La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo IV

Posted on : 18-05-2018 | By : kapizan | In : IV. ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

IV
¡ALERTA! ¡PELIGRO! ¡MORADOS A LA VISTA!

En la noche del 22 de septiembre de 1493, Vangar y sus gnomos nadaron desde el muelle y se colaron, divididos en grupos de a tres, en seis de las quince carabelas que estaban ancladas frente al puerto de Cádiz y que junto con dos carracas esperaban la orden de zarpar, tres días después, hacia el Nuevo Mundo. Un séptimo trío de gnomos morados, se trepó a la carraca Marigalante y se ocultó en el castillo de popa.

En la madrugada del 25 de septiembre, poco antes de que la flota zarpara, Binaroti y su primo Petrochi, volando a horcajadas en el cuello de Pilón ― un águila macho que los había traído desde los bosques de Sevilla―, aterrizaron en el castillo de Proa. No se imaginaban que en esa misma carraca, pero en el castillo de popa, se habían ocultado los tres gnomos morados. El enemigo estaba cerca y ellos lo ignoraban. Sin saberlo, se encontraban a poco menos de cincuenta metros de distancia. El medallón detector se calentaba a partir de los cinco metros de proximidad del enemigo, por lo que Binaroti y Petrochi, acomodados como polizones en la proa de la nave, no se percataron de la presencia de los gnomos morados sino al final de la travesía, como veremos más adelante.

En su recorrido, después de cuarenta días de navegación, la flota divisó nuevas tierras y se descubrieron lo que hoy son las Antillas, Cuba y Puerto Rico. Durante el viaje, Binaroti y Petrochi mataban el tiempo jugando a las cartas, leyendo relatos de sus antepasados en un par de libros que la reina les había regalado antes de partir, o tocando sus instrumentos favoritos: Binaroti, la guitarra y su primo la flauta traversa. Finalmente divisaron las costas de la Isabela y anclaron a cien varas de la playa. Según narraron posteriormente los viajeros, parece ser que los gnomos morados se dirigieron hacia la proa de la carraca para ver la costa. Fue en ese instante, cuando Binaroti al sentir el calor en el medallón y captar su cambio de color, le gritó a su primo:

― ¡Alerta Petrochi! ¡Peligro! ¡Morados a bordo! ¡Trae tu mosquete! ¡Pronto! ¡Apúrate!

Cuando los gnomos morados vieron a Binaroti y a Petrochi, con sendos mosquetes cargados de Petrobin, retrocedieron aterrados, Binaroti disparó y logró petrificar a su oponente. Petrochi erró el tiro y mientras recargaba su arma el morado saltó por la borda de estribor y empezó a nadar las pocas brazas que separaban la carraca Marigalante de la carabela Quintera. Por fortuna, Petrochi logró recargar su arma, apuntar y disparar en el preciso instante en que el tercer enemigo se disponía a saltar por la borda de babor para nadar hacia la carabela Gallarda y trepar por el cable del ancla como lo alcanzó a hacer su compañero. El chorrito de Petrobin dio de lleno en el cuerpo del gnomo que cayó al mar transformado en piedra de colores con figura de gnomo. Desde entonces, hace más de quinientos años, reposa en el fondo de la bahía que se convirtió en su tumba.

***

Isla La Española, 1493

Después del enfrentamiento con los gnomos enemigos a bordo de la carraca Marigalante, Binaroti y su primo consideraron que lo más importante era advertir al cacique de los pigmeos sobre el peligro inminente que representaba para su raza la presencia de gnomos morados en la isla. Así pues, decidieron bajar a tierra, en la misma chalupa en que desembarcó el almirante Colón, y dirigirse a toda prisa hacia la colina en la que, según les había explicado Guayo, se encontraba el portal para ingresar a la quinta dimensión, por entre dos enormes palmeras cargadas de cocos.

Al llegar frente a las palmeras Binaroti y Petrochi se llevaron una gran sorpresa: volando con elegancia sobre sus cabezas, Arita la paloma dio dos vueltas para llamar la atención de los gnomos, se detuvo en el antebrazo de Binaroti y dirigiéndose a los sorprendidos primos, con su bien modulada voz y en perfecto castellano les dijo:

― ¡Bienvenidos a la Española!

