íntimos que albergaba, demostrándole así que lo sabía todo acerca de él.

El joven estaba desesperado, hasta el punto que llegó a detestar el momento de acostarse pese al cansancio acumulado. Había visitado doctores y psicólogos, había confesado su problema a varios amigos, lo había intentado todo, pero sin resultados: el espectro seguía presentándose cada noche y le recordaba todos los rincones más íntimos y dolorosos de su alma.

Finalmente, al borde de un colapso nervioso, decidió pedir auxilio a un célebre maestro zen que practicaba en la misma provincia y fue a visitarlo. Tras haberle explicado su problema, el joven añadió: ” Ese fantasma lo sabe todo, absolutamente todo acerca de mí, ¡incluso conoce mis pensamientos! No puedo sustraerme a su dominio”.

El maestro pensó que la solución estaba al alcance del muchacho y le sugirió que hiciera un trato con el fantasma. “Esta noche, antes de acostarte ―le dijo ―coge un puñado de lentejas al azar y no las sueltes. Luego acuéstate y espera. Cuando el espectro se presente proponle un trato. Dile que si adivina cuántas lentejas tienes en la mano será para siempre tu dueño y que si no lo adivina deberá desaparecer para siempre. Vamos a ver qué pasa”.

El chico procedió del modo que le aconsejo el maestro. Poco después de acostarse el fantasma apareció y le dijo:

― Sé que intentas librarte de mí. También sé que te has ido a ver al tontarrón del monje zen para que te ayude a echarme, pero tus esfuerzos no te servirán para nada.

― Ya sabía que me ibas a descubrir ― comenzó diciendo el muchacho, hizo una pausa y agregó ―: así como supongo que indudablemente sabrás cuantas lentejas tengo en el puño. Por ello me temo que si lo adivinas serás por siempre mi dueño pero si no lo haces deberás dejarme en paz.

El fantasma desapareció para no volver nunca jamás. Lo que no sabía el chico no lo podía saber su fantasma.

4 Comentarios

Muy bueno, Capi. El maestro zen era una persona muy inteligente que convendría tener cerca de nosotros cuando nos enredamos ante diversas circunstancias de la vida. Especialmente cuando lo hacemos en medio de pensamientos solitarios.
Keep plugging! Un abrazo, Don G,

Gracias por la visita y la acertada reflexión que haces sobre el cuento. Un abrazo

Capi, ¡qué cuentazo! Hasta qué punto podemos temer al fantasma de nuestros más íntimos e inconfesables secretos. Y claro, el cuento es muy acertado: lo que está en juego es dejarse dominar por este temor o tomarlo bajo control.

También el cuento nos revela una solución: para tomar el control de nuestro temor, hay que reconocer nuestra ignorancia… Así, se revela que es el fantasma quien depende de nosotros y no nosotros de él.

La estrategia de utilizar lentejas y no secretos de gran importancia también es muy diciente: nos enseña a interpretar cada situación despojándola de la carga emocional que le solemos atribuir.

Excelentes conclusiones derivadas de este cuento mi querido filósofo. Gracias por tus comentarios siempre acertados.Un abrazo

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