La Dama de la Capa de Pieles

Posted on : 28-01-2010 | By : kapizan | In : Cuentos, Encuentros de Almas Gemelas

8

I
IGOR


Estepas Rusas.

La tormenta de nieve había concluido seis horas antes, dejando cubierta la estepa por una blanquísima capa que contrastaba con la oscuridad de la noche siberiana, proporcionando a las escasas formas vegetales fantasmagóricos y alucinantes contornos.

Igor encendió su pipa y dejó que el humo ascendiera lentamente para comprobar la dirección del viento. En la entrada de su improvisado refugio tomó las pieles apiladas que había cobrado tras un mes de caza y las sujetó concienzudamente, con tiras de cuero crudo, a la parte superior del trineo. Sus siete perros siberianos, tres negros y cuatro blancos, jóvenes, fuertes y robustos, se alborotaron presintiendo la partida. Del fondo de una alforja, fue tomando pequeños trozos de carne seca y salada que ofreció en la mano a sus mastines.

Caminó veinte pasos para verificar la consistencia de la nieve y la encontró lo suficientemente sólida como para garantizar un rápido regreso a su cabaña; la misma que había sido el hogar de sus padres y la misma que compartió con Pavlova hasta que la muerte, veinte años antes, la arrebató de su lado.

Nadie lo esperaba, pero ansiaba regresar al calor de la chimenea y al agradable rincón en que vivía, solo, con sus recuerdos y su nostalgia. El viento helado pero reconfortante agitaba la gruesa pelambrera de los perros, los finos pelos del abrigo y la manta de Igor, que sentía, a medida que avanzaba hacia su casa, una expectativa de felicidad que no atinaba a descifrar. Cuando el trineo, dibujando sobre el níveo paisaje sus trazos paralelos, que repisaban las huellas de los perros formando un surco definido que le aproximaba a su destino, remontó una pequeña colina, pudo ver al fondo las luces de la aldea y el humo caprichoso de las chimeneas confundido en la altura con el negro insondable de la noche.

Con un firme tirón de la mano derecha, Igor detuvo los perros, sacó de la alforja una garrafa de vodka, se irguió, apuró un trago generoso, y un estremecimiento de calor recorrió su cuerpo. Reconfortado, sus ojos experimentados escudriñaban el paisaje tratando de distinguir la silueta de su cabaña. De pronto el corazón le dio un vuelco; no daba crédito a lo que veía: la chimenea de su casa estaba encendida, señal inequívoca de que tenía un visitante inesperado.

Formulándose mil interrogantes urgió a los perros a reemprender una marcha más rápida, haciendo restallar sobre sus cabezas un fino látigo, que casi nunca usaba. Cuando faltaban cien metros para llegar a la casa se detuvo, soltó los perros y se encaminó a su hogar rodeándolo para entrar por la puerta trasera.

II
IVANIA

San Petersburgo, Rusia.

La noche otoñal de plenilunio era clara y hermosa. Desde el balcón del palacio del conde Raicosky, Ivania, su hija, presentía que haría frió. Tomó su capa de pieles de cebellina, la echó sobre sus hombros y furtivamente se deslizó por los amplios corredores hasta alcanzar la puerta de servicio, en donde la esperaba un coche público que su criado había dispuesto, siguiendo instrucciones suyas, para conducirla a la casa de Mamushka, la vidente, a quien quería consultar preocupada por la decisión de su padre de enviarla al Norte, a Vorruta, para que ingresara a la orden de siervas de Dios de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

A las doce en punto de la noche, la joven ayudante de Mamushka la condujo a su presencia. El salón era amplio y al fondo se encontraba sentada la maestra, dulce mujer de aproximadamente sesenta años, cuyos penetrantes ojos azules, enmarcados por una blanca cabellera delicadamente peinada que caía en bucles sobre sus hombros, infundían a su rostro una expresión comprensiva y acogedora. Las paredes estaban adornadas con una mezcla de íconos y figuras cargadas de simbolismo en las que sobresalía un tríptico que representaba en el centro a la Sagrada Familia, y en los marcos laterales dos figuras de ángeles y querubines. Un pebetero encendido, a la izquierda de la matrona, inundaba el recinto con un olor de esencias y ayudaba a crear un ambiente sosegado y tranquilo. La anciana, reclinada en una silla de madera tapizada en cuero repujado, ofreció a Ivania asiento en un butacón de materiales similares.

La joven quedaba separada de su anfitriona por una mesa octogonal de madera, sobre la cual descansaba un enorme copón de oro lleno, casi hasta el borde, de agua cristalina.
—Tus ojos, hermosa niña ― comenzó la anciana rompiendo el silencio ―, me dicen que abrigas una grave duda; hazme saber tus inquietudes para poder ayudarte mejor ― agregó con una invitadora sonrisa ―.
— Maestra mi duda es grande pues quiero servir a Dios, mas no me entusiasma la idea de hacerlo encerrándome en un convento, como lo ha dispuesto mi padre ― respondió la joven con voz tímida ―. Por eso acudo a tu presencia para que me aconsejes qué camino debo seguir, pues amo a mi padre pero por encima de él amo a Dios y quiero hacer su voluntad cualquiera que ésta sea.

La anciana hizo sonar su campanilla. En segundos apareció su ayudante con un candelabro que sostenía un cirio, lo encendió y lo colocó sobre la mesa entre el copón de agua y la muchacha, retirándose sin producir ningún ruido.
— Mírame a los ojos y extiende las manos sobre la mesa con las palmas hacia arriba ― dijo Mamushka mientras colocaba las manos hacia abajo sobre las de Ivania, sin rozarlas. Repite lentamente: amada y poderosa presencia de Dios en mi corazón, haced que hoy Tu luz inunde mi mente y la ilumine para escoger el camino con el que habré de servirte en esta vida mortal.
— Cierra los ojos ― pidió Mamushka a Ivania ― y visualiza mentalmente el copón de agua como un espejo.
La joven se concentró unos minutos, exactamente tres, marcados por la clepsidra de la anciana, que la interrumpió preguntando en tono suave:
— Dime, ¿qué ves?
― Veo la imagen de la Sagrada Familia proyectada con nitidez en el agua… parece que tuviera vida; San José me mira con ternura, la Virgen y el Niño Jesús me sonríen.
— Ésa es la señal mi niña, tu servicio a Dios será a través del amor familiar. Presiento que encontrarás a tu alma gemela, que te unirás a él y concebirás un hijo que será muy grande y salvará a la madre patria de terribles momentos que están por venir. Le darás por nombre Leonid. Permíteme ― continuó la vidente ― que me concentre tres minutos para darte pistas de cómo y dónde encontrarlo. Mantén los ojos cerrados y atentos a las imágenes que tu mente visualizará, proyectadas sobre el agua del copón.
— Tu amor se encuentra en Siberia, es un hombre maduro y viudo que se dedica a la cacería para vivir de la venta de las pieles que cobra. Su imagen ― señaló la anciana ―, se reflejará en el agua, visible sólo para tus ojos. Ábrelos y observa.

Sobre la limpia superficie Ivania vio primero un rostro varonil que correspondía a un hombre de aproximadamente cuarenta y cinco años, barba negra entrecana, nariz recta y ojos oscuros; el cuerpo parecía atlético pero no se veía con claridad, pues su dueño conducía un trineo tirado por perros siberianos. De repente apareció una pequeña cabaña y una tumba con una cruz en la que pudo leer: Ana Pavlova 1732 Abakan – 1751 Vanavara.

III
LEONID

Estepas Rusas.

Doce años habían transcurrido desde la noche invernal en que Igor encontró, frente a la tumba de Pavlova, a la dama de la capa de pieles, que ante su sorpresa simplemente le dijo: “Igor, vine para quedarme, pues un hombre como tú no puede estar solo”.
Un mozalbete, tal vez demasiado grande para sus diez años, lo sacó de sus recuerdos cuando le dijo:
— Padre, ¿a qué hora salimos?
— Cuando aparezca la Luna, prepara los perros y el trineo; y al terminar, besa a tu madre, Leonid, y pídele la bendición.
Igor entró en la cabaña, tomó en sus brazos a Ivania, le dio un beso y se encaminó a la despensa a preparar la alforja.

8 Comentarios

Éste siempre ha sido una de mis cuentos favoritos…desde pequeña.
Me alegra que difundas tu obra.

Te amo.

Vane.

Gracias mi amor.En los cuentos infantiles siempre fuiste mi mejor fuente de inspiración. Te amo

Pancho,eres como Gabo,,no se donde putas tu mente saca tanta historia rara y tan agradable,o es que eres la reencarnación egdar alan poe,,o son yerbas aromáticas que te hacen aflorar estos relatos fantásticos?-Te felicito,son lecturas para empezar el dia con la mente despejada.FELICITACIONES

Tales comentarios viniendo de su majestad Juan Pueblo, me comprometen sobremanera. Gracias por el estímulo

PANCHO:MIS RESPETOS, QUE LINDO ESCRIBES EL PRODUCTO DE TU IMAGINACION, FELICITACIONES.

Oiga Cabroncete, siga asi y muy pronto será mas famoso que Gabo, felicitaciones.
Abrazo fraterno

Pacho:
Que bueno leerte y que interesante conocer tu obra. Me reviviste antiguos escenarios de los clásicos rusos. Felicitaciones

Gracias José Fiorello por tu comentario me estimula la alusión a los escenarios de los clásicos rusos. Espero seguir contandoté entre mis lectores. Cada lunes publicaré un cuento breve o un relato.Cordial abrazo.

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