― ¿Qué hacéis aquí?― preguntaron al unísono los dos gnomos.

― El rey Ergonio me mandó para que os sirva de intérprete con el Cacique Guarú. Guayo le contó a su majestad que vuestro taino no era muy bueno, que él había hecho un gran esfuerzo para enseñaros pero que podríais tener dificultades para hablar con el cacique. Entonces, sugirió que yo viniese y me pusiera en contacto con Maya, una guacamaya prima suya que se comunica con los tainos de la quinta dimensión como él lo hacía antes de que lo llevaran a España. Eso mejoraría la comunicación entre las dos culturas. El rey aprobó la idea y heme aquí.

― ¿Y vinisteis volando desde España?

― ¡No! ¿Cómo se os ocurre? En realidad vine en el palo mayor de la Gallarda, la otra carraca de la flota. Pero me entretenía volando entre las carabelas. Por eso me di cuenta de que había varios gnomos morados viajando de polizones, como vosotros. Alcancé a contar dieciocho. También vi vuestra valerosa acción. Ahora tenemos dos enemigos menos.

***

La bienvenida que les dieron los pigmeos a los emisarios del rey Ergonio fue muy cálida. Para esa tarde, el cacique les ofreció un agasajo, en el que participaron todos los nobles de la tribu ataviados con sus mejores galas. Hubo una presentación de danzas al son de tambores y otros instrumentos desconocidos para los gnomos, en especial uno llamado marimba, que producía notas melodiosas al golpear con un bolillo una hilera de tablitas de madera alineadas sobre una base de la cual pendían tubos huecos, también de madera. Para no quedarse atrás, Binaroti, que siempre llevaba terciado su guitarra a la espalda, aprovechó para interpretar bellas canciones de gnomos acompañado por Petrochi.

Cuando terminaban la última canción, el medallón detector de Binaroti, comenzó a calentarse y a tornarse rojo. Al volver la cabeza, alcanzó a ver a un gnomo enemigo agazapado tras un arbusto, presto a saltar sobre una doncella que escuchaba la guitarra completamente embelesada.

Sin dudarlo un instante, nuestro héroe soltó la guitarra, desenfundó el arcabuz y disparó un chorrito del líquido verde, que petrificó al atacante. Un segundo intruso que intentó huir fue alcanzado por Petrochi. Un minuto más tarde yacía petrificado a la vista de los pigmeos.

― ¡Bravo mis valientes!― Gritó entusiasmada Arita la paloma en castellano y agregó: ―Ya llevamos cuatro enemigos menos.

― ¡Viva Binaroti! ¡Viva Petrochi!― Añadió Maya la guacamaya en taino, logrando que el cacique y todos los presentes vitorearan a los gnomos gritando en su lengua:

― ¡Aracatay punay Binaroti! ¡Aracatay punay Petrochi!

Esa misma noche, aprovechando que los pigmeos y sus huéspedes estaban de jolgorio, los morados volvieron a infiltrarse y lograron raptar a Yali, una joven doncella de cuarenta y cuatro años, que había salido de madrugada a recoger agua dulce requerida para cocinar, a la orilla de la quebrada que abastecía a la tribu.

El rapto causó pánico entre los pigmeos que por orden de Guarú iniciaron patrullajes de vigilancia armados con flechas envenenadas y lanzas, a lo largo y ancho de su territorio. A los tres días, en tiempo de la quinta dimensión, los guerreros de la tribu que iban acompañados por Binaroti, llegaron a una pequeña laguna en donde cinco doncellas lavaban ropa. En ese momento el medallón comenzó a calentarse y nuestro héroe pudo advertir sobre el peligro:

― ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!

Los pigmeos reaccionaron: lanzaron sus flechas y seis morados cayeron abatidos. Binaroti alcanzó a ver a un gnomo enemigo que huía con una doncella al hombro seguido por dos de sus compañeros. Entonces, apuntó el arcabuz, disparó y petrificó al más rezagado, pero no alcanzó a repetir el disparo. Cuando recargó el arcabuz, alcanzó a ver cómo uno de ellos, con su preciosa carga cruzó el portal hacia el astral de la cuarta dimensión a donde no podía perseguirlo. Afortunadamente el otro esbirro no alcanzó a seguir a su compañero pues cayó atravesado por una lanza que arrojó Giral, el primogénito del cacique que dirigía al grupo de patrulleros de la tribu.

