La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo VI

Posted on : 18-05-2018 | By : kapizan | In : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, VI. La misión

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

VI
LA MISIÓN

Bosques de Sevilla, 1599

A comienzos de la primavera del último año del siglo, Malú el palomo mensajero llegó a casa de Tomás y su hijo Antonio ― tanto Malú como Tomás y su hijo eran descendientes directos de Arita, la paloma y de Juan el labriego y su hijo Felipe; los tres vivían en la misma casa con palomar en las afueras de Sevilla y cerca al portal de la quinta dimensión ―, con una invitación de su majestad Ergonio III para asistir al día siguiente a primera hora a una reunión en el palacio real.

Como siempre, Binaroti acudió al portal, les dio a beber el elixir y los condujo al salón en donde esperaba el rey Ergonio en compañía del rey Kinte, monarca de los pigmeos africanos, acompañado por un pigmeo negro que presentaron como el príncipe Karlo, sobrino del rey africano. El joven príncipe era un pigmeo negro de ciento setenta años, fuerte musculatura y finas facciones, que saludó a Binaroti con muestras de auténtica admiración. En torno a la mesa que presidía el rey Ergonio, también estaban presentes el mago Abdulá, Petrochi y Ciro, el búho que actuaba como consejero del rey Kinte y reposaba en su hombro derecho. Después de las presentaciones, el rey Ergonio fue directamente al grano:

― Mis queridos Tomás y Antonio, hace algún tiempo me comentasteis que os gustaría conocer el Nuevo Mundo en donde Binaroti y Petrochi vivieron grandes aventuras en la isla de los pigmeos tainos. Incluso me dijisteis que os gustaría embarcaros, Tomás como marinero y Antonio como grumete, en una nave de las muchas que están cruzando el mar hacia esas tierras. ¿Estoy en lo correcto? ―Preguntó el monarca mirando alternativamente a los ojos de sus interlocutores.

―Así es majestad ― dijo Tomás contestando por ambos ― en verdad son tantas las historias que hemos oído de esas tierras, que queremos conocerlas y si nos gustan quedarnos a vivir allí. De hecho, lo único que esperamos es que Antonio cumpla los doce años requeridos para que lo acepten como grumete.

― En verdad no tendríais que esperar los dos años que faltan, si aceptáis el plan que pensamos proponeros. El rey Kinte os explicará de qué se trata…

― Perdón majestad ― interrumpió Tomás, se puso de pié y en tono respetuoso agregó:

― Antes de que hable su majestad el rey Kinte, quiero que sepáis que mi hijo y yo estamos a vuestra entera disposición y si es vuestra voluntad que viajemos al fin del mundo iremos gustosos.

― Sabía que podía contar con vosotros ―replicó el rey Ergonio antes de ceder la palabra al rey Kinte, que comenzó diciendo:

― Hace tres años el rey Benkos de Biohó, uno de los más valerosos guerreros africanos, fue capturado por traficantes portugueses, en las inmediaciones de su aldea en África Occidental y fue vendido en Cartagena de Indias como esclavo. Este año me llegaron noticias de que había logrado fugarse y esconderse en una serranía a pocas leguas de Cartagena en donde ha construido un palenque con ayuda de otros negros escapados a los que llaman cimarrones. Allí está organizando un ejército que lucha por la libertad de los esclavos en contra de las tropas del gobernador de Cartagena y ha formado una red para ayudar a otros esclavos a huir y unirse a su causa. Esa, a grandes rasgos, es la situación ―El rey Kinte hizo una pausa y prosiguió:

― Ahora bien, se trata de enviar un grupo mixto de humanos y pigmeos, para que cumpla dos misiones: la primera es tomar contacto con el rey de los cimarrones y entregarle una prenda cuya forma de uso explicará el mago Abdulá. Esta prenda puede ayudarle mucho al rey rebelde, en su labor de propiciar la fuga de esclavos para que se vuelvan cimarrones y huyan hacia su palenque. En realidad esa tarea es sencilla. La segunda misión os la explicará el príncipe Karlo quién viajará con vosotros ― El rey Kinte tomó asiento y le dio la palabra al príncipe Karlo que carraspeó para aclarar la voz y comenzó en tono pausado su intervención:

― Crecí con la leyenda del gran Binaroti y su primo Petrochi, aquí presentes, escuchando los relatos de su viaje al Nuevo Mundo y de la forma en que lograron aniquilar a los morados desterrados que atacaron a los tainos en la Española. A los dos debo decirles que me siento honrado al conocerlos y al tener la oportunidad de formar el mismo equipo para cumplir la misión que tenemos entre manos. Antes de proseguir, quiero que todos sepan algo con lo que no contábamos hace menos de un mes: Vangar está vivo y tanto o más activo que hace cien años ―El príncipe Karlo hizo una pausa para medir el impacto de su anuncio y ante la expresión de sorpresa de Binaroti y su primo, continuó:

― Todos recordarán que las tres doncellas tainas secuestradas por Vangar y sus gnomos a fines del siglo pasado, nunca aparecieron. Pues bien, el mes pasado, Halil el correo del rey Kinte que llegó de Cartagena me contó que los pigmeos del grupo Tayrona que habitan esas costas fueron atacados por gnomos morados y secuestraron seis pigmeas. Es bueno que sepáis que una de ellas era mi hermana la princesa Marli que había viajado un año antes al Nuevo Mundo, en busca de aventuras y atraída por las historias que le contó Halil. Mi hermana era huésped de Kátaro, el cacique de los tayrona que habitan en la sierra nevada de Santa Marta

―El príncipe tomó un respiro y se preguntó:

― ¿Qué pasó? No lo sé. Pero entre los pigmeos del Nuevo Mundo, según me contó Halil, existe la suposición de que después de la derrota que Binaroti y Petrochi les infligieron, Vangar y dos de sus secuaces sobrevivientes, junto con las tainas secuestradas esperaron otro navío que atracase en La Española y los sacase de allí hacia otro lugar en donde no se supiera de su existencia y pudieran tomar a los pigmeos por sorpresa. Los tainos suponen que en 1501 se embarcaron de polizones en una de las carabelas de la expedición de Don Rodrigo de Bastidas, que los llevó a Tierra Firme en inmediaciones de una sierra nevada cercana al ahora famoso puerto de Santa Marta.

― O sea, majestad ― dijo Binaroti dirigiéndose al príncipe Karlo, con el ceño fruncido y un gesto de preocupación ―, que nos enfrentamos a un nuevo enemigo: los descendientes de Vangar y su grupo de secuestradores. Unos mestizos cuyas características desconocemos…

Karlo movió la cabeza afirmativamente:

― Así es, Binaroti ―respondió el príncipe y añadió en tono amable:

― Ah, y podéis llamarme Karlo, al fin de cuentas seremos compañeros de aventuras.

El Rey Ergonio intervino entonces para decir:

― Contamos con la astucia y las habilidades de Binaroti y Petrochi y con el hecho de que Tomás y Antonio serán dotados con sendas pulseras que les permitirán a los humanos que las usen, aumentar o disminuir a voluntad su tamaño con el fin de que puedan hacerse mimetizables en la tercera dimensión, pues adquirirán la estatura de un gnomo. Una pulsera similar será la prenda que debéis entregar de nuestra parte al rey Benkos de Biohó.

― ¿Cómo es eso? Preguntó Antonio.

― Muy sencillo ― dijo el Mago Abdulá que se puso de pie para entregar a cada uno una pulsera de plata con un sello superpuesto de metal verde en forma de trébol de cuatro hojas, labrado en la parte superior de la prenda y explicó:

― Para recuperar vuestro tamaño natural y haceros visibles para los humanos en la tercera dimensión, debéis colocar vuestro dedo índice sobre el sello trebolar, moviéndolo en círculos hacia la derecha y pronunciar el primer verso de nuestro himno: Macacafú, fuchi fú, fuchi fú… Para retornar al tamaño de un gnomo en la tercera dimensión, debéis hacer lo mismo pero hacia la izquierda y pronunciar el segundo verso del himno: Túa, cuacuatúa, cuacuatúa túa tuá… En otras palabras, podréis actuar en la tercera dimensión con el tamaño y la facilidad de mimetismo de los gnomos o haceros visibles y actuar como humanos. Eso representa una gran ventaja.

Cuando el mago terminó su explicación, el rey Ergonio tomó nuevamente la palabra para decir:

― Con el rey Kinte hemos creído conveniente que además de Binaroti, Petrochi, Karlo, Tomás y Antonio, se unan a la expedición Halil, para que sirva como guía en las tierras que bien conoce, y Malú el palomo para que sea un rápido mensajero y observador.

Al día siguiente de la reunión en palacio, los expedicionarios zarparon en la Nao Santa Librada, una enorme carraca que transportaba carga y pasajeros a bordo de la cual llegarían en poco menos de un mes a Cartagena de Indias. Al embarcar, Binaroti, y los demás miembros de su grupo llevaban al cinto sendos mosquetes y una cartuchera con suficientes cápsulas de Petrobin. Los mosquetes habían sido perfeccionados y ahora usaban un cargador de seis cápsulas que podían disparase en forma continua sin necesidad de la lenta recarga de antes.

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