Operación Capicúa Capítulo XI

Posted on : 18-07-2011 | By : kapizan | In : Capítulo XI, Novela Corta, Novelas, Operación Capicúa

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IDANADI

Mientras revisaba frente al espejo los últimos detalles de mi atuendo, no pude menos que sonreír complacida ante mi propia imagen, que se había detenido en el tiempo con la apariencia física que tenía a los 33 años cuando conocí a Kasak. Recordé que después de mi experiencia en la India durante el resto del año ningún hecho extraordinario había sucedido, ni había sido contactada, como lo anunciara Kasak. Un año después, el 20 de junio de 1982, antes de mi cumpleaños número 34, que había decidido celebrar en Ciudad de México, con unas breves vacaciones, fui abordada, a la salida de un cine, por una niña de trece años, tez morena clara, rasgos indígenas, ojos cafés, cara bonita, pelo negro lacio cogido con dos trenzas y atuendo simple: jeans, camiseta y tenis.

La jovencita, que respondía al nombre terrestre de Laura Lopera y al cósmico de Idanadi, era la encargada de desarrollar mis facultades telepáticas pues, según me indicó, ella sería la responsable de adiestrar en esa función a los 191 niños capicúa que habrían de ser sus alumnos después del año 2002; me dijo además que estaba en condiciones de aclararme cualquier duda sobre la información proporcionada por Kasak el año anterior. Al respecto le dije que había leído en el diccionario el significado de la palabra capicúa y se refería a cifras que se leen igual tanto de derecha a izquierda como de izquierda a derecha, tal como sucede en el juego del dominó.

― Nosotros incluimos en esa categoría lo que ustedes llaman palíndromos ― me aclaró Idanadi con una sonrisa, y complementó ―: por ejemplo, ANITA LAVA LA TINA; mi nombre y el de mis compañeros; las iniciales de tu nombre Ana Milena Arango (AMA) y lo que es más importante el nombres de Dios, según la Biblia: YOSOY, son capicúas. El capicúa es símbolo de perfección y de equilibrio. ― La jovencita hizo una pausa como para comprobar si le estaba siguiendo, sonrió nuevamente y agregó:

― Ahora bien, en lo referente a las fechas, en el calendario terrícola, los años capicúa se han venido repitiendo cada 110 años desde el año 1001, en razón de los cuatro dígitos, excepto al final de milenio, pues entre el año 999 y el 1001 sólo hubo dos años de diferencia y entre 1991 y 2002 habrá 11 años de diferencia; pero el anterior a 1991 fue 1881, el anterior a este 1771 y así sucesivamente.

Después de sus explicaciones sobre los capicúas, Idanadi me sorprendió con el inusitado y maravilloso regalo de cumpleaños, que me dió: un pequeño cofre de oro con once pastillas que debería ingerir diariamente por igual número de días.

― Con estas pastillas ― me explicó la muchacha ―, lograrás mantener, indefinidamente tu cuerpo con la salud, la vitalidad y la apariencia de los 33 años; pues ésta es la edad de la madurez física y biológica del ser humano; que además, la puede preservar por centurias si se mantiene en armonía con sus semejantes y con la naturaleza, como sucede en Ganímedes, en Las Pléyades y sucederá a mediados del próximo siglo en la tierra…”.

Durante los años posteriores ― en distintas épocas, en forma aleatoria e impredecible ―, recibía un mensaje telepático que me anunciaba el próximo destino, escogido entre diversos lugares del planeta donde sería contactada por el siguiente ganimediano. Gradualmente fui aprendiendo a querer, admirar y respetar a estos muchachos a quienes comencé a considerar como mis verdaderos maestros. La culminación de ese largo periplo, al parecer, tendría lugar esa tarde en Bogotá, según lo anunciado telepáticamente por la bien timbrada y armónica voz.

4 Comentarios

Como me hubiera gustado un regalo como el de Idanadi a mis 33 añitos,edad de oro en que me apareció la diabetes,esas pastillitas me tendrían renovado.Pancho,esperanzador tus mágicos relatos.Cordial saludo

Gracias mi querido Lumylaba por tus estimulantes comentarios.

Un abrazo,

Por si no lo conocieras (lo más probable es que sí lo conozcas) te agrego este otro: DABALE ARROZ A LA ZORRA EL ABAD. ¿Qué te parece este palindromo? Te cuento que cuando en mi niñez llegué a la edad de viajar solo, empecé a coleccionar boletos capicúa de tranvía y buses. Recuerdo que en el bus Nº 4, viajando al dentista, me dieron el boleto Nº 22222 (no recuerdo la letra de la serie). ¿Qué tal? Fue tal la emoción que la recuerdo hasta el día de hoy. Lamentablemente, al regresar de mis estudios en USA, la colección de boletos capicúa había desaparecido (¡la recuerdo hasta el día de hoy! ¡Removiste mi pasado!) Keep plugging! Un abrazo, Don G.

P.S.: ruego decirme si existen 11 de esas pastillitas para personas de mi edad.

Gracias Don Guillermo por tu comentario. El palíndromo de la zorra y el abad es muy bueno. Lamentablemente no hay pastillitas; mi esperanza es que algún día con los avances tecnológicos esa ficción se vuelva realidad.Un abrazo

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