Para la siguiente incursión, Vangar dispuso que atacaran en parejas en las que un gnomo caería sobre la presa y el otro cubriría su espalda con flechas envenenadas. Para entonces, ya había descubierto que en la isla la quinta dimensión tenía un portal de acceso marcado por palmeras en cada uno de los cuatro puntos cardinales y que los lugares más apropiados para atacar eran: el río que cruzaba el portal oriental y la laguna cercana al portal sur, donde habían caído seis de sus gnomos. Esos lugares eran los más frecuentados por las doncellas y facilitaban el regreso con la presa a la cuarta dimensión a donde Binaroti no podría seguirlo. Así pues, el campo de batalla tendría que ser en la tercera dimensión, como sucedió en la carraca o en la quinta dimensión a la que, gracias al bebedizo, podía acceder durante tres horas.

Pensando con la misma lógica Binaroti y Giral, decidieron dividirse en dos grupos de veinte guerreros cada uno, para proteger esos dos puntos vulnerables. En la laguna se apostaría Binaroti al frente de un grupo, armado con un mosquete; y en el río del sector oriental, se situaría Giral con el otro grupo, acompañado por Petrochi con su mosquete.

A la semana de estar ensayando la nueva estrategia, Vangar organizó una incursión simultánea en los dos frentes. Al amanecer, en el sector occidental, el medallón detector le permitió a Binaroti neutralizar a un morado en el momento en que se aproximaba a una lavandera; sin embargo, el gnomo que cubría a su compañero disparó una flecha envenenada que atravesó el brazo derecho de nuestro héroe. Los pigmeos reaccionaron: un guerrero tomó el arcabuz y petrificó al gnomo que había lanzado la flecha contra Binaroti. Al final de la batalla, había tres pigmeos muertos y dos heridos. En cuanto al enemigo: en el campo de batalla quedaban un morado petrificado y dos atravesados por flechas de los pigmeos.

Después del combate, Binaroti fue evacuado y atendido por Catamarí, el chamán de los pigmeos taínos, quien preparó un potaje con el cual eliminó los efectos del veneno. El herido permaneció un mes de convalecencia bajo los cuidados del chamán, hasta su recuperación total.

***

Binaroti y su primo Petrochi permanecieron en la quinta dimensión, como huéspedes del cacique pigmeo Guarú, los casi tres años del tiempo, de la tercera dimensión, que estuvo Colón navegando entre las islas del Mar Caribe en búsqueda de nuevas tierras y tesoros. En ese lapso, nuestros amiguitos perfeccionaron el taino, conocieron extrañas especies de animales como el colibrí, la iguana, el armadillo, el oso hormiguero y otros muchos que no se habían visto antes en España; pero lo más importante, lograron detectar y neutralizar a otros dos gnomos morados. Por desgracia, creyeron que habían eliminado la amenaza, pues en todo ese tiempo no volvieron a tener incursiones enemigas. Además, según las cuentas de Arita no eran más de dieciocho los que habían venido en las carabelas. Lamentablemente, la paloma no había contabilizado a Vangar y a dos de sus secuaces que viajaron ocultos en la misma carraca en cuyo palo mayor llegó a la isla la paloma.

Ante, la aniquilación de casi todos sus gnomos, Vangar, astuto como era, cambió de estrategia: decidió quedarse quieto en la cuarta dimensión y no hacer más incursiones al mundo de los pigmeos, mientras Binaroti estuviera en la isla con el mosquete y el letal líquido verde. Así pues, una noche reunió a Octox y Nonex, los dos últimos gnomos de su pandilla, les contó su nueva estrategia y finalizó con estas palabras:

― Tarde o temprano, esos malditos verdes regresarán a España y llegará nuestro tiempo para ejecutar el plan― Vangar hizo una pausa, miro a los ojos a sus esbirros, y agregó con una torva sonrisa: ― Me derrotaron, pero no estoy vencido.

Un buen día, Arita anunció que la flota se estaba preparando para regresar a España. Binaroti y su primo decidieron volver a su mundo, se despidieron del cacique Guarú y su tribu de pigmeos que salieron hasta la playa a despedirlos.

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