La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo VI

Por : kapizan
En : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, VI. La misión

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

VI
LA MISIÓN

Bosques de Sevilla, 1599

A comienzos de la primavera del último año del siglo, Malú el palomo mensajero llegó a casa de Tomás y su hijo Antonio ― tanto Malú como Tomás y su hijo eran descendientes directos de Arita, la paloma y de Juan el labriego y su hijo Felipe; los tres vivían en la misma casa con palomar en las afueras de Sevilla y cerca al portal de la quinta dimensión ―, con una invitación de su majestad Ergonio III para asistir al día siguiente a primera hora a una reunión en el palacio real.

Como siempre, Binaroti acudió al portal, les dio a beber el elixir y los condujo al salón en donde esperaba el rey Ergonio en compañía del rey Kinte, monarca de los pigmeos africanos, acompañado por un pigmeo negro que presentaron como el príncipe Karlo, sobrino del rey africano. El joven príncipe era un pigmeo negro de ciento setenta años, fuerte musculatura y finas facciones, que saludó a Binaroti con muestras de auténtica admiración. En torno a la mesa que presidía el rey Ergonio, también estaban presentes el mago Abdulá, Petrochi y Ciro, el búho que actuaba como consejero del rey Kinte y reposaba en su hombro derecho. Después de las presentaciones, el rey Ergonio fue directamente al grano:

― Mis queridos Tomás y Antonio, hace algún tiempo me comentasteis que os gustaría conocer el Nuevo Mundo en donde Binaroti y Petrochi vivieron grandes aventuras en la isla de los pigmeos tainos. Incluso me dijisteis que os gustaría embarcaros, Tomás como marinero y Antonio como grumete, en una nave de las muchas que están cruzando el mar hacia esas tierras. ¿Estoy en lo correcto? ―Preguntó el monarca mirando alternativamente a los ojos de sus interlocutores.

―Así es majestad ― dijo Tomás contestando por ambos ― en verdad son tantas las historias que hemos oído de esas tierras, que queremos conocerlas y si nos gustan quedarnos a vivir allí. De hecho, lo único que esperamos es que Antonio cumpla los doce años requeridos para que lo acepten como grumete.

― En verdad no tendríais que esperar los dos años que faltan, si aceptáis el plan que pensamos proponeros. El rey Kinte os explicará de qué se trata…

― Perdón majestad ― interrumpió Tomás, se puso de pié y en tono respetuoso agregó:

― Antes de que hable su majestad el rey Kinte, quiero que sepáis que mi hijo y yo estamos a vuestra entera disposición y si es vuestra voluntad que viajemos al fin del mundo iremos gustosos.

― Sabía que podía contar con vosotros ―replicó el rey Ergonio antes de ceder la palabra al rey Kinte, que comenzó diciendo:

― Hace tres años el rey Benkos de Biohó, uno de los más valerosos guerreros africanos, fue capturado por traficantes portugueses, en las inmediaciones de su aldea en África Occidental y fue vendido en Cartagena de Indias como esclavo. Este año me llegaron noticias de que había logrado fugarse y esconderse en una serranía a pocas leguas de Cartagena en donde ha construido un palenque con ayuda de otros negros escapados a los que llaman cimarrones. Allí está organizando un ejército que lucha por la libertad de los esclavos en contra de las tropas del gobernador de Cartagena y ha formado una red para ayudar a otros esclavos a huir y unirse a su causa. Esa, a grandes rasgos, es la situación ―El rey Kinte hizo una pausa y prosiguió:

― Ahora bien, se trata de enviar un grupo mixto de humanos y pigmeos, para que cumpla dos misiones: la primera es tomar contacto con el rey de los cimarrones y entregarle una prenda cuya forma de uso explicará el mago Abdulá. Esta prenda puede ayudarle mucho al rey rebelde, en su labor de propiciar la fuga de esclavos para que se vuelvan cimarrones y huyan hacia su palenque. En realidad esa tarea es sencilla. La segunda misión os la explicará el príncipe Karlo quién viajará con vosotros ― El rey Kinte tomó asiento y le dio la palabra al príncipe Karlo que carraspeó para aclarar la voz y comenzó en tono pausado su intervención:

― Crecí con la leyenda del gran Binaroti y su primo Petrochi, aquí presentes, escuchando los relatos de su viaje al Nuevo Mundo y de la forma en que lograron aniquilar a los morados desterrados que atacaron a los tainos en la Española. A los dos debo decirles que me siento honrado al conocerlos y al tener la oportunidad de formar el mismo equipo para cumplir la misión que tenemos entre manos. Antes de proseguir, quiero que todos sepan algo con lo que no contábamos hace menos de un mes: Vangar está vivo y tanto o más activo que hace cien años ―El príncipe Karlo hizo una pausa para medir el impacto de su anuncio y ante la expresión de sorpresa de Binaroti y su primo, continuó:

― Todos recordarán que las tres doncellas tainas secuestradas por Vangar y sus gnomos a fines del siglo pasado, nunca aparecieron. Pues bien, el mes pasado, Halil el correo del rey Kinte que llegó de Cartagena me contó que los pigmeos del grupo Tayrona que habitan esas costas fueron atacados por gnomos morados y secuestraron seis pigmeas. Es bueno que sepáis que una de ellas era mi hermana la princesa Marli que había viajado un año antes al Nuevo Mundo, en busca de aventuras y atraída por las historias que le contó Halil. Mi hermana era huésped de Kátaro, el cacique de los tayrona que habitan en la sierra nevada de Santa Marta

―El príncipe tomó un respiro y se preguntó:

― ¿Qué pasó? No lo sé. Pero entre los pigmeos del Nuevo Mundo, según me contó Halil, existe la suposición de que después de la derrota que Binaroti y Petrochi les infligieron, Vangar y dos de sus secuaces sobrevivientes, junto con las tainas secuestradas esperaron otro navío que atracase en La Española y los sacase de allí hacia otro lugar en donde no se supiera de su existencia y pudieran tomar a los pigmeos por sorpresa. Los tainos suponen que en 1501 se embarcaron de polizones en una de las carabelas de la expedición de Don Rodrigo de Bastidas, que los llevó a Tierra Firme en inmediaciones de una sierra nevada cercana al ahora famoso puerto de Santa Marta.

― O sea, majestad ― dijo Binaroti dirigiéndose al príncipe Karlo, con el ceño fruncido y un gesto de preocupación ―, que nos enfrentamos a un nuevo enemigo: los descendientes de Vangar y su grupo de secuestradores. Unos mestizos cuyas características desconocemos…

Karlo movió la cabeza afirmativamente:

― Así es, Binaroti ―respondió el príncipe y añadió en tono amable:

― Ah, y podéis llamarme Karlo, al fin de cuentas seremos compañeros de aventuras.

El Rey Ergonio intervino entonces para decir:

― Contamos con la astucia y las habilidades de Binaroti y Petrochi y con el hecho de que Tomás y Antonio serán dotados con sendas pulseras que les permitirán a los humanos que las usen, aumentar o disminuir a voluntad su tamaño con el fin de que puedan hacerse mimetizables en la tercera dimensión, pues adquirirán la estatura de un gnomo. Una pulsera similar será la prenda que debéis entregar de nuestra parte al rey Benkos de Biohó.

― ¿Cómo es eso? Preguntó Antonio.

― Muy sencillo ― dijo el Mago Abdulá que se puso de pie para entregar a cada uno una pulsera de plata con un sello superpuesto de metal verde en forma de trébol de cuatro hojas, labrado en la parte superior de la prenda y explicó:

― Para recuperar vuestro tamaño natural y haceros visibles para los humanos en la tercera dimensión, debéis colocar vuestro dedo índice sobre el sello trebolar, moviéndolo en círculos hacia la derecha y pronunciar el primer verso de nuestro himno: Macacafú, fuchi fú, fuchi fú… Para retornar al tamaño de un gnomo en la tercera dimensión, debéis hacer lo mismo pero hacia la izquierda y pronunciar el segundo verso del himno: Túa, cuacuatúa, cuacuatúa túa tuá… En otras palabras, podréis actuar en la tercera dimensión con el tamaño y la facilidad de mimetismo de los gnomos o haceros visibles y actuar como humanos. Eso representa una gran ventaja.

Cuando el mago terminó su explicación, el rey Ergonio tomó nuevamente la palabra para decir:

― Con el rey Kinte hemos creído conveniente que además de Binaroti, Petrochi, Karlo, Tomás y Antonio, se unan a la expedición Halil, para que sirva como guía en las tierras que bien conoce, y Malú el palomo para que sea un rápido mensajero y observador.

Al día siguiente de la reunión en palacio, los expedicionarios zarparon en la Nao Santa Librada, una enorme carraca que transportaba carga y pasajeros a bordo de la cual llegarían en poco menos de un mes a Cartagena de Indias. Al embarcar, Binaroti, y los demás miembros de su grupo llevaban al cinto sendos mosquetes y una cartuchera con suficientes cápsulas de Petrobin. Los mosquetes habían sido perfeccionados y ahora usaban un cargador de seis cápsulas que podían disparase en forma continua sin necesidad de la lenta recarga de antes.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo V

Por : kapizan
En : La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil, V. La iniciación de Antonio

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

V
LA INICIACIÓN DE ANTONIO

Bosques de Sevilla, 1596

Durante un siglo en la quinta dimensión, pasan menos cosas que en la tercera. Por ejemplo, Binaroti había cumplido sus primeros trescientos años y en los dominios del rey Ergonio no se habían producido mayores cambios. Por el contrario, en el mundo de la tercera dimensión, el palomar de Arita era ahora ocupado por Malú su tataranieto y en la casa de al lado vivía Tomás el biznieto de Juan junto con su hijo Antonio que pronto cumpliría siete años y estaría listo para ser presentado ante el rey Ergonio en su palacio de la quinta dimensión.

Para esa época el rey de España era Felipe II que había sucedido a Carlos I de España, V de Austria, en el gobierno de un imperio en cuyos dominios nunca se ocultaba el sol. El Nuevo Mundo había sido conquistado a sangre y fuego, los indígenas fueron sojuzgados y se inició un proceso de colonización con la fundación de ciudades en las islas descubiertas tanto en el Caribe, como en territorio continental.

En Colombia, ese proceso comenzó en la costa norte, con la fundación de Santa Marta en 1525 y de Cartagena en 1533. En la época de este relato, ambos puertos eran muy importantes para el tráfico de mercaderías desde el nuevo mundo hacia Europa y viceversa. Eran además, la puerta de entrada al tráfico de negros traídos de África como esclavos, negocio que se había vuelto muy lucrativo.

Cuando comenzó el secuestro de negros para traficarlos como esclavos en el Nuevo Mundo algunos pigmeos africanos decidieron, voluntariamente, viajar como polizones en los barcos de los esclavistas para apoyar a los humanos de color en lo que fuera posible. Con el tiempo, Kinte, el rey de los pigmeos africanos organizó un sistema de comunicación con el Viejo Mundo mediante pigmeos que viajaban como correos entre los dos lados del océano, llevando y trayendo noticias.

Ya para entonces comenzaban los ataques piratas a los navíos españoles, para robar el oro, la plata y las joyas que los colonizadores enviaban al viejo mundo.

***

El día de su séptimo cumpleaños, Antonio madrugó y se encaminó con su padre hacia el interior del bosque a esperar el momento en que, con las primeras luces del alba, se abriría el portal dimensional que le daría entrada por primera vez al mundo mágico de los gnomos verdes, del que tanto le habían hablado su abuelo y su padre. Una mezcla de ansiedad, curiosidad y alegría invadió el espíritu del niño cuando su papá entonó la primera estrofa del himno de los gnomos y ambos cantaron:

Macacafú, fuchi fú fuchi fú…
Fuchilurí macá.
Túa, cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá…

Tal como le habían contado que sucedería, el bosque se iluminó con un bello resplandor y apareció Binaroti con su guitarra encabezando un grupo de gnomos que portaban flautas e instrumentos de cuerda y de viento con los que acompañaron el resto del himno, cantando en coro con sus melodiosas voces:

Ostrá chirulí macá, Ostrá chirulí macá,
Túa cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.

Terminado el himno, Binaroti les ofreció en copa de oro el delicioso elixir que reduciría su tamaño al de los gnomos. Antonio sintió una leve sacudida en el cuerpo en el momento en que su estatura se redujo a treinta y tres centímetros. Una extraña sensación le produjo ver a su padre a la misma altura de todos.

― Bienvenidos al reino de su majestad Ergonio III― Dijo Binaroti en tono solemne, después de terciarse la guitarra a la espalda y quitarse el gorro puntiagudo al tiempo que hacía una elegante venia y movía el gorro de izquierda a derecha en un gesto teatral de saludo. Hecho esto, se colocó nuevamente el gorro y en tono invitador les dijo:

― Seguidme, la ceremonia está por comenzar.

Antonio y su padre, emprendieron la marcha por el sendero que conducía al estanque frente al palacio, seguidos por los gnomos que entonaron alegres canciones para animar el recorrido de media legua que separaba el portal dimensional de la morada real. Al llegar, fueron guiados a una tribuna cubierta por toldillos y Binaroti los acomodó a lado y lado ―Antonio a la derecha― de los tronos reales que en ese momento estaban desocupados.

Sin más espera unos heraldos hicieron sonar las trompetas y el chambelán de la corte anunció la entrada de los monarcas:

― ¡Sus majestades el rey Ergonio III y la reina Betunia, monarcas del reino kardiano!

Los reyes salieron por detrás de la cascada y avanzaron con elegancia a lo largo de la orilla del estanque. Al llegar a la tribuna, saludaron con un beso en la mejilla a los dos invitados y tomaron asiento en sus respectivos tronos, con lo cual se dio comienzo a una espectacular demostración de perros bailarines, ardillas saltimbanquis y monos malabaristas que desfilaron frente a la tribuna luciendo sus destrezas en honor a los monarcas y sus invitados. Vino después un precioso desfile de caballos, novillos, burros y lobos organizados en columnas de siete hileras de ancho y doce filas de profundidad, que marchaban al son de una banda de músicos integrada por gnomos que interpretaban himnos marciales de la época de la guerra con los morados.

Terminado el desfile el rey le impuso a Antonio un collar que lo acreditaba como ciudadano kardiano con todos los derechos y privilegios de los gnomos. Por su parte, Antonio se comprometía a acudir en apoyo del reino cuando fuesen requeridos sus servicios para cumplir misiones en la tercera dimensión. Acto seguido se sirvió un gran banquete después del cual Antonio y su padre fueron invitados por Binaroti y Petrochi a recorrer el reino a caballo para visitar todas sus comarcas, tarea que les tomó un semana, equivalente a un día de la tercera dimensión.

Mientras Antonio y su padre asistían a los festejos de la iniciación del niño en el mundo de los gnomos españoles, a cientos de kilómetros de allí, en el reino de los pigmeos africanos que gobernaba su majestad el rey Kinte, Ciro el búho cruzó el portal desde la tercera hasta la quinta dimensión, para contarle al monarca que en horas de la madrugada, cuando se disponía a reposar, vio con sus propios ojos cómo unos traficantes portugueses secuestraron al rey Benkos de Biohó para venderlo en el Nuevo Reino de Granada como esclavo.

Esa noticia, como veremos más adelante, evolucionaría en los tres años siguientes hasta crear una situación que transformó para siempre la vida de Antonio, de su padre y de sus amigos Binaroti y Petrochi.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo IV

Por : kapizan
En : IV. ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

IV
¡ALERTA! ¡PELIGRO! ¡MORADOS A LA VISTA!

En la noche del 22 de septiembre de 1493, Vangar y sus gnomos nadaron desde el muelle y se colaron, divididos en grupos de a tres, en seis de las quince carabelas que estaban ancladas frente al puerto de Cádiz y que junto con dos carracas esperaban la orden de zarpar, tres días después, hacia el Nuevo Mundo. Un séptimo trío de gnomos morados, se trepó a la carraca Marigalante y se ocultó en el castillo de popa.

En la madrugada del 25 de septiembre, poco antes de que la flota zarpara, Binaroti y su primo Petrochi, volando a horcajadas en el cuello de Pilón ― un águila macho que los había traído desde los bosques de Sevilla―, aterrizaron en el castillo de Proa. No se imaginaban que en esa misma carraca, pero en el castillo de popa, se habían ocultado los tres gnomos morados. El enemigo estaba cerca y ellos lo ignoraban. Sin saberlo, se encontraban a poco menos de cincuenta metros de distancia. El medallón detector se calentaba a partir de los cinco metros de proximidad del enemigo, por lo que Binaroti y Petrochi, acomodados como polizones en la proa de la nave, no se percataron de la presencia de los gnomos morados sino al final de la travesía, como veremos más adelante.

En su recorrido, después de cuarenta días de navegación, la flota divisó nuevas tierras y se descubrieron lo que hoy son las Antillas, Cuba y Puerto Rico. Durante el viaje, Binaroti y Petrochi mataban el tiempo jugando a las cartas, leyendo relatos de sus antepasados en un par de libros que la reina les había regalado antes de partir, o tocando sus instrumentos favoritos: Binaroti, la guitarra y su primo la flauta traversa. Finalmente divisaron las costas de la Isabela y anclaron a cien varas de la playa. Según narraron posteriormente los viajeros, parece ser que los gnomos morados se dirigieron hacia la proa de la carraca para ver la costa. Fue en ese instante, cuando Binaroti al sentir el calor en el medallón y captar su cambio de color, le gritó a su primo:

― ¡Alerta Petrochi! ¡Peligro! ¡Morados a bordo! ¡Trae tu mosquete! ¡Pronto! ¡Apúrate!

Cuando los gnomos morados vieron a Binaroti y a Petrochi, con sendos mosquetes cargados de Petrobin, retrocedieron aterrados, Binaroti disparó y logró petrificar a su oponente. Petrochi erró el tiro y mientras recargaba su arma el morado saltó por la borda de estribor y empezó a nadar las pocas brazas que separaban la carraca Marigalante de la carabela Quintera. Por fortuna, Petrochi logró recargar su arma, apuntar y disparar en el preciso instante en que el tercer enemigo se disponía a saltar por la borda de babor para nadar hacia la carabela Gallarda y trepar por el cable del ancla como lo alcanzó a hacer su compañero. El chorrito de Petrobin dio de lleno en el cuerpo del gnomo que cayó al mar transformado en piedra de colores con figura de gnomo. Desde entonces, hace más de quinientos años, reposa en el fondo de la bahía que se convirtió en su tumba.

***

Isla La Española, 1493

Después del enfrentamiento con los gnomos enemigos a bordo de la carraca Marigalante, Binaroti y su primo consideraron que lo más importante era advertir al cacique de los pigmeos sobre el peligro inminente que representaba para su raza la presencia de gnomos morados en la isla. Así pues, decidieron bajar a tierra, en la misma chalupa en que desembarcó el almirante Colón, y dirigirse a toda prisa hacia la colina en la que, según les había explicado Guayo, se encontraba el portal para ingresar a la quinta dimensión, por entre dos enormes palmeras cargadas de cocos.

Al llegar frente a las palmeras Binaroti y Petrochi se llevaron una gran sorpresa: volando con elegancia sobre sus cabezas, Arita la paloma dio dos vueltas para llamar la atención de los gnomos, se detuvo en el antebrazo de Binaroti y dirigiéndose a los sorprendidos primos, con su bien modulada voz y en perfecto castellano les dijo:

― ¡Bienvenidos a la Española!

― ¿Qué hacéis aquí?― preguntaron al unísono los dos gnomos.

― El rey Ergonio me mandó para que os sirva de intérprete con el Cacique Guarú. Guayo le contó a su majestad que vuestro taino no era muy bueno, que él había hecho un gran esfuerzo para enseñaros pero que podríais tener dificultades para hablar con el cacique. Entonces, sugirió que yo viniese y me pusiera en contacto con Maya, una guacamaya prima suya que se comunica con los tainos de la quinta dimensión como él lo hacía antes de que lo llevaran a España. Eso mejoraría la comunicación entre las dos culturas. El rey aprobó la idea y heme aquí.

― ¿Y vinisteis volando desde España?

― ¡No! ¿Cómo se os ocurre? En realidad vine en el palo mayor de la Gallarda, la otra carraca de la flota. Pero me entretenía volando entre las carabelas. Por eso me di cuenta de que había varios gnomos morados viajando de polizones, como vosotros. Alcancé a contar dieciocho. También vi vuestra valerosa acción. Ahora tenemos dos enemigos menos.

***

La bienvenida que les dieron los pigmeos a los emisarios del rey Ergonio fue muy cálida. Para esa tarde, el cacique les ofreció un agasajo, en el que participaron todos los nobles de la tribu ataviados con sus mejores galas. Hubo una presentación de danzas al son de tambores y otros instrumentos desconocidos para los gnomos, en especial uno llamado marimba, que producía notas melodiosas al golpear con un bolillo una hilera de tablitas de madera alineadas sobre una base de la cual pendían tubos huecos, también de madera. Para no quedarse atrás, Binaroti, que siempre llevaba terciado su guitarra a la espalda, aprovechó para interpretar bellas canciones de gnomos acompañado por Petrochi.

Cuando terminaban la última canción, el medallón detector de Binaroti, comenzó a calentarse y a tornarse rojo. Al volver la cabeza, alcanzó a ver a un gnomo enemigo agazapado tras un arbusto, presto a saltar sobre una doncella que escuchaba la guitarra completamente embelesada.

Sin dudarlo un instante, nuestro héroe soltó la guitarra, desenfundó el arcabuz y disparó un chorrito del líquido verde, que petrificó al atacante. Un segundo intruso que intentó huir fue alcanzado por Petrochi. Un minuto más tarde yacía petrificado a la vista de los pigmeos.

― ¡Bravo mis valientes!― Gritó entusiasmada Arita la paloma en castellano y agregó: ―Ya llevamos cuatro enemigos menos.

― ¡Viva Binaroti! ¡Viva Petrochi!― Añadió Maya la guacamaya en taino, logrando que el cacique y todos los presentes vitorearan a los gnomos gritando en su lengua:

― ¡Aracatay punay Binaroti! ¡Aracatay punay Petrochi!

Esa misma noche, aprovechando que los pigmeos y sus huéspedes estaban de jolgorio, los morados volvieron a infiltrarse y lograron raptar a Yali, una joven doncella de cuarenta y cuatro años, que había salido de madrugada a recoger agua dulce requerida para cocinar, a la orilla de la quebrada que abastecía a la tribu.

El rapto causó pánico entre los pigmeos que por orden de Guarú iniciaron patrullajes de vigilancia armados con flechas envenenadas y lanzas, a lo largo y ancho de su territorio. A los tres días, en tiempo de la quinta dimensión, los guerreros de la tribu que iban acompañados por Binaroti, llegaron a una pequeña laguna en donde cinco doncellas lavaban ropa. En ese momento el medallón comenzó a calentarse y nuestro héroe pudo advertir sobre el peligro:

― ¡Alerta! ¡Peligro! ¡Morados a la vista!

Los pigmeos reaccionaron: lanzaron sus flechas y seis morados cayeron abatidos. Binaroti alcanzó a ver a un gnomo enemigo que huía con una doncella al hombro seguido por dos de sus compañeros. Entonces, apuntó el arcabuz, disparó y petrificó al más rezagado, pero no alcanzó a repetir el disparo. Cuando recargó el arcabuz, alcanzó a ver cómo uno de ellos, con su preciosa carga cruzó el portal hacia el astral de la cuarta dimensión a donde no podía perseguirlo. Afortunadamente el otro esbirro no alcanzó a seguir a su compañero pues cayó atravesado por una lanza que arrojó Giral, el primogénito del cacique que dirigía al grupo de patrulleros de la tribu.

Para la siguiente incursión, Vangar dispuso que atacaran en parejas en las que un gnomo caería sobre la presa y el otro cubriría su espalda con flechas envenenadas. Para entonces, ya había descubierto que en la isla la quinta dimensión tenía un portal de acceso marcado por palmeras en cada uno de los cuatro puntos cardinales y que los lugares más apropiados para atacar eran: el río que cruzaba el portal oriental y la laguna cercana al portal sur, donde habían caído seis de sus gnomos. Esos lugares eran los más frecuentados por las doncellas y facilitaban el regreso con la presa a la cuarta dimensión a donde Binaroti no podría seguirlo. Así pues, el campo de batalla tendría que ser en la tercera dimensión, como sucedió en la carraca o en la quinta dimensión a la que, gracias al bebedizo, podía acceder durante tres horas.

Pensando con la misma lógica Binaroti y Giral, decidieron dividirse en dos grupos de veinte guerreros cada uno, para proteger esos dos puntos vulnerables. En la laguna se apostaría Binaroti al frente de un grupo, armado con un mosquete; y en el río del sector oriental, se situaría Giral con el otro grupo, acompañado por Petrochi con su mosquete.

A la semana de estar ensayando la nueva estrategia, Vangar organizó una incursión simultánea en los dos frentes. Al amanecer, en el sector occidental, el medallón detector le permitió a Binaroti neutralizar a un morado en el momento en que se aproximaba a una lavandera; sin embargo, el gnomo que cubría a su compañero disparó una flecha envenenada que atravesó el brazo derecho de nuestro héroe. Los pigmeos reaccionaron: un guerrero tomó el arcabuz y petrificó al gnomo que había lanzado la flecha contra Binaroti. Al final de la batalla, había tres pigmeos muertos y dos heridos. En cuanto al enemigo: en el campo de batalla quedaban un morado petrificado y dos atravesados por flechas de los pigmeos.

Después del combate, Binaroti fue evacuado y atendido por Catamarí, el chamán de los pigmeos taínos, quien preparó un potaje con el cual eliminó los efectos del veneno. El herido permaneció un mes de convalecencia bajo los cuidados del chamán, hasta su recuperación total.

***

Binaroti y su primo Petrochi permanecieron en la quinta dimensión, como huéspedes del cacique pigmeo Guarú, los casi tres años del tiempo, de la tercera dimensión, que estuvo Colón navegando entre las islas del Mar Caribe en búsqueda de nuevas tierras y tesoros. En ese lapso, nuestros amiguitos perfeccionaron el taino, conocieron extrañas especies de animales como el colibrí, la iguana, el armadillo, el oso hormiguero y otros muchos que no se habían visto antes en España; pero lo más importante, lograron detectar y neutralizar a otros dos gnomos morados. Por desgracia, creyeron que habían eliminado la amenaza, pues en todo ese tiempo no volvieron a tener incursiones enemigas. Además, según las cuentas de Arita no eran más de dieciocho los que habían venido en las carabelas. Lamentablemente, la paloma no había contabilizado a Vangar y a dos de sus secuaces que viajaron ocultos en la misma carraca en cuyo palo mayor llegó a la isla la paloma.

Ante, la aniquilación de casi todos sus gnomos, Vangar, astuto como era, cambió de estrategia: decidió quedarse quieto en la cuarta dimensión y no hacer más incursiones al mundo de los pigmeos, mientras Binaroti estuviera en la isla con el mosquete y el letal líquido verde. Así pues, una noche reunió a Octox y Nonex, los dos últimos gnomos de su pandilla, les contó su nueva estrategia y finalizó con estas palabras:

― Tarde o temprano, esos malditos verdes regresarán a España y llegará nuestro tiempo para ejecutar el plan― Vangar hizo una pausa, miro a los ojos a sus esbirros, y agregó con una torva sonrisa: ― Me derrotaron, pero no estoy vencido.

Un buen día, Arita anunció que la flota se estaba preparando para regresar a España. Binaroti y su primo decidieron volver a su mundo, se despidieron del cacique Guarú y su tribu de pigmeos que salieron hasta la playa a despedirlos.

La leyenda de los Mafuchinos – Capítulo III

Por : kapizan
En : III. Los polizones se preparan, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

III
LOS POLIZONES SE PREPARAN

La llegada de Colón con dos tercios de los hombres y los navíos que habían zarpado en agosto del año anterior causó gran revuelo en las tres dimensiones: inicialmente sorprendió a las autoridades de Sevilla y a sus habitantes en la tercera; después impresionó a la paloma Arita y a los reyes Ergonio y Betunia, en la quinta; y por último, llamó la atención de Oroc, el cuervo espía de los gnomos morados de la cuarta dimensión, enviado por Vangar el jefe de la tribu de los gnomos de las cuevas de Sevilla para obtener información sobre los expedicionarios.

Todos se preguntaban: ¿Por qué llegaron menos barcos, menos marineros y seis exóticos personajes cubiertos con taparrabo? En realidad, cuarenta de los ciento veinte hombres de las tripulaciones originales, habían quedado en la isla que el almirante bautizó “la Española” ―Hoy Haití y República Dominicana ―, cuidando un fuerte construido con los restos de la carraca Santa María que había naufragado estrellada contra los arrecifes.

Siguiendo a la paloma y ocultándose en las sombras con el oído atento y el ojo despierto, Oroc, el malvado cuervo que servía como espía de Vangar obtuvo toda la información que requería para proporcionársela esa misma noche al jefe de los gnomos morados que habitaba en lo más profundo de las cuevas en la cuarta dimensión, desde que fueron desterrados del mundo mágico.

El cuervo esperó la llegada de la media noche, que es la hora en que se puede acceder al tenebroso mundo del plano astral, cruzó el portal dimensional, avanzó por entre filas interminables de almas en pena y bestias aterradoras hasta la cueva del jefe de los gnomos morados, que esperaba impaciente el reporte de su espía. Cuando el cuervo llegó, Vangar, cuyas facciones se habían deformado con los años de destierro en el mundo de las sombras y exhibía un rictus de maldad en la boca torcida, se acomodó en una roca y con voz áspera le dijo:
―Habla pajarraco. Cuéntame todo lo que viste y escuchaste desde el día que regresaron los marinos de Colón. Sin omitir detalle.

El relato del cuervo fue, en esencia, el mismo que la paloma rindió a la pareja real de gnomos verdes. Tanto para Vangar y los morados como para el rey Ergonio y los verdes, la información más valiosa fue la proporcionada por el papagayo sobre la existencia de una nueva raza de pigmeos con rasgos similares a los de los seis indígenas que llegaron con Colón.

De otra parte, el rey Ergonio pensó en aprovechar el siguiente viaje del almirante Colón al nuevo mundo para enviar una pareja de emisarios de buena voluntad ocultos a bordo de una de las naves; en tanto que Vangar decidió usar similar procedimiento para viajar él mismo al frente de veinte gnomos morados ― los últimos que quedaban atrapados en la cuarta dimensión en las cuevas de Sevilla―, provistos de una buena ración del bebedizo, que les permitiría ingresar durante tres horas a la quinta dimensión. Ese tiempo era más que suficiente para secuestrar por lo menos a tres pigmeas. El plan de Vangar contemplaba infiltrarse en territorio del cacique pigmeo que habitaba en la isla La Española y secuestrar tantas pigmeas como fuera posible, para crear una nueva raza mixta con los que en menos de cien años podría dominar, en la quinta dimensión, los territorios descubiertos por Colón.

***

Binaroti era un valiente e ingenioso gnomo verde que se había distinguido luchando contra los rebeldes morados cuando apenas tenía cien años de edad. Con doscientos años cumplidos, se había convertido en un gran químico trabajando como asistente del mago Abdulá. Tiempo atrás, con ayuda de su primo Petrochi, gracias a un error de éste, había logrado desarrollar un líquido verde, al que llamaron Petrobin; por dos razones: petrificaba, literalmente hablando, al adversario y formaba un anagrama con las primeras sílabas de los nombres de sus inventores. Al ser rociado sobre cualquier gnomo morado que lograse infiltrarse en la quinta dimensión, el Petrobin lo neutralizaba, convirtiéndolo en piedra para siempre. Además, Binaroti había diseñado un aparato aspersor, en forma de mosquete que al ser disparado, lanzaba un chorrito de Petrobin suficiente para neutralizar a un gnomo adversario. Los primos eran hijos de padre italiano y madre española y a esa temprana edad gozaban del reconocimiento y aprecio de todos los súbditos del reino kardiano.

Como lo difícil era detectar a un gnomo morado disfrazado de verde, el mago Abdulá le había proporcionado un medallón con una piedra azul que se tornaba roja como un rubí y caliente como una brasa, ante la presencia de un gnomo infiltrado. Con posterioridad al episodio del secuestro de tres gnómidas ―ocurrido a comienzos del año 1400 del calendario humano―, sólo una vez los morados volvieron a infiltrarse, fueron detectados por el medallón de Binaroti y convertidos en piedra. En esa ocasión el rey permitió que uno de los atacantes fuera expulsado vivo de la quinta dimensión para que regresase a contar lo sucedido. A raíz de esto, cesaron las incursiones y la paz regresó al reino.

Cuando se supo que la siguiente expedición zarparía del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, el rey Ergonio llamó a su presencia a Binaroti ― un gnomo, le contó lo que le había dicho meses antes Arita, la paloma, y cuando terminó le dijo:

―Mi querido Binaroti, la próxima semana zarpará del puerto de Cádiz, el almirante Colón con diecisiete naves y mil doscientos hombres, con rumbo a las costas que descubrió el año pasado. Según contó Guayo el papagayo, al rey humano de esas tierras de la tercera dimensión le dicen cacique, se llama Guarú y vive en una isla muy grande. La conocerás porque allí fue capturado Guayo y es la misma que Colón bautizó como La Española. En ella, los españoles construyeron un fuerte con los restos de la nave que se hundió. El cacique de los pigmeos se llama Guarú. Ante él quiero que te presentes como mi embajador de buena voluntad, lo prevengas contra los morados y lo apoyes con lo que sabemos para neutralizar las incursiones enemigas ―El rey hizo una pausa, se mesó las barbas como era su costumbre y preguntó:

― ¿Está Claro? ―Ante la respuesta afirmativa de Binaroti, su majestad agregó:

―Entonces, mi querido Binaroti, escoged un compañero de viaje, preparaos para que un águila os lleve en vuelo directo hasta el puerto de Cádiz y no olvidéis llevar el medallón detector y una buena cantidad de aquel maravilloso líquido verde ― ¿Quién será vuestro compañero? ―preguntó el monarca poniéndose de pie.

―Petrochi, mi primo ―contestó con determinación Binaroti y agregó, en tono de respetuosa pregunta:

―Majestad ¿Cómo os parece mi elección?

― Perfecta ―replicó el monarca con una amplia sonrisa.

***

Los días previos al viaje los emplearon Binaroti y Petrochi en alistar una buena provisión de Petrobin y en aprender el lenguaje de los indígenas para poder comunicarse con el cacique Guarú. Te preguntarás cómo hicieron nuestros amigos para aprender esa lengua hasta entonces desconocida en Sevilla.

Al respecto te recordaré, que las aves tienen un lenguaje único que les permite comunicarse entre sí con miembros de otras especies. En esa forma, Arita pudo entenderse con Guayo cuando lo conoció en Barcelona después de la llegada de Colón de su primer viaje. Como quedó dicho, las aves hablan además el lenguaje de los humanos y los gnomos que es el mismo. Por ello, antes del viaje, Binaroti y Petrochi pasaron largas jornadas con el papagayo intentando aprender las palabras más importantes de la lengua de los indígenas tainos pobladores de La Española.

La Leyenda de los Mafuchinos – Capítulo II

Por : kapizan
En : II. El regreso del Almirante, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN


II
EL REGRESO DEL ALMIRANTE

Bosques de Sevilla, España, 1493

Arita, la paloma mensajera, planeó con elegancia y en círculos amplios sobre los techos del puerto y los mástiles de las embarcaciones ancladas cerca al muelle de Sevilla. Faltaban diez minutos para que el tenue resplandor de lo que los navegantes llaman el “crepúsculo náutico matutino”, abriese por un breve espacio de media hora, el portal dimensional que le daría acceso al mundo mágico de la quinta dimensión. Entraría entonces a la tierra habitada desde siempre por los pacíficos y alegres gnomos verdes, como los llamaban las hadas y los unicornios para distinguirlos de sus antiguos enemigos, los malvados gnomos morados. Tanto los unos como los otros tenían la piel blanca y las facciones de los europeos, pero lo que marcaba la diferencia física entre ambos, era el color de sus gorros puntiagudos.

Después de cruzar el portal, la paloma rendiría su informe verbal a su majestad Ergonio III. Una semana antes, el monarca de los gnomos verdes la había enviado como observadora al puerto de Palos de Moguer a donde acababan de llegar, en enero de 1493, dos de las tres naves ―La Pinta y La Niña― que habían zarpado cinco meses antes. Volvían con dos tercios de la tripulación original y una exótica carga de humanos semidesnudos, aves y frutos, nunca antes vistos en el viejo continente. Días después de la llegada al puerto de Palos, Arita se desplazó en vuelo rasante hasta la corte española en Barcelona, donde los reyes católicos recibirían a Cristóbal Colón, que retornaba de su primer viaje de exploración en busca de una nueva ruta hacia las Indias.
Al regreso de Barcelona, sobre los techos de Sevilla, la paloma aprovechó el plácido vuelo para ordenar sus ideas y calmar la excitación que le había producido la charla con Guayo el papagayo, exótica ave parlanchina de vivos y hermosos colores que ella no sabía que existía.

***

Su majestad el rey Ergonio y su esposa la reina Betunia, habitaban un sobrio pero elegante palacio labrado en el interior de una formación rocosa. El portalón del palacio estaba oculto por una cristalina cascada y el palacio estaba rodeado por una cerca de acebos que se cargaban de flores blancas en primavera y había sido sembrada entre frondosos abedules, abetos y otros árboles nativos de las tierras españolas. El agua de la cascada se apozaba en un pequeño lago en donde retozaban bellísimos peces de múltiples colores que sacaban la cabeza del agua cuando la pareja real se paseaba por la orilla y entonaban para ellos alegres canciones.

Todas las mañanas, después de un frugal desayuno, la pareja real salía de sus aposentos, se acomodaba en sendos tronos de madera tallada con el escudo del reino kardiano, recibía de frente la energía del sol naciente, escuchaba un concierto matutino ofrecido por los peces y una miríada de pajarillos. Una vez terminado el concierto, sus majestades atendían las audiencias programadas para cada día. Esa fría mañana, Arita se aproximó a los monarcas después del concierto y el rey le tendió la empuñadura del cetro para que se posase allí e iniciara su reporte.

― ¡Bienvenida! ―dijo el rey Ergonio con una acogedora sonrisa, mientras acariciaba con la mano derecha la blanca cabeza de la paloma, y agregó: ―Contadme mi leal y valerosa Arita qué lograsteis saber sobre el viaje del almirante Colón.

Con voz suave pero clara y muy bien modulada, la paloma dio su reporte:

― Os digo, su Majestad, que lo que más me llamó la atención fueron las exóticas personas, aves y frutos que vinieron de vuelta con los expedicionarios: se trataba de seis mozos.

― ¿Qué aspecto tenían? ―Quiso saber el monarca.

― Eran de piel cobriza, pelo largo y lacio, ojos oscuros y sólo se cubrían con un trozo de tela; iban descalzos, lucían collares en el cuello y tocados de plumas de colores en la cabeza.

― Y ¿Cómo eran las aves? ― preguntó la reina

― Las tres aves ― contestó Arita ― tenían grandes picos curvos, plumaje de vistosos colores rojo, amarillo, verde y azul, nunca las había visto, pero escuché que los marinos las llamaron papagayos― la paloma hizo una pausa y agregó: ― precisamente, esa tarde logré hablar con uno de los papagayos, que dijo llamarse Guayo y me contó cosas muy interesantes sobre la tierra a la que llegó Colón… Pero lo más interesante que él me contó cuando le hablé de vuestro reino, es que me dijo haber servido como enlace entre unos pigmeos de piel cobriza, habitantes de la quinta dimensión y los humanos que vivían en chozas de paja a la orilla del mar que rodea una isla muy grande…

La paloma habló más de una hora contando con lujo de detalles tanto lo que vio, como lo que le contó su nuevo amigo Guayo. Cuando terminó, el rey ordenó a un lacayo que le sirviese una porción doble de gazpachos dorados que Arita comió con delicada elegancia, acompañando cada tres picotazos con un trago generoso de jugo de uvas moradas. Terminado su banquete, la paloma hizo una venia a sus majestades, les agradeció sus atenciones y emprendió vuelo de regreso a la tercera dimensión.

Arita residía en un palomar en casa de Juan, un labriego viudo de treinta años que vivía en los bosques cercanos al puerto de Sevilla, con su hijo Felipe de nueve años. Padre e hijo mantenían contacto con los gnomos verdes y los visitaban con frecuencia. Cuando querían ingresar al mundo de sus amiguitos, se dirigían al bosque y cantaban el himno de los gnomos que años atrás le había enseñado el abuelo Salustiano a su hijo Juan cuando cumplió siete años. Juan, que siempre fue bueno, mantuvo este privilegio a través de los años y cuando su hijo Felipe cumplió los siete años le enseñó a su vez el himno y la forma de acceder a la quinta dimensión. Para entonces, el abuelo Salustiano había muerto y su espíritu moraba, en el plano etérico de la cuarta dimensión, en un frondoso abedul que él mismo había sembrado. Con las últimas notas del himno, el bosque se iluminaba con un enorme resplandor y frente al abedul con el espíritu del viejo Salustiano, aparecía Binaroti el gnomo, que les ofrecía, en copa de oro, un elixir delicioso. Al beberlo, el tamaño de ambos visitantes se reducía a los treinta y tres centímetros de estatura de los gnomos.

En la quinta dimensión, una semana equivale a un día o a una noche de la tercera dimensión. Esta diferencia la aprovechaban al máximo el labriego y su hijo que visitaban los dominios del rey Ergonio al menos una noche cada mes. En cada viaje, Felipe y su padre pasaban alegres y fascinantes aventuras de una semana en el maravilloso mundo mágico. Para entonces, Binaroti tenía doscientos años y por su aspecto, aparentaba casi la misma edad de Juan que acababa de cumplir veinticinco años.

***

Esa noche en su recamara, a espaldas de la reina que peinaba su lustroso cabello rubio frente a un espejo de cristal de roca, el rey retomó el tema del reporte de la paloma. La miró a los ojos a través de la bruñida superficie y comentó:

― Querida, me pareció muy completo e interesante el reporte de Arita con base en lo que le contó Guayo el papagayo― dijo el rey Ergonio tomando entre sus manos la mano derecha de la reina Betunia ― ¿Qué opinas de la información que nos dio sobre los pigmeos de piel cobriza, similares a los seis humanos que trajeron los marinos de Colón?

― Creo que al ser descubierto un nuevo mundo con una raza diferente de pigmeos, se corre el riesgo de que vuelva a repetirse la historia y los gnomos morados que logramos expulsar a la cuarta dimensión busquen la forma de cruzar el mar e infiltrarse en el nuevo territorio para hacer mucho daño a los humanos; y ni qué decir, si logran engañar a los pigmeos, como sucedió en el África―. La reina hizo una pausa, se volvió hacia su esposo y con tono de preocupación concluyó:

― Sería fatal, si consiguen colarse nuevamente en la quinta dimensión. Me estremezco al recordar cuando secuestraron a dos de nuestras más bellas gnómidas.

― Tienes razón querida ― replicó el rey Ergonio. Meditó unos segundos mesándose las barbas y agregó: ― Creo que debemos aprovechar el próximo viaje que seguramente hará Colón a estas tierras, para enviar un emisario nuestro como embajador de buena voluntad ante el rey de los pigmeos, con el fin de advertirle sobre el riesgo de que los morados traten de infiltrarse en su mundo y de enseñarles los conjuros y los trucos que hemos aprendido para neutralizarlos.

La Leyenda de los Mafuchinos – Capítulo I

Por : kapizan
En : I - Mensaje de la princesa Dialid, La leyenda de los Mafuchinos, Novela Infantil

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PRIMERA PARTE
LOS GNOMOS QUE LLEGARON CON COLÓN

I
MENSAJE DE LA PRINCESA DIALID

Montañas de los Andes, año 2018.

Antes de que empieces a conocer las aventuras de Binaroti y Petrochi, los gnomos que llegaron con Cristóbal Colón, es bueno que sepas que en este planeta hay varias dimensiones paralelas que se mueven en el mismo espacio pero en diferentes tiempos y con distintas velocidades. Una de ellas la habitamos nosotros, los humanos, y la compartimos con seres de los reinos animal, vegetal y mineral. Se le conoce como tercera dimensión. Otra, es la llamada quinta dimensión, o mundo mágico, en donde viven los gnomos, los pigmeos, las sirenas, las hadas, los magos, los unicornios y otros bellísimos seres, todos plenos de amor y de sabiduría. Entre ellos viven animales nobles como los caballos, los perros, los gatos, las águilas, las palomas y los búhos que pueden pasar de un mundo al otro para cumplir misiones específicas. Al cruzar el portal para ingresar a la quinta dimensión, los animales que provienen de la tercera adquieren inmediatamente un tamaño proporcional al de los gnomos; no así los humanos, que deben beber un elíxir especial que les ofrecen los gnomos antes de ingresar, para que puedan disminuir su tamaño. Al regresar unos y otros a la tercera dimensión, recuperan su tamaño original.

En la quinta dimensión todos los animales y las plantas hablan el lenguaje de los animales y las plantas, pero además dominan el idioma de los gnomos que es igual al de los habitantes humanos del mismo territorio. Así por ejemplo: los gnomos españoles hablan castellano, los italianos hablan italiano, los franceses hablan francés y los ingleses hablan inglés.

Quiero contarte además que la tercera dimensión está protegida por los cuatro elementales de la naturaleza, conocidos como: Salamandras en el elemento fuego; Ondinas en el agua; Silfos en el aire; y Gnomos en la tierra. Estos últimos tienen forma humana pero son muy pequeños pues apenas miden treinta y tres centímetros de estatura ― tan bajos que pueden pasar sin agacharse por debajo de un taburete―. Los gnomos poseen características culturales, morfológicas y fisiológicas similares a las de las personas que viven en los territorios de Europa o Asia. En África y en los pueblos indígenas originarios de América recibían el nombre de pigmeos. A raíz de la llegada de los españoles al nuevo continente, como veremos en este relato, los pigmeos indígenas se mezclaron con gnomos provenientes de Europa y con pigmeos africanos, con lo cual dieron origen a los mafuchinos: una nueva raza mestiza de seres diminutos.

Los humanos de la tercera dimensión no pueden ver ni escuchar a los gnomos. Solo pueden hacerlo y hablar con ellos los niños que tienen amigos “imaginarios”, al igual que los ancianos de corazón puro. Ellos están conectados con esta hermosa dimensión pues la bondad de su corazón y la pureza de su espíritu les dan ojos y oídos para ver y escuchar lo que ocurre en ese mundo extraordinario. También, suelen ser invitados por los gnomos a vivir experiencias fantásticas como disminuir su tamaño al de sus pequeños amigos, volar sobre el cuello de un águila, navegar sobre el lomo de un pez, galopar sobre un perro, o saltar a horcajadas en el espinazo de un gato, como si de un caballo se tratase.

Entre estos mundos paralelos se encuentra la cuarta dimensión que tiene dos planos: uno luminoso y bellísimo conocido como plano etérico y otro oscuro y maligno conocido como plano astral. En el plano luminoso están los espíritus de los seres que en vida fueron bondadosos y que suelen tener como morada frondosos árboles, mientras esperan el momento de volver a encarnar en la tierra. Por su lado, en el plano astral están atrapados los espíritus malignos de quienes fueron perversos en su vida e hicieron mucho daño. Estos seres deambulan eternamente sin rumbo y solo se comunican con animales rastreros como las serpientes, los animales ponzoñosos y las aves carroñeras como los buitres y los zopilotes o de gran maldad como los cuervos.

También es bueno que sepas que la vida en la quinta dimensión no siempre ha sido armoniosa y pacífica. Hace setecientos años, a la altura del año 1200 de la Era Cristiana, los gnomos de Europa se dividieron en dos grupos y hubo una terrible guerra que finalmente ganaron los Gnomos kardianos, o verdes, que lograron desterrar a los perversos Gnomos burkinos, o morados, y expulsarlos hacia la cuarta dimensión. Allá viven en cuevas en el plano astral al lado de los espíritus malignos. Después de la expulsión, a los morados les era imposible ingresar a la quinta dimensión. Sin embargo, Vangar, el jefe de los morados expulsados que era un químico notable, logró preparar un bebedizo que les permitió infiltrarse disfrazados de verdes y permanecer unas horas en la quinta dimensión, con el ánimo de secuestrar gnómidas y llevarlas a la cuarta dimensión como esclavas.

El cuerpo físico de estos pequeños envejece mucho más lento que el de los humanos y pueden vivir entre quinientos y seiscientos años. La edad adulta la alcanzan a los cincuenta años cuando están aptos para reproducirse. Al final de su vida, los gnomos y los pigmeos abandonan su cuerpo físico y trascienden al séptimo cielo en donde permanecen sus espíritus por toda la eternidad. Cuando un Gnomo muere por accidente o por cualquier otro motivo, su espíritu va al plano etérico de la cuarta dimensión, en donde espera el momento para volver a encarnar, teniendo como morada un frondoso árbol o un arbusto lleno de flores de hermosos colores.

Para terminar, quiero revelarte el coro del himno mafuchino que debes cantar para poder ingresar al mundo mágico de la quinta dimensión:

Macacafú, fuchi fú fuchi fú…
Fuchilurí macá.
Túa, cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.
Ostra chirulí macá, Ostra chirulí macá,
Túa cuacuatúa, cuacuatúa Túa tuá.

Espero que disfrutes esta visita al mundo mágico de los gnomos, los pigmeos y los mafuchinos.

Amorosamente,
Princesa Dialid

EPÍLOGO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, EPÍLOGO, Novelas

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Leticia, Amazonas diciembre 1° de 2015

Escribo estas palabras desde la casa de los abuelos de Ikiam en el umbral de la majestuosa selva amazónica y a pocos metros de la orilla del imponente río Amazonas que marca el límite entre Brasil, Colombia y El Perú. Han transcurrido exactamente seis meses desde la apacible muerte anunciada de mi padre, que se fue de este mundo mientras dormía, al amanecer del lunes primero de junio de este año. Yo, que lo acompañé en doce sesiones diarias entre el 14 y el 25 de mayo hasta que me dictó el último párrafo del escrito que incluyo más adelante, puedo asegurar que mi papá se fue de este mundo sin sentir los rigores del final de la vida y sin miedo hacia la muerte.

Ikiam, nuestro hijo y yo viajamos a Leticia dos meses después de la muerte de mi papá; allí retomé la preparación de mi tesis, mientras mi esposo hacía un estudio Antropológico contratado por la universidad de los Andes; desde que Nicolás salió a vacaciones, mi mamá viajó al Amazonas y está considerando la posibilidad de quedarse a vivir en Leticia, pues mis suegros regresan en enero de Berlín y tienen planeado radicarse a orillas de la selva y el río que los vieron nacer y fueron testigos de su amor juvenil.

Las honras fúnebres de mi papá estuvieron muy concurridas: la nave central de la Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción se llenó con cerca de trescientas personas entre familiares, amigos y vecinos. Indudablemente, la nota más conmovedora la dieron los veteranos de Corea que compartieron trinchera con mi papá: en el atrio del templo una docena de veteranos octogenarios con traje oscuro, gorro verde oliva de paño y todas sus condecoraciones, a órdenes de Fernando Guzmán, formaron dos filas e hicieron el saludo militar ante el féretro, mientras uno de ellos, músico de profesión, entonaba el toque de silencio con una trompeta. Ese momento fue emocionante y me hizo comprender a cabalidad lo profundo que cala en el sentimiento de los combatientes en una misma guerra la frase que ellos repiten entre sí constantemente: ¡Soldados un tiempo… hermanos toda la vida!

Hasta el último momento esperé a que aparecieran en la Iglesia las hijas mayores de mi papá a las que me cuesta considerar como hermanas; incluso me senté en la iglesia al lado de Mafe que podría identificarlas, pero nunca aparecieron. No tengo ningún resentimiento contra ellas; más bien las compadezco y las considero víctimas de las manipulaciones de su madre y su abuela. Mi padre sabía que no vendrían y no se creó ninguna falsa expectativa; sin embargo, pienso que Dios en su sapiencia infinita puso a su lado a Laura María y a Victoria, las dos hijas de Froilana, sus tiernas y amorosas ahijadas que no se apartaron un momento de su lecho en los días de su agonía.

Siguiendo los deseos de mi papá, sus cenizas fueron esparcidas en la Peña de Juaica al día siguiente de la misa de cuerpo presente; esa tarde reuní a la familia y a los amigos más cercanos y les leí el documento que él me dictó en sus últimos días, el cual transcribo a continuación y presentaré como El Testamento Espiritual de mi Padre:
El periplo de mi existencia me ha permitido entender que todos los seres humanos somos energía, somos vida, somos efecto de una causa y esa causa es la fuerza omnipotente, omnipresente y omnisciente de Dios, que es el amor, que es el Universo. Podemos imaginar el Universo como el verso único que constituye una hermosa sinfonía magistralmente orquestada por Dios. En consecuencia, debemos mantenernos conectados con su armonía, permitiendo que el Amor irradie en nosotros toda su energía; que la visualicemos y la percibamos en todas las formas animales, vegetales y minerales que nos rodean. Para lograrlo, es necesario que nos desprendamos de todas las ataduras, que como un lastre nos impiden elevar el espíritu. Estas ataduras o apegos suelen ser de carácter egoísta o posesivo. Apegos por las personas, por los objetos, y entre ellos en particular, por el dinero; por las exigencias del mundo actual, que condicionan nuestros pensamientos y los gobiernan impidiendo nuestra libertad de acción. Apego es amor mal entendido. Ap-ego es egoísmo.

Si queremos alcanzar plenitud en nuestras vidas y una felicidad armónica y sostenida, permitamos que nuestros pensamientos positivos, es decir nuestros pensamientos amorosos, fluyan libremente como fluye el aire. En la medida en que logremos desprendernos de esas ataduras, nuestra conexión con Dios y con el universo será más próxima, más íntima, más intensa, y la abundancia nos colmará, precisamente porque ya no estaremos aferrados al angustioso proceso de buscarla. Jesús, el Cristo, anunció: “Encontrad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

En la etapa final de mi existencia, llegué a comprender que el reino de Dios y su justicia se encuentran en lo más profundo de nuestra alma; es equivalente a encontrar y preservar la paz interior. Una vez alcanzada la paz del espíritu, podremos percibir con absoluta nitidez que el cielo y el infierno, como lo reconoció hace algunos años el Papa Juan Pablo II, son estados del alma; por consiguiente, el cielo está a nuestro alcance, aquí, no existe otro lugar; y ahora, no existe otro tiempo. También entendí que la clave para abrir las puertas del cielo es el perdón. Mientras anidemos en nuestro corazón odios, rencores e incluso pequeños resentimientos, nos alejaremos cada vez más de la bienaventuranza y el júbilo que proporciona el vivir liberados de las nefastas cadenas que nuestro ego ha construido, con aparentes justificaciones, para que en vez de amar a nuestros semejantes busquemos la forma de perjudicarlos.

Logré interiorizar que el único pecado que existe es la falta de amor. Cuando comprendemos esta gran verdad, aprendemos a perdonarnos y a perdonar, con lo cual nos liberamos de culpas, originalmente creadas por patrones y creencias de origen cultural, dogmático, eclesiástico, o derivado de un mal entendimiento de nuestras experiencias. Olvidamos entonces el principio de oro: “No hagas a nadie lo que no te gustaría que hiciesen contigo”. A partir de esta comprensión se allana el camino, se facilita la transformación de nuestros pensamientos negativos dictados por el ego, y aprendemos a escuchar la dulce y amorosa voz de nuestro Yo Supremo, que es Dios obrando en nuestro interior y guiando nuestros pasos con seguridad, por el sendero que nos llevará a fundirnos con su esencia infinita.

Aprendí que el desarrollo espiritual es una fascinante aventura, que los seres humanos con frecuencia confundimos con la celebración de rituales, con la práctica de invocaciones, jaculatorias y mantras, que no pasan de ser expresiones casi mecánicas y momentáneas, que pierden su efecto al ser suplantadas en nuestra mente por pensamientos poco amorosos y de juicio hacía nuestros semejantes. Como aventura maravillosa, el desarrollo espiritual no tiene nada que ver con símbolos y códigos o con manifestaciones externas, tiene que ver con la aceptación y el disfrute del presente, que es un hermoso obsequio que la vida nos da para que lo disfrutemos a plenitud, dejando atrás el pasado que suele generarnos culpas y remordimientos, sin pre-ocuparnos por el futuro que no existe y no sabremos cómo vendrá, pues no tiene sentido que la incertidumbre del porvenir se convierta para nosotros en causa de ansiedad provocada por el miedo, que nos impide el gozo de las cosas hermosas y simples que rodean el ahora. Vivir el aquí y el ahora fue la mejor forma que encontré para lograr una comprensión de la eternidad, para llegar a entender que si mantenemos nuestra conciencia en el ahora veremos la muerte como una transición de nuestro espíritu que siempre es y será, está y estará, viviendo en la dimensión que le corresponda a su proceso evolutivo individual.

Por último, quiero referirme a lo que un Curso de Milagros llama “Características del Maestro”, partiendo del enunciado de que todos podemos ser maestros de Dios, pues vinimos a este mundo a enseñar lo que tenemos que aprender. Esto que he comprendido quiero transmitirlo; por ello, les encomiendo que cultiven cada una de esas características, auténticas virtudes, tomándolas como un norte hacia el cual orientar sus vidas, tratando siempre de avanzar en su perfeccionamiento consciente, hasta llegar a convertirlas en parte integral de su forma de ser, de pensar y de actuar. Tengan entonces cada día más CONFIANZA, y atrévanse a volar con las alas del águila, en vez de las débiles alas del gorrión. Mantengan en todo momento la HONESTIDAD, procurando que haya siempre congruencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen, con lo cual jamás estarán en conflicto con ustedes mismos en ningún nivel y les será cada vez más difícil, estar en conflicto con algo o con alguien. Aprendan que juzgar es deshonesto y cultiven, frente a todos sus semejantes, la TOLERANCIA que les permitirá aceptarse en las diferencias y alcanzar la armonía en la convivencia. Actúen inspirados en la MANSEDUMBRE, evitando a toda costa la violencia y la agresión mental, verbal o física hacia sus semejantes. Sepan que el ser mansos de corazón es el mejor camino para alcanzar el JÚBILO, que surge cuando el miedo, instrumento del ego, comienza a diluirse. Aprendan a ser sencillos, a no tratar de imponer a otros sus ideas y sus conceptos, con lo cual tampoco tendrán que defender los suyos y disfrutarán el goce de la INDEFENSIÓN. La GENEROSIDAD es algo que deben aprender a experimentar dando siempre lo mejor de ustedes mismos, sin sentido de pérdida y sin esperar nada a cambio. Recuerden que una virtud crucial, reconocida como la madre de todas las virtudes, es la PACIENCIA, y comprendan que “la paciencia infinita es la única que produce resultados inmediatos”. Mantengan siempre la FE interior, como un motor permanentemente encendido que impulse su pensamiento y su acción. Finalmente, obren siempre con MENTALIDAD ABIERTA, que en última instancia es la que habrá de conducirlos a descubrir la magia y la fuerza del perdón.

Amorosamente,
Belarmino Molina,

XXIV. LA ÚLTIMA CANICA

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXIV. LA ÚLTIMA CANICA

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Las primeras navidades del pequeño Belarmino fueron las últimas del abuelo, pero también fueron intensas, alegres, y memorables como todos los eventos sucedidos desde que el tramo final de la existencia del viejo Belarmino comenzó a medirse con canicas. En realidad, el juego había cumplido su propósito y estaba preparando a toda la familia para afrontar con naturalidad y sabia aceptación lo inevitable. Cómo consecuencia, la vida fluía con un ritmo que todos disfrutaban viviendo la cotidianidad del día a día y sacando el mayor provecho de cada suceso por simple que fuera. Nicólas, sin perder su esencia infantil, había adquirido una madurez que ampliaba la perspectiva de todo lo que veían sus ojos y experimentaban sus sentidos.

Los Molina y los Lopera celebraron la noche de Año Nuevo en el apartamento que Pepe y Froilana habían alquilado por un año en el N° 3-22 de la calle siete (el mismo que había ocupado Zacarías Zuluaga hasta el día de su muerte y pertenecía a don Julio Camacho). Aparte de querer acompañar a Belarmino en sus últimos días, Froilana y su marido deseaban que sus hijas perfeccionaran el español y tomaran clases de pintura al óleo en el Instituto de Cultura de Tabio. Desde su llegada, en julio del año anterior, Froilana y su familia habían acompañado a Belarmino, todas las noches a las ocho, durante el ritual de las canicas que sagradamente se hacía en Minka; después de que Nicolás hacía la invocación y depositaba la canica en el frasco, el grupo departía hasta las diez de la noche al calor de la chimenea en la casa de Violeta.

Pese a que Belarmino comía con buen apetito y sin restricciones las tres comidas, la pérdida de peso continuaba; para contrarrestarla y fortalecer tanto el organismo como las defensas, Mauricio había ordenado una dieta rica en proteínas, dosificada en cinco comidas diarias distribuidas a lo largo del día, entre las siete y media de la mañana y las siete y media de la noche, combinando la primera y la última con un vaso de Ensure-Advance, un suplemento alimenticio multivitamínico de probada efectividad. Ese ritmo periódico tan definido, sirvió para que la familia ajustase sus rutinas y se planearan las actividades buscando además entretenimiento, diversidad y acción para mantener activo al abuelo.

Así pues, en un día típico se completaba la siguiente rutina: después del desayuno, despachaban a Nicolás para el Colegio y Antonia se instalaba en el estudio a escribir su tesis; Ikiam salía para Chía en donde ese año comenzó a dictar una cátedra en la Universidad de la Sabana; los abuelos y el bebé salían al parque a tomar el sol, Tania empujaba la silla de ruedas de su esposo y Nélida el cochecito del pequeño Belarmino ― Onofre los acompañó hasta después de Semana Santa, cuando regresó a Berlín para atender compromisos de su equipo―; poco antes de las diez, regresaban a la casa y Tanía preparaba un candil con cuatro huevos y leche caliente, recomendada por Mauricio como bebida energizante, acompañada de un pan integral de siete granos; a las diez y media pasaba Jorge Mendoza y recogía a Belarmino para llevarlo al Acuario Místico a jugar una partida de ajedrez y tertuliar hasta el medio día; a las doce y media, toda la familia, Froilana, Pepe y sus dos hijas se reunían para almorzar en El Roma, un pintoresco restaurante de comida casera, equidistante de la casa de los Molina y el apartamento de Froilana, administrado por Pipe y Andy, una simpática pareja gay; después de almuerzo, Belarmino dormía una breve siesta y leía hasta las cuatro; a esa hora, llegaba Nicolás del colegio, se colocaba los patines y empujaba la silla de ruedas de su abuelo un par de cuadras hasta El Mesón Bávaro ― agradable restaurante de comidas rápidas especializado en jamones artesanales que había inaugurado a fines del año anterior, Hever Gil, joven santandereano que resultó nieto de Marino Vera el compañero de Belarmino en Corea ―; allí, cada uno se comía un espléndido sándwich de pan árabe con tres carnes ― pernil de cerdo, galantina de pavo y lonjas de cordero ― que el viejo llamaba mi dosis triple de proteína; después del formidable refrigerio, abuelo y nieto regresaban a la casa, veían juntos la televisión en History Channel , el favorito del viejo , y a las siete se dirigían todos a Minka, en donde Belarmino se comía las últimas proteínas de su dieta: tres exquisitas empanadas de carne acompañadas por un café con leche, mientras los demás consumían algo ligero y esperaban la llegada de Froilana con su familia para el ritual de la canica.

Así, apaciblemente y en completa armonía se fueron desgranando los días y acumulando las canicas en el frasco que ocupaba un lugar especial como parte de la original decoración de Minka: destacado sobre un pedestal de madera, al lado de una jaula dorada con dos pájaros de papel maché, en cuya base había un recipiente con una ranura y un sugestivo letrero en letras verdes ALCANCÍA DE LOS PAJARITOS.

Cuando faltaban diez canicas por depositar en el frasco, las chicas de Minka, Andy, Pipe y Nicolás urdieron un plan para dar una sorpresa al viejo y a su compadre Aldemar el día en que ambos cumplirían los ochenta años.

***

Tabio, “El Roma”, miércoles 13 de mayo de 2015

Aldemar llegó de Quito el martes 12 de mayo y al igual que a Belarmino le hicieron creer que la celebración sería en la casa de Violeta, después de depositar en el frasco la última canica y se trataría de compartir, con los que diariamente habían acompañado el ritual, un ajiaco santafereño, plato favorito del médico ecuatoriano, y una torta de chocolate con nueces que a Belarmino le encantaba. En la mañana del miércoles se respetaron las rutinas, los complotados actuaron con absoluta normalidad y al medio día, se dirigieron al restaurante El Roma…

Nicolás, que pidió permiso en el colegio, estaba agazapado detrás de un automóvil, frente al Centro Comercial Paraíso, desde donde podía ver al grupo cuando se encaminaran por la carrera cuarta hacia la calle sexta, sobre cuyo costado norte, en mitad de la cuadra, quedaba la entrada del antiguo convento de clausura del siglo XVII, que había comprado pocos años atrás, el padre de Pipe y lo había transformado en el restaurante que originalmente se llamó Casa Vieja y posteriormente, cuando la joven pareja gay lo adquirió, lo rebautizó El Roma, que es amor al revés como solía decir Andy. Cuando los viejos pasaron frente a Minka, Tania y Nélida los distrajeron para que no se percataran de que ese día no había abierto sus puertas… El niño avisó por el celular la proximidad del grupo y todos los invitados ― prácticamente los mismos que habían asistido a la boda y a la milonga en Carambola, incluyendo a Edison y Tatiana, la pareja de campeones de tango y la orquesta con bandoneón, sólo faltó Onofre que tenía un campeonato de baloncesto en Praga ―, tomaron posiciones en las mesas e hicieron silencio…

Cuando los dos viejos entraron por el zaguán, la orquesta entonó Cumpleaños Feliz, todos se pusieron de pié para ovacionarlos y cantaron dos veces la canción: primero para Aldemar y después para Belarmino; acto seguido, los condujeron frente a una mesa con dos enormes tortas de chocolate en cuyo tope flameaban sendas parejas de velas en forma de un ocho y un cero que los homenajeados apagaron de un fuerte soplo.

El menú que querían los dos viejos se mantuvo y los meseros de El Roma sirvieron a las mesas un delicioso ajiaco santafereño acompañado por cerveza, jugo o gaseosa; como postre se sirvió la torta y una taza de café negro. Cuando los platos fueron retirados, Andy pidió a los invitados que se colocaran en un círculo alrededor del patio central cubierto con una marquesina y los empleados del restaurante sacaron las mesas y las guardaron en el refectorio del antiguo convento que desde la última remodelación para cambiarle el nombre, se había convertido en un vivero con plantas ornamentales que ofrecían a la venta exhibidas en estantes adosados a las paredes. Entonces, Juliana Herrera, la hija de Ana Martell, se paró con un micrófono en la mano y presentó a Tatiana y a Edison, los campeones mundiales, que bailarían dos tangos y una milonga en homenaje a los cumpleañeros. Terminada la presentación, los meseros ofrecieron vino y la orquesta interpretó el tango Adiós Muchachos… con los primeros acordes, Tatiana sacó a bailar a Belarmino y Juliana al compadre Aldemar, la escena de los dos viejos bailando con las dos beldades fue captada en su totalidad por la cámara de Juan Camilo Reyes. Cuando terminó de bailar, Belarmino ingirió con disimulo una pastilla de morfina que pasó con un sorbo de vino, aclaró la voz, tomó el micrófono y sin que uno solo de los músculos de la cara denotaran el dolor que corroía sus huesos, con voz clara dijo:

― Brindo por todos ustedes que me dieron esta maravillosa sorpresa y en especial por nuestras dos bellísimas parejas. Después dirigiéndose al camarógrafo le dijo: ― Juan Camilo, como tú sabes “El Último Tango en París” es un clásico del cine y “El Último Tango en Halifax” es una serie de televisión que está de moda… Hizo una pequeña pausa y agregó en tono jocoso ―: Te propongo que bautices el documental que estás editando como “El último Tango de Belarmino” ―. La espontánea carcajada con la que remató sus palabras, fue una clara demostración del talante de este hombre que les estaba dando a todos una lección de vida desde el umbral de su propia muerte.

La nota festiva que puso Belarmino con su comentario, dio pauta a “Troilo” ― como le decían al cantante-bandoneonista ― para que le pidiera al director que le tocaran la simpática milonga “Cuando un Viejo se Enamora”… Con el primer compás Aldemar se apresuró a sacar a la campeona; pero la sorpresa la dio Nicolás que se puso un sombrero gardeliano, se ajustó las tirantas de caucho sobre la camisa blanca y, como el más consumado de los tangueros, sacó a bailar a su tía Antonia. El chicuelo impresionó a todos con su impecable manejo del baile del dos por cuatro; con su actitud de pícaro caficho y con las tres o cuatro figuras que le marcó a su pareja.

El vino siguió rodando y la milonga se fue animando hasta el punto de que, alrededor de las seis de la tarde, nadie notó el momento en que ingresaron al restaurante dos niños de la misma edad de Nicolás: Pablo Mendoza ― su mejor amigo, que estudiaba en el colegio Benito Pérez Galdós de Tenjo; los dos chicos jugaban como delanteros en el equipo de fútbol de Tabio y se estaban preparando para un torneo infantil que se efectuaría en julio entre los once municipios de Sabana Centro al norte de Bogotá ― y Aileen Buitrago ― una preciosa y desparpajada peliroja que se proclamaba como la novia de Nicolás, sin que este lo supiera, y se sentaba a su lado en el salón de cuarto grado del Gimnasio Moderno Santa Bárbara. Tan segura estaba de sus sentimientos que días atrás le había dicho a su hermana recién casada: cuando tenga tu edad me caso con Nicolás Molina. ¡Te lo juro por el alma de mi abuelita! Pablo portaba el frasco con las trescientas sesenta y cuatro canicas depositadas a lo largo del año y Aileen el cesto de mimbre con tapa que contenía las doce maras y la última canica.

Con la sexta campanada de la iglesia, Nicolás tomó el micrófono, sacó una hoja de cuaderno y con toda naturalidad leyó la carta que había escrito para su abuelito y Lidia, que estudiaba periodismo, le había ayudado a corregir:

Querido Papatuco:

Hace un año cuando nos contaste que tenías cáncer y que el médico creía que te morirías antes de navidad, yo no quería creer que eso fuera cierto pues hasta ese día estaba convencido de que tú eras inmortal. Pero tú mismo nos dijiste esa noche, que la muerte no existe y que lo que existe es la creencia en la muerte. Al principio no entendí lo que querías decir pero viendo la forma en que tú te comunicas con el espíritu de mi papito, con el de mi mamita, con los de tus papás y con los de tus tías solteronas, cuando cierras los ojos y les pides que te orienten para entender los mensajes del I Ching empecé a entender lo que querías decirme. También me gustó mucho lo que me contaste que les hablabas antes de dormir y les pedías favores o que te ayudaran a resolver algún problema y esa noche te soñabas con la solución o al día siguiente sucedía algo que te mostraba cómo ellos desde el cielo te estaban ayudando. Ahora entiendo que todos, como tú dices, venimos a cumplir una misión en esta vida y que tú ya cumpliste la tuya y por eso Dios te mandó un cáncer incurable no como un castigo sino como un aviso para que te prepararas y nos prepararas a todos para dejarte ir; ahora entiendo que eso es amor y lo contrario es egoísmo. Gracias Papatuco por regalarme tus pipas, tus sapecas y tus libros del I Ching. Froilana me prometió enseñarme a consultarlos. Por último quiero decirte que cuando te vayas al cielo quedaré con tres abuelitos: tu compadre Aldemar y tus compañeros Fernando y Marino. Que dios te bendiga.

Tu nieto que te ama,

Nicolás

Cuando el niño terminó la lectura, los asistentes con los ojos húmedos, aplaudieron emocionados por la profunda simplicidad del mensaje que demostraba claramente el nivel de madurez alcanzado por el chico, que como remate de su presentación destapó la canasta, sacó la última canica, se santiguó, rezó un Padrenuestro, Ave María y Gloria que todos corearon, dio gracias a Dios por permitirle a su abuelo un año completo de lucidez y depositó la canica en el frasco…

La emoción fue tan grande que Belarmino perdió momentáneamente el sentido y Aldemar alcanzó a sujetarlo antes de que cayera al suelo… Mauricio voló a tomarle el pulso y en ese momento el viejo recuperó el sentido, bebió un sorbo de agua y en el mismo tono descomplicado y festivo de antes dijo:

― Tranquilos, no se preocupen que todavía no me voy; me falta gastarme las doce maras y la ñapa que mi Dios quiera darme.

FIN

XXIII. PARTO, BODA Y MILONGA

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXIII. PARTO, BODA Y MILONGA

2

Tabio, N° 4-50 de la Calle de la Cajita de Música, octubre de 2014

El veterano ginecólogo alemán que había atendido los primeros siete meses del embarazo de Antonia fue recomendado por Aldemar, con quién había compartido aula durante su especialización en Estados Unidos; el germano, alardeaba de ser muy preciso al estimar el día del parto y el sexo de las criaturas que había traído al mundo desde los años sesenta, antes de que existiera la tecnología moderna y el sexo se pudiera determinar en pantalla; por ello, cuando autorizó el viaje de su paciente a Colombia le dijo: me atrevo a asegurarte que si no surgen imprevistos, el niño nacerá entre la noche del viernes 24 y el medio día del sábado25 de octubre. Con un mes de anticipación la pareja estaba preparada y, bien sea que el médico atinó con su pronóstico o que Antonia era muy sugestionable, lo cierto es que con la séptima campanada de la tarde en el reloj de la iglesia, la primeriza inició el trabajo de parto… Los jóvenes padres eran vegetarianos, amantes de la naturaleza y partidarios de que su hijo naciera de parto natural, asistido por el doctor Mauricio Delvasto en quién toda la familia tenía plena confianza desde el nacimiento de Nicolás. Ambos consideraron que un parto casero le daría a Belarmino la felicidad de escuchar el primer llanto de su segundo nieto. El día anterior llegaron Onofre y Nélida desde Berlín; y Aldemar desde Quito, pues quería estar presente en el nacimiento del primogénito de su ahijada. Por cortesía profesional, Aldemar pidió permiso al doctor Delvasto para acompañarlo en el parto y éste sonriente y respetuoso de la veteranía contestó: será un gusto y un honor contar con su presencia doctor Belalcazar… y si se requiere, con su apoyo profesional…

Alrededor de las tres de la madrugada del sábado sonó con nitidez el primer llanto de la criatura y su eco retumbó en la casa produciendo una inmensa alegría en los cuatro abuelos y en Nicolás que no pegó un ojo en toda la noche, llenando de felicidad a los orgullosos padres; y dando una gran satisfacción a los dos médicos que ayudaron en un parto sin complicaciones. El pequeño Belarmino Molina Lopera fue un robusto niño en perfecto estado de salud que midió cincuenta y ocho centímetros y pesó tres mil cien gramos. Su parecido con el difunto Víctor cuando era bebé, no pasó desapercibido a los ojos del viejo Aldemar que comentó en tono críptico:

― Es muy posible que este niño sea la encarnación de mi ahijado ― después consultó una libreta de bolsillo, hizo en voz baja unos cálculos extraños y repitió más convencido: ― Si señor, es muy posible; pues las almas buenas y puras como Víctor duran muy poco tiempo en el Bardo.

Aldemar aceptó de muy buen agrado el nombramiento como padrino, al igual que Nélida como madrina; y el bautizo de la criatura se efectuó una semana después, en ceremonia privada oficiada por el padre Ramón Lopera, un tío paterno de Ikiam que vino desde Cali a conocer a su sobrino.

***

Por la época en que los Lopera viajaron a Alemania y Antonia consiguió un apartamento en Bogotá para estar más cerca a su trabajo en la universidad, Carambola cerró sus puertas en Tabio y se trasladó a un local más grande en la vecina localidad de Cajicá, frente a la estación del ferrocarril. Allí, en una inmensa casona colonial Anita Martell, con la colaboración de su hija Juliana, volvió a crear, con mejoras sustanciales, el ambiente de un típico conventillo porteño que había tenido el local original en Tabio. Los fines de semana, Antonia los pasaba con sus padres en la nueva casa y casi todos los sábados iban los tres a la milonga de Carambola ― Belarmino terminó enseñándole los pasos básicos a Tania, que poco a poco se fue entusiasmando con el tango ―; casi siempre los acompañaban Sandra Helena y su hermano Rubén o Renata Zuluaga y su hija Marisol. Desde que Antonia regresó a Tabio en agosto, decidió retomar las milongas de los sábados en Carambola y el viejo las disfrutaba como un niño. Incluso le pidió a Lalo Rodríguez, ― un ebanista con quién jugaba ajedrez en El Acuario Místico ―, que le torneara un bastón a la medida: para bailar tango con Tania pues yo no tengo la fuerza física ni la destreza de Onofre para hacer show de tango en silla de ruedas… de todas maneras los tanguitos que me bailo cada sábado me recargan de energía para toda la semana. En efecto, Belarmino lucía entusiasta y animoso todo el tiempo; los únicos signos visibles de la enfermedad eran el color un tanto ceniciento de la piel y la pérdida de unos cuantos kilos de peso. El dolor lo soportaba estoicamente sin perder la sonrisa y sólo acudía a la morfina cuando se hacía insoportable.

Ikiam concluyó su tesis y regresó a Colombia a finales de septiembre para asistir al parto y empezar los preparativos de la boda; durante la primera milonga a la que el muchacho asistió, Anita Martell sugirió que organizaran una boda temática inspirada en el tango gardeliano de los años dorados; ofreció el local de Carambola para la recepción y la orquesta con bandoneón y cantante como su regalo de bodas. El más entusiasta con la idea fue Belarmino quién desde el primer momento comenzó a soñar con el evento y a planear hasta el último detalle. El viejo era un romántico que se emocionaba cantando el conocido bolero: yo soy de esos amantes a la antigua, que todavía suelen mandar flores… y quería que la boda de su hija fuera inolvidable y muy diferente a la “emboscada” que por razones pragmáticas le había tendido a su amada Tania tres décadas atrás. Esa misma noche, en una servilleta de papel, hizo una lista de lo que le pareció necesario para que el evento fuera único, original y memorable. Al lunes siguiente, lo primero que hizo fue contactar a Martha Hernández Salgar ― hija mayor del coronel Nicéforo Hernández compañero del difunto Zacarías ―, una creativa y muy bien documentada diseñadora, especializada en vestuario escénico, para que lo asesorara sobre los atuendos que deberían llevar los integrantes del cortejo nupcial. Acordaron entonces que Ikiam, Belarmino y Onofre vestirían frac con chistera, al igual que los pajes: Nicolás encargado de llevar las argollas y Pablo ― su mejor amigo, hijo de Jorge Mendoza ― de portar las arras; que los padrinos ― el maestro León Trujillo y el Ingeniero Alex Bautista, casado con “Lázara” desde 2009 ―, lucirían sacoleva con pantalón a rayas e irían descubiertos; en tanto que la novia, las cuatro damas de honor ― Sandra Helena, la amanuense de Belarmino; Lorena la hija de Genaro Reyes; Marisol la hija de Renata; y Juliana, la hija de Ana Martell ― ; por su lado, las madrinas ― Mafe Vallejo y Tania “Lázara” Mendoza ― vestirían trajes largos de la época diseñados por Martha y elaborados por Nélida en seda de color crema para las damas y en tonos oscuros para las madrinas. Una vez definido el vestuario, Belarmino comenzó la búsqueda de un auto de la época para el desplazamiento de la novia hasta la iglesia y de la pareja de recién casados hasta Carambola; se sentó con los novios a elaborar la lista de invitados y contrató un calígrafo para que escribiera con tinta china, a mano alzada, en pergamino y con letra de estilo, las invitaciones; se reunió con Carolina para decidir sobre la elaboración y la decoración de la torta, que terminaron encargando a Pierre Troudu, un afamado pastelero francés residente en Cajicá; se puso en contacto con Juan Camilo ― el hijo menor de Genaro Reyes que era director de cine y televisión ― para que grabara tanto la ceremonia como la milonga en Carambola y llevara un fotógrafo profesional con cámara análoga para que registrara los cuadros más destacados de la boda en color sepia; y finalmente obtuvo autorización del párroco, para realizar la ceremonia en la centenaria ermita de Santa Bárbara y para que ésta fuera oficiada por el tío de Ikiam que había bautizado al niño. El proceso de preparación fue un gran paliativo para Belarmino que estaba tan absorto en los detalles del matrimonio que el consumo de morfina se redujo sensiblemente.

El sábado 13 de diciembre, alrededor del medio día, la pintoresca ermita situada en una pequeña colina al final de la carrera cuarta, estaba colmada con los cerca de cuarenta invitados a la boda, entre quienes se contaban Froilana, Pepe y sus dos hijas adolescentes que desde septiembre disfrutaban un año sabático en Colombia para acompañar a Belarmino en sus últimos días; Aldemar que no quería perderse la boda de su ahijada; Fernando Guzmán y Marino Vera, quienes frecuentemente visitaban a su antiguo camarada de Corea, fueron solos pues habían enviudado recientemente; Violeta, Carolina, y Lidia con sus respectivas parejas; Anita Martell y su hija Juliana; Genaro Reyes, su esposa Begonia y sus hijos; Amalia Murcia y sus tres hijos; José Luis Matallana, Lucy y sus dos hijos: Jóse y Catalina; Jorge Mendoza y su esposa Margarita; y el doctor Mauricio Delvasto; aparte de unos veinte antiguos compañeros de los novios en el Liceo de la Salle, en el Rafael Núñez o en la universidad. En la pequeña plazoleta frente a la capilla, el cortejo de honor aguardaba la llegada de la novia…

Faltando cinco minutos para las doce, el lujoso sedán convertible Packard modelo 1931, de color crema con guardabarros y estribos de color vino tinto, conducido por José Luis ― el joven ahijado de Belarmino y estafeta de la casona ―, se detuvo frente al atrio de la capilla… En ágil movimiento el joven chofer, cubierto por un kepis y luciendo uniforme de paño gris con doble abotonadura en diagonal, saltó del vehículo y se apresuró a abrir la puerta para que el padre de la novia descendiera, apoyado en su bastón, y tendiera la mano a su hija que hizo lo propio. Antonia tomó con delicadeza el brazo izquierdo que éste le ofreciera y juntos, precedidos por Nicolás que portaba la almohadilla con las argollas y Pablo que llevaba las arras, iniciaron el corto trayecto hasta el altar, mientras sonaban las tradicionales notas de la marcha nupcial y rodaban lágrimas de felicidad por el delgado rostro de Belarmino que exhibía su mejor sonrisa enmarcada por su espeso mostacho blanco. Detrás de los padrinos y las damas de honor, entró Tania portando una reliquia que había pertenecido ochenta años antes a su esposo: un moisés de mimbre italiano con almohadillas forradas en terciopelo azul claro, en cuyo interior descansaba, con los ojazos abiertos y una sonrisa angelical, el pequeño Belarmino, sin entender que toda esa parafernalia era para celebrar la boda de sus padres.

El chef de Carambola se lució con el bufete cuya calidad y esmerada presentación fueron muy elogiadas; iguales comentarios se hicieron de la torta de tres pisos preparada por el pastelero francés y de la Champagne Veuve Clicquot que estuvo exquisita. Anita Martell como anfitriona echó la casa por la ventana: aparte de la orquesta con bandoneón que prendió la milonga, presentó a Edison Chávez y a Tatiana López, una pareja de bailarines colombianos que dos años antes habían ganado el campeonato mundial de tango de salón en Buenos Aires. Los novios iniciaron el baile al compás de un vals criollo y Belarmino fue ovacionado cuando bailó unos pasos con su hija, apoyado en el bastón pero con mucho ritmo y elegancia. A medianoche, Onofre repitió el show que hizo en Tabio cinco años antes e impresionó a todos bailando una milonga, guiado por la campeona, desde su silla de ruedas. Las tomas que logró Juan Camilo fueron maravillosas; hasta el punto de que decidió editarlas para montar un corto metraje, con destino a un concurso.

De regreso a Tabio Aldemar ― que viajaba a Quito a la mañana siguiente ― felicitó a Belarmino por el éxito del evento y le preguntó:

― ¿Cómo te sientes compadre?

― Feliz, pleno y muy confiado en que celebraremos juntos la llegada al octavo piso; aquí te espero, sin falta, en mayo ―. Hizo una pausa soltó una breve carcajada y agregó: ― créeme compadre, eso de tener una muerte anunciada tiene muchas ventajas y pienso disfrutarlas hasta el final. Todavía me quedan ciento cincuenta canicas y eso compadre, de verdad, bien aprovechado es mucho tiempo ―. Hizo otra pausa y agregó convencido ―: Creo que Nicolás ya comprendió de qué se trataba el ejercicio de las canicas, está aprendiendo a disfrutar el tiempo y la vida al máximo. Con mi muerte quiero que aprenda a amar sin apegos y entienda lo que tú y yo siempre hemos dicho: la muerte no existe, lo que existe es la creencia en la muerte.

XXII. EL ACUARIO MÍSTICO

Por : kapizan
En : BELARMINO El consultor del Oráculo Chino, Novelas, XXII. EL ACUARIO MÍSTICO

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Tabio, El Acuario Místico, 2013

Después de la partida de los Lopera a Alemania a comienzos de 2010, Antonia fue contratada como editora de la revista de la Facultad de Ciencia Sociales de la Universidad de Los Andes y decidió alquilar un apartamento en Bogotá más cerca a su nuevo trabajo; por su parte, los dos viejos sintieron que la casona del parque era demasiado espacio para ellos con el niño, que ese año entró al jardín infantil y aprovecharon la propuesta de un chef español que ofreció arrendarla para montar un restaurante; optaron entonces por alquilar una casa más pequeña situada en el número 4-50 de la Calle de la Cajita de Música en el costado norte del parque al lado de la notaría, que pertenecía a doña María Helena Herrera la madre de Amalia Murcia la artesana amiga de Tania. Desde allí, todas las mañanas a las nueve Belarmino cruzaba el parque rumbo al Acuario Místico, la cafetería de José Luis ― en 2010 éste había trasladado su negocio al número 3-53 de la carrera cuarta en el garaje de la casa de sus padres fallecidos; El Acuario Místico llegó a ser la única cafetería del pueblo que ofrecía un espacio para fumadores con un enorme parasol al lado del antejardín ―, en donde jugaba largas partidas de ajedrez con Jorge Mendoza, con Genaro Reyes o con cualquiera que estuviese dispuesto; participaba además en improvisadas tertulias sobre temas políticos, literarios, históricos o metafísicos con el grupo de consuetudinarios y leía las noticias del diario El Tiempo. Un día, por sugerencia de Matallana leyó un comentario sobre la obra de un periodista español, su lectura le inspiró el siguiente artículo que ese mismo día publicó en su blog literario bajo el título: Reflexiones de un Añejo Escribidor Prebotónico:

El día que cumplí quince años, mi papá me invitó a tomar una cerveza Germania a pico de botella, mientras me enseñaba que “las cervezas son como las tetas: una es poquita y tres son muchas” y me iniciaba en el ritual masculino de doblar el periódico en seis partes, “sin descuadernarlo como hace su mamá”, para facilitar su lectura, en lugares tan insólitos como el estribo de un tranvía en marcha, maroma que él hacía a diario hasta que en abril de 1948, el cruento bogotazo sepultó para siembre ese legendario medio de transporte masivo, símbolo de la ciudad que me vio crecer y precursor del actual Transmilenio. Medio siglo después, por cuenta de la era digital que al parecer sepultará al periódico impreso, he reducido mi compra del papel con olor y textura inconfundibles a la edición dominical de El Tiempo. Mi ejemplar, lo reserva sagradamente mi buen amigo José Luis Matallana, propietario del Acuario Místico acogedor tertuliadero que frecuento en Tabio y comparto con un fascinante grupo de pensionados prebotónicos, cuatro o cinco cuarentones, un par de treintañeros botónicos, y algunos brillantes veinteañeros de ambos sexos, primeros representantes de lo que el español Román Cendoya ha llamado táctiles en su fascinante libro “rEvolución. Del homo sapiens al homo digitalis”, de cuya existencia me habló por primera vez José Luis, mientras me servía un delicioso café negro, y me pasaba el ejemplar “colectivo” de El Tiempo ― cualquier contertulio puede leerlo sin tener que comprarlo; sin embargo, casi siempre agota su inventario de seis ejemplares diarios ― abierto en la página 19 de la sección “Debes Leer”.

Cendoya es un empresario y periodista español que técnicamente podría ser mi hijo mayor; esto lo aclaro para que cada quién se sitúe en la correspondiente categoría: prebotónicos, botónicos y táctiles, que el español define en su libro y explica al cronista Jorge Paredes Laos de El Comercio de Lima, cuando este le pregunta al respecto: “Los prebotónicos (la palabra viene de botón) vendrían a ser nuestros padres. Es aquella generación que cuando irrumpió la tecnología, era ya mayor. Ellos, con mucho esfuerzo, han conseguido manejar el correo electrónico para escribir a sus nietos, pero no tienen ni idea del cambio que está ocurriendo. Luego venimos los botónicos. Somos aquellos que éramos jóvenes o niños cuando llegó la tecnología y fuimos los pioneros de la digitalización de la sociedad. Sin embargo, somos mentalmente analógicos y la tecnología ha corrido muy rápido y vamos arrastrándonos detrás de ella. Y luego están nuestros hijos y nietos, menores de veinte años, que son táctiles. Ellos interactúan con la red y, a diferencia de nosotros, en sus relaciones comerciales, sociales, etc., prefieren las máquinas al trato directo con las personas. La tesis del libro es que nosotros, como seres analógicos, no nos adaptamos a este nuevo mundo y somos los últimos homo sapiens sobre la Tierra”.

Personalmente me identifico como un exponente prebotónico y he necesitado como todo ciego, valerme de una paciente y eficaz amanuense para que me guíe por el aterrador y vertiginoso mundo de la WEB, cual lazarillo botónico (con edad por debajo del tercer piso pero ligeramente por encima del segundo) pero con avanzado entrenamiento autodidacta y gran capacidad docente. Se llama Sandra Helena, es una de las mejores amigas de mi hija, y sin su apoyo estoy perdido para ejecutar las funciones o manejar ciertas aplicaciones que mi nieto Nicolás despacharía en cuestión de segundos mientras se come una chocolatina y logra mantener el puntaje en un juego digital, como digno representante de la generación del multitasking; todo esto sin perder el hilo en el Chat con una diablilla de siete años que le coqueteó en el jardín infantil. Así pues, a partir de mi propia experiencia con la tecnología y lo que ahora llaman las TIC ― creo que se debe a su significado: Tecnologías de la Información y de la Comunicación, que hasta Ministerio tiene en Colombia ―, he logrado comprender que a mí y a un buen número de mis compañeritos de colegio que ahora bordean los ochenta calendarios, la tecnología nos produce un TIC nervioso cuando intentamos torpemente, con dedos como morcillas, manipular un teléfono inteligente o Smart Phone que llaman ahora en esa jerigonza en spanglish, que mi papá y su amigo Argos ― el famoso gazapero de los años setenta y ochenta de quien Gabo algún día dijo:” sólo a Dios y a Argos les permito correcciones sobre lo que escribo “― jamás toleraron.

Antes de viajar a Berlín para adelantar estudios doctorales, mi hija Antonia, me obsequió un Smart Phone para que pudiéramos hablar por Viber. Para adaptarme al aparato y poder digitar de corrido un texto fue necesaria la ayuda de mi nieto Nicolás de ocho años que me vendió una “prótesis” ― especie de mini bolígrafo con punta de caucho ― que sirve para evitar que por el grosor de los dedos se opriman varias teclas a la vez.

En las navidades pasadas Antonia, mi hija, me regaló un Kindle: tableta de lectura de textos digitales inventada por Amazon, que con el tamaño de una agenda de bolsillo permite el almacenamiento de una inmensa biblioteca y facilita la lectura cómoda a cualquier persona tan poco vinculada a la tecnología como mi prebotónica esposa, que no atina a prender un computador, pero desde que nuestra hija le regaló a ella otro Kindle se lee dos Best Seller a la semana con la luz apagada para no despertarme. Antes del Kindle yo publicaba mis cuentos infantiles en este blog literario (Bemol 35. Gathacol.Net), pero con el nuevo juguete decidí, ofrecer mi obra para Kindle en Amazon. Actualmente, estamos ultimando los detalles para presentar a mis lectores infantiles mayores de siete años cuatro colecciones de cuentos ilustrados, que podrán adquirirse en formato digital o con el sistema de impresión bajo pedido. Entonces, mis queridos amigos lectores, la próxima semana, haré el lanzamiento digital de las obras desde mi página web.

Para que no crean que porque el indio es pobre la maleta es de hojas ― como decía mi papá ― ahora este añejo prebotónico, modelo 35, antiguo y clásico puede anunciar sin sonrojarse que ya ingresó a paso lento pero seguro, al mundo digital con blog literario, página en Facebook, Twitter y Página Web. Mi recomendación para los más análogos de mi generación, es que no se dejen atropellar por la tecnología, consigan un lazarillo e ingresen con paso de vencedores, al aterrador y vertiginoso mundo de la WEB, que en realidad asusta pero no muerde.

El artículo recibió más de cuarenta comentarios positivos en el Blog y fue publicado en la Revista de la Asociación Colombiana de Veteranos de Corea (ASCOVE), que continuaba presidiendo Fernando Guzmán.

***

Después del fatídico accidente en el que murieron Víctor y Leticia, la amistad entre Ikiam y Antonia se fortaleció hasta el punto de que se volvieron inseparables; a la consolidación de esa relación contribuyó el hecho de que ambos hubiesen hecho su maestría en antropología social, a diferencia de sus hermanos que preferían las matemáticas y la educación preescolar. Los antropólogos se graduaron en septiembre de 2008 y a comienzos del año siguiente, ambos fueron contratados por la gobernación del Amazonas para trabajar en un proyecto financiado por la Inter American Foundation con la tarea de adelantar estudios tribales de las etnias que poblaban la zona fronteriza y selvática del trapecio amazónico. De allí, viajó el muchacho a Europa cuando su padre aceptó el trabajo como entrenador deportivo en Berlín; los dos años siguientes, mientras Antonia permanecía en Bogotá vinculada a la revista de Los Andes, Ikiam se desempeñó como investigador en un proyecto de la Hanns Seidel Stiftung en Múnich, circunstancia que lo alejo físicamente de sus padres residentes en Berlín pero lo acercó cibernéticamente ― vía Skype ― a su cuñada, que sin darse cuenta pasó de ser la mejor amiga y confidente a convertirse en la novia virtual del fiel y persistente compañero de la niñez, la adolescencia y los primeros años de juventud.

Cuando Antonia vino a Colombia con la sorpresa de su embarazo, ya había completado los cursos requeridos en su programa doctoral y era Phd. Candidate; sólo le faltaba terminar su proyecto de tesis en literatura Centro Americana del siglo XIX. Por su parte Ikiam, permaneció en Berlín hasta septiembre cumpliendo algunos requisitos antes de sustentar su tesis sobre el impacto de la explotación cauchera en las etnias amazónicas.

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