La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo III

Posted on : 17-05-2018 | By : kapizan | In : III. Los polizones se preparan, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

0

PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

III
LOS POLIZONES SE PREPARAN

La llegada de Colón con dos tercios de los hombres y los navíos que habían zarpado en agosto del año anterior causó gran revuelo en las tres dimensiones: inicialmente sorprendió a las autoridades de Sevilla y a sus habitantes en la tercera; después impresionó a la paloma Arita y a los reyes Ergonio y Betunia, en la quinta; y por último, llamó la atención de Oroc, el cuervo espía de los gnomos morados de la cuarta dimensión, enviado por Vangar el jefe de la tribu de los gnomos de las cuevas de Sevilla para obtener información sobre los expedicionarios.

Todos se preguntaban: ¿Por qué llegaron menos barcos, menos marineros y seis exóticos personajes cubiertos con taparrabo? En realidad, cuarenta de los ciento veinte hombres de las tripulaciones originales, habían quedado en la isla que el almirante bautizó “la Española” ―Hoy Haití y República Dominicana ―, cuidando un fuerte construido con los restos de la carraca Santa María que había naufragado estrellada contra los arrecifes.

Siguiendo a la paloma y ocultándose en las sombras con el oído atento y el ojo despierto, Oroc, el malvado cuervo que servía como espía de Vangar obtuvo toda la información que requería para proporcionársela esa misma noche al jefe de los gnomos morados que habitaba en lo más profundo de las cuevas en la cuarta dimensión, desde que fueron desterrados del mundo mágico.

El cuervo esperó la llegada de la media noche, que es la hora en que se puede acceder al tenebroso mundo del plano astral, cruzó el portal dimensional, avanzó por entre filas interminables de almas en pena y bestias aterradoras hasta la cueva del jefe de los gnomos morados, que esperaba impaciente el reporte de su espía. Cuando el cuervo llegó, Vangar, cuyas facciones se habían deformado con los años de destierro en el mundo de las sombras y exhibía un rictus de maldad en la boca torcida, se acomodó en una roca y con voz áspera le dijo:
―Habla pajarraco. Cuéntame todo lo que viste y escuchaste desde el día que regresaron los marinos de Colón. Sin omitir detalle.

El relato del cuervo fue, en esencia, el mismo que la paloma rindió a la pareja real de gnomos verdes. Tanto para Vangar y los morados como para el rey Ergonio y los verdes, la información más valiosa fue la proporcionada por el papagayo sobre la existencia de una nueva raza de pigmeos con rasgos similares a los de los seis indígenas que llegaron con Colón.

De otra parte, el rey Ergonio pensó en aprovechar el siguiente viaje del almirante Colón al nuevo mundo para enviar una pareja de emisarios de buena voluntad ocultos a bordo de una de las naves; en tanto que Vangar decidió usar similar procedimiento para viajar él mismo al frente de veinte gnomos morados ― los últimos que quedaban atrapados en la cuarta dimensión en las cuevas de Sevilla―, provistos de una buena ración del bebedizo, que les permitiría ingresar durante tres horas a la quinta dimensión. Ese tiempo era más que suficiente para secuestrar por lo menos a tres pigmeas. El plan de Vangar contemplaba infiltrarse en territorio del cacique pigmeo que habitaba en la isla La Española y secuestrar tantas pigmeas como fuera posible, para crear una nueva raza mixta con los que en menos de cien años podría dominar, en la quinta dimensión, los territorios descubiertos por Colón.

***

Binaroti era un valiente e ingenioso gnomo verde que se había distinguido luchando contra los rebeldes morados cuando apenas tenía cien años de edad. Con doscientos años cumplidos, se había convertido en un gran químico trabajando como asistente del mago Abdulá. Tiempo atrás, con ayuda de su primo Petrochi, gracias a un error de éste, había logrado desarrollar un líquido verde, al que llamaron Petrobin; por dos razones: petrificaba, literalmente hablando, al adversario y formaba un anagrama con las primeras sílabas de los nombres de sus inventores. Al ser rociado sobre cualquier gnomo morado que lograse infiltrarse en la quinta dimensión, el Petrobin lo neutralizaba, convirtiéndolo en piedra para siempre. Además, Binaroti había diseñado un aparato aspersor, en forma de mosquete que al ser disparado, lanzaba un chorrito de Petrobin suficiente para neutralizar a un gnomo adversario. Los primos eran hijos de padre italiano y madre española y a esa temprana edad gozaban del reconocimiento y aprecio de todos los súbditos del reino kardiano.

Como lo difícil era detectar a un gnomo morado disfrazado de verde, el mago Abdulá le había proporcionado un medallón con una piedra azul que se tornaba roja como un rubí y caliente como una brasa, ante la presencia de un gnomo infiltrado. Con posterioridad al episodio del secuestro de tres gnómidas ―ocurrido a comienzos del año 1400 del calendario humano―, sólo una vez los morados volvieron a infiltrarse, fueron detectados por el medallón de Binaroti y convertidos en piedra. En esa ocasión el rey permitió que uno de los atacantes fuera expulsado vivo de la quinta dimensión para que regresase a contar lo sucedido. A raíz de esto, cesaron las incursiones y la paz regresó al reino.

Cuando se supo que la siguiente expedición zarparía del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, el rey Ergonio llamó a su presencia a Binaroti ― un gnomo, le contó lo que le había dicho meses antes Arita, la paloma, y cuando terminó le dijo:

―Mi querido Binaroti, la próxima semana zarpará del puerto de Cádiz, el almirante Colón con diecisiete naves y mil doscientos hombres, con rumbo a las costas que descubrió el año pasado. Según contó Guayo el papagayo, al rey humano de esas tierras de la tercera dimensión le dicen cacique, se llama Guarú y vive en una isla muy grande. La conocerás porque allí fue capturado Guayo y es la misma que Colón bautizó como La Española. En ella, los españoles construyeron un fuerte con los restos de la nave que se hundió. El cacique de los pigmeos se llama Guarú. Ante él quiero que te presentes como mi embajador de buena voluntad, lo prevengas contra los morados y lo apoyes con lo que sabemos para neutralizar las incursiones enemigas ―El rey hizo una pausa, se mesó las barbas como era su costumbre y preguntó:

― ¿Está Claro? ―Ante la respuesta afirmativa de Binaroti, su majestad agregó:

―Entonces, mi querido Binaroti, escoged un compañero de viaje, preparaos para que un águila os lleve en vuelo directo hasta el puerto de Cádiz y no olvidéis llevar el medallón detector y una buena cantidad de aquel maravilloso líquido verde ― ¿Quién será vuestro compañero? ―preguntó el monarca poniéndose de pie.

―Petrochi, mi primo ―contestó con determinación Binaroti y agregó, en tono de respetuosa pregunta:

―Majestad ¿Cómo os parece mi elección?

― Perfecta ―replicó el monarca con una amplia sonrisa.

***

Los días previos al viaje los emplearon Binaroti y Petrochi en alistar una buena provisión de Petrobin y en aprender el lenguaje de los indígenas para poder comunicarse con el cacique Guarú. Te preguntarás cómo hicieron nuestros amigos para aprender esa lengua hasta entonces desconocida en Sevilla.

Al respecto te recordaré, que las aves tienen un lenguaje único que les permite comunicarse entre sí con miembros de otras especies. En esa forma, Arita pudo entenderse con Guayo cuando lo conoció en Barcelona después de la llegada de Colón de su primer viaje. Como quedó dicho, las aves hablan además el lenguaje de los humanos y los gnomos que es el mismo. Por ello, antes del viaje, Binaroti y Petrochi pasaron largas jornadas con el papagayo intentando aprender las palabras más importantes de la lengua de los indígenas tainos pobladores de La Española.

Dejar comentario

Gathacol.net