El Sombrero

Posted on : 09-07-2010 | By : kapizan | In : Cuentos, Cuentos Breves

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Colocado en una pequeña percha de carey, un metro por encima del sillón de su dueño, el sombrero era la pieza más conspicua en la única pared que no estaba cubierta por anaqueles repletos de libros. Se destacaba, a pesar de su mísero aspecto, en medio de cuatro placas de reconocimiento a la labor académica del profesor retirado y dos óleos originales de un famoso pintor colombiano. Quienes no conocían la forma en que el sombrero había llegado a ocupar tan prominente lugar, opinaban que era un fetiche o una excentricidad de su dueño; sin embargo Jimena, única hija del profesor, creía que los Seres de Luz podían ocupar transitoriamente cualquier cuerpo humano para cumplir una misión o transmitir un mensaje, lo había bautizado, cuando su padre le contó la forma en que un misterioso indigente se lo regaló, “El Sombrero del Ángel”. Desde entonces, en su mente se gestó el embrión de una película, inspirada en el indigente, en cuyo guión se puso a trabajar, desde que murió su padre, dos años antes de graduarse como directora de cine y televisión. Basándose en la minuciosa descripción que éste le hiciera, elaboró, a todo color, un retrato idealizado del personaje, en el cual se destacaba la mirada serena, amorosa y profunda de unos ojos azules, en un rostro de facciones varoniles y perfectas.
Cierta mañana, Jimena se había sorprendido al ver a su padre en mangas de camisa escribiendo frenéticamente, en una pequeña máquina portátil, lo que con el tiempo llegaría a ser su primera y única novela; murió una semana después de concluirla. Lo sorprendente era el extraño sombrero que cubría su melena plateada. Con una sonrisa y visiblemente excitado, le contó que el sombrero se lo había regalado la noche anterior un indigente que al abordarle llamándole por su nombre, a la salida de un bar cercano a su casa, le sorprendió con la límpida mirada de sus ojos azules, la perfección de sus facciones y la erudición de la que hizo gala, durante una charla de casi dos horas, que remataron cuando su padre le invitó a comer una hamburguesa en un puesto callejero. Al despedirse, en señal de gratitud, el indigente le regaló su sombrero tras asegurarse de que lo llevaría puesto y lo usaría. Mientras caminaba de regreso a casa, al viejo le llegó la inspiración y en su mente se formó la idea de una novela, en la que pensaba ocupar el tiempo de ocio que el retiro le había regalado. El joven, que dijo llamarse Jorge y parecía conocer muy bien el sector, no pudo ser localizado ni por el profesor, ni por los vendedores callejeros, ni por el mismo portero del bar; ninguno le había visto esa noche, ni le conocía. La novela que tuvo publicación póstuma, fue un éxito editorial que en poco tiempo proporcionó a Jimena el dinero para producir su película.
“El Sombrero del Ángel” se hizo merecedor al premio “Mejor Película” en el prestigioso festival internacional de cine celebrado en una ciudad Mediterránea. La noche de la premiación, la emoción de Jimena al recibir el galardón fue superada por el impacto que le produjo distinguir entre el público la figura de un joven ataviado con un blanquísimo liquilique y cubierto con un sombrero, idéntico al de su padre, que daba sombra al rostro, para ella inconfundible, de mirada azul que había idealizado en su dibujo. Terminado el acto salió a buscarlo, pero se había esfumado tan misteriosamente como había aparecido.

10 Comentarios

Quién pudiese imaginar que hay personas que al compartir un tiempo de su existencia con nosotros puede llegar a causar un gran impacto en nuestras vidas… Esta lectura me gusto mucho y a su vez me deja el interrogante de ¿cuantas veces de pronto he desaprovechado el conocimiento y la experiencia de gran cantidad de personas que pueden de una u otra manera traer un cambio positivo para mi vida?…
Definitivamente es una excelente lectura para reflexionar.

Muchas gracias Andreita por la lectura y el comentario. Me alegra que te hubiese gustado y llevado a reflexionar. Me motiva contarte entre mis lectoras. Un abrazo sincero.

Pancho,Existen evidendias que casos similares a lo relatado en tu misterioso cuento, ha sucedido en algún lugar de la tierra,pero tu lo narras magistralmente con el suspenso maquiavélico y perverso de tu mente.Estuvo chevere!

Mi querido Lumylaba. Tengo la evidencia de este caso: ¡El sombrero!. Cuando me vistes en Tabio, te la mostraré y te contaré la historia real que inspiró este cuento. Un abrazo.

¡Qué bárbaro Kapi ! Como si fuera poco el cuento, afirma que tiene la evidencia que lo inspiró: el sombrero. Con esto quiero decirle que este ipegüe
en su respuesta a los comentarios redondea el cuento, y, para mi gusto, le da un valor añadido que consecuentemente lo hace más interesante.
Abrazos.

Gracias mi querido Tito. En realidad la historia me sucedió en 1991 en Bogotá. Actualmente el sombrero original lo conserva en New York Jimena Hoyos, joven actriz y modelo, hija de mi gran amiga Uruguaya Anita Souza. Procuraré subir esta semana una foto que poseo de ella luciendo la prenda que le regalé el día que le narré la forma en que el indigente me regaló el sombrero y como habia llegado a mis manos a la salida del bar Frannier’s en el sector de Galerías al nororiente de la capital.
Un abrazo,
Kapizán

Uyyyyyyy Cabroncete, cada vez me deleito mas releyendo y recordando entre risas a veces, carcajadas las mas y “chocoliadas” intermitentes, las peripecias del protagonista y su sufrida familia; Sos un GENIO.
Abrazos.
Cabroncete Menor

Me imagino cabroncete que se refiere a Polo, aunque el comentario lo hizo en “El Sombrero”. Me alegra que las peripecias de Polo y Bartolo le traigan recuerdos y se esté gozando la lectura de la novela como yo me gocé el proceso de escribirla.

Viejo Capi..
Tal vez sea ese el tan anhelado sombrero… quizás es una caricatura de quienes lo quieren pero no saben lo que sucede con el misterioso sombrero… ni de su dueño…
Gracias por ponerle alas a mi mente..
Un abrazo

Viejo Freddy: Mil gracias por la visita y el comentario. Me alegra saber que las alas de tu mente estàn intactas.
Cordial abrazo

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