Operación Capicúa

Posted on : 11-10-2010 | By : kapizan | In : Cuentos, Encuentros de Almas Gemelas

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La prestigiosa periodista colombiana especializada en temas paranormales conoció a Kasak en el verano de 1981 en Nueva Delhi, al término de una conferencia organizada por el Indian Institute of Parasichology. Tres cosas le sorprendieron sobremanera cuando él la abordó: la primera, que le llamara por su nombre, Ana Milena, pues con excepción de sus padres, sus familiares más cercanos y muy pocos amigos, todos la conocían por su seudónimo periodístico: Lorena Montes; la segunda, que le hablara en perfecto español sin acento, a pesar de que su indumentaria, sus facciones, el color de su piel y su cabeza rapada denotaban un origen claramente hindú; y la tercera, que Kasak era un niño de 12 años.
Al oír su nombre, pronunciado con tanta claridad en español, en labios de un niño indio, Lorena se desconcertó y sólo atinó a preguntarle cómo era posible que supiera su nombre. Sin darse cuenta, formuló la pregunta en inglés sobrecogida por un repentino nerviosismo.
— Conozco tu nombre y sé muchas cosas de ti ― contestó el niño en español impecable, con una amplia sonrisa que no logró tranquilizarla ―: Sé, por ejemplo, que naciste en Medellín, Colombia, el 21 de junio de 1948, a las dos de la mañana. Justo el día en que comenzó, astrológicamente hablando, la Era de Acuario; que tu nombre completo es Ana Milena Arango; que eres periodista independiente, corresponsal de varias revistas americanas y europeas; que escribes sobre temas científicos y que últimamente estás muy interesada en todos los temas relacionados con la percepción extrasensorial.
El Sol comenzaba a ponerse y en ese momento su luz oblicua iluminaba un majestuoso templo Hindú, visible como a unos 600 metros de donde estaban, a espaldas del niño, quien en ese momento adquirió un perfil de contornos dorados, que a Lorena le pareció místico y le infundió respeto. Después de una breve pausa, el muchacho la miró directamente con sus ojos oscuros, penetrantes, limpios, y dando énfasis a sus palabras añadió:
— Para mí, lo más importante es que tú eres “capicúa” y por tanto estás vinculada, en alguna forma, al cumplimiento de mi misión ― esto último lo dijo en un tono más pausado y sin perder la sonrisa, que en ese momento a la periodista le pareció enigmática.
— Explícame por favor. ¿Tú quién eres? ¿Qué es eso del capicúa? ¿Quién te envía? ¿Por qué me abordaste? ― fue lo único que se le ocurrió preguntar atropelladamente, mientras encendía su grabadora y un cigarrillo para calmar los nervios, francamente alterados por la serenidad y la seguridad que irradiaba este niño, que de pronto le pareció como un interlocutor no sólo adulto, sino poderoso…
— Aguarda un momento ― dijo, mientras salía corriendo detrás de un carrito de helados que pasaba en ese momento por la avenida. ¡Primer gesto infantil que mostraba su comportamiento! En pocos minutos regresó saboreando un cono y exclamó — ¡dátiles con yogur, mi favorito!
Se sentó en una banca a la orilla de la alameda y se concentró en consumir lentamente su helado, con delectación, como cualquier niño de cualquier lugar del mundo. Cuando hubo terminado, se levantó, se limpió los labios con un pañuelo rojo, y tomándola de la mano, la miró directamente a los ojos, permaneció en silencio por un buen rato, soltó su mano y empezó a caminar lentamente por la alameda, bordeada de frondosos árboles, a los cuales acudían decenas de pajarillos como buscando sus nidos para pasar la noche que se aproximaba.
Lorena le siguió en silencio. El paisaje era hermoso, apacible, la luz crepuscular le confería un ambiente tranquilizador, especialmente para sus ojos y para su mente que no lograba captar lo que le estaba sucediendo, si bien gradualmente se iba calmando, mientras experimentaba la sensación de que se encontraba próxima a vivir una experiencia inolvidable. Después de un buen rato, llegaron al centro del parque identificable por una glorieta con un jardín de flores rojas, en medio de unos arbustos podados por un hábil jardinero que les había dado formas geométricas de rombos, triángulos y esferas. En mitad de la plazoleta, como a cuarenta centímetros del suelo, una pila de mármol contenía una fuente de agua iluminada por focos interiores. Las luces giratorias daban al entorno un toque fantasmagórico en medio de esa noche que comenzaba para Lorena en tan extrañas circunstancias.
Con un gesto amable, el misterioso niño la invitó a sentarse en una de las bancas de madera simétricamente colocadas en el borde exterior de la plazoleta, y permaneció de pie frente a ella. Sus facciones, dulcificadas por una sonrisa, resplandecieron con un brillo picaresco de sus ojos, cuando comenzó a explicarle:
— Mi nombre terrestre es Jawaharbal Bahadur, pero mi nombre cósmico es Kasak y así deberás llamarme. Soy telépata, por eso leo en tu mente la pregunta, “¿Qué significa eso de nombre cósmico?”.
La sonrisa del niño se transformó en una breve y ruidosa carcajada cuando vio la cara de asombro de la periodista, al advertir que por su mente acababa de pasar exactamente esa pregunta; su comentario la asustó un poco y le dio la sensación de que la privacidad de su mente podía ser invadida por la mente poderosa del mozalbete.
— No tienes de qué preocuparte por mi condición de telépata ― dijo Kasak, colocándole una mano sobre el hombro derecho, como para calmarla ―. Quienes hemos desarrollado este don, y tú algún día no muy lejano lo desarrollarás, somos respetuosos en la comunicación telepática, pues no penetramos una mente sin pedir autorización a su dueño, en la misma forma en que tú no entras a un cuarto ajeno sin golpear antes la puerta. Si lo hice, fue para darte una demostración y no con el ánimo de asustarte. De todas maneras ― agregó en tono cortés ― discúlpame.
— De acuerdo ― dijo cada vez más intrigada ―. Te disculpo, pero me debes muchas explicaciones, ¿no te parece?
— Por supuesto ― dijo Kasak sentándose a su lado ―, comenzaremos por tu última pregunta, la que no te dejé formular.
Diciendo esto, se acomodó en el asiento y levantó la mirada al despejado cielo de verano, embellecido por una miríada de titilantes estrellas que daban una pálida claridad a la noche y producían, en conjunto con los olores silvestres, un ambiente de sosiego. Kasak permaneció en silencio por unos segundos y, luego de aspirar el fresco aire nocturno, comenzó:
— Todos los seres humanos tenemos un nombre único, cósmico, universal, el cual nos es revelado cuando alcanzamos un nivel adecuado de evolución. Oportunamente conocerás el tuyo. ¿Quién soy? ― Prosiguió Kasak ― Lo podrás averiguar tú misma, visitando mi casa, conociendo a mi madre y dialogando con ella o acompañándome a la escuela y hablando con mis profesores. Descubrirás que, en mi medio, me desenvuelvo como un niño normal. Pero eso es sólo apariencia. En realidad, yo soy uno de los muchos seres que han encarnado en la Era de Acuario para conducir a la humanidad hacia una era dorada, en la cual reinen el amor, la paz, la belleza, la armonía y la opulencia, entendida esta última como la satisfacción plena de todas las necesidades, para todos los seres humanos.
Kasak hizo una pausa, como para observar el efecto que sus palabras habían producido en su interlocutora, la miró fijamente a los ojos y prosiguió:
— Puedo revelarte que formo parte de un grupo integrado por diez niños y un maestro que nos dirige. Todos los niños tenemos exactamente la misma edad, pues nacimos el primero de enero de 1969. Estamos destinados a cumplir diferentes funciones en el proceso de preparar a la Tierra, a partir del año 2002, para una transición gradual orientada a la conformación de un gobierno mundial unificado, de carácter espiritual y teocrático, que surgirá después de la fusión de todas las iglesias mayores de Oriente y Occidente. Se nos conoce como los líderes, actualmente en formación, de la Operación Capicúa. Provenimos de una civilización más avanzada, que habita en el planeta Ganímedes de nuestro sistema solar. Decidimos voluntariamente abandonar nuestros cuerpos físicos, de edad muy avanzada, para encarnar en este planeta sin perder nuestro conocimiento y participar en esta misión, con el propósito de avanzar en nuestro proceso evolutivo individual. Aparte de nosotros, nacerán en la tierra, después de 1991, ciento noventa y un niños de ambos sexos, uno por cada país, que serán preparados a comienzos del próximo milenio con el fin de ayudar a la humanidad a construir una nueva civilización…
— ¡Un momento! ― exclamó Lorena interrumpiendo a Kasak, con expresión perpleja por su extraña revelación —. ¿Quieres decir que eres un extraterrestre?
— ¡Je, je, je, je! ― Se rió el muchacho y contestó: — Sí y no, je, je, je. Es difícil de explicar, pero lo intentaré.
— Cuanto antes mejor ― dijo Lorena, un tanto molesta al sentirse completamente confundida ―.
—Verás ― dijo Kasak, al tiempo que se sentaba a su lado y echaba la cabeza hacia atrás para mirar las estrellas ―. Ganímedes es el satélite más grande de Júpiter y está habitado por nuestra civilización, desde que hace miles de años nuestros antepasados lograron evacuar Maldek, nuestro planeta original, que se desintegró en una violenta explosión nuclear en la cual perecieron millones de personas. En Ganímedes, conocido en la galaxia como el reino de Mu, los habitantes han logrado convivir armónicamente, y por milenios.
Kasak guardó silencio por un momento, que la periodista aprovechó para intervenir con algunas preguntas:
— ¿Cómo es esto de que abandonaste tu cuerpo físico en edad muy avanzada?, ¿quiere decir que estoy hablando con un anciano y no con un niño? He oído hablar de Ganímedes, pero no sabía que estaba habitada y nuestros científicos no creen que haya vida en ese satélite.
Kasak sonrió levemente, y con una parsimonia que parecía natural en él retomó la palabra:
— Muchos interrogantes adicionales seguirán dándote vueltas en la mente. Por lo pronto… El estruendo producido por los motores de un avión de pasajeros que descendió sobre sus cabezas, rumbo a la pista de aterrizaje en el aeropuerto de Nueva Delhi, interrumpió a Kasak, quien respiró profundo y esperó hasta que el silencio total los cubriera nuevamente. Lorena estaba fascinada, esperando la explicación del niño viejo que retomó la palabra después de algunos minutos.
— Los ganimedianos alcanzamos un nivel evolutivo, conocido como Fraternidad, que corresponde a un período en el cual la totalidad de los habitantes de un planeta fundamentan todas sus actividades en el amor. Es una era en la que reinan la paz y la armonía, pues conceptos egoístas de los niveles anteriores han sido superados y muchas de las instituciones, que antes eran consideradas indispensables, desaparecen para dar paso a un sistema de convivencia social, hasta ahora desconocido en este planeta. Una vez la humanidad esté lista para convivir en fraternidad, progresivamente irá avanzando en siete grados de organización social hasta lograr su perfeccionamiento como especie. Oportunamente conocerás estos grados; en las Pléyades, por ejemplo, ya han alcanzado un sexto grado, pues los pleyadinos manejan en forma perfectamente armónica las fuerzas naturales y espirituales; los ganimedianos vivimos en un quinto grado de organización comunitaria en el cual han desaparecido totalmente los conceptos de posesión, los complejos y se han eliminado las barreras de la intimidad, con lo cual el ser deja al descubierto su verdadera esencia y comienza a regirse por la conciencia pura y no por el ego conceptualizado.
— Entonces ― intervino la periodista ― ¿Esto quiere decir que los niños de la que tú llamas “Operación Capicúa” han venido a trasplantar el sistema de vida de Ganímedes en la tierra?
— Yo no diría trasplantar ― respondió Kasak ―, sino adaptar lo esencial de nuestro sistema a este mundo pluricultural y multiétnico. Actualmente hay en la Tierra un grupo de personas que han alcanzado lo que podríamos llamar un despertar espiritual hacia la ley universal del Amor; se cuentan por millones, y con la ayuda de numerosas obras literarias, conferencias, seminarios y proliferación de movimientos espirituales están preparados sicológicamente para iniciar un cambio de actitud frente a la vida, frente a los demás seres humanos y frente a su planeta. Además, están listos para ser guiados hacia la generación de cambios fundamentales en el sistema de gobierno y en las formas de convivencia social.
Kasak miró a Lorena con una sonrisa, misteriosa para ella, y dijo, como en respuesta a su pensamiento:
— Sé que tienes infinidad de preguntas respecto a la revelación que te he hecho; sin embargo, por hoy es suficiente… ya es tarde y no quiero que mi madre se preocupe. Faltan tres días para que termine tu conferencia, toma este tiempo para decantar la información que te he proporcionado y el lunes, cuando el sol se ponga, te espero en la fuente luminosa. Sin mediar palabra, se empinó un poco para darle un beso en la frente, dio media vuelta y se marchó, dejándola con un torbellino de inquietudes en la mente.
El lunes al atardecer, equipada con la grabadora, una cámara fotográfica y una lista interminable de preguntas que le habían surgido durante el fin de semana, se encontraba en el mismo banco en el cual Kasak le había hecho las sorprendentes revelaciones. Sin poder controlar totalmente el nerviosismo y la ansiedad, esperó por espacio de una hora la llegada del muchacho… Comenzaba a impacientarse, cuando una mano se posó sobre su hombro y la voz de Kasak, hablando en inglés a sus espaldas, le susurró: “Permanece quieta, no te voltees y recibe esta nota ― dijo, mientras deslizaba un sobre en sus manos y agregaba. He recibido instrucciones de mi maestro, en el sentido de que toda la información que te he proporcionado debe mantenerse oculta hasta el año 2002. En este sobre encontrarás los nombres cósmicos del resto de mis compañeros en la operación capicúa y los lugares en donde serás contactada por ellos durante los próximos años. Como te dije, tú eres capicúa y estás vinculada al cumplimiento de nuestra misión”.
Lorena sintió que el muchacho retiraba la mano de su hombro, hablaba en tono ligeramente más alto que los susurros iniciales, y anticipaba su pregunta diciéndole:
— Por definición semántica, capicúa es toda palabra, frase o cifra que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, como por ejemplo 1881, ANITA LAVA LA TINA, mi nombre y el de todos los integrantes de la misión o tu primer nombre ANA, que al complementarse con las iniciales de tu nombre Ana Milena Arango, nos da otra palabra capicúa: AMA. A propósito de tu primer nombre, te anticipo que forma parte del nombre cósmico que te será revelado oportunamente. Por ahora debes continuar tu vida profesional sin ningún cambio y limitarte a seguir las instrucciones que te serán proporcionadas telepáticamente, tal como lo estoy haciendo ahora…
En ese momento, Lorena se volvió intrigada para llevarse la gran sorpresa de que Kasak había desaparecido; sin embargo, en su mente escuchaba la conocida risa del muchacho y su voz, que sonaban como si estuviese hablando a sus espaldas, cuando en realidad desde trescientos metros de distancia mentalmente le decía: “Hasta pronto y buena suerte”.

* * *

El 11 de enero de 1991, casi diez años después del encuentro con Kasak, que había significado un cambio dramático en la mentalidad y en la vida de Lorena, a las once de la mañana captó ella en su interior, como ya le había sucedido en oportunidades diferentes, una voz masculina y armoniosa que amablemente le ordenaba viajar ese mismo día de Cali, en donde acababa de atender un compromiso profesional, hasta Bogotá y acudir, antes de las cinco de la tarde, al lobby del Hotel Tequendama, en donde recibiría nuevas instrucciones que la prepararían para su primer encuentro con Rakar, el Jefe Supremo de la Operación Capicúa.
A pesar de que este encuentro le había sido anunciado a Lorena cinco años antes cuando fue contactada por Franz Reichardt, para entonces un joven de 17 años que la había abordado durante una visita a la histórica ciudad de Dresde, en Alemania, y que respondía al nombre cósmico de Kenek, la notificación telepática le produjo una sensación de logro similar, pero muy aumentada, a la que había experimentado el día de su graduación como periodista. Comprendía que el despertar a la conciencia trascendente, anunciado por sus instructores, estaba próximo. Con una calma y una serenidad que a ella misma le sorprendieron, alistó con eficiencia su equipaje y se dirigió al aeropuerto para tomar el próximo vuelo hacia Bogotá, mientras su mente evocaba los encuentros con los jóvenes, hombres y mujeres de la Operación, que para entonces deberían de tener 22 años.
Mientras revisaba frente al espejo los últimos detalles de su atuendo, Lorena no pudo menos que sonreír a su propia imagen, que se había detenido en el tiempo con la apariencia física que tenía a los 33 años cuando conoció a Kasak. Recordó que después de su experiencia en la India durante el resto del año ningún hecho extraordinario había sucedido, ni había sido contactada, como le anunciara Kasak, sino hasta el 20 de junio de 1982, víspera de su cumpleaños número 34. En esa ocasión, encontrándose en Ciudad de México, había sido abordada por una hermosa adolescente a la salida de un cine. La jovencita, que respondía al nombre terrestre de Laura Lopera y al cósmico de Idanadi, no sólo había sido su primera instructora para el desarrollo de sus facultades telepáticas, primero como receptora y después como transmisora, sino que le había hecho un inusitado y sorprendente regalo de cumpleaños: un pequeño cofre de oro que contenía once pastillas que debería ingerir diariamente por igual número de días. “Con ello lograrás mantener tu cuerpo con la salud, la vitalidad y la apariencia de los 33 años; pues ésta es la edad de la madurez física y biológica del ser humano, que puede preservar por centurias si se mantiene en armonía con sus semejantes y con la naturaleza, como sucede en Ganímedes, en Las Pléyades y sucederá a comienzos del próximo milenio en la tierra…”.
A partir de este segundo contacto se estableció una secuencia de encuentros con el resto de integrantes de la Operación: en Kabul, Afganistán, con Tesset en 1983; en Toulouse, Francia, con Ailia en 1984; en el Cusco, Perú, con Aya en 1985; en Dresde, Alemania, con Kenek en 1986; en Moscú, Rusia, con Besseb en 1987; en Praga, Checoslovaquia, con Otto en 1988; en Haifa, Jerusalén, con Assa en 1989; y en El Cairo, Egipto, con Tabat en 1990.
A lo largo de estas vivencias, Lorena se iba sintiendo cada vez más fortalecida espiritualmente, convencida de que por alguna razón, que aún no comprendía, ella había sido escogida para jugar un rol muy importante en los acontecimientos que marcarían, para la humanidad en la tierra, un paso definitivo hacia el nivel de fraternidad y convivencia pacífica. Tenía también más claro el concepto de la Operación Capicúa, cuya primera fase, según le había indicado Kenek, terminaría en 1991, cuando tendría contacto con el jefe Supremo de la operación. Según le habían explicado los jóvenes, a quienes aprendió a respetar y reconocer como maestros, a partir del año 2002 ellos conformarían una especie de grupo instructor que tendría la responsabilidad de capacitar y preparar espiritualmente a los 191 niños concebidos y nacidos en 1991. La formación de estos niños iniciaría a la edad de 11 años y se prolongaría hasta el año 2022 para que, al cumplir los 33 años de edad, asumieran los gobiernos de sus respectivos países y comenzaran una transición acelerada hacia la integración mundial, borrando las fronteras divisorias y depurando las instituciones para la nueva etapa en que el Planeta Tierra se constituiría en reino unificado y miembro de la Fraternidad Cósmica Universal. Kenek le había explicado que Rakar, el maestro que les dirigía, no era ganimediano, como ellos, sino pleyadino, y que como su civilización vivía en Las Pléyades bajo un sexto grado de organización social, poseía la sabiduría suficiente para orientarlos como asesor de quienes conducirán este planeta hacia ese cambio, que estaría precedido por una serie de catástrofes naturales, epidemias y guerras, que se extenderían hasta el año 2012. Desde el año 2009, cuando los 191 jóvenes alcanzarían la mayoría de edad, se iniciaría para ellos la etapa en que comenzarían a escalar prominentes posiciones en sus respectivos países, hasta llegar a ocupar, en el año 2022, la primera magistratura en sus naciones; en esa etapa estarían asesorados permanentemente por los instructores ganimedianos.
Alrededor de las cuatro y media de esa tarde, Lorena se apeó del taxi frente a la entrada principal del Hotel Tequendama, y al traspasar el umbral de la puerta nuevamente escuchó en su mente una voz, la misma que le había dado el mensaje telepático en la mañana, que le decía: “Bienvenida a Bogotá, como verás yo he cambiado mucho en el aspecto físico pero tú sigues siendo tan hermosa como el día en que te conocí. Je, Je, Je”. Lorena no pudo evitar una carcajada mientras buscaba con la vista a su interlocutor telepático. No tardó en identificar a Kasak, que en ese momento se levantaba de una poltrona, seguido por la bella mujer de 22 años en que se había convertido Idanadi. Kasak iba elegantemente vestido con un traje gris claro de tres piezas, camisa blanca de algodón y corbata de seda azul oscura; su rostro moreno lucía una bien cortada barba y estaba tocado por un turbante también azul oscuro, que le daban la apariencia de un elegante diplomático indio. Después de los correspondientes abrazos, Kasak invitó a las dos mujeres a seguirle hasta la suite que compartía, desde el día anterior, con Idanadi, en el último piso del hotel. Una vez allí, Idanadi ordenó por teléfono un servicio de té y galletas, indicándole a Lorena, esta vez en lenguaje verbal, que después de tomar el té deberían ponerse ropas cómodas: a las seis de la tarde emprenderían camino hacia el vecino municipio de Tabio, en donde su alojamiento estaría en una cabaña a los pies de la conocida Peña de Juaica, y que allí sería preparada para su encuentro con Rakar, esa misma noche.
A las seis de la tarde un botones golpeó a la puerta, que Kasak se apresuró a abrir, y le dijo: “Señor Bahadur, el campero que ordenó está disponible en el área de parqueo del hotel”. Hora y media después Kasak estacionaba el vehículo frente a una amplia cabaña de ladrillo a la vista y tejado de barro, situada a unos doscientos metros del carreteable que conducía desde la vía entre Tabio y Tenjo hasta el pie de la Peña de Juaica. La noche era cerrada pero el cielo estaba despejado, lucía pletórico de estrellas y luceros que parecían danzar en la oscuridad. Al traspasar el grueso portón de caoba que daba acceso al interior de la cabaña, Idanadi oprimió un interruptor para iluminar una acogedora sala con cuatro poltronas, tapizadas en cuero, en torno a una alfombra de lana virgen en cuyo centro había una mesa redonda de madera labrada, adornada por un solitario de cristal que lucía una orquídea fresca de color violeta.
Kasak le indicó a Lorena que se sentase en una de las poltronas, mientras él hacía lo propio frente a ella e Idanadi salía nuevamente de la cabaña para recoger la valija de la periodista y una maleta mediana en cuyo interior había algunas ropas masculinas, una cédula de ciudadanía colombiana, un pasaporte a nombre de Alfredo Muñoz Acosta, consultor empresarial, nacido en Bogotá el 21 de junio de 1948. Las fotografías de ambos documentos mostraban el rostro de un hombre de edad mediana, tez blanca, ojos azules y cabello castaño oscuro. Poco después Idanadi ingresó al cuarto principal de la cabaña, cerró la puerta a sus espaldas y comenzó a desempacar los equipajes para acomodarlos en un sólido mueble de madera frente a una cama matrimonial, que junto con las respectivas mesitas de noche y dos mecedoras de mimbre constituían el sobrio pero agradable ambiente de la alcoba. En la sala, entretanto, Kasak le pedía a Lorena que cerrase los ojos e iniciara una serie de ejercicios respiratorios que tiempo atrás le había enseñado Idanadi cuando comenzó su instrucción para la comunicación telepática.
En un estado de completa relajación, la mente de Lorena comenzó a escuchar la voz de Kasak, que en tono monocorde le decía: “Tu nombre cósmico es Anayana, tu origen es pleyadino y a partir de este momento tendrás conciencia de tu verdadero ser trascendente. A continuación tu espíritu viajará en el tiempo y en el espacio hasta el lugar y las circunstancias en que tú y Rakar, que es tu complemento masculino, fueron aceptados por el Supremo Consejo Intergaláctico como una de las parejas que formarían parte, en representación de las Pléyades, de la Operación Capicúa”.
Con la nitidez y la tridimensionalidad de un sueño, Anayana, conciente de su verdadera identidad, se vio a sí misma al lado de Rakar en medio de un grupo, que con ellos completaba ciento noventa y una parejas, conformados por pleyadinos, kordelianos, orphirianos, damarkinos y representantes de otras razas anatómica y fisiológicamente similares a los pobladores de la Tierra. Todos cómodamente instalados en sillas reclinables en una especie de foro, al frente del cual había un podio desde donde se dirigía a ellos el gran Maestro Rondek, presidente del Consejo Supremo, para darles la bienvenida y felicitarlos por haber sido escogidos entre más de diez mil parejas de voluntarios que se habían ofrecido para participar en la Operación Capicúa. A continuación, el Maestro Rondek les ordenaba que colocasen sus respectivas sillas en posición horizontal, para que pudiesen apreciar lo que en ese momento estaba ocurriendo en el Planeta Azul. La cúpula transparente que cubría el recinto como un inmenso domo se convirtió en una enorme pantalla, en cuyo centro se fue acercando la imagen de la Tierra hasta que se pudo apreciar una ciudad sobre la cual volaba un rudimentario aparato aéreo, de cuyo vientre fue arrojado un objeto cilíndrico que hizo impacto en el centro de la ciudad levantando una enorme nube que cubrió por completo la pantalla. En ese momento el maestro Rondek explicó:
— En este instante, según el calendario y el huso horario de los terrícolas, son las 08:15 de la mañana del lunes 6 de agosto de 1945, y el aparato que ustedes acaban de ver es un bombardero estadounidense que acaba de lanzar sobre la cuidad de Hiroshima la primera bomba atómica construida por el hombre, causando más de ochenta mil muertes en un minuto. A ésta seguirá otra bomba, que pondrá fin a una guerra mundial, la segunda que ha ocurrido en ese planeta en menos de treinta años. Se espera que a este suceso le siga un período de tensiones bélicas, entre naciones que vivirán los próximos años bajo la amenaza de una conflagración atómica que podría destruir el planeta azul, tal como ha sucedido en otros planetas en ésta y otras galaxias. El Consejo Supremo sabe que el próximo 21 de junio de 1948 comenzará en la Tierra la era zodiacal de acuario, hecho éste que marcará la transición de ese planeta hacia un nivel evolutivo superior que permitirá a los sobrevivientes de múltiples eventos, que sucederán desde ahora hasta el año 2012, iniciar una convivencia armónica como fraternidad apta para formar parte de la Confederación Intergaláctica de planetas habitados. Ahora bien, continuó Rondek, las 191 mujeres, de este grupo deberán abandonar sus cuerpos físicos para encarnar de padre y madre terrícolas, y nacer como tales el 21 de junio de 1948, cada una en la ciudad que escogieron en cada uno en los respectivos países que han venido estudiando.
Por su parte, los hombres permanecerán conformando un grupo especial de apoyo que sobrevolará durante los próximos años el planeta azul para cumplir misiones específicas que les serán comunicadas oportunamente, con excepción de Rakar, que también encarnará al tiempo con las mujeres, pues tendrá a su cargo, a partir de 1969, la coordinación de un grupo de 10 ganimedianos que también nacerán en ese planeta como parte del plan general. Por razones de seguridad, las mujeres que nacerán en la Tierra mantendrán durante 44 años su conciencia trascendente adormecida; no así los ganimedianos, quienes junto con Rakar conservarán la totalidad de su conciencia y sus capacidades mentales. Por último, debo advertirles que con ocasión del descubrimiento de la energía atómica en la Tierra, la otra fuerza, encabezada por los riguelianos, intensificará sus esfuerzos por apoderarse de este planeta que ofrece una variedad de especies animales y vegetales que no existen en Riguel; de hecho, tenemos información de que ellos comenzarán en los próximos años una serie de incursiones sobre el planeta azul para realizar experimentos genéticos con humanos y animales; además, sabemos que ya han logrado producir en el laboratorio riguelianos muy similares, al menos en apariencia, a los pobladores de la Tierra; también se ha sabido que la otra fuerza tiene previsto hacer pactos secretos con algunos líderes terrícolas, ofreciéndoles tecnología a cambio de facilidades para sus propios experimentos.
Para finalizar quiero indicarles que ustedes, como individuos genéticamente complementarios, volverán a encontrarse en la Tierra en enero de 1991, según el tiempo de este planeta, y en cada uno de los países asignados, pues tendrán la misión de procrear los niños que guiarán a esa humanidad hacia el cambio; para ello deberán vivir y comportarse como padres biológicos, según las costumbres y la cultura de cada país, hasta el final de la segunda fase en el año 2002. A partir de este momento y hasta la fecha en que comienza la Operación, ustedes dispondrán de un periodo de descanso disfrutando la mutua compañía en Kayak, el planeta de los dos soles y las tres lunas, a donde serán conducidos al término de esta reunión.
Al abrir lo ojos, Anayana, totalmente conciente de su preexistencia, de la importancia de continuar viviendo como Lorena Montes y de la proximidad de su encuentro con Rakar, se percató de algunos cambios: Kasak e Idanadi habían desaparecido, la chimenea crepitaba alegremente, y en el comedor de la cabaña había una botella de vino con dos copas. Con su espíritu invadido por una sensación de plenitud, se levantó en el preciso instante en que un pequeño reloj de péndulo marcaba las once de la noche y se abría la puerta de la alcoba principal para dar paso a Rakar, que ataviado con una sencilla bata casera de algodón avanzó sonriente para tomarla en sus brazos y fundirse con ella en un idílico abrazo y en un apasionado beso que selló el anhelado encuentro, vaticinado muchos años antes en su lejano pasado.

15 Comentarios

Tremenda imaginación mi querido Capi. Te felicito. Casi quisiera que las ideas del relato se hicieran realidad. Recibe un abrazo de mi parte.

José

Mil gracias mi querido José por la lectura y el comentario. Yo también quisiera que esa ficción se convirtiera en realidad. Por lo pronto, estoy trabajando la idea de adaptarlo como un guión de cine y buscar un productor.

Pancho,tu ingenio es maravilloso,leyendo este interesante relato de ciencia ficción me trasportó a una sala de cine,disfrutando su fascinante contenido acompañado con la habitual bolsita de crispetas.Vale la pena que estas fantasias se pudieran llevar a la pantalla.FELICITACIONES.

Mi querido Lucho: Prometo que Miryam, tus hijas y tus nietos tendrán palco de honor en la premier de gala de la película; soñar no cuesta nada.
Un abrazo

Nos encanto tu cuento, porque lo hace a uno reflexionar y caer en cuenta de cosas que nos pasan
y que en ese momento no se da cuenta que son mensajes recibidos de los maestros.
Seguire leyendolos,

Gracias por la visita y el comentario mi querida Amalia.Bienvenida al grupo de mis amigas y amigos lectores. Tus palabras son gran estímulo para seguir escribiendo.Un fuerte abrazo.

En definitiva …..la añoranza

Muy cierto socita. Gracias por el comentario

De película, este cuento es una verdadera obra maestra de literatura.
Me gustaría vivir en un planeta sin fronteras, tal y como lo pintas en el cuento, en un nuevo orden. Leyendo este relato, parece que no fuera ficción sino que se tratara de la realidad o de historia patria, pues es muy coherente.

Lucy Gaitán

Mi querida Lucy: Me emocionó muchísimo tu comentario. Para un escritor cibernético como yo, equivale lo que para un escritor tradicional representaría vender los primeros cien mil ejemplares. Tus palabras me motivan a seguir trabajando sin pausa en este placentero mundo de la ficción.
Un abrazo

Que gran historia. Estamos muy interesados en negociar los derechos de esta novela para adaptarla al cine. Felicitaciones Kapizán.

Amigos de Low Battery Films. Agradezco su interés por esta obra. Pueden contactarme para coordinar una reunión de trabajo. Celular 3158025797.Cordial saludo.

¡Me sorprendiste, Don Capi! No esperaba encontrarme con la parapsicología y la ciencia ficción. Me había despistado la palabra “capicúa” porque cuando era niño y empecé a viajar solo coleccionaba los billetes capicúa que con suerte me daban en el bus. Magnífica historia que todos quisiéramos ver convertida en realidad. ¡Suerte! ¡Ojalá se convierta en película! Un abrazo, Don G.

Apreciado Don Guillermo: Agradezco sobremanera tus comentarios y tu deseo por verla convertida en realidad; ese mundo armónico y fraterno es el sueño de muchos; por ello, creo que si la llevamos al cine puede ayudar en el proceso de concientización de la humanidad sobre la nexesidad de vivir en paz.

Por fin viejo capicúa. Ciertamente es extraordinario el relato y curiosos los nombres capicúa que allí aparecen. Bajo el enfoque de marketing percibo que esta historia, dependiendo del tratamiento cinematográfico, puede ser de interés general y, especialmente, de los amantes de los temas esotéricos. Oportunamente tendremos la oportunidad de abordar el tema para conocer detalles del cuento y de su proyección. Un abrazo